GTD: Si Quieres Tiempo, Invierte Tiempo

A la hora de comenzar a implementar GTD es muy recomendable seguir el dicho popular “vísteme despacio, que tengo prisa”.

Como he explicado ya en alguna ocasión, GTD no es una metodología difícil pero requiere seguir con rigor una serie de principios básicos si queremos realmente disfrutar de las ventajas que ofrece.

Por eso es importante que, cuando vayas a empezar a aplicar GTD, te prepares para hacer una inversión importante de tiempo, la cual, en la mayoría de los casos incluyendo el mío, suele ser de un par de días completos, aunque podría extenderse más.

Si no quieres invertir ese tiempo, no todo está perdido. Cualquiera de los pasos que iremos viendo sobre como implantar GTD te resultará útil independientemente del tiempo que quieras dedicarle. No tienes por qué invertir dos días completos para beneficiarte de estas técnicas y principios: empezarás a ver las ventajas de aplicarlas de forma casi inmediata.

De todos modos te recomiendo muy en serio que hagas el esfuerzo por dedicar esos dos días. Ahora que se aproxima la época vacacional por excelencia es un muy buen momento. Yo implanté GTD durante unas vacaciones de verano, no sólo porque me hubiera resultado muy difícil disponer de dos días completos en cualquier otro momento sino porque el estado mental también es distinto en vacaciones.

¿Cómo es posible que haga falta tanto tiempo para algo que aparentemente es sencillo? El motivo es que, a no ser que estés usando ya algún método de organización, lo normal es que esté todo por hacer.

En estas circunstancias, la fase de recopilación puede durar fácilmente unas seis horas o más. Ello implica además que al final de esta fase te encontrarás con un montón de elementos recopilados que a su vez tendrás que procesar y organizar para posteriormente poder evaluar qué hacer, lo que bien te puede suponer otras ocho horas adicionales.

Este tipo de tareas se debe hacer, en la medida de lo posible, con el menor número de interrupciones. Por eso es aconsejable asegurarnos de que no nos molesten durante este tiempo. Intenta aislarte físicamente, apaga el móvil, el ordenador y cualquier otra cosa que pueda distraerte.

Es preferible además que trabajes en ello por la mañana, ya que al final del día disminuye significativamente la capacidad de trabajo y es más fácil bloquearse. Lo que sí puedes dejar para el final del día son actividades que no requieren pensar, tales como archivar documentos, procesar facturas o hacer búsquedas en Internet.

Recopilar y procesar un número elevado de frentes abiertos requiere una gran dosis de energía mental, sobre todo cuando muchos de estos frentes pueden llevar tiempo “abiertos”, “bloqueados” o “pendientes de decisión”. Si no inviertes el tiempo necesario de una vez, las interrupciones y el tener que tomar y dejar las cosas varias veces pueden hacer fácilmente que al final dupliques el tiempo total invertido, obteniendo además un menor beneficio.

La ventaja de hacerlo todo “de una tirada” es que sentirás una gran sensación de control y la satisfacción de haber cumplido con tu misión, lo que sin duda te ayudará a mantener el sistema al día durante las primeras semanas hasta que lo hayas convertido en hábito.

Basándome en mi experiencia personal, GTD puede suponer incrementar tu productividad de un 30% a un 40%. Imagínate ahora todo lo que podrías hacer con ese tiempo adicional… Sin embargo no es realista pretender pasar de donde estás ahora a esos niveles de productividad en sólo un par de horas. Dominar GTD requiere tiempo y constancia. En resumen, si quieres tiempo, invierte tiempo.

El Consejo de los Viernes: No Monopolices la Conversación

cutothechase El Consejo de los Viernes: No Monopolices la ConversaciónTodos conocemos a alguna de esas personas a las que les gusta oírse a sí mismas. Cada reunión es para ellos la oportunidad de demostrar lo mucho que saben y lo buenos que son en lo suyo.

No seas una de esas personas. Si lo eres, estás haciendo perder el tiempo a todos, incluyéndote a ti.

Siendo justos, la mayor parte de las personas que monopolizan la conversación no son conscientes de ello. Lo más probable es que simplemente disfruten del hecho de hablar (algo habitual en los extrovertidos) o que procesen la información al verbalizarla (lo que en PNL se conoce como estilo de aprendizaje “auditivo”).

Si este es tu caso, ten en cuenta las posibles consecuencias. La gente suele acabar haciendo el vacío a quienes monopolizan las conversaciones, bien dejándolas de invitar a reuniones o simplemente rehuyéndolas de forma habitual.

La próxima vez que te encuentres en una reunión, asegúrate de estar participando como un miembro más del equipo. Si todo el mundo se vuelve hacia ti cada vez que se produce un silencio, es seguramente un signo de que estás interviniendo más de lo debido.

Concéntrate en escuchar y en hacer preguntas. Cuando todos se giren hacia ti esperando a que hagas tu habitual comentario, sorpréndeles haciendo una pregunta a cualquiera de ellos, algo del estilo “me gustaría saber que piensa X sobre esto”.

Si quieres intervenir en la reunión, no cortes a la gente. Anota tus ideas y compártelas cuando sea el momento oportuno.

La mayoría de nosotros deberíamos escuchar mejor, mirar más a la cara de nuestros interlocutores y hablar menos. Si lo hiciéramos, seguro que nuestras conversaciones serían mucho más productivas.

Recuerda que la Naturaleza es sabia y te dio dos oídos, dos ojos y una sola boca… Por algo será.

Desarrollo Personal: El Feedback es un Regalo

3368002604 c2593edeb7 m d Desarrollo Personal: El Feedback es un Regalo
Gift Box,cortesía de ARGRACE

Hace algunas semanas leí un interesante post sobre feedback en Vida de un Consultor, el blog de @rahego, en el que se explicaba cómo este mecanismo puede convertirse en una potente herramienta de crecimiento personal y profesional.

Hablaba también el post de la importancia de que el feedback sea solicitado, algo que personalmente no comparto por razones que verás más adelante.

El valor del feedback reside en su capacidad para hacerte ver cosas que ignoras sobre ti mismo pero que sin embargo resultan evidentes para los demás.

Muchas de estas “cosas” son recursos que posees pero cuya existencia desconoces y por tanto no aprovechas al máximo. Puede también ocurrir que sí seas consciente de esa habilidad pero creas que la posees en un grado muy inferior al real. En estos casos se habla de “feedback positivo” porque se refiere a fortalezas que, bien aprovechadas, te pueden ayudar a mejorar.

Otras muchas de esas “cosas” son carencias o hábitos perjudiciales que también ignoras y que juegan en tu contra. Como ocurría antes, puede también suceder que seas consciente de esas carencias o malos hábitos pero no del impacto negativo real que producen. En estas situaciones hablamos de “feedback negativo” o “feedback constructivo” porque alude a áreas donde debes mejorar hasta alcanzar unos mínimos de forma que ese mal hábito o carencia deje de perjudicarte.

El problema con el feedback es que mucha gente habla de él pero muy poca sabe en realidad qué es feedback y cómo darlo.

Lo primero que debes saber es distinguir entre feedback y opinión.

El feedback debe referirse en todo momento a hechos observables y nunca a juicios u opiniones personales. Cuando dices “has estado muy bien” o “lo has hecho fatal” no estás dando feedback sino expresando tu punto de vista. Si por el contrario dices “todo el mundo te miraba en silencio” o “la gente hablaba y varios han salido de la sala” sí das feedback porque te estás limitando a transmitir una información objetiva que tu interlocutor puede desconocer.

Tu opinión es muy respetable pero poco útil como herramienta de mejora. Tu punto de vista puede o no coincidir con el de la otra persona y rara vez producirá un cambio en su comportamiento. Además, si tu opinión es negativa generará un rechazo en la otra persona, que automáticamente dejará de prestar atención a lo que le estás diciendo. Cuando hablas de hechos observables no hay implicación emocional y por tanto la conversación es neutra y no se producen rechazos.

Hay ocasiones en las que tú mismo estás involucrado en la situación de la que estás dando feedback y en las que no es posible hablar de comportamientos observables. En esos casos emplea siempre la primera persona. En lugar de “me has insultado” di “me he sentido insultado”. La primera frase es una acusación a tu interlocutor, que puede o no estar de acuerdo. La segunda habla de tus sentimientos y sobre ello hay poco que tu interlocutor tenga que decir.

Cuando @rahego dice que el feedback debe ser siempre solicitado creo que en realidad se refiere a la opinión. Las opiniones también son valiosas pero no son feedback. Como una opinión puede molestarte, debes ser tú quien decida si la quiere o no oír y por tanto quien debe pedirla.

Pero el feedback es otra cosa. El feedback nunca puede molestar porque no juzga, sólo informa. Por eso, siempre que aprecies a alguien y veas algo que le puede ser útil, díselo en forma de feedback.

Si lo haces correctamente, seguro que te lo agradece. ¿Cómo no hacerlo, si el feedback es un regalo?

Logo redca

FeedBurner Subscriber Counter

El Observatorio de la Blogosfera de RRHH sigue este blog

Seleccionado por JobiJoba España

Categorías

Nube de Etiquetas

Tamaño de letra