El Consejo de los Viernes: Toda Conversación Debería Tener un Fin

cutothechase El Consejo de los Viernes: Toda Conversación Debería Tener un FinDel mismo modo que debes prepararte para una reunión, debes prepararte también para todas esas “reuniones informales” a las que habitualmente asistes en forma de llamada telefónica, comida de negocios o charla de pasillo tipo “¿tienes cinco minutos?”.

Por eso te recomiendo que antes de descolgar el teléfono, aceptar una invitación para comer o detenerte a charlar en un pasillo, te pares un momento y te plantees y respondas a las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué quiero conseguir con esta conversación?
  2. ¿Qué necesito de mi interlocutor o interlocutores?
  3. ¿Qué información quiero compartir con esta persona o personas?
  4. ¿Qué puedo hacer para aportar valor a esta persona o personas?

Lo siguiente es comenzar la conversación dejando claro lo que esperas de ella. Conviene que tengas a mano un cuaderno o algo donde poder tomar notas. Así, si la otra persona añade algo adicional al tema inicial, podrás anotarlo en tu cuaderno.

Antes de terminar, asegúrate de que has alcanzado los objetivos que te habías planteado y, sobre todo, no te levantes de la mesa ni cuelgues el auricular hasta haber aclarado cuál es el siguiente paso.

La única excepción a estos consejos es cuando el fin de la comida o de la conversación es construir o reforzar la relación con la otra persona, ya que en este caso no tiene sentido compartir tu objetivo de forma explícita. En cualquier caso comprueba que has compartido o aprendido todo lo que querías antes de dar por finalizada la reunión.

Piensa en la cantidad de tiempo que pierdes al teléfono y en todas esas reuniones informales en las que constantemente participas y te darás cuentas de que aplicar estos sencillos consejos puede realmente merecer la pena.

Desarrollo Profesional: La Solución tiene un Precio

Una de las cosas que más me ha llamado la atención trabajando con altos directivos es la forma en la que afrontan los problemas. Creo de hecho que esta es una de las habilidades que permite distinguir de un vistazo a un directivo de alto nivel de otro que no lo es.

Ante un problema serio, la reacción inmediata más habitual es paralizarte y perderte en los detalles del mismo, en el cotilleo, en lo que hubiera podido ocurrir, los “debería” y los “si se pudiera”. En definitiva, quedarte atascado en el problema y en sus detalles irrelevantes, en lugar de centrarte en la solución.

Los directivos de los que hablo, por el contrario, sólo quieren saber aquello que es relevante para la solución. No es que no les importen los demás detalles, sino que sus agendas hipersaturadas no dejan hueco para desperdiciar el tiempo y eso les obliga a mantener una actitud marcadamente orientada al presente y al futuro, a lo que es y a lo que todavía se puede hacer. No les interesa el morbo, ni las conjeturas, ni los dramatismos ni, en general, nada que no sea un hecho o un dato utilizable para la búsqueda y construcción de una solución.

Con frecuencia me he encontrado con que la respuesta al plantear un problema han sido dos preguntas muy sencillas:

  1. ¿Cuál es la dimensión del problema? Es decir, los datos numéricos que permitan darle una forma medible: personas afectadas, pedidos erróneos, desde cuándo existe, clientes con quejas…
  2. ¿Cuánto cuesta la solución? No sólo en el aspecto económico sino también en tiempo, recursos, costes de oportunidad, efectos colaterales…

El efecto inmediato que he sentido al responder a estas preguntas ha sido una sensación de alivio. Aquel problema que parecía tan difícil de solucionar pasa a ser algo mucho más sencillo. Al desproveer al problema de sus componentes emocionales lo primero que desaparece es el miedo y con ello los bloqueos mentales. Ese problema amorfo que antes imaginaba enorme toma de repente una apariencia normal y casi insignificante.

Imagínate en este ejemplo cómo cambia la situación si pasas de “ha habido un error en el cálculo del bonus en toda Europa” (¡horror!) a “ha habido un error de un 4% en el cálculo del bonus del 15% de los empleados, el 67% de los cuales es a favor del empleado y el 33% restante en contra”.

Lo primero es que ya sabes la dimensión del problema: El 85% de los empleados ha cobrado su bonus correcto y, del 15% que no, dos tercios han cobrado una cantidad ligeramente superior a la correcta, algo que habrá que solucionar pero no es urgente. Te queda por tanto un 5% de empleados a los que has pagado hasta un 4% menos del bonus que les correspondía y a los que debes una explicación y una solución de inmediato.

Ahora puedes calcular lo que te cuesta solucionar el problema: tiempo en hacer los cálculos correctos, cantidades no abonadas y abonadas por error, hablar con los empleados afectados… Luego estarás en condiciones de decidir entre las alternativas existentes cuales tienen sentido y cuales no.

Lo importante para resolver un problema no es mirar hacia atrás sino al presente, a lo que te enfrentas realmente, y hacia delante, a la solución, porque mirar hacia atrás te podrá ayudar a no repetirlo, pero rara vez a resolverlo.

Ante un problema, lo que tienes que hacer es ver cuánto mide y cuánto cuesta solucionarlo.

La gran enseñanza que estas experiencias me han aportado es ser consciente en todo momento de que los problemas tienen dimensiones y su solución tiene un precio.

GTD: ¿Cuál es la Próxima Acción?

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4way, cortesía de chebbs

Decidir cuál es la próxima acción es el quinto y último paso de la Planificación Natural y se centra en las decisiones que debes tomar a la hora de distribuir o redistribuir los recursos físicos necesarios para hacer que tus proyectos avancen.

Gestionar con seriedad la próxima acción de cada uno de tus proyectos supone el 90% de lo que se suele considerarse planificar y si estás comprometido con tu proyecto siempre llegará un momento en que tendrás que decidir cuál es la próxima acción.

Cuando llegue ese momento, responder de la forma más concreta posible a la pregunta sobre qué tienes físicamente que hacer en relación con algo te permitirá descubrir hasta que punto has llevado a cabo correctamente los cuatro pasos anteriores en el proceso de Planificación Natural.

Si te cuesta responder de forma específica es posible que debas volver a alguno de los pasos previos y trabajarlo un poco más. Por otra parte, la dificultad a la hora de responder a esa pregunta también te puede dar una idea de en qué medida estás comprometido con ese proyecto, ya que la falta de próximas acciones puede significar que tu nivel de compromiso no es suficiente y que ese proyecto debería estar en realidad en la lista de “Algún Día/Tal Vez“.

En un proyecto bien organizado, cada uno de los frentes tiene identificada la serie de acciones necesarias para completarlo. Sin embargo, no todas las acciones del plan son próximas acciones. El criterio para diferenciar unas de otras es que las próximas acciones se pueden llevar a cabo de forma inmediata mientras que las que no lo son requieren que previamente se completen otras acciones.

En ocasiones será posible abordar varias próximas acciones de forma simultánea y en ese caso deberás decidir por cual empezar en función de alguno de los cuatro criterios para escoger acciones.

Un caso especial de próxima acción es la que depende de otra persona. En ese caso deberás hacerle saber a esa persona qué es lo que se espera de ella y para cuando, pero siempre dejándole decidir no sólo las acciones intermedias que pudieran ser necesarias sino también el cómo realizarlas.

Te recomiendo que hagas lo posible por desarrollar este hábito, ya que conocer “¿cuál es la próxima acción?” es una de las claves de GTD que te permite tener tus proyectos bajo control de forma relajada en todo momento.

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