Efectividad: Rigor científico frente a pensamiento mágico

La segunda de las diez competencias clave para el 2020 identificadas por el foro de Davos es el pensamiento crítico. Se trata de una competencia estrechamente ligada al conocimiento y que se ha vuelto particularmente necesaria a partir de la popularización de Internet y del acceso masivo a información de todo tipo que ésta ofrece. Uno de los motivos probables por el que Davos considera que hay un déficit de esta competencia es porque llevamos décadas de sistema educativo orientado hacia la conformidad, lo que sin duda también guarda estrecha relación con el preocupante déficit de organizaciones inteligentes que padecemos.

Un problema adicional a la escasez de esta competencia es que su ausencia favorece la aparición de un tipo de pensamiento totalmente opuesto: el pensamiento mágico. Este pensamiento ha llamado poderosamente mi atención desde joven y de hecho le dediqué bastante tiempo durante mis estudios de Psicología Social, ya que era un tema recurrente en diversas disciplinas: antropología social, sociología del conocimiento, cambio social…

En la Sociedad del Conocimiento, la calidad del pensamiento es clave, porque pensar y decidir son la esencia del trabajo del conocimiento. Sin pensar y decidir bien, la efectividad es imposible.

El pensamiento crítico es útil porque proporciona la base para decisiones y comportamientos inteligentes. El pensamiento mágico es inútil porque proporciona la base para decisiones erróneas y comportamientos estúpidos.

Además, el pensamiento crítico es uno de los componentes del rigor científico, que se define como el rigor intelectual aplicado al control de calidad de la información científica o su validación por el método científico. Por desgracia, nos encontramos cada vez más con supuestos estudios científicos que, como mucho, podrían llamarse experimentos. Me parece importante destacar que, desde el punto de vista del método científico, un experimento individual es una simple anécdota carente de validez científica.

Hoy día se da mucho lo que yo llamo el «yoísmo científico», que consiste en hacer afirmaciones supuestamente científicas con gran solemnidad porque «a mí me funciona». A ver, ¿desde cuándo el «yo-mí-me-conmigo» ha formado parte del método científico? Un ejemplo de este «yoísmo científico» es este artículo sobre el mindfulness en el que, sin el menor pudor, se afirma que «los resultados del experimento no dejan ninguna duda».

Un experimento aislado llevado a cabo por una única persona no significa nada. El método científico se basa en dos pilares fundamentales y uno de ellos es la reproducibilidad. Esto significa que el que una persona en concreto haga un experimento muchas veces o probando muchas cosas carece por completo de validez científica hasta que, para ese mismo experimento, no se demuestra que ese mismo resultado es el que se consigue siempre que se repite, en cualquier lugar y por cualquier persona. La experimentación es simplemente un primer paso hacia el método científico pero, si se queda ahí, su validez científica desaparece.

Por ejemplo, GTD es un método desarrollado empíricamente por David Allen a partir de lo observado sistemáticamente trabajando durante muchos años con muchas personas distintas en situaciones distintas. Allen pudo observar patrones que dejaban clara evidencia de la existencia de unos principios productivos universales, principios que se cumplían siempre, independientemente del momento, el lugar y la persona. Varios años después, Heylighen y Vidal pudieron demostrar científicamente el origen cognitivo de dichos principios.

Escribía recientemente aquí sobre la productividad basura porque es un tema que me preocupa. Hay supuestos expertos en productividad personal que son asiduos practicantes del «yoísmo científico» y se dedican a repartir consejos carentes del menor rigor porque a ellos «les funciona». El problema es que muchos de estos «expertos» son escasamente representativos de la realidad social en la que vivimos. Me refiero a gente que no tiene que tragarse diariamente horas de atasco, reuniones interminables, niños pequeños enfermos, jefes caprichosos y una larga variedad de imprevistos, por lo que es completamente normal que «les funcionen» cosas como «planificarse el día».

Estamos ante algo muy serio. Como afirmaba Drucker, «la productividad del trabajador del conocimiento es el mayor de los desafíos del siglo XXI. En los países desarrollados, es el primer requisito para su supervivencia. De ninguna otra forma pueden los países desarrollados esperar mantenerse y mucho menos mantener su liderazgo y sus estándares de vida». Mi actividad profesional me permite comprobar a diario que seguimos estando a años luz de donde deberíamos y esta misma impresión la comparten las personas con las que trabajamos en OPTIMA LAB cuando nos paramos a reflexionar sobre los cambios ocurridos en la naturaleza del trabajo en las últimas décadas y la escasa adaptación a los mismos que ha tenido lugar hasta ahora.

La ciencia cognitiva – me refiero a ciencia «de verdad», basada en el «metodo científico» y no en el «yoísmo científico» – arroja constantemente nueva información sobre los factores que condicionan el rendimiento humano. Los medios están ahí y el camino está claro. Si eres profesional del conocimiento tienes el deber y la necesidad de desarrollar el pensamiento crítico y exigir rigor científico a tus fuentes. Pero, sobre todo, tienes que pensar. Como decía una pintada en la cafetería de la facultad de Sociología: «Atrévete. Pensar es peligroso».

6 comments to Efectividad: Rigor científico frente a pensamiento mágico

  • No puedo estar más de acuerdo y eso es lo que quiero transmitir en este comentario.

    Para poner mi comentario en contexto …. Supongo que lo sabréis pero tengo un sesgo científico importante (Hice tesis en Ing. del Software, Tesina – DEA – en Dirección de Operaciones y he publicado casi medio centenar de artículos científicos, publicaciones en revistas en el 1 cuartil de impacto en mi área, patentes con la NASA, …. Vamos 15 años investigando).

    En los artículos anteriores sobre #CoreGTD, al entender que eran entradas de blog y no artículos científicos en sí no me pareció adecuado comentar, pero dado que aquí si hablamos de ciencia, creo que es adecuado puntualizar algunas cosas para hablar de CIENCIA con mayúsculas:

    0. Una referencia científica a GTD donde se analiza el método lo aleja de la magia, pero no diría que lo refrenda 100% desde un punto de vista científico. El libro tiene muchas más citas científicas, pero desgraciadamente, por lo que he podido ver, ninguna que estudie el método en detalle excepto la citada en el post.

    1. Un artículo publicado no significa que sea un buen artículo científico. Yo mismo tengo muchas “ideas preliminares publicadas”, ideas iniciales que después las refinamos y eliminamos errores. Para distinguir es imprescindible mirar el medio donde se publica y el proceso de revisión del medio (calidad de los revisores, ratios de aceptación, etc.). En el caso del artículo de Heylighen y Vidal al revisar la revista donde publican refrendo mis impresiones de que le falta rigurosidad científica (no digo que sea malo, pero en una revista más potente lo hubieran rechazado) y que hacen afirmaciones muy discutibles (cosa inadmisible en un artículo de alto impacto y rigurosidad científica). La revista donde publican tiene factor de impacto 0.0 en 2008 (fecha del artículo) hasta 2012 (http://www.journal-database.com/journal/long-range-planning.html), aunque en otros rankings menos serios sale un poco mejor (http://www.scimagojr.com/journalsearch.php?q=21203&tip=sid). Puede ser por un proceso de revisión “poco duro” o por no estar hecho el trabajo por parte de los editores para entrar en los rankings, pero sin duda, le resta valor científico a la publicación. E insisto, hacen numerosas afirmaciones en la publicación que son muy discutibles desde un punto de vista científico. Aún así, no diría que es una mala publicación.

    2. La ciencia avanza cada día y cada día un artículo mejora a otro, descubre errores en pasos anteriores o abre nuevos campos. Basarse en un único artículo sobre GTD de 2008 es un gran problema. El artículo cuenta con varias referencias, que habría que analizar en detalle para llegar a conclusiones categóricas y poder afirmar que GTD está “refrendado” tal cuál es por la ciencia. Además, ignora los avances de los últimos años que en algún caso podría desmontar afirmaciones hechas en esta publicación. Tan es así que en mi grupo de investigación estamos trabajando en un artículo de investigación donde se desmontan y se complementan muchas de las cosas contenidas en ese. Por dar una idea básica, en una tesis doctoral media se tardan 4 años. Afirmar que GTD está refrendado científicamente por tener un artículo que lo analiza, dado mi sesgo científico, me parece cuanto menos discutible. Desde un punto de vista científico, como director y revisor de trabajos de investigación estoy convencido de que esta afirmación necesitaría de una tesis doctoral (cómo mínimo) e implicaría analizar más de un centenar de artículos.

    3. Ciencia no es sólo experimentación, de hecho uno de los tipos de artículos más referenciados son los “surveys” que analizan con una visión crítica los mejores artículos en un tema de investigación.

    Me gusta GTD. Cuenta con unas bases muy solidas y con referencias científicas, cosa que muchos métodos “mágicos” no tienen. Pero esto creo que no quiere decir que los métodos sin referencias científicas no sean válidos o que GTD sea irrefutable. Cosa con la que creo que todos estamos de acuerdo pues todos hemos publicado “mejoras” a GTD que no hemos refrendado de manera científica.

    Aún así, hablando desde un punto de vista mágico, creo que GTD es una de las mejores opciones, y no por tener un artículo de I+D, sino por la prueba social (miles de personas usándolo de manera exitosa). Pero también creo que la visión crítica que comentas de foro e DAVOS tenemos que aplicarla también a las técnicas de productividad personal, más aún si tienen más de 15 años.

    • José Miguel Bolívar
      Twitter: jmbolivar

      Hola Joaquín.

      Estoy muy de acuerdo con casi todo lo que comentas, la verdad. Añadiría simplemente un par de matices.

      Por una parte, aunque el paper de Heylighen y Vidal pueda ser más o menos «flojillo», incluye cerca de 40 referencias bibliográficas, algunas de las cuales me parecen sobradamente solventes, como por ejemplo las referentes a David Kirsh, Director del Laboratorio de Cognición Interactiva de la Universidad de San Diego, o las de Premio Nobel de Economía Herbert A. Simon o las de Csikszentmihalyi o… En resumen, que un artículo sea más o menos bueno es independiente de la validez científica de su contenido.

      A día de hoy, no estoy al tanto de ningún avance científico que contradiga ninguno de los principios productivos en los que se basa el método GTD. ¡Ojo! Una cosa es la propuesta de aplicación de los principios productivos que hace David Allen y otra es el principio o principios productivos en los que se sustenta esa propuesta. Yo mismo soy muy crítico con muchas de las propuestas de Allen pero esto es completamente independiente de la validez científica de los principios productivos que hay detrás de ellas.

      Por último, si conoces algún estudio científico que te inspire confianza y que venga a invalidar alguno de los principios productivos en los que se basa GTD, me encantaría que lo compartieras no solo conmigo sino con todas las personas que leen este blog. ¿Te animas?

      Un saludo

  • Jerónimo Sánchez
    Twitter: Jerónimo Sánchez

    Como Joaquín y José Miguel, estoy de acuerdo en el rigor que debe pedírsele a cualquier conclusión antes de ser considerada verdaderamente científica. En el caso particular de la efectividad personal o autogestión, lamentablemente, no se han realizado hasta ahora demasiados estudios específicos (el paper de Heylighen y Vidal es una de las pocas y honrosas excepciones), quizá por lo «novedoso» del asunto. Sin embargo, eso no quiere decir que no haya datos científicos en los que apoyarse, especialmente desde áreas como la psicología y la ciencia cognitiva.

    Si uno lee con detenimiento los trabajos de psicólogos como Steel, Csíkszentmihályi, Goleman o Kahneman, por citar solo algunos, o labores de investigación serias como las del Premio Pulitzer Charles Duhigg, creo que resulta más que evidente la validez de los principios psicológico-cognitivos sobre los que se asienta GTD. Algo que, por cierto, no se puede decir de otras metodologías de productividad personal.

    Dicho esto, y de nuevo coincido con José Miguel, el hecho de que los principios que subyacen de GTD puedan considerarse validados científicamente (al menos hasta ahora), no quiere decir que las propuestas específicas de implementación que hace David Allen sean las mejores posibles. Pero desde luego, de momento, como metodología de productividad personal, es lo más cercano que tenemos a algo validado científicamente. Y desde luego, si en algún momento surge una metodología «mejor», necesariamente tendrá que respetar los mismos principios.

    En lo personal, valoro y respeto enormemente el esfuerzo de José Miguel por enfocar el asunto de la productividad personal con ese rigor que mencionaba al principio de mi comentario. Seguramente queda aún mucho por hacer pero, sin duda, ese es el camino a seguir si queremos aportar algo de valor a los cientos de miles de profesionales que buscan desesperadamente una solución a sus problemas de efectividad, especialmente en entornos cada vez más complejos, ambiguos y cambiantes como los actuales.

  • Las referencias que hace el paper de Heylighen y Vidal son parte del juego científico y su validez para apoyar las afirmaciones que hacen en el paper ya fueron validadas por los revisores de la revista donde está publicado (con las limitaciones o ventajas que pueda tener la revista en cuestión, que como decía antes, no me parece mala para nada).

    Cualquier publicación científica, fuera de la dureza del proceso de revisión para publicar, no está 100% libre de interpretaciones o errores, más en ciencias sociales donde las matemáticas no aplican. De otro modo el camino para profundizar en cada tema acabaría en cada artículo publicado. Por desgracia, la productividad personal no es un tema de moda aún en la ciencia y no hay demasiados investigadores invirtiendo tiempo en avanzar en una visión sistémica del tema (si en temas relacionados muy concretos donde es más fácil publicar con impacto).

    Por lo general, en el artículo, más que contradicciones flagrantes (no lo habrían aceptado, aunque no estaría seguro de que los revisores fueran expertos en GTD) el artículo cuenta con afirmaciones poco rigurosas y sobre todo incompletas o sesgadas simplemente a apoyar que GTD está bien planteado y no enfocadas a “criticar”/”mejorar” el método (quitando algunas secciones del artículo).

    Hay numerosas referencias relacionadas con GTD directa e indirectamente. Como decía antes, avanzar en el tema validando/refutando GTD es un trabajo que va más allá de una tesis doctoral y de la revisión de cientos de referencias científicas.

    Coincido contigo en que los principios donde se apoya GTD en su mayoría son correctos, que no completos en su aplicación, ya que Allen hizo un trabajo excepcional propio de un genio observando la realidad y extrayendo las reglas del juego (si le hubiera dado sesgo científico habría sido un investigador de mucho éxito). Pero su aplicación en muchos casos es incompleta o ignora avances recientes, como decíamos antes (ej..los trabajos de Doctor Piers Steel). Otro ejemplo, analizado de manera sesgada en le artículo de Heylighen y Vidal, es que la aplicación que hace del principio que apoya el uso de los contextos es incompleta y deja modos de trabajo muy eficaces fuera de la ecuación.

    Compartiremos el trabajo cuando cubramos todas las referencias que estamos analizando (que no son pocas), no te preocupes, es parte de la dinámica de la ciencia. De todos modos, en los próximos meses iré publicando posts divulgando los resultados en mi blog; por supuesto haciendo referencias a los artículos de base y los puntos de acierto y mejora de GTD.

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