La Verdad sobre GTD: Compartiendo Experiencia

La última entrada publicada hace unos días sobre GTD, titulada “La Mejor Versión de GTD“, ha generado un nivel de debate superior al habitual, dando lugar a excelentes comentarios.

Me ha gustado en particular el hecho de que muchos de los que considero en la actualidad entre los mejores expertos en GTD de habla castellana se acercaran por aquí a participar en la conversación y aportar su punto de vista.

Los planteamientos expuestos me parecen de gran calidad y profundidad, por lo que he considerado necesario escribir esta entrada para darles la visibilidad y relevancia que en mi opinión merecen.

Paso, sin más preámbulo, a resumir tan interesante debate.

Àlex Bergonzini, autor de GTD Bergonzini, afirmaba: “GTD es un libro escrito por la experiencia de su autor durante muchos años de práctica, de consultas, de energía encaminada hacia un vida mucho más productiva. Ese libro, a falta de un asesoramiento directo por parte de su autor, se convierte en una biblia (discutible en ciertos puntos), pero la única biblia para conseguir desarrollar el camino hacia GTD. Uno debe leerlo, no una, sino varias veces. La cantidad de información que se aglutina en él rompe con nuestros esquemas más básicos y no hay que leerlo varias veces para entenderlo, sino para romper nuestro paradigma del sentido común […]. El principal error después de leer el libro […] es la obviedad. Escribimos sobre la realidad más palpable, escribimos sobre las necesidades del día a día, reflejamos el sentido común más básico y aún así obtenemos el rechazo más completo”.

Para Àlex, una de las razones que impulsa a “versionar” GTD es que “es ese sentido común que rechazamos por ser tan obvio. Algo tan sencillo no puede ser la salvación; nos negamos y buscamos versiones, adaptaciones, mejoras tecnológicas. GTD es así. Ni más ni menos. El sentido común está ahí para abrazarlo“.

Àlex, como el mismo nos relataba, es uno “de esos que ha abandonado GTD y lo ha hecho a voluntad propia. Digamos que no me he caído del vagón, me he tirado al grito de ¡Banzai!. Fue un revulsivo caótico de la vida que ya no reconocía, donde el caos, el desorden, las prisas, el estrés y las urgencias volvieron apoderarse de mí. Y lo abrazacé alegremente, para sentir la necesidad de regresar corriendo a GTD“.

Por eso, su declaración final tiene un valor aún más especial, porque proviene de alguien que ha recorrido el camino en ambas direcciones: “Yo creo en un GTD ortodoxo y libre al mismo tiempo para adaptarse a lo que uno necesita. La productividad la haces tu cada día. GTD te regala una base robusta y nada compleja que puedes aplicar, ya seas presidente de una multinacional o como un humilde repartidor de paquetes; desde el ejecutivo que viaja por todo el mundo hasta el ama de casa que recoge a los niños en el colegio“.

Jeroen Sangers, autor de El Canasto, nos ofrecía por su parte una imagen que representa nítidamente el concepto de sistema que yo planteaba en la entrada original: “GTD es como una maquina mecánica donde los dientes de cada rueda encajan perfectamente. Si sacas o cambias una rueda es posible que todavía funcione un poquito, pero no es lo mismo“.

Jeroen, además, terminaba apelando a la coherencia y al sentido común al afirmar: “Hay muchos métodos de productividad y eres libre de elegir el que te va mejor. Si eliges GTD, mejor hacerlo bien e implementarlo completamente“.

La experiencia de Jerónimo Sánchez, autor del blog con su mismo nombre, aunque por motivos distintos, es similar a la de Àlex, como el mismo nos comentaba: “Como algunos de vosotros sabéis, yo soy uno de los que ha “visitado” otros métodos a lo largo del tiempo, incluso tratando de mezclar ideas de aquí y de allá en busca de un sistema de productividad “mejor” que GTD. Al final, lo único que puedo decir es que fracasé rotundamente. En mi descargo tengo que decir que nunca busqué un método mejor que GTD porque no me funcionara GTD. Muy al contrario, sentía que había mucha gente que no terminaba de adoptar el sistema de David Allen y, en mi ingenuidad, pensaba que quizá era porque GTD era “demasiado” completo. Así que el cambio –temporal– fue más bien fruto de la investigación que de una necesidad real. Con el tiempo me fui dando cuenta de que el problema no era el sistema, sino las personas que no terminan de comprender lo que significa utilizar GTD“.

Daniel Aguayo, autor de Du Tudú, destacaba el problema que unas expectativas poco realistas pueden conllevar: “En mi opinión, el conflicto surge cuando las expectativas de quien no conoce bien GTD chocan con lo que hay en realidad. Muchas veces la gente busca métodos remediativos que les resuelvan lo que ellos ven como un problema concreto. Quieren una pastilla mágica, o un truco, que les solucione el problema más grave que tengan en ese momento. Por eso GTD, sin conocerlo a fondo, es excesivo e incomprensible cuando lo que buscas es sólo un método de apuntar tareas, tenerlas ordenadas y sentirte como un ninja. El problema es que en ese caso se están confundiendo las listas de tareas con la productividad personal. En esa línea de pensamiento los papeles amontonados sobre la mesa son ‘algo inevitable con lo que toca luchar cada día’, las interrupciones del correo son ‘la forma de la que toca trabajar hoy en día’ y la planificación ‘la lista de cosas pendientes que escribo cuando la fecha de entrega me empieza a ahogar’“.

Y a continuación, aclaraba: “Así que es cierto, GTD es mucho más complejo que una lista de tareas. Pero conocer GTD es ser consciente de todo lo que implica la productividad personal: que los papeles se han de procesar, que las interrupciones se han de gestionar y que la planificación se ha de hacer aún con proyectos sencillos. Por eso, sin comprender este alcance de la productividad personal, es difícil entender que cada parte de un sistema GTD tiene su razón de ser“.

Respecto a la supuesta rigidez de GTD, Dani nos comentaba: “En cuanto a estricto, las bases que sienta siempre me han resultado naturales una vez integradas y hay tanta flexibilidad en las herramientas que cualquiera puede empezar a usar GTD con lo que tenga en casa. Un lápiz y una libreta pueden ser suficiente para cubrir el 90% de lo que necesite. […] Seguir bien GTD obliga a tener ciertos hábitos, pero permite ser en la vida tan espontáneo como se quiera. Yo puedo elegir no trabajar e ir a dar un paseo en un momento dado y estaré tranquilo porque tengo bajo control todo mi entorno“.

Opiniones de usuarios veteranos y curtidos en el uso de GTD. Opiniones desde la experiencia real sobre el mito de su rigidez y sobre las dificultades que supone adaptarlo, no porque sea complejo sino porque nos exige cambios profundos en muchos de nuestros paradigmas y hábitos más arraigados.

Y también, finalmente, una opinión unánime sobre los enormes beneficios con que verás recompensada tu constancia cuando consigas implantarlo.

¿Te atreves a probarlo? Tienes mucho que ganar

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