El Cómo como Zona Creativa

En una entrada de Álex Vallés (@adriapolis) que leía durante estas vacaciones, titulada «Yo pienso, luego tú actúas», se planteaba el problema de cómo canalizar el pensamiento creativo de los miembros de un equipo ya que, si no somos capaces de canalizar dicha creatividad, no tiene demasiado sentido intentar desarrollar un comportamiento innovador que genere ideas y acciones.

El temor a dar rienda a la creatividad del equipo sin saber cómo canalizarla es un buen ejemplo del coste del miedo en las organizaciones. Es hasta cierto punto lógico que el directivo que no se siente capaz de canalizar la creatividad de su equipo intente limitarla, ya que ve en ella una amenaza a su propia autoridad.

Estimular la creatividad del equipo requiere unos niveles de liderazgo que por desgracia superan el estándar de la mayoría de las organizaciones. El directivo que además es líder tiene confianza en sí mismo y en su equipo y por tanto no teme la diversidad de opiniones y puntos de vista que sin duda se producirá al fomentar la creatividad, ya que entiende que proponer ideas alternativas, o incluso opuestas, es un sano ejercicio de debate interno, siempre enriquecedor si se canaliza adecuadamente.

Sin embargo decidir los objetivos («qué») y la forma de alcanzarlos («cómo») viene siendo tradicionalmente responsabilidad del directivo. En el extremo, cuando la decisión del «cómo» va más allá de marcar unas simples líneas generales a seguir, nos encontramos con el micro-management, esa obsesión por el control tan frecuente en muchas organizaciones.

Estas formas tradicionales de dirigir, que no liderar, equipos han quedado definitivamente obsoletas por ineficientes. Las organizaciones del futuro exigen otro tipo de liderazgo, mucho más participativo, que permita realmente aprovechar al máximo las capacidades de las personas.

Es sin duda lógico y comprensible que el directivo tradicional sienta no temor sino pánico ante la idea de ceder voluntariamente el control en exclusiva que tanto tiempo ha ejercido.

Por eso, una buena forma de dar el primer paso hacia estas nuevas formas de relación líder-equipo es el uso intensivo del «cómo» para generar zonas creativas.

Ceder al equipo el control sobre el «cómo» es recorrer la mitad del camino hacia el estado final deseado. Supone para el directivo un riesgo controlado, ya que sigue siendo él quién decide el «qué», pero a la vez introduce un cambio radical en la forma de interaccionar con su equipo.

La gran ventaja que ofrece el uso del «cómo» es que, al estar limitado por el «qué» previamente definido, ofrece al directivo un entorno de aprendizaje seguro en el que adquirir y desarrollar las nuevas habilidades que necesita.

Permitir al equipo ser creativo sobre «cómo» llevar a cabo los «qué» es una forma excelente de comprobar lo mucho que la participación y conversación pueden contribuir no sólo a incrementar el rendimiento del mismo sino a la mejora de las relaciones entre sus integrantes.

Si quieres dejar el «yo pienso, tú actúas» para pasar al «todos pensamos y actuamos», pero te asusta un poco la magnitud del cambio, te sugiero que pruebes empezando con el «todos pensamos el cómo y actúamos». Te sorprenderás.

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