GTD: El Reto de las Prioridades

Dice David Allen que cuando tienes en cuenta todos los factores que afectan a tus alternativas a la hora de tomar una decisión concreta en un momento determinado, te enfrentas a un gran reto. El motivo por el que supone un reto es que hay que integrar de forma coherente una gran cantidad de información útil y relevante, procedente de diversas fuentes, antes de poder utilizarla para tomar la decisión.

Por una parte, tanto tus valores como los valores que rodean a la acción o proyecto sobre el que estás decidiendo. ¿Están en armonía o entran en conflicto? Por otra, tu visión sobre lo que quieres alcanzar en las diversas áreas de tu vida, una visión resultante de proyectar tu propósito sobre ellas en el largo plazo. Algo parecido ocurre con tus metas y objetivos, esos hitos a medio plazo que te acercan a tu visión. ¿Qué impacto podría tener, y cómo influiría en todos estos factores, que tomases una decisión u otra? Es imprescindible también no perder de vista cómo puede afectar nuestra decisión al delicado equilibrio que existe entre todas nuestras áreas de interés o responsabilidad y, además, alinear todo lo anterior con la parte más operativa y de corto plazo, es decir, con todo lo que ya se encuentra en nuestras listas de acciones y proyectos.

Esta reflexión es necesaria porque casi nadie se libra de que la presión del día a día haga. en ocasiones, que el árbol del cortoplacismo nos impida ver el bosque de nuestro futuro.

Además, para tomar la decisión correcta, también deberás tener en cuenta en qué contexto o contextos te encuentras, es decir, en qué lugar, con qué herramientas y con qué personas, así como tus niveles de energía y el tiempo disponible. Y entonces, una vez hayas conseguido todo esto, podrás tener la seguridad de que has decidido hacer precisamente lo que tienes que hacer. ¿Sencillo? Pues depende. Se trata, sobre todo, de una cuestión de hábitos.

Bajo la presión del día a día, el porcentaje de decisiones que tomas de forma plenamente consciente es muy limitado. La mayoría de las decisiones se toman de forma intuitiva, lo que demuestra que la intuición es, a menudo, más potente que la razón consciente. ¿Qué está en nuestra mano hacer para que nuestra intuición «priorice» mejor? Muy sencillo. Desarrollar el hábito de ofrecerle informaciones útiles y relevantes, de forma regular, sobre lo que nos acerca a nuestro propósito, a nuestra visión y a nuestras metas y objetivos; información sobre lo que ayuda a mantener en equilibrio nuestras áreas de enfoque y responsabilidad; y cómo todo ello se expresa a través de nuestros proyectos y acciones. Este hábito es sencillo, ya que puede incorporarse al hábito de la revisión semanal y emplearlo con mayor o menor frecuencia, según la necesidad. El hábito verdaderamente «retador» es el de la revisión semanal 🙂

¿Qué ocurre cuando no hemos desarrollado este hábito? Pues que nuestra intuición va a carecer habitualmente de parte de la información que necesita para poder priorizar bien. La sensación de «no he parado en todo el día y no he hecho nada» es una de las formas en que tomamos conciencia de que hemos priorizado mal buena parte de la jornada. De modo parecido, la sensación de «tengo miles de cosas por hacer y no sé por dónde empezar» nos indica que nos falta perspectiva, es decir, que no tenemos claras las consecuencias de nuestras decisiones.

Por último, las decisiones conviene validarlas y una de las mejores formas de saber si una decisión es la correcta o no es haciendo algo al respecto. El gran problema al que se enfrenta un buen número de gente es que se limita a tomar decisiones, sin hacer luego nada con ellas. Decidir es un acto que, por si solo, difícilmente te va a llevar a ninguna parte. Es mucho mejor hacer y equivocarte que no hacer y no equivocarte. En el primer caso, habrás sido una persona productiva, ya que habrás invertido parte de tu atención y esfuerzo en alcanzar un resultado y, aunque no lo hayas conseguido, habrás obtenido un aprendizaje, el cual te deja en mejor posición de la que estabas de cara a un segundo intento. En el segundo caso, habrás sido una persona improductiva, ya que no habrás conseguido nada de nada. La productividad se expresa haciendo, aunque sea haciendo de forma equivocada.

Priorizar bien es un arte. Y el arte resulta en gran parte de la práctica. Reflexiona habitualmente sobre tu propósito, valores, visión, metas, objetivos, áreas vitales, proyectos y acciones y conseguirás que tu intuición esté permanentemente en forma y que cada vez te ofrezca mejores resultados. Revisar es entrenar tu intuición. Cuando entrenas bien, los retos son más asequibles y con una intuición bien entrenada, el reto de priorizar también es menos reto.

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