El Consejo de los Viernes: Aprende a No Esperar

cut to the chase El Consejo de los Viernes: Aprende a No Esperar Si la semana pasada veíamos la importancia de saber esperar el momento oportuno, esta semana vamos a ver la importancia de saber cuándo no debemos esperar.

Por ejemplo, esperar una aprobación de tu jefe cuando no es realmente necesaria es una pérdida de tiempo, tanto para ti como para todas las demás personas que se ven afectadas por el retraso. Supone además un riesgo para tu evolución profesional, ya que te hace quedar como una persona incapaz de tomar decisiones.

No se trata de que te lances a tomar decisiones que no te corresponden ni a suplantar a tu jefe, sino de que aprendas a evaluar el riesgo que supone hacer algo y a contrastarlo con las consecuencias de no hacerlo, o de hacerlo tarde.

Aprender a no esperar consiste precisamente en saber identificar cuando debes asumir el riesgo y cuando no.

Debes tomar una decisión cuando:

  • Atañe a tu departamento, área de responsabilidad o proyecto
  • Las implicaciones económicas están claramente identificadas y delimitadas
  • Puedes sustentar tu decisión en algún objetivo, estrategia o valor de tu departamento o empresa

No debes tomarla cuando:

  • Tiene implicaciones económicas más allá de tu responsabilidad
  • Puede tener implicaciones legales cuyo alcance exacto no sabes o no puedes evaluar
  • Involucra directamente a tus compañeros o a tus superiores

La voluntad para tomar decisiones es un signo de madurez profesional y de liderazgo. No esperes a que te den permiso. Analiza el riesgo y actúa si crees que puedes asumirlo.

Recuerda que siempre es mejor pedir perdón que pedir permiso.

Desarrollo Profesional: El Reto de Dirigir a Distancia

direccion remota Desarrollo Profesional: El Reto de Dirigir a DistanciaSi dirigir personas ya supone un reto considerable que precisa de excelentes dotes de liderazgo para ser abordado con éxito, la complejidad adicional de hacerlo a distancia lo convierte en un verdadero desafío.

Sin embargo dirigir personas o equipos a distancia no sólo es factible, sino que puede hacerse de forma muy efectiva teniendo en cuenta algunos principios básicos.

Como en cualquier otro tipo de relación humana, lo más importante es construir un vínculo sólido con las personas. La distancia es un obstáculo para lograrlo pero eso no significa que sea un impedimento.

Lo principal a tener en cuenta es que en la dirección a distancia generalmente te va a faltar la comunicación visual, lo que significa que buena parte de la comunicación no verbal desaparece. La forma de compensar esta carencia en la medida de lo posible es comunicar con frecuencia, expresarte de forma muy clara y concisa, escuchar con atención sin interrumpir y evitar todo tipo de situación ambigua que obligue a tu interlocutor a interpretar lo que dices.

En ocasiones es posible que ni siquiera conozcas físicamente a la otra persona, al menos durante algún tiempo. También puede ocurrir que la conozcas pero no estés familiarizado con la cultura del país donde reside. En cualquier caso es importante que abordes estas situaciones desde la confianza, evitando precipitarte al juzgar comentarios o actitudes. Lo más normal es que lo que ahora no entiendes tenga una explicación bastante sencilla una vez hayas conocido cara a cara a la persona y seas capaz de ponerlo todo en su debido contexto.

Por eso la prioridad número uno es construir la relación con las personas de tu equipo y formar con ellas un vínculo de confianza mutua. Intenta reunirte cara a cara con todos los miembros del equipo lo antes posible y pasa tiempo con ellos hablando no de trabajo sino conociéndolos como personas. Una vez creado, es necesario que cultives ese vínculo para que perdure y se fortalezca, tanto con las personas a título individual como con todo el equipo.

Una buena práctica es mantener una reunión semanal de un par de horas con cada una de la personas que diriges a distancia, aunque sea por teléfono. Dedica una parte considerable de ese tiempo a hablar de cosas no directamente relacionadas con el trabajo diario. Puedes hablar sobre intereses extra-laborales, aficiones, familia, proyectos de futuro, deporte, etc. Imagínate que te estás tomando un “café virtual” con esa persona del mismo modo que lo haces con tus otros compañeros de oficina.

El resto de la semana permanece localizable y esfuérzate por estar especialmente accesible para las personas en remoto de tu equipo.

Cuando no sepas cómo abordar una situación con alguien de tu equipo virtual, bien porque aún no le hayas conocido cara a cara o porque desconozcas la cultura de su país, una pregunta que a mí me ha resultado siempre muy útil es “Si tú estuvieras en mi lugar, ¿cómo lo harías?“. Evidentemente sigue siendo tú responsabilidad decidir qué hay que hacer pero seguro que tu colaborador te hace sugerencias muy valiosas sobre cómo hacerlo.

También es recomendable hacer reuniones periódicas y frecuentes con todo tu equipo, por ejemplo una al mes. Lo ideal es que sea presencial para que todos puedan interaccionar cara a cara y conocerse más a fondo pero si esto no es posible, hazla virtual. Lo fundamental es trabajar el espíritu de equipo, aunque sea en la distancia, y una práctica que ayuda mucho es facilitar e incentivar que todos los miembros del mismo intervengan, aunque sea brevemente. Fomenta el debate y la participación y asegúrate de que las reuniones sean dinámicas, entretenidas y productivas.

En este tipo de reuniones virtuales con varios asistentes es aún más importante respetar las normas básicas de comunicación: puntualidad con las horas de comienzo y finalización, tanto de la reunión como de las diversas intervenciones, que no haya interrupciones, eliminar ruidos de fondo que distraigan o entorpezcan la escucha…

La mayor parte de los equipos que he dirigido a lo largo de mi carrera profesional tenían varios miembros en remoto, dentro y fuera de España, y muchos de mis jefes de la última década han sido franceses, italianos, alemanes o británicos. Esto no ha impedido que mi relación con casi todos haya sido excelente y de hecho sigo en contacto con muchos de ellos.

Dirigir o ser dirigido a distancia es una realidad cada vez más habitual y estoy convencido de que lo será aún más en un futuro próximo. Por otra parte se trata de una experiencia muy enriquecedora, desde ambas perspectivas, y un desafío cuya superación aporta grandes satisfacciones.

Superarlo requiere esencialmente dos cosas: ser consciente de que la distancia hace aún más importante tratar a los colaboradores como personas y tener la voluntad de hacerlo.

GTD: Cómo Identificar tus Próximas Acciones y Proyectos

cruce de caminos con luz GTD: Cómo Identificar tus Próximas Acciones y Proyectos Ya sabes qué hacer cuando no hay próxima acción pero lo habitual es que tengas que hacer “algo” con muchas de las cosas que en su día recopilaste. En realidad, la razón principal para procesar es decidir qué hacer.

La próxima acción que debes realizar sobre una “cosa” es la siguiente actividad física, visible y necesaria para que la situación de esa “cosa” avance.

Por otra parte, un proyecto es cualquier resultado que quieras conseguir y que requiera más de una acción para completarlo. En ocasiones, cuando el número total de acciones es muy elevado, puede resultar útil fragmentar un proyecto en varios subproyectos.

Identificar cuál es la próxima acción no debería ser difícil pero lo que a menudo sucede es que no tienes claros todos los pasos, las acciones necesarias para terminar algo, y por tanto no sabes cuál de ellos es realmente la próxima acción.

Además, suele ocurrir que a primera vista parece bastante claro cuál es la próxima acción y que sólo más tarde descubres que esa primera impresión estaba equivocada. Por eso procesar bien exige aprender a pensar mucho y rápido, o de lo contrario los resultados pueden llegar a ser bastante frustrantes.

A raíz de usar GTD he comenzado a observar la tendencia generalizada a trabajar con objetivos aparentemente claros pero difusos en realidad.

No me refiero únicamente a usuarios de GTD, sino en general. Cuando comentas que un proyecto del tipo “contratar a un nuevo empleado” puede suponer un mínimo de 100 próximas acciones – suelen ser más desde que se consigue la aprobación para iniciar el proceso hasta que la persona está plenamente incorporada a la empresa – la gente te mira como si estuvieras loco.

Esta falta de claridad  sobre las acciones concretas que hay que realizar, hace que a menudo se confundan sub-proyectos con próximas acciones y que consecuentemente se infraestimen los recursos necesarios para terminar el proyecto. Por eso luego se incumplen plazos o hay que trabajar a destajo para cumplirlos.

Por ejemplo, “quedar con alguien para hablar de algo” no es una acción. ¿Cuándo vas a quedar? ¿Cómo lo vas a confirmar? ¿Por e-mail? ¿Tienes ya la dirección o debes pedírsela aún a la otra persona?

“Decidir algo” tampoco es una acción. Seguramente para poder decidir algo necesites una acción previa que te proporcione la información necesaria para tomar la decisión. Por ejemplo “preguntar a Juan (tu jefe) qué opina de la propuesta”.

Esto es importante y debes tenerlo en cuenta a la hora de escribir lo que tienes que hacer: las acciones no sólo tienen que ser actividades físicas y visibles, sino que además deben requerir tiempo.

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