Cómo Aumentar tu Credibilidad

mirror mirror…, cortesía de babymellowdee

A menudo subestimamos la importancia de la credibilidad, olvidando o, peor aún, ignorando que es la base de la confianza y del liderazgo.

La credibilidad no es una cualidad que podamos generar de forma autónoma e independiente sino algo que los demás nos otorgan.

No podemos por tanto aumentarla o disminuirla de forma directa sino sólo indirectamente a través de nuestras acciones.

Ingredientes de la Credibilidad

Los factores que más directamente influyen en la credibilidad son en mi opinión tres: rigor, coherencia y continuidad.

Es muy difícil ser creíble si no se es riguroso. No me refiero a ser puntillosos y perdernos en detalles insignificantes sino a hacernos responsables de la validez de la información que transmitimos. Es preferible reconocer que no se sabe algo o matizar que no estamos del todo seguros de nuestra respuesta antes que dar por contrastada una información que no lo es.

No hay que confundir el rigor con la sinceridad pues mientras la falta de sinceridad es generalmente intencionada, la falta de rigor no suele serlo y obedece más a un mal hábito y a la ignorancia del efecto que produce en los otros.

Cuando no somos rigurosos lo que estamos transmitiendo a los demás es que no nos importan. No nos importa su tiempo ni nos importan las consecuencias que puedan derivarse de la información errónea que les hemos transmitido. Como puedes suponer, en este entorno de falta de respeto no hay lugar para la confianza.

Si el rigor tiene que ver con la relación entre lo que decimos y la realidad, la coherencia tiene que ver con la relación entre lo que decimos y lo que hacemos; es el compromiso de actuar de acuerdo con lo que decimos.

Y es importante observar que esta coherencia debe existir también en nuestra comunicación no verbal; en otras palabras, debemos estar convencidos de lo que decimos o de lo contrario estaremos transmitiendo un mensaje incoherente a nuestro interlocutor.

Podríamos decir que el rigor y la coherencia son los ladrillos con los que se construye la credibilidad, siendo la continuidad el cemento que la solidifica. Generar credibilidad no es posible con un esfuerzo puntual sino que requiere tenacidad para modificar una serie de hábitos a veces fuertemente arraigados.

Es más, el rigor y la coherencia, cuando son ocasionales, no sólo no generan credibilidad sino que pueden acabar con ella rápidamente.

Empieza por ti mismo

Es absurdo pretender ganar credibilidad ante alguien si no la tenemos ante nosotros mismos.

Por eso es importante que comiences por ser creíble para ti mismo. Empieza primero por cosas sencillas, pero sé inflexible. Intentar engañar a los demás es dudosamente eficaz y moralmente reprobable pero intentar engañarse a uno mismo es sencillamente estúpido.

Cuando planees algo, intenta hacerlo con rigor. Mucha gente elabora listas de tareas interminables con plazos irrealistas pensando que así van a incrementar su productividad. ¿Crees realmente que engañan a alguien?

Lo siguiente es ser coherente. Si dices que vas a hacer o a no hacer algo, cúmplelo. Si no estás seguro de poder cumplirlo, no te comprometas. Si ni siquiera estás seguro de querer intentarlo, no digas “lo intentaré”.

La ventaja de generar credibilidad para con uno mismo es que la continuidad no es tan crítica. Todos conocemos nuestras debilidades y nos las perdonamos. Cuando dejes de ser riguroso o coherente perderás tu credibilidad para contigo mismo, pero podrás volver a generarla, aunque cada vez te llevará más tiempo volver a confiar en tu propia palabra.

Avanza despacio, pero no retrocedas

Ya hemos visto que lo más importante si queremos generar credibilidad es la continuidad.

Si no te sientes capaz de cambiar todos tus comportamientos de una vez, empieza por un área concreta. Cuando veas que te resulta natural ser riguroso y coherente en ese área, inténtalo con otra y así sucesivamente.

Ten en cuenta que la razón por la que generalmente no somos creíbles es porque hemos adquirido o desarrollado malos hábitos o simplemente porque nunca nadie nos ha hecho ver el valor de cualidades como el rigor o la coherencia.

Lo verdaderamente importante es el cambio de actitud y este sólo es posible si realmente cambias tu percepción de lo que significa e implica ser riguroso o coherente. Si realmente valoras gozar de credibilidad ante tu pareja, familia, amigos o compañeros de trabajo, seguro que te resulta fácil hacerlo.

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