GTD: Un Método y una Filosofía

mosqueton GTD: Un Método y una Filosofía

Mosquetao a vista!, cortesía de Leonardo Pallotta

El reconocimiento y popularidad creciente de GTD va más allá del que cabría esperar para una sencilla técnica de organización personal.

Un detalle en el que coinciden muchas de las personas que lo utilizan asiduamente es que la práctica continuada de GTD invita a conectar con algo más profundo y significativo, algo que trasciende a la simple toma de decisiones sobre tu trabajo.

Según esto, se podría pensar que GTD puede tener cierto tipo de conexión con el mundo del arte, la psicología y la espiritualidad, en el sentido de que ofrece una fórmula que ayuda a comprender y experimentar nuevos niveles de consciencia y realidad.

Normalmente no interactuamos con nuestro mundo de forma preconcebida, directa y lógica ni tampoco lo hacemos conscientes de nuestro propósito y nuestros valores. Y no es porque no seamos capaces de hacerlo sino porque habitualmente nos vemos obligados a enfrentarnos a una realidad en la que las cosas que pasan no se pueden organizar fácilmente en categorías claras y racionales.

Intuimos por tanto que hay una motivación, un impulso, algo muy básico que nos mueve y nos guía desde el interior. Pero para la mayoría de las personas esa motivación casi nunca nos ofrece un plan consciente y objetivo. Así, paradójicamente, actuamos siempre conforme a un propósito y unos valores que con frecuencia ignoramos, en la medida que no somos conscientes ni de en qué consiste dicho propósito ni cuáles son esos valores.

Vivimos inmersos en un flujo de experiencias, la mayor parte de ellas no planificadas ni esperadas. A pesar de ello, somos capaces de encontrarles un sentido, es decir, una relación con su contenido. En otras palabras, vivimos y entendemos las experiencias poniendo su contenido en el contexto de nuestro propósito y valores.

Si asumimos que buscamos mejorar como personas y mejorar también nuestra forma de hacer las cosas, entonces la mejor alternativa es elegir las herramientas que parten de nuestra visión, la incorporan y la refuerzan.

En este sentido, GTD aborda la incorporación de lo que nos llega del exterior con lo que ya existe en nuestro interior. Y, lo mejor de todo, sin que sea necesario entenderlo a priori.

Sintonizar con nuestro mundo y nuestro entorno es lo que conseguimos cuando aceptamos, aclaramos, organizamos, reflexionamos y nos comprometemos. GTD simplemente reconoce esa fórmula, nos hace ser conscientes de ella y nos ayuda a controlarla a nuestro favor.

No se trata de que te impliques apasionadamente en tu vida sino de que identifiques lo que para ti ya es verdad. Todos estamos muy ocupados y, a pesar de ello, nos comprometemos con más de lo que podríamos hacer en varias vidas. Necesitamos decidir qué no hacer y sentirnos bien con nuestra decisión.

Lo que asume este modelo es que cualquier persona posee toda la creatividad, motivación, inspiración e inteligencia que puede necesitar. Simplemente se trata de agudizar nuestra sensibilidad para reconocer lo que ya existe, a un nivel más profundo, eliminando todo aquello que puede limitar su expresión, y utilizar herramientas que te permitan expresar tus aptitudes con mayor plenitud.

El atractivo universal de GTD radica en que no intenta promover unos intereses concretos ni determinados sino que proporciona un método para devolver el control y la perspectiva a tu vida con el único objetivo de que puedas ser plenamente tú.

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