Productivo, ¿naces o te haces?

Los ganadores buscan soluciones; los perdedores buscan excusas.
Francisco Alcaide Hernández

Organizarse con eficacia no es algo innato y tampoco es un don divino, sino únicamente una habilidad que se aprende y se desarrolla. Lo que ocurre es que no hablamos de una habilidad cualquiera sino de una que es cada vez más demandada, hasta el punto de darse por descontada en un buen profesional, y que además está directamente relacionada con la capacidad de obtener resultados, tanto en el ámbito profesional como en el personal, y con sentir un mayor control sobre tu vida, eliminar el estrés y, en definitiva, ser más feliz.

Hay sin embargo una duda compartida por muchas personas. ¿Es realmente posible entrenar a alguien para que se organice con eficacia? ¿Se puede desarrollar esa capacidad mediante una serie de conductas determinadas?

La creencia generalizada es que hay personas que son más productivas que otras por naturaleza, es decir, que hay personas que “han nacido” organizadas y otras que no han tenido esa suerte.

Creencias parecidas han existido hasta hace muy poco en relación con la creatividad, la innovación o las habilidades comerciales. Se pensaba que o “se nacía” persona creativa, innovadora o con cualidades para la venta o no había nada que hacer al respecto. Sin embargo, a día de hoy se sabe que existen procesos característicos e identificables para vender, innovar o ser creativo. La única diferencia es que algunas personas comprenden esos procesos de forma más intuitiva y espontánea que otras pero en realidad son procesos que se pueden enseñar, aprender e implementar.

Esto mismo sucede con la productividad personal, porque organizarse con eficacia no es más que un proceso que puede ser aprendido, compartido y puesto en práctica por cualquier persona que lo desee.

Es importante entender que ser productivo no es un privilegio de unos pocos sino una cualidad al alcance de todos. Hay que desmitificar la productividad y para ello debemos ser conscientes de que ser productivo no consiste en acordarse de usar listas interminables de trucos y consejos, ni de dominar sofisticadas técnicas ni de aprender a usar complejas herramientas sino, simplemente, de adquirir un conjunto de hábitos sencillos, basados en unos principios universalmente válidos, que se pueden aprender y desarrollar sin necesidad de experiencia previa o conocimientos adicionales.

En ese sentido, lo único que hace la metodología GTD es estructurar esos principios y formalizarlos de forma que su aprendizaje, puesta en práctica y conversión en hábitos sea más sencilla, rápida, efectiva y duradera.

En mi experiencia usando y enseñando GTD, hay una única diferencia entre las personas productivas y las que no lo son: hasta dónde han estado dispuestas a llegar para conseguir serlo.

¿A qué grupo perteneces tú, al de las personas que buscan soluciones o al de las que solo buscan excusas?

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