El Futuro del Trabajo y la Nueva Productividad

Jordi Serrano publicaba hace unos días un excelente post titulado «¿Un futuro del trabajo apto para todos?». En él, Jordi apuntaba algunas tendencias que, a pesar de lo evidentes, parecen seguir pasando desapercibidas para la gran mayoría de la gente. Esta reflexión sobre el futuro del trabajo – un futuro no tan lejano, por cierto – viene acompañada de diversa información relevante que confirma las tendencias y muestra cómo nos dirigimos a gran velocidad hacia una situación bastante preocupante, al menos para buena parte de la población.

Una de las ideas centrales que apunta Jordi es la tendencia al alza de la desigualdad, fruto en buena parte de la evolución del mercado de trabajo y de los salarios hacia lo que se ha llamado una «economía del reloj de arena». Más que de «economía», yo me atrevería a hablar de una nueva «estratificación social», caracterizada por contar con una amplia capa de privilegiados, una muy estrecha clase media y una también amplia capa de personas en las clases bajas. Lo más grave es que este desplazamiento de la clase media hacia las otras dos clases no está siendo simétrico, sino que se produce a razón de uno a cuatro, es decir, por cada persona de clase media que «asciende» a las clases privilegiadas, hay cuatro personas que abandonan la clase media para «caer» en las clases bajas.

Las causas que están dando lugar a esta polarización económica y social son variadas y complejas. Por una parte, muchos empleos «tradicionales» están desapareciendo como resultado de la automatización o de la deslocalización. Por otra, las empresas están intentando hacer frente a la complicada situación económica «adelgazando» sus plantillas. Sin entrar a analizar ahora el papel que están jugando las empresas en todo este proceso de cambio, lo que sí parece claro es que hay un número cada vez mayor de personas que se encuentran ante un reto para el que no han sido preparadas.

Hablamos de personas que han sido «programadas», como dice Jordi, por la cultura y por el sistema educativo, para «un trabajo para toda la vida» y que carecen de las competencias básicas para sobrevivir en esta nueva realidad: autonomía, adaptabilidad, resiliencia, iniciativa, aprendizaje continuo, automotivación, perfil en «T», fluidez digital… Además, hay que tener en cuenta que las condiciones para «ascender» de clase son cada vez más exigentes. Ya no vale con tener una excelente preparación académica o saber idiomas para aspirar con ciertas garantías a un buen nivel de vida. Ahora es necesario también contar con un buen número de habilidades interpersonales, trabajar la marca personal, cultivar el networking y, cada vez más, saber trabajar en red.

En realidad, nada de esto debería sorprendernos. La desigualdad social ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad y la «clase media» ha sido posible únicamente como resultado de una serie sostenida e intencionada de acciones encaminadas a contrarrestar la tendencia natural. También me parece digno de reflexión el hecho de que la clase media y la empresa tal y como la conocemos hayan coexistido en un momento histórico muy concreto y característico: el de la transición de un mundo en el que predominaba el trabajo manual a otro en el que va a predominar el trabajo del conocimiento. Por último, habría también que plantearse una pregunta que a mi entender es clave: cómo de sostenible sigue siendo todo esto y que papel juega aquí, o podría jugar, la nueva productividad.

Digo «nueva productividad» porque, por primera vez en la historia, podemos observar cómo el trabajo del conocimiento comienza a manifestarse en toda su plenitud. Después de varias décadas en las que gran parte de los puestos de trabajo eran de naturaleza híbrida, es decir, puestos que integraban tanto trabajo manual como trabajo del conocimiento, ahora estamos viendo como surgen con fuerza nuevas actividades que conllevan en su totalidad trabajo del conocimiento. Hablamos de un tipo completamente nuevo de trabajo que, precisamente por ser nuevo, lleva asociado también un nuevo concepto de productividad. Esto es un hecho innegable, tal y como queda patente con solo echar un vistazo a las cifras de eficiencia económica que comparte Jordi en su post o las diferencias de eficiencia que comentaba yo recientemente al escribir sobre repensar la compensación en el trabajo del conocimiento.

Hablamos de un nuevo concepto de productividad que trasciende lo meramente cuantitativo para integrar también lo cualitativo. Esta redefinición del concepto incluye un cambio completo de paradigma que supone no solo redefinir qué es productividad en el trabajo del conocimiento sino entender de qué depende, qué factores la afectan, cómo puede mejorarse, etc.

Aunque lamentablemente parece que poca gente se lo tomó en serio, Peter Drucker lo dijo muy claro hace ya unos años, concretamente en 1.999: «La productividad del trabajador del conocimiento es el mayor de los desafíos del siglo XXI. En los países desarrollados, es el primer requisito para su supervivencia. De ninguna otra forma pueden los países desarrollados esperar mantenerse y mucho menos mantener su liderazgo y sus estándares de vida». Drucker también añadía poco después: «Con respecto a los análisis reales sobre la productividad de los trabajadores del conocimiento, en el año 2000 estamos aproximadamente igual que estábamos en el año 1900 con respecto a los análisis sobre la productividad de los trabajadores manual». Han pasado quince años desde esta afirmación y ¿qué ha cambiado?. Con excepción de unos pocos «¿chiflados?», parece que esto sigue sin despertar el interés que debería.

Lo que está en juego es mucho más que el futuro del trabajo. Nos estamos jugando el futuro de la forma de vida que ha caracterizado la segunda mitad del siglo XX en los países desarrollados. ¿A qué esperamos para tomarnos en serio esta nueva productividad?

9 comments to El Futuro del Trabajo y la Nueva Productividad

  • Un post muy bien documentado que no te puede dejar indiferente. El cambio se está produciendo y la brecha abriendo. Es un momento emocionante y preocupante al mismo tiempo.

    Gracias por tu contribución a la concienciación.
    Un abrazo.

  • Varios amigos míos trabajaban en el Banco Pastor. Me consta que son magníficos profesionales en lo suyo. Un buen día llegó el Popular y se los merendó. No los echaron, no les rebajaron sus condiciones económicas, pero su calidad de vida disminuyó fuertemente.
    Les observo asombrado. Unos días con envidia por su estabilidad y tranquilidad económica. Y otros con angustia pensando si se habrán dado cuenta de que existe una probabilidad seria de que lo que siempre ha parecido duradero como el acero, se vuelve maleable y ellos acaben desplazados del sistema.
    No parecen mostrar el más mínimo interés por todo lo que brillantemente cuentas hoy, José Miguel. ¿Cuántos libros? ¿cuántos posts? ¿cuántos ejemplos hacen falta para que la gente se dé cuenta de en qué estamos?
    Yo lo tengo claro: luchando por mantenerme en la cinturita del reloj de arena.
    Saludos!

    • Jose Miguel Bolivar
      Twitter: jmbolivar

      Muchas gracias, Rafa. A mí también me sorprende enormemente esta actitud, bastante generalizada. Recuerda un poco a la táctica del avestruz de enterrar la cabeza. Bueno, más dura será la realidad cuando se imponga. Una lástima, porque el impacto se puede mitigar si se actúa cuando hay que actuar.
      Saludos!

  • Jerónimo Sánchez
    Twitter: Jerónimo Sánchez

    Este fenómeno es muy habitual en la historia de la Humanidad, y se ve reflejado en muchos aspectos de la sociedad moderna, como por ejemplo en la manera en que se adoptan las nuevas tecnologías. Generalmente son pocos los que están dispuestos a dejar su zona de confort para intentar cosas nuevas; después de un tiempo empiezan a seguirlos algunos, si ven que hay algún tipo de ventaja en el movimiento; el grueso de la gente sólo se empieza a mover cuando no hacerlo implica una desventaja evidente.

    El mundo laboral no es una excepción a este respecto, y dada la naturaleza humana, me temo que nunca lo será. Muchos profesionales lo pasarán muy mal durante los próximos años, igual que muchos trabajadores sufrieron durante la revolución industrial. Creo que nuestra labor no es intentar evitarlo, sino compartir con, y ayudar a esa masa de “early adopters” (organizaciones y personas) que están dispuestos a tomar la delantera. Los demás ya vendrán… cuando vengan.

  • Información Bitacoras.com

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