Desarrollo Personal: El Cerebro es un Adorno Caro

Recientemente tuve oportunidad de asistir a un curso de Gestión Personal con el maestro Berto Pena y me gustó mucho el concepto que explicaba Berto sobre nuestro “yo diario” y la necesidad de administrar este valioso tesoro como haría un buen broker con su cartera de valores.

Lo cierto es que todos hemos ido adquiriendo o desarrollando una serie de hábitos improductivos a lo largo de nuestra vida. La combinación de todos estos hábitos no sólo constituye un enorme lastre, que nos dificulta mostrar el “mejor yo” del que habla Berto, sino que además nos sale carísimo y no sólo en el aspecto económico, que también, sino en salud, relaciones y calidad de vida en general.

Si crees que detectar o identificar que eres presa de estos hábitos es algo difícil, te equivocas; es muy sencillo y lo único que necesitas para ello es pararte un poco a pensar.

Desgraciadamente vivimos inmersos en una dinámica en la que se suele dar más prioridad a lo urgente que a lo verdaderamente importante. Pensar es una de esas cosas importantes que posponemos una y otra vez y las consecuencias de ello son cada día más evidentes: insatisfacción creciente con nuestro trabajo y nuestra vida, estrés, depresión… ¿Cuántos de tus hábitos improductivos te aportan realmente algo a la hora de ser mejor persona o mejor profesional?

Con frecuencia incorporamos nuevos hábitos improductivos sin pararnos a pensar por qué lo hacemos; si realmente aportan algo o si simplemente son más carga inútil.

El mimetismo sustituye al análisis y al sentido crítico, haciendo que nos parezcamos cada vez más a un robot: limitados a seguir instruccionesy repetir lo que vemos y oímos sin previamente procesarlo, inconscientes del enorme coste que esta actitud supone en nuestras vidas.

¿Cómo salir de este círculo vicioso? Lo primero que necesitas es parar por un momento y analizar un día cualquiera de tu vida, desde que te levantas hasta que te vuelves a ir a la cama. Repasa las cosas que haces durante ese período de tiempo intentando detectar hábitos que te roban tiempo, te estresan y te limitan. Algunos ejemplos serían: comprobar el e-mail cada vez que llega un nuevo mensaje, no apagar el móvil cuando ha terminado la jornada laboral, quedarte en la oficina “calentando la silla”, llevarte trabajo a casa el fin de semana o no desconectar totalmente cuando estás de vacaciones…

¿Realmente aporta alguno de esos hábitos un valor concreto y diferencial a tu vida o simplemente te has convertido en un esclavo de ti mismo?

Piensa ahora en los hábitos saludables que no tienes: hacer deporte regularmente, dormir lo suficiente a diario, comer sano, aprender a disfrutar del momento, desarrollar día a día tu sentido crítico… ¿Qué vas a hacer a partir de ahora para ir sustituyendo los hábitos improductivos por hábitos productivos?

Usa tu cerebro para pensar regularmente en las cosas que haces de forma habitual; en lo que aportan o quitan a tu vida. Pensar es un ejercicio sencillo que te acerca a lo que realmente eres y quieres.

Aprovéchate de disponer de tan potente herramienta e intenta sacarle el máximo partido porque, como elemento decorativo, el cerebro es un adorno caro.

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