Entendiendo la Perspectiva en GTD

En mi experiencia, el planteamiento que hace David Allen de la perspectiva en GTD puede generar confusión debido al tipo de metáforas que emplea. En «Organízate con eficacia» hablaba de los niveles de altitud en un avión, mientras que en «Haz que funcione» habla de «horizontes de enfoque». En ambos casos, la idea que parece intentar transmitir es la misma: que la perspectiva es una serie ordenada de niveles «visuales» relativamente homogéneos que debemos recorrer o explorar, «subiendo» o «bajando» a través de ellos con cierta frecuencia, para ganar claridad sobre una serie de elementos clave para nosotros.

Creo que la intención es buena, en la medida que persigue mostrar una imagen sencilla, armónica, global y coherente de todos los factores que integran la perspectiva. El motivo por el que, siempre en mi opinión, falla es porque lo que nos propone es una simplificación excesiva de la realidad. La perspectiva como algo único no existe. La perspectiva de la que habla Allen es lo que toda la vida se ha conocido como «tener las ideas claras». Y tener las ideas claras es resultado de integrar una diversidad de fuentes de información y de hábitos bastante menos homogénea de lo que el modelo de seis niveles de perspectiva intenta demostrar.

En posts posteriores iré desgranando uno a uno estos supuestos seis niveles que integran el modelo pero te adelanto que vas a llevarte sorpresas. Por una parte, porque vas a descubrir que esa aparente «progresión» entre niveles no existe en la práctica, por lo que eso de «subir» o «bajar» es más difícil de lo que parece. Por otra, porque comprobarás que hay diversos tipos de perspectiva y que cada uno de ellos tiene utilidades distintas. En su lado más positivo, porque te darás cuenta de que ganar perspectiva es, en la práctica, mucho más sencillo de lo que los libros de Allen pueden dar a entender en ocasiones.

En «Haz que funcione», Allen alude a Maslow y a su conocida pirámide de necesidades, intentando establecer una correlación entre los niveles jerárquicos de dicha pirámide y los «horizontes de enfoque» de GTD. La idea es buena en origen, en la medida que la preocupación por satisfacer las necesidades más básicas hace que prestemos escasa o nula atención a las necesidades que ocupan niveles superiores y, de forma análoga, en GTD es difícil que nos preocupemos de los niveles de perspectiva que David Allen llama «superiores» si carecemos de perspectiva suficiente sobre los «inferiores».

El problema con la analogía anterior es que la pirámide de Maslow es una jerarquía formada por elementos homogéneos, concretamente necesidades, mientras que la jerarquía que Allen intenta establecer con sus «horizontes de enfoque» está formada por elementos heterogéneos, ya que mezcla distintos tipos de perspectiva, los cuales persiguen diversas finalidades y contribuyen de formas también distintas. Cuando intentamos ver orden y progresividad en algo que carece de orden y progresividad, nos sentimos incómodos y perdemos interés. Al menos, eso es lo que me ocurrió a mí en mis primeros contactos con la perspectiva en GTD.

Otro elemento que echo en falta en esta parte del método es la finalidad de ganar perspectiva. ¿Para qué quiero o necesito yo ganar perspectiva? Según lo cuenta Allen, el objetivo es ganar claridad y eso está muy bien pero, ¿para qué me sirve a mí tener claridad? Creo que limitar la finalidad de la perspectiva a «ganar claridad» resta valor al ejercicio en general. Suena a algo que está bien pero sin lo que se podría vivir llegado el caso. Y como casi todos andamos mal de tiempo, el caso llega con bastante frecuencia y, por consiguiente, solemos dedicar poca atención a la perspectiva.

Si centramos la temática en el campo del trabajo del conocimiento y en la necesidad imperiosa de decidir constantemente qué no hacer, la perspectiva adquiere una nueva dimensión en cuanto a su propuesta de valor. La perspectiva es, fundamentalmente, resultado de revisar de forma periódica una serie de elementos. Esta revisión periódica nos aporta información útil y relevante para nuestro proceso cotidiano de toma de decisiones, que en gran parte suele ser intuitivo. Luego en la medida que tengamos el hábito de incorporar informaciones útiles y relevantes, estaremos mejor equipados para tomar decisiones correctas. Y, por si esto fuera poco, el incorporar informaciones útiles y relevantes como resultado de un ejercicio proactivo, y no cómo respuesta a una necesidad que ha surgido, también nos va a permitir ser proactivos nosotros, anticipando situaciones que, de no ser previstas, podrían afectar negativamente a nuestra productividad.

En definitiva, claridad sí pero, más que claridad, digamos incorporación sistemática y proactiva de información útil y relevante para tomar mejores decisiones. Esto sí que hace más evidente cómo influyen los hábitos relacionados con la perspectiva en nuestra eficacia y en nuestra eficiencia o, dicho de otra forma, cómo la perspectiva influye en nuestra efectividad ayudándonos a vivir una vida mejor.

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