Desarrollo Personal: Esfuerzo, Trabajo y Productividad

Esta es la primera de las dos entradas que quería escribir desde hace tiempo sobre el tema del esfuerzo, tan de moda últimamente.

Mi reacción inicial ante el ensalzamiento del esfuerzo es de rechazo, seguramente porque no comparto los valores de la ética protestante. No creo que el esfuerzo sea panacea de nada, ni siquiera que sea algo positivo en sí mismo. Es más, según de qué tipo de esfuerzo hablemos, ese esfuerzo podrá tener para mí incluso connotaciones negativas.

Esforzarse mucho, además, no tiene por qué ser necesariamente productivo. De hecho, esforzarse mucho puede llegar a ser altamente improductivo.

Parece una paradoja porque se tiende a confundir trabajo y esfuerzo, lo cual es un grave error en mi opinión. Es posible hacer un gran trabajo con un esfuerzo mínimo y un trabajo ridículo con un esfuerzo enorme.

Y esto ya no es sólo mi opinión. Es también pura Física.

En su fórmula más simplificada, el trabajo (W, del inglés Work) se define como el producto de una fuerza (F) por el desplazamiento que dicha fuerza produce (s, del inglés space): W = F · s

En la vida cotidiana el trabajo es lo que llamamos “resultados“, es decir, los cambios que logramos realizar con nuestro esfuerzo. Evidentemente no habrá resultados sin esfuerzo, pero tampoco los habrá sin cambio, por mucho que nos  hayamos esforzado. Esto lo entiende muy bien el vendedor que se ha esforzado mucho pero no ha conseguido finalmente el pedido.

Poner por tanto todo el énfasis sobre el esfuerzo es un error. Lo normal es que podamos obtener un mismo resultado de varios modos distintos y que no todos esos modos impliquen el mismo esfuerzo. Lo importante no es sólo que el esfuerzo sea muy intenso sino también que produzca el mayor cambio posible.

La Productividad es la relación entre los resultados y los recursos empleados para obtenerlos. Según esto, la máxima productividad la alcanzamos cuando encontramos la combinación de esfuerzo y cambio que nos permite obtener un mismo resultado bien dedicando el mínimo esfuerzo para producir un determinado cambio, bien maximizando el cambio producido por un determinado esfuerzo.

Intentar vincular el incremento de productividad únicamente con el incremento de esfuerzo es por tanto una falacia. La Productividad Personal no consiste en hacer más, en trabajar más ni en alcanzar más resultados, sino en optimizar la relación entre lo que logramos y el esfuerzo que nos supone.

Está bien reivindicar la importancia del esfuerzo, pero sin sobrevalorarlo. El esfuerzo es importante para obtener los resultados pero no más que la capacidad para encontrar el máximo cambio que podemos lograr con un mismo esfuerzo.

Enseñemos el valor de esforzarse pero también el valor de pensar, porque el esfuerzo por el esfuerzo es un insulto a la inteligencia.

En resumen: esfuerzo sí, pero con sentido, algo sobre lo que profundizaré en mi próxima entrada sobre el tema.

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