Leía hace unos días un interesante post en Life Sutra en el que afirmaban que las dos únicas causas de estrés eran la sobreestimación de probabilidades y la sobreestimación de consecuencias.
Dicho en otras palabras, nos estresamos porque calculamos mal tanto nuestras probabilidades de éxito como las consecuencias de nuestros fracasos.
Un caso que me vino a la memoria es el del empollón que siempre llegaba a los exámenes estresado porque no le había dado tiempo a estudiárselo todo y estaba “seguro” de que iba a suspender.
La historia jugaba en su contra porque nunca había suspendido un examen en su vida pero os aseguro que el estrés era real porque estaba convencido de que iba fatalmente preparado y por tanto iba a suspender.
Este tipo de comportamientos se producen por la existencia de lo que los Psicólogos llaman distorsiones cognitivas, es decir, percepciones limitantes que tenemos sobre nosotros mismos y nuestra capacidad de acción frente al mundo y al futuro (merece la pena leer la entrada en Wikipedia al respecto).
Existen diversos tipos de terapias cognitivas para hacer frente a estas percepciones limitantes pero, dejando a un lado los tecnicismos, podríamos decir que todas se resumen en enseñar a la persona a pensar de forma realista.
En el caso que comentábamos del empollón, el tipo de pregunta que debería hacerse es “¿cuántos exámenes he suspendido a lo largo de mi vida?” o ¿cuántas veces me he presentado a un examen pensando que iba a suspender y luego he obtenido una nota excelente?”
No hay que olvidar además la otra parte: la sobreestimación de las consecuencias. Por el mismo motivo que comentaba antes, con frecuencia imaginamos consecuencias mucho peores de lo que en realidad podrían ser.
Volviendo a nuestro empollón, ¿qué sería lo peor que le podría ocurrir en caso de suspender? ¿tener que volver a presentarse? ¿tener que volver a estudiarse todo el temario? Parece que en ningún caso le va a ir la vida o su futuro profesional en ello.
En ambos casos de sobreestimación lo que ocurre es que olvidamos que nuestra percepción puede engañarnos y que lo que percibimos como real podría no ser tan real.
El ritmo de vida frenético en el que nos movemos a diario no es precisamente la mejor ayuda para combatir este tipo de percepciones limitantes.
Por eso, la próxima vez que te sientas agobiado, párate un momento e intenta mirar la situación desde otra perspectiva: ¿qué paso al final realmente la última vez que te viste en unas circunstancias parecidas? ¿qué es lo peor que realmente te podría pasar si se cumplieran tus peores augurios?
Seguramente descubriras que el pasado juega a tu favor y que las peores consecuencias tampoco son tan malas, comprobando por ti mismo que el estrés es un error de cálculo.
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Si, muchas veces la presión nos la ponemos nosotros mismos. Felicidades por el post.
A proposito, estoy preparando una ponencia sobre blogs corporativos y tu post crecer, ayudando a crecer me a inspirado bastante, espero no te importe te mencione en la ponencia.
@maria elena: Muchas gracias por contribuir con tu comentario.
No sólo no me importa sino todo lo contrario. Encantado de que lo hagas y muy agradecido.
JM
Buen enfoque y sobre todo muy aplicable a esta época de crisis… Como contraste, te comento que las personas en mi empresa que se ocupan de las probabilidades (riesgo) son las que posiblemente están también más estresadas, y aunque están más preparadas para calcular sus propias probabilidades, parece que ignoran la parte abstracta del hecho de estar estresados.
Buff! ya me estresé…
Slds
SM
@SM: No te estreses, al menos hasta después del EBE
Con relación a lo que comentas, a veces estar demasiado cerca de las cosas nos hacer perder perspectiva.
Muchas gracias por pasarte y contribuir. Sé lo liado que andas últimamente.
JM
Hola JM,
Un buen post. La presión siempre existe pero tenemos que saber controlarla para que no se vuelva en nuestra contra.
Debemos confiar en nuestras posibilidades si hemos medido adecuadamente los riesgos y la previsión es la correcta.
Saludos,
@juan: El realismo siempre nos ayuda a aprovechar al máximo nuestras posibilidades. El miedo infundado, por el contrario, nos limita y lo hace todo más difícil.
Muchas gracias por pasarte por aquí y contribuir.
JM
Hasta las cosas más absurdas finalmente se traducen en uno de los dos motivos que comentas. Leyendo en tu post se me vinieron un montón de ejemplos de situaciones estresantes diarias, y todas ellas son explicables como tú dices.
Sólo un ejemplo: vamos tarde a una reunión porque nos pilló un accidente de camino a la oficina. ¿Por qué nos estresamos? Porque sobreestimamos las consecuencias.
Muy buena entrada. Como siempre, dando en el clavo
@iqvital: Coincido contigo. Yo también he estado reflexionando sobre situaciones cotidianas y es cierto que solemos evaluarlas con muy poco realismo.
Me alegro mucho de que te gusten los artículos de Optima Infinito
Muchas gracias por pasarte por aquí y contribuir con tu comentario.
JM
No me puedo ir a la cama aún sin comentarte este artículo.
He aquí mi talón de aquiles… en la carrera he estudiando tantas veces todo lo que comentas y me sé la teoría al dedillo, pero llegada la hora de la verdad… plaf, soy la primera que caigo en ello. Es difícil ser realista cuando se tiene un nivel de autoexigencia muy alto y un afán de perfeccionismo… hay tantos factores de la personalidad implicados… uf! Paro que si no me enrollo y no acabo nunca jejeje
Un saludo, nuevamente decirte que me encanta leerte
@suki: Mi amigo Mario Alonso Puig (si no le conoces no sabes lo que te pierdes) dice que “la perfección es el más bajo de los estándares, porque es inalcanzable”.
El perfeccionismo por tanto es muy limitante porque te impulsa hacia lo imposible.
Muchas gracias por pasarte y comentar.
JM