Las bases mentales de GTD

bombilla cerebro con traje Las bases mentales de GTD

BulbHead > brain, cortesía de Miguelángel Guédez

En los últimos años ha crecido el interés  por la inteligencia emocional, lo que tradicionalmente se ha venido llamando sentido común, entendiendo que la capacidad de reconocer, controlar y dirigir los sentimientos guarda una estrecha relación con la eficacia personal y los resultados profesionales.

Además, en la medida que somos cada vez más sociales, la comunicación, el trabajo, el aprendizaje colaborativos y, en general, las relaciones bien gestionadas, ponen de manifiesto la importancia de este tipo de inteligencia.

Sin embargo, el auge de la inteligencia emocional no supone el abandono, ni la relegación a un segundo plano, de la inteligencia tradicional o inteligencia mental, ya que este otro tipo de inteligencia es igualmente necesaria.

Si la inteligencia emocional consiste en comprender y manejar nuestros sentimientos, la inteligencia mental consiste en comprender y manejar nuestros pensamientos.

Dice David Allen que lo que ocurre no es que la gente no tenga capacidad para pensar, sino que simplemente no lo hace, o no piensa tan eficazmente como podría, porque sus “tuberías mentales” están atascadas. Yo, por mi parte, añado que las tuberías se atascan por dejadez y falta de uso.

El problema de negarte a pensar eficazmente, incluso sobre cosas cotidianas y en principio poco trascendentes, es que puede producir un impacto negativo sobre tu eficacia, del mismo modo que ocurriría si reaccionaras de forma exagerada, o no reaccionaras en absoluto, a nivel emocional.

Por eso es tan importante no olvidar la relación que existe entre lo que piensas y lo que sientes. Porque del mismo modo que cómo te sientes influye en cómo piensas, también es cierto que cómo piensas influye en cómo te sientes.

La mayoría de las personas deja que sea su mente la que dirige el caos de su cabeza. Lo malo es que la mente tiene la mala costumbre de recordarte las cosas cuando no puedes hacer nada al respecto. Por ejemplo, ¿cuándo te acuerdas de que tienes que comprar pilas, cuando vas por el pasillo de pilas del supermercado o cuando vas a encender la radio que se quedó sin pilas la última vez que la usaste?

Pensar en las cosas no equivale a hacer algo con ellas. Existe la misma diferencia que entre decidir hacer algo y hacerlo realmente. Constantemente pensamos en cosas, e incluso tomamos decisiones sobre ellas, pero con frecuencia no hacemos finalmente nada al respecto. Nos preocupamos mucho pero nos ocupamos poco.

En realidad todas las personas saben pensar. Lo que ocurre es que muy pocas saben cuál es su proceso concreto de pensamiento. Esto se debe a que “saber pensar” es un conocimiento tácito. Y es una pena, porque muchas personas son muy buenas pensando en determinadas áreas de su vida pero no son capaces de aplicar esa misma forma de pensar a otras áreas porque no saben cómo hacen lo que hacen.

Lo que aporta GTD es la forma de convertir ese conocimiento tácito en conocimiento explícito, replicable. GTD convierte esas prácticas aparentemente inexplicables en un proceso consciente, comprensible y que se puede enseñar y aprender.

Esto es una excelente noticia, porque en la medida que nuestras realidades y compromisos se vuelven más sutiles y ambiguos en unas vidas cada vez más complejas, saber conseguir y manejar el enfoque cobrará una relevancia cada vez mayor.

Porque para hacer que todo funcione, necesitas pensar más en cómo piensas y en cómo aplicas esa conciencia en cada área de tu vida. Y cuando todo funciona, ¿cómo te sientes?

Por eso, aprender a pensar mejor es aprender a sentirte mejor.

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