El Consejo de los Viernes: Contrata con Visión de Futuro

Uno de los errores más frecuentes en la selección de personas es contratar sólo para la posición y no para la empresa.

Me refiero con esto a que se intenta cubrir únicamente la necesidad puntual de una posición concreta en un momento determinado. Este tipo de actitudes cortoplacistas no son beneficiosas ni para la empresa ni para la persona contratada.

La causa principal de este comportamiento es el miedo a perder al empleado demasiado pronto y tener que volver a seleccionar y formar de nuevo a otra persona.

Lo que suele ocurrir en la práctica es que al cabo de un tiempo tenemos, en el mejor de los casos, un empleado desmotivado con rendimiento decreciente y, en el peor de ellos, una persona incapaz de adaptarse a los cambios que suceden en la empresa y que acaba siendo despedida.

No estoy defendiendo aquí la contratación indiscriminada de personas sobrecualificadas, pues eso también conduciría a empleados desmotivados. Pero si no hay reto no hay motivación. Si no sales de la zona de confort, no creces y, si no creces, te estancas.

Lo que no sólo defiendo, sino que también practico desde hace muchos años, es la contratación de personas que, además de cubrir los requisitos actuales de la posición, tengan aspiraciones, ganas de crecer y potencial para hacerlo.

Si lo haces, tendrás en tu equipo personas que aprenderán con facilidad, permanecerán motivadas y mantendrán un rendimiento excelente.

Y no te preocupes si antes o después esas personas se van en busca de nuevos retos. Como decía Juan Soto, “es preferible que el vaso rebose de talento, y parte se escape, a quedarse sólo con los posos“.

Desarrollo Personal: Todo lo que Ganas cuando Sabes Perder

Nos hablaba @Yoriento en una muy interesante entrada en su blog hace unos días, sobre el condicionamiento que los resultados de decisiones pasadas ejercen sobre nuestras decisiones futuras.

Las personas sentimos una fuerte aversión por la pérdida, hasta el punto que preferimos dejar de ganar con tal de no arriesgarnos a perder. Esta aversión hace que perdamos la objetividad al evaluar las consecuencias de nuestras decisiones, e influye poderosamente en nuestra percepción de la realidad y, por consiguiente, en nuestro comportamiento.

Nos cuesta enormemente reconocer que nos hemos equivocado en algo y esa dificultad es tanto mayor cuanto más esfuerzo, tiempo o energía le hemos dedicado a ese algo.

Cuando estamos tomando una decisión deberíamos limitarnos a los riesgos y oportunidades que ésta pueda suponer en el futuro. Lo que hayamos hecho o dejado de hacer anteriormente con relación a ese mismo tema es, lo creas o no, totalmente irrelevante.

Curiosamente, y debido a esta aversión por la pérdida, no solemos actuar así, sino que incorporamos el pasado al escenario de nuestra decisión como si fuera parte integrante del presente, “contaminando” así nuestra decisión futura.

La buena noticia es que podemos librarnos de este condicionamiento si sabemos que nuestro comportamiento está influenciado por él y tenemos la voluntad de superarlo.

Se dice que el mejor vendedor es el que antes pierde una oportunidad de venta. Esto es así porque la tendencia natural es dedicar cantidades crecientes de tiempo y esfuerzo a fin de “rentabilizar” todo el tiempo y esfuerzo que has dedicado con anterioridad. Lo inteligente, sin embargo, es admitir lo antes posible que esa venta está perdida y dedicar todo el tiempo y esfuerzo disponibles a otras oportunidades de venta.

Por otra parte, los estudios demuestran que mientras no admites haber perdido sigues justificando la situación y continúas “apostando” en la misma dirección de tu error, lo cual no sólo hace que cada vez te resulte más difícil salir de esa espiral, sino que a la larga te conduce a la catástrofe.

Si por el contrario reconoces que has perdido, automáticamente dejarás de incluir tus errores pasados a la hora de decidir sobre tus acciones futuras.

Lo primero que ganas con ello es aumentar enormemente la probabilidad de que tu decisión sea la correcta.

También ganarás tiempo, todo el que habrías perdido hasta que la catástrofe no te hubiera dejado más alternativa que admitir tu fracaso. Seguramente también ganes dinero, todo el que dejarás de perder. Y muy probablemente ganarás calidad de vida, porque te estarás evitando un buen número de desilusiones, enfados, frustraciones, relaciones dañadas y oportunidades desaprovechadas. Saber perder pronto es sin duda productivo.

Al final se trata de vivir la vida con deportividad. No pasa nada por equivocarse. Todos lo hacemos. Lo realmente importante es cómo reaccionas cuando te equivocas, cuando pierdes. Puedes negar la evidencia y echarle la culpa a cualquier factor externo, para poder seguir profundizando en tu error, o puedes simplemente reconocer que has perdido, olvidar lo ocurrido y volver a empezar sin el lastre de los errores pasados.

Yo te recomiendo que aprendas a perder. Tienes mucho que ganar.

GTD: La Productividad se Expresa con Verbos de Acción

Uno de los errores más habituales cuando comienzas a usar GTD, y también uno de los menos evidentes, es no utilizar los verbos adecuados a la hora de definir tus proyectos y próximas acciones. Esto se suma a la dificultad que ya encierra de por sí distinguir qué es un proyecto y qué es una próxima acción cuando tampoco estás acostumbrado a hacerlo.

En el lado positivo, si aprendes a utilizar el verbo adecuado para expresar lo que tienes que hacer, identificarás con mucha más facilidad si en realidad se trata de un proyecto o de una próxima acción.

En función de lo que expresan, los verbos se clasifican en “verbos de proyecto” y “verbos de acción” y, al igual que los proyectos “contienen” varias acciones, los verbos de proyecto son “contenedores” de varios verbos de acción.

Te será muy útil disponer de una lista dividida en dos columnas donde vayas apuntando los verbos que usas para describir tus proyectos y próximas acciones.

Según vayas usando la lista, si ves que un verbo que has considerado de proyecto lo empleas habitualmente para expresar próximas acciones, no pasa nada porque lo taches y lo pases a la otra columna.

No existe además una regla fija para decidir si un verbo es “de proyecto” o “de acción”. Incluso hay algunos verbos que pueden utilizarse en ambos casos. No te preocupes por tanto por si el verbo está en la columna “correcta” o no.

Ten en cuenta que el objetivo de esa lista es facilitarte una especie de “chuleta” que te ayude a expresar mejor lo que tienes que hacer, así que no hay razón para que sea una lista estática.

Verás que hay muchos más verbos de proyecto que verbos de acción. Por este motivo lo normal es que tengas muchos más proyectos que próximas acciones. En caso contrario, seguramente estás identificando como acciones muchas cosas que en realidad son proyectos, así que a lo mejor tiene sentido que repases tus listas de acciones.

Te dejo a continuación un par de listas de verbos de ambos tipos para que las tengas de ejemplo y las puedas usar como base para crear las tuyasEspero que te resulten útiles:

  • Verbos de proyecto: aclarar, acordar, actualizar, aprender, asegurar, aumentar, averiguar, completar, comprender, configurar, consolidar, controlar, coordinar, desarrollar, discutir, entrevistar, enviar (paquete), escribir (un libro), establecer, estandarizar, finalizar, gestionar, guardar, implementar, instalar, inventar, investigar, leer (un informe), maximizar, minimizar, negociar, obtener, optimizar, ordenar, organizar, participar, preparar, probar, reducir, reparar, resolver, resumir, revisar, solucionar, terminar, tratar
  • Verbos de acción: avisar, buscar, comprar, comprobar, confirmar, contar, contestar, decidir, decir, encontrar, enviar (e-mail), escribir (una nota), imprimir, leer (una nota), llamar, recoger, recordar (algo a alguien), rellenar, reunir, tirar, tomar
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