Teaming: La "Long-Tail" Solidaria

teaming 300x200 Teaming: La "Long Tail" Solidaria

Este post viene a sumarse a los de Francisco AlcaideJuan Martínez de Salinas y Àlex Vallès, seguramente entre muchos otros, y tiene por finalidad ayudar a divulgar esta iniciativa solidaria puesta en marcha por el holandés Jil van Eyle.

Teaming es simplemente una idea.

Teaming no es una ONG, ni tampoco una empresa. Ni siquiera tiene cuenta bancaria.

Teaming es una iniciativa de carácter solidario que pretende aprovechar el valor que supone la existencia de un equipo para canalizar microdonaciones, típicamente de 1 euro al mes, que individualmente serían difícilmente viables y que de esta forma permiten lograr resultados significativos, lo que sería una “long-tail” solidaria.

Teaming no implica ningún tipo de obligación. Los microdonadores deciden a qué proyecto solidario dedicar su donación.

Personalmente le veo una potencia extraordinaria no sólo a nivel empresa sino para cualquier otro colectivo que desee llevar a cabo una labor social. Creo que Teaming es aplicable desde a una asociación deportiva a un grupo de amigos.

A día de hoy existen además ONGs especializadas en gestionar microcréditos, como por ejemplo Kiva.org, que son a mi entender una complemento excelente a iniciativas como Teaming.

Si quieres más información sobre esta fantástica idea puedes encontrarla aquí.

Desarrollo Organizacional: Artesanía en Red

CA Desarrollo Organizacional: Artesanía en Red

A estas alturas es probable que ya sepas que los pasados días 17, 18 y 19 de mayo se celebró en Segovia la 1ª Cumbre Mundial de Consultoría Pretendidamente Artesana (PCMCPM).

Dicen los expertos que, en un grupo, las mejores conclusiones se obtienen cuando, en lugar de buscar la convergencia desde un principio, se intenta generar la máxima divergencia y, desde allí, se avanza hasta alcanzar una convergencia.

Algo parecido ocurrió en la Cumbre, donde @Amlletradepal, @Yoriento, @ignacionacho, @Odilas, @lalhi, @cumclavis, @suenosdelarazon, @juleniturbe y un servidor de forma presencial, @dreig y @vigoncas por Skype, y @arey a través de inteligentes preguntas en su blog, tuvimos la ocasión de debatir sobre la Consultoría Artesana en Red partiendo de conocimientos, experiencias y expectativas divergentes pero con deseo de converger en la consolidación de estas nuevas formas de hacer y de organizarse.

No es mi intención escribir aquí otra crónica sobre la Cumbre. Si te interesa conocer más sobre lo que allí pasó te recomiendo que no te pierdas las excelentes entradas ya publicadas al respecto en los blogs de Julen, María Jesús, Alfonso, Manel, Nacho, Miquel y Anna.

El objetivo de este post es hablar de estos dos nuevos conceptos que sustentan un modelo de generación de valor alternativo a la empresa tradicional: la Artesanía en Red.

Cuando hablamos de Artesanía nos estamos refiriendo a una forma de hacer distinta. Hablamos de un nuevo paradigma en el que no se trabaja para el cliente, sino con el cliente; donde las personas son las protagonistas, no instrumentos; donde la inteligencia se sobrepone a los procesos y las relaciones interpersonales se sobreponen a los mecanismos de control.

La Artesanía, paradójicamente, no implica mayor coste, sino menor. Los costes estructurales del Artesano son mínimos, al igual que sus costes de aprendizaje. El Artesano es productivo, porque hace un uso masivo y eficiente de la tecnología e invierte tiempo en innovar e investigar para poder resolver los problemas de una vez y para siempre. El Artesano es también adaptable y flexible y trabaja con las herramientas disponibles en cada momento.

La Artesanía no busca maximizar el beneficio sino la satisfacción del cliente y del propio Artesano. Es un juego de suma positiva donde Cliente y Artesano no sólo resuelven un problema sino que además, al hacerlo, crecen personal y profesionalmente a la vez que disfrutan trabajando.

Por eso el Artesano no trabaja para la organización, sino en la organización, lo cual supone establecer relaciones de confianza a largo plazo con el cliente que van más allá de la duración del proyecto.

Por otra parte, al decir “en Red” hablamos de una estructura organizativa extremadamente flexible y potenteAlgo seguramente impensable de no existir las actuales tecnologías.

La Red es un universo virtual de posibilidades.

El Artesano no es un experto multidisciplinar ni lo pretende. Conoce sus puntos fuertes y también sus debilidades. Es consciente de que esas debilidades pueden devaluar su proposición de valor de cara al Cliente y por eso necesita trabajar en Red.

La Red la forman muchos otros Artesanos, todos ellos poseedores de determinadas competencias y experiencias en las cuales basan su generación de valor. Competencias y experiencias que se refuerzan y complementan mutuamente. Los propios Clientes son parte de la Red y aportan también sus conocimientos y aptitudes a la misma.

Cualquier Artesano puede “activar” los nodos necesarios de su Red para configurar el equipo que reúna las competencias y experiencia requeridas para abarcar cualquier proyecto. La Red permite disponer de cuanto es necesario para un proyecto sin incurrir en ningún tipo de coste fijo previo. Ahí reside su potencia.

Pero además estas Redes no son estáticas. El siguiente proyecto puede originar que nodos que participaron en la primera Red no estén y sin embargo se añadan nuevos nodos que no estaban al principio. Incluso durante un proyecto la Red puede ir cambiando dinámicamente su composición según las necesidades. La Red está viva y es adaptable. Ahí reside su flexibilidad.

En Segovia hablamos de Artesanía Consultora pero tanto la Artesanía como la Red no son privativas de la Consultoría. Creo que en los próximos años iremos viendo un imparable desarrollo de redes artesanas en ámbitos muy distintos, pero especialmente en aquellos en los que operan trabajadores del conocimiento.

Aunque hay pioneros que llevan tiempo experimentando con él, creo que aún estamos en los umbrales de un nuevo modelo de organización alternativo que ha venido para quedarse: la Artesanía en Red.

Desarrollo Profesional: La Solución tiene un Precio

Una de las cosas que más me ha llamado la atención trabajando con altos directivos es la forma en la que afrontan los problemas. Creo de hecho que esta es una de las habilidades que permite distinguir de un vistazo a un directivo de alto nivel de otro que no lo es.

Ante un problema serio, la reacción inmediata más habitual es paralizarte y perderte en los detalles del mismo, en el cotilleo, en lo que hubiera podido ocurrir, los “debería” y los “si se pudiera”. En definitiva, quedarte atascado en el problema y en sus detalles irrelevantes, en lugar de centrarte en la solución.

Los directivos de los que hablo, por el contrario, sólo quieren saber aquello que es relevante para la solución. No es que no les importen los demás detalles, sino que sus agendas hipersaturadas no dejan hueco para desperdiciar el tiempo y eso les obliga a mantener una actitud marcadamente orientada al presente y al futuro, a lo que es y a lo que todavía se puede hacer. No les interesa el morbo, ni las conjeturas, ni los dramatismos ni, en general, nada que no sea un hecho o un dato utilizable para la búsqueda y construcción de una solución.

Con frecuencia me he encontrado con que la respuesta al plantear un problema han sido dos preguntas muy sencillas:

  1. ¿Cuál es la dimensión del problema? Es decir, los datos numéricos que permitan darle una forma medible: personas afectadas, pedidos erróneos, desde cuándo existe, clientes con quejas…
  2. ¿Cuánto cuesta la solución? No sólo en el aspecto económico sino también en tiempo, recursos, costes de oportunidad, efectos colaterales…

El efecto inmediato que he sentido al responder a estas preguntas ha sido una sensación de alivio. Aquel problema que parecía tan difícil de solucionar pasa a ser algo mucho más sencillo. Al desproveer al problema de sus componentes emocionales lo primero que desaparece es el miedo y con ello los bloqueos mentales. Ese problema amorfo que antes imaginaba enorme toma de repente una apariencia normal y casi insignificante.

Imagínate en este ejemplo cómo cambia la situación si pasas de “ha habido un error en el cálculo del bonus en toda Europa” (¡horror!) a “ha habido un error de un 4% en el cálculo del bonus del 15% de los empleados, el 67% de los cuales es a favor del empleado y el 33% restante en contra”.

Lo primero es que ya sabes la dimensión del problema: El 85% de los empleados ha cobrado su bonus correcto y, del 15% que no, dos tercios han cobrado una cantidad ligeramente superior a la correcta, algo que habrá que solucionar pero no es urgente. Te queda por tanto un 5% de empleados a los que has pagado hasta un 4% menos del bonus que les correspondía y a los que debes una explicación y una solución de inmediato.

Ahora puedes calcular lo que te cuesta solucionar el problema: tiempo en hacer los cálculos correctos, cantidades no abonadas y abonadas por error, hablar con los empleados afectados… Luego estarás en condiciones de decidir entre las alternativas existentes cuales tienen sentido y cuales no.

Lo importante para resolver un problema no es mirar hacia atrás sino al presente, a lo que te enfrentas realmente, y hacia delante, a la solución, porque mirar hacia atrás te podrá ayudar a no repetirlo, pero rara vez a resolverlo.

Ante un problema, lo que tienes que hacer es ver cuánto mide y cuánto cuesta solucionarlo.

La gran enseñanza que estas experiencias me han aportado es ser consciente en todo momento de que los problemas tienen dimensiones y su solución tiene un precio.

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