Post invitado: Priorizar, planificar y el futuro del trabajo

La Era Industrial, tal y como la conocemos, está tocando a su fin. La automatización se ha «comido» literalmente muchos de los puestos de trabajo manuales, considerados intocables hasta hace poco tiempo. El puesto especializado en la cadena de montaje, pieza clave de la productividad industrial, está camino de la extinción. En la mayoría de los procesos fabriles modernos, los seres humanos han quedado relegados a labores muy específicas, básicamente administrativas y de mantenimiento de la cadena productiva. Sólo unos pocos puestos, relacionados con el trabajo del conocimiento, parecen tener asegurado su futuro… Por ahora.

Si algo parece claro en estos albores del siglo XXI, es que lo VUCA ha llegado para quedarse. Los entornos de trabajo predecibles y más o menos estáticos en los que trabajaban nuestros abuelos pertenecen al pasado. Nos guste o no, a partir de ahora tenemos que aprender a vivir con el cambio constante, la incertidumbre y la ambigüedad, tanto en el mundo laboral como en la esfera privada. Y asumir que los cambios, sean del tipo que sean, se sucederán cada vez a mayor velocidad. Es el precio que hay que pagar por haber nacido en la era de la hiper-tecnificación e Internet.

La respuesta «correcta» a un mundo VUCA es volvernos más «líquidos». Es decir, desarrollar la capacidad de adaptarnos a cualquier circunstancia nueva de manera casi inmediata, sin que nuestra manera de trabajar suponga una fuente de fricción. En el sentido más amplio posible, debemos convertirnos en lo que John Moravec denomina nómadas del conocimiento, o knowmads. Profesionales capaces de trabajar en colaboración casi con cualquier persona, en cualquier momento y lugar, aportando nuestro conocimiento y experiencia únicos, independientemente de la naturaleza de cada nuevo proyecto.

En este sentido, cualquier forma de trabajo basada en asignar prioridades y planificar, supone un gran problema. Al ritmo actual al que se suceden los cambios, la mayoría de las prioridades y planes se vuelven totalmente inservibles demasiado rápido, obligándonos a re-priorizar y re-planificar cada vez con más frecuencia antes de poder actuar. Es decir, priorizar y planificar, mantra en su día del buen profesional, se han convertido en una enorme fuente de fricción a la hora de trabajar. Un «suicidio productivo» para muchas organizaciones y trabajadores del conocimiento actuales. Un auténtico error de base para alguien que aspira a volverse «líquido» a fin de poder reaccionar con rapidez en entornos en permanente cambio.

Reaccionar en entornos VUCA con la suficiente rapidez implica, entre otras cosas, disponer de un inventario permanentemente actualizado de todas las opciones de acción disponibles, organizadas de acuerdo a criterios objetivos, que no se vean afectados por lo que esté pasando a nuestro alrededor, y que permitan elegir qué hacer en cada momento sin tener que pensar ni rehacer nada. En definitiva, se trata de aprender a gestionar mejor nuestra atención, y olvidarnos de intentar gestionar el tiempo. En función de las circunstancias de cada momento, nuestra forma de trabajar debería permitirnos identificar inmediatamente qué cosas se pueden hacer, y qué cosas no se pueden hacer, por muy importantes y urgentes que sean, simplemente porque no se dan las circunstancias objetivas necesarias para poder hacerlas.

Paradójicamente, la vuelta de tuerca definitiva podría ser la desaparición completa del puesto de trabajo, incluso para los profesionales del conocimiento. Un futuro del trabajo sorprendente, en el que la inteligencia artificial y la hiper-automatización nos permitiría vivir sin la necesidad de trabajar. Para muchos, actualmente el único futuro viable. Y aún así, ser capaces de comportarnos de forma «líquida» seguiría siendo una competencia vital clave para cualquier persona.

En el futuro, quizá muchos de nosotros ya no tengamos campañas de márketing que lanzar, sistemas que implementar, clientes que atender o productos que diseñar. Pero siempre tendremos la necesidad de decidir a qué dedicar nuestra atención en cada momento, teniendo en cuenta el conjunto virtualmente infinito de cosas que nos gustaría hacer en la vida, el cambio permanente de necesidades y de la prioridad de esas cosas, así como el número limitado de esas cosas que podemos hacer durante las veinticuatro horas de cada día.

Este tipo de habilidades fundamentales, que son las que ayuda a desarrollar metodologías de productividad personal como Getting Things Done® (GTD), o de efectividad personal como OPTIMA3®, son hoy más necesarias que nunca. Abrazar este cambio en la manera de gestionarnos a nosotros mismos no sólo es vital para afrontar con éxito los retos laborales que nos depararán los próximos años. También influirá muy positivamente en nuestro bienestar cuando, finalmente, ya no sea necesario trabajar para poder vivir.

Jerónimo Sánchez es consultor artesano y nodo de OPTIMA LAB, una red productiva que ayuda a personas y organizaciones a ser más efectivas para lograr sus resultados por medio del aprendizaje basado en la experiencia y nuevas metodologías centradas en las personas.

Puedes seguirle en twitter y también en su blog: http://jeronimosanchez.com.

 

 

 

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