GTD es Para No Hacer

Gebaumel in der Hängematte, cortesía de Robert Wetzlmayr

“Es fácil decidir qué hacer, lo difícil es decidir que no hacer”. Michael Dell

Uno de los requisitos básicos para lograr ser realmente productivo es saber diferenciar lo posible de lo deseable, ya que, por lo general, sueles desear hacer muchas más cosas de las que físicamente puedes hacer.

El principal motivo por el que las técnicas tradicionales de gestión del tiempo no sirven es porque obvian este principio tan sencillo como fundamental.

A día de hoy vivimos en un mundo en el que siempre vas a tener más cosas por hacer, información que procesar o personas que conocer que tiempo disponible. Por eso es fundamental que cualquier metodología para la productividad personal integre esta realidad en su modelo o, de lo contrario, fracasará.

Las metodologías antiguas siguen operando en el paradigma de lo predecible, de lo planificable, de lo estático y limitado. Aún no han evolucionado adaptándose al paradigma de la abundancia y por eso siguen ignorando realidades tan evidentes como las interrupciones, la sobrecarga de trabajo o de información y los constantes cambios de prioridad.

Por otra parte, en la empresa también se cumple el Principio de Pareto, es decir, el 80% del valor que generan los empleados procede del 20% del trabajo que hacen. Las empresas son conscientes de que gran parte de las tareas diarias no son más que burocracia de escaso o nulo valor añadido, así que en realidad no les importa tanto que quede parte sin hacer. Lo contrario, tener recursos ociosos, les preocupa mucho más.

Por este motivo, cualquier empresa moderna y eficiente tiene diseñados sus recursos humanos para que siempre haya tarea en exceso. El que habitualmente salgas de la oficina habiendo dejado cosas sin hacer no significa que seas un incompetente; es que, si lograras acabar a diario la totalidad de tu trabajo, probablemente ya habrías sido despedido.

Esto significa que el verdadero reto del trabajador del conocimiento no consiste en hacer todo sino en discriminar de forma acertada qué hacer y, principalmente, que no hacer.

Algo parecido ocurre a nivel personal. Si esperas a haber acabado todas las tareas relacionadas con tu trabajo para comenzar aquellas otras relacionadas con tu vida privada, pronto descubrirás que te has quedado sin vida privada. Nuevamente se impone la necesidad de decidir qué tiene sentido dejar de hacer en ambos frentes a fin de encontrar un equilibrio satisfactorio para ti.

De todas las metodologías de productividad personal que conozco, la única que está diseñada para que sepas qué no hacer es GTD.

Porque para saber qué no hacer necesitas fundamentalmente dos cosas:

  1. Control: Saber cuáles son todas las opciones disponibles en un momento dado es el único modo de poder tomar una decisión informada sobre qué hacer y qué no hacer. El método de los cinco pasos para administrar tu trabajo es una herramienta diseñada específicamente para que puedas disponer de esta información
  2. Perspectiva: Saber cómo puede influir tu decisión sobre qué hacer y qué no hacer en los resultados que quieres conseguir a corto, medio y largo plazo es la única forma de asegurar que tus acciones estén siempre alineadas con tus objetivos y que no sean fruto de la presión del momento o de circunstancias conyunturales. El modelo de seis niveles de enfoque te proporciona las herramientas adecuadas para lograr dicha perspectiva

Así que si alguien te pregunta qué ofrece GTD que no ofrece ningún otro método de productividad personal, ya tienes la respuesta: GTD, además de ayudarte a hacer, te da las herramientas necesarias para decidir, con criterio, qué no hacer.

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