Desarrollo Personal: El Valor de Educar en la Sabiduría

His Hand, cortesía de Hartwig HKD

En un viaje reciente que tuve que hacer a Glasgow, con pérdida de vuelo de conexión en Londres a la vuelta incluida, aproveché para leer por fin “Liquid Times“, de Zygmunt Bauman, autor al que “tenía ganas” desde que le descubrí en el blog de Uxío Malvido.

Al margen del interés de las conocidas tesis de Bauman sobre la “liquidez” actual (evidentemente no se refiere a la económica), hubo una frase que me impactó al leerla: “unlike knowledge, wisdom does not age” (“a diferencia del conocimiento, la sabiduría no envejece“).

Las nuevas tecnologías han convertido la información en algo fácilmente accesible pero a la vez rápidamente perecedero, ya que queda obsoleta tan pronto aparece una nueva información que la sustituye.

Se ha superado así el viejo paradigma de la información como sinónimo de poder, en tanto que el valor de la mera información estática pasa a ser algo escaso y limitado. La información como acumulación de datos deja paso a la información puesta en valor y dotada de sentido, es decir, al conocimiento.

Ya no importa tanto lo que sabes, sino ser capaz de encontrar lo que necesitas saber y, una vez encontrado, cómo usarlo para generar el cambio que buscas.

En la medida que proviene de ella, el conocimiento comparte con la información su carácter perecedero. La aparición constante de nueva información, y por consiguiente de nuevos conocimientos, hace necesario estar en permanente estado de alerta para no quedarnos obsoletos. Ello, unido a la necesidad creciente de filtrar la información y el conocimiento relevante de lo que no lo es (infoxicación) es una causa importante de estrés en nuestros días. ¿Cómo podríamos reducir esta dependencia y el consiguiente estrés que genera?

Por otra parte, como leo últimamente con cierta frecuencia, estamos preparando a nuestros hijos para un mundo que no sabemos cómo será. Sospechamos que gran parte de la información y del conocimiento que les estamos transmitiendo habrá quedado obsoleto para entonces pero, ¿qué podemos hacer ante esta situación?

Creo que uno de los cambios necesarios en el sistema educativo es relativizar la importancia de los datos, de la información y del conocimiento en general y dar un peso mucho mayor a la sabiduría, incluyendo la necesaria para entender y aprender a gestionar los sentimientos.

Sabemos sin duda que estamos en un tiempo de grandes cambios y que este ritmo de cambio no va a disminuir en un futuro sino, probablemente, todo lo contrario.

Necesitamos por tanto dotar a nuestros hijos de herramientas que les permitan no sólo sobrevivir al cambio, sino adaptarse a él fácilmente y poder aprovechar las oportunidades positivas que dicho cambio pueda ofrecerles.

A diferencia de la información y el conocimiento, que proceden del exterior, la sabiduría, entendida como forma avanzada de sentido común que perdura inmutable a través del tiempo, procede en buena medida del propio individuo y ofrece un sistema de referencia estable desde el que poder afrontar el cambio.

Técnicas actualmente en auge como el coaching se fundamentan precisamente en este principio de que la sabiduría reside en el individuo y triunfan porque efectivamente facilitan el camino para acceder a ella y ser capaces de aprovecharla como recurso.

Si la cultura es nuestro sistema operativo, la sabiduría está llamada a ser una BIOS de próxima generación que nos brinde la autonomía e independencia necesarias para poder prescindir, si así lo deseamos, de dicho sistema operativo.

La gran ventaja que ofrece la sabiduría frente a la Información 1.0 o el Conocimiento 2.0 es que la Sabiduría nunca se queda obsoleta porque no entiende de versiones. 

La sabiduría siempre ha sido, es y será x.0.

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