La productividad basura perjudica seriamente tu efectividad

Los nuggets de pollo son uno de los productos estrella de la comida rápida, probablemente porque son baratos, saciantes, con sabor agradable y fáciles de preparar y consumir, al tratarse de un producto precocinado. Sin embargo, como explica este estudio publicado en The American Journal of Medicine, los nuggets de pollo no son lo que parecen.

Este estudio demostró que, bajo una apariencia atractiva y a pesar de que los mensajes de marketing dan a entender que se trata de un producto saludable – al estar supuestamente compuestos por carne de pollo – la realidad es completamente distinta. En concreto, las muestras analizadas demostraron que la carne de pollo representaba menos del 50% de la composición total y que el resto era una mezla explosiva de grasa, piel, venas, vísceras, azúcar y sal, según la siguiente composición:

  • >55% grasa
  • ~25% hidratos de carbono
  • <20% proteína

Esto significa que las personas que comen grandes cantidades de nuggets de pollo, aunque lo hagan convencidas de que se trata de un producto saludable, en realidad están comiendo un producto de baja calidad que además perjudica seriamente la salud.

En el mundo de la efectividad y la productividad personal pasa algo muy parecido. Hay una oferta creciente de productos baratos, con sabor agradable y fáciles y rápidos de consumir que a primera vista pueden saciar pero que en realidad «nutren» muy poco y que, a medio y largo plazo, resultan incluso perjudiciales para la efectividad.

Que un fabricante diga que los nuggets que vende son sanísimos debería ser insuficiente para darlo por cierto. Del mismo modo, que una persona autodenominada experta en productividad personal diga que lo que cuenta es muy útil y funciona, tampoco debería darse por cierto.

Es muy importante ser conscientes de que, en un entorno VUCA como el actual, la efectividad y la productividad personal se han convertido en competencias clave, absolutamente indispensables, no solo para garantizar la competitividad de las organizaciones, sino también por su contribución a la salud, la calidad de vida y la felicidad de las personas.

Por eso, igual que los consumidores tenemos la obligación de informarnos sobre lo que comemos – si es que nos importa lo más mínimo nuestra salud – las personas responsables del desarrollo competencial de las organizaciones tienen la obligación de informarse sobre los productos formativos que compran, si es que les importa lo más mínimo la competitividad de la organización y la salud de los profesionales. ¡Es demasiado lo que hay en juego!

A día de hoy es muy fácil estar bien informado. Solo hacen falta tres cosas: querer estar bien informado, dedicar tiempo a estar bien informado y tener un mínimo de pensamiento crítico. Internet nos lo pone muy fácil. Es tan sencillo como buscar y dedicar tiempo a contrastar lo que dicen unos y lo que dicen otros, y también lo que dicen de unos y de otros.

La ciencia cognitiva ha llevado a cabo descubrimientos impresionantes en las últimas décadas. Gracias a ello, hoy sabemos mucho más sobre los factores que condicionan el rendimiento humano y estamos un poco menos en pañales de lo que decía Peter Drucker a principios de este siglo.

Seguir hablando a estas alturas de organizarse y priorizar o de gestión del tiempo demuestra un nivel preocupante de ignorancia y una obsolescencia de conocimientos severa, que están pidiendo a gritos una actualización urgente. Afortunadamente, hay gente que, día a día, sigue estudiando, investigando, experimentando, aprendiendo e innovando y, lo mejor de todo, comparte además gratis su conocimiento en la blogosfera. Solo hay que buscarles.

Ante un mundo líquido en el que el volumen de cosas por hacer continúa creciendo con ritmo exponencial, solo caben dos salidas. La primera es elegir cada vez mejor qué hacer y qué dejar sin hacer, ya que así se maximiza la aportación de valor. La segunda es lograr un aprovechamiento exquisito de la atención, uno de los recursos más preciados para las personas que trabajan como profesionales del conocimiento. Hablamos de cambios profundos, de modificar comportamientos, de desarrollar nuevas competencias basadas en hábitos, lo cual requiere compromiso, constancia y tiempo. Es hora de dejarnos de niñerías y de empezar a hablar de productividad para adultos.

El resto, es decir, las falsas soluciones, como intentar planificar predecir qué va a pasar en el futuro, gestionar ingestionables, como el tiempo, o luchar contra enemigos inexistentes, como los «ladrones de tiempo», se basan en planteamientos simplistas e infantiles, lo que convierte a estas supuestas soluciones no solo en falsas sino también en absurdas a la vez que inútiles y frustrantes. Y lo mismo ocurre con las propuestas basadas en herramientas mágicas o, peor aún, esos «multi-mix» en los que – desde el desconocimiento más absoluto – se mezclan sin sentido alguno múltiples herramientas que, a menudo, son incluso contradictorias entre sí: GTD, Pomodoro, Matriz de Eisenhower, Autofocus….

La mejora significativa y duradera de la efectividad y la productividad personal es siempre el resultado de un compromiso de cambio y mejora personal sostenido en el tiempo. Así de fácil y de así de sencillo. Y quien diga lo contrario, miente. Los trucos fáciles y los consejos tontorrones se parecen mucho a los nuggets de pollo. Puede que tengan un aspecto apetecible, e incluso un sabor agradable, pero son productos de muy dudosa calidad que es poco aconsejable consumir, ya que la productividad basura perjudica seriamente tu efectividad.

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