Recursos Humanos, ese Eterno Adolescente

adolescente Recursos Humanos, ese Eterno Adolescente

Sweet hooded Guy – hoodie Boy – Looks like an Ecko Ad, cortesía de vanessa_hutd

La adolescencia es un período de transición y preparación para los roles adultos. Es, esencialmente, una época de cambios; la etapa que marca el proceso de transformación del niño en adulto.

Se llama adolescencia, porque sus protagonistas son jóvenes que aún no son adultos pero que ya no son niños. Es una etapa de descubrimiento de la propia identidad, así como de la autonomía individual. El adolescente puede comenzar a elegir a sus amigos y a establecer diferencias en el tipo y la profundidad de sentimientos, personalizando sus afectos.

La adolescencia conlleva también la consolidación de la personalidad, proceso que culmina cuando el individuo alcanza un nivel de madurez intelectual y física suficiente como para tener una voluntad válida y plena capacidad para obrar.

La función de Recursos Humanos lleva suficiente tiempo existiendo en las organizaciones como para haber podido superar la adolescencia y madurar. En algunos casos, aunque minoritarios, así ha sido y, gracias a ello, hoy podemos encontrar profesionales de RRHH que contribuyen con su madurez profesional y experiencia a garantizar el futuro de la organizaciones.

Sin embargo, gran parte de la función de RRHH parece padecer el síndrome de Peter Pan, ya que continúa inmersa en una inacabable adolescencia profesional.

Recursos Humanos aún no ha descubierto su propia identidad y sigue jugando a sus nóminas y demás juguetes. Ese es el espacio en el que se siente cómoda porque es en el que ha crecido y el que conoce.

Tampoco ha alcanzado la autonomía que corresponde a una función adulta, porque continúa siendo ese niño inseguro que tiene miedo a sus padres. Miedo que es también el causante de que sus acciones y su discurso no sean propios sino los que deciden papá y mamá.

A Recursos Humanos, en general, le falta personalidad. Los profesionales de RRHH se imitan unos a otros, simplemente por miedo a perder la aceptación del grupo. En su pandilla, con otros profesionales de Recursos Humanos, todos son “guay”. Compiten entre ellos a juegos que a nadie más importan y hacen concursos en los que se votan unos a otros para intercambiarse premios. Su autoimagen dentro del grupo es fantástica pero fuera de él nadie les toma en serio.

Como si de adolescentes pandilleros se tratara, abusan de los pequeños pero no se atreven a rechistar ante los mayores. Carecen de discurso propio porque no tienen criterio suficiente para posicionarse en un sentido o en otro, así que simplemente repiten lo que oyen decir a sus padres.

Recursos Humanos tiene que decidir ya qué quiere ser de mayor y empezar a actuar de forma coherente con ello. La personalidad se cuaja tomando decisiones y asumiendo plenamente sus consecuencias. Hay que superar el miedo a discrepar de los padres. Hay que aprender a exponer y defender ideas como un adulto, dejando las pataletas a un lado. Hacerte mayor significa pasar a comportarte como una persona mayor.

En el momento histórico y económico actual, las organizaciones necesitan, probablemente ahora más que nunca, una función de Recursos Humanos adulta capaz de liderar el proceso de transformación de las mismas para adaptarlas a esta nueva realidad. Un proceso que no es un juego de niños.

El problema es que el tiempo se acaba. Hace mucho que Recursos Humanos se queja de lo poco que le dejan hacer y de lo mucho que haría si le dejaran. Ha llegado el momento de pasar a la acción. Hay que actuar ahora.

Recursos Humanos tiene que madurar y dejar de ser ese eterno adolescente o acabará siendo expulsado de un mundo de adultos.

Qué es en realidad el Outsourcing y por qué es una Buena Idea

outsourcing Qué es en realidad el Outsourcing y por qué es una Buena IdeaA principios de los 90, Peter Drucker afirmaba que el outsourcing tenía muy poco que ver con el ahorro de costes y mucho con la calidad (“Believe me, the trend toward outsourcing has very little to do with economizing and a great deal to do with quality“).

Según Peter Drucker, las organizaciones deberían centrar sus esfuerzos en su “core business“, es decir, en aquéllo que contribuye directamente a su proposición de valor para el cliente. Todas las actividades que no estén directamente relacionadas con este “core business”, por necesarias que puedan ser, deberían pasar a ser realizadas por otras empresas para las que dicha actividad sí constituya su “core business”.

¿Qué ventajas ofrece este enfoque exclusivo en el “core business”? Son varias, y todas ellas significativas.

Por una parte, permite optimizar los costes, ya que todos aquéllos no directamente relacionados con la actividad central de la organización se externalizan y, por lo general, también se variabilizan.

Por otra parte, beneficia al talento de la organización, que puede disfrutar de toda la atención y los medios para su óptimo desarrollo y aprovechamiento.

Además, se puede también reducir y simplificar la estructura de la organización, lo cual, al menos en principio, es favorable para su competitividad, ya que la ayuda a ser más ágil e innovadora…

Desde el punto de vista de las personas, profesionales que en una organización tendrían pocas oportunidades de desarrollo profesional, al ser consideradas sus actividades “secundarias” para dicha organización, mejorarían sus posibilidades de desarrollo, ya que pasarían a formar parte de organizaciones para las que su talento, conocimientos y experiencia sí son relevantes al estar directamente relacionados con su “core business”.

Esta es la teoría, claro, porque la práctica es mucho menos idílica. De hecho, el outsourcing tiene una imagen bastante negativa en general para el gran público. Por desgracia, los directivos no leen y eso hace que, con más frecuencia de la deseada, buenas ideas, como el outsourcing, resulten bastante mediocres cuando se observa su puesta en práctica.

Mi relación con el outsourcing viene de lejos y ha sido una constante en mi trayectoria profesional:

  • Al inicio de mi carrera, participé de lleno en un proyecto europeo de outsourcing de Logística
  • Años después, estuve diseñado procesos y herramientas para la División de Servicios de Outsourcing de HP, de reciente creación
  • Más tarde tuve ocasión de gestionar un proveedor de outsourcing y ser responsable del cumplimiento de un SLA (Service Level Agreement)
  • Ya en RRHH, participé en numerosos proyectos internacionales de outsourcing como responsable de las “Due Diligence” de RRHH
  • Durante casi una década he impartido un módulo sobre “El papel de Recursos Humanos en los procesos de Outsourcing” en el Centro de Estudios Garrigues
  • Como director de RRHH de Life Technologies, hice outsourcing de todo lo que no estaba directamente relacionado con “gestión de talento”: nómina, laboral, beneficios, prevención de riesgos…

En resumen, conozco bastante bien la realidad del outsourcing y he vivido de cerca su evolución en las últimas dos décadas. En todo este tiempo he aprendido lo siguiente:

  • Hay muy pocos proveedores de “verdadero” outsourcing, entendido como ese servicio excelente fruto de la especialización al que aludía Peter Drucker
  • Esto se debe, en gran medida, a que los clientes, por lo general, dicen outsourcing cuando quieren decir reducción de costes pura y dura, con escaso o nulo interés por mejorar la calidad
  • Muchos clientes creen que externalizar una actividad con un proveedor de outsourcing significa que pueden olvidarse de ella y que todo siga igual. Nada más lejos de la realidad
  • La transferencia de actividades en proyectos de outsourcing es extraordinariamente complicada y frustrante para ambas partes, sobre todo porque el cliente, por lo general, ni sabe qué hace ni cómo lo hace ni cuenta con indicadores fiables para medir su propia actividad y, por tanto, podérsela traspasar a un tercero
  • Clientes y proveedores de outsourcing suelen trabajar en esquemas de suma cero y no de suma positiva. Las principales afectadas por esta cortedad de miras suelen ser las personas
  • Muchos proveedores de outsourcing operan en la frontera de la legalidad y en realidad simplemente ofrecen lo que se llama “body-shopping

A pesar de todo lo anterior, sigo convencido de que el outsourcing, al menos como lo planteaba Drucker, es una excelente idea. Es más, estoy convencido de el futuro de las organizaciones guardará una estrecha relación con esta visión del outsourcing.

Porque al margen de lo mal que se hayan podido hacer las cosas hasta ahora, un modelo en el que las organizaciones decidan centrar toda su dedicación y entusiasmo en aquéllo en lo que son realmente buenas y tomen la decisión estratégica de obtener todo lo accesorio para su actividad a través de relaciones ganar-ganar con otras organizaciones que centran asimismo su dedicación y entusiasmo en aquéllo en lo que son buenas, probablemente no sea un modelo sencillo de conseguir pero sí me parece un modelo viable y, sobre todo, deseable.

Redes de Conocimiento: Vida después del Organigrama

desapareciendo del organigrama2 Redes de Conocimiento: Vida después del OrganigramaEn un post reciente, Ximo Salas se preguntaba ¿dónde está mi organigrama? y, entre otras cosas, afirmaba que “no han muerto los organigramas” y planteaba la necesidad de inventar un organigrama 2.0.

Por desgracia, es cierto que los organigramas no han muerto… Todavía.

Pero, a falta de saber qué entiende exactamente Ximo por “organigrama 2.0″ y en qué tipo de organizaciones considera necesaria su existencia, creo que el concepto “organigrama”, al menos en su sentido tradicional, no tiene cabida en el tipo de organizaciones al que nos dirigimos y al que sin duda llegaremos, por lento que sea el ritmo de aproximación a ellas y por lejano que se vea en el tiempo este momento.

Por otra parte, la muerte, presente o futura, del organigrama, no es un tema nuevo. Sobre ello se ha escrito ya mucho y bien. Vayan como ejemplos este post de Manel Muntada y este otro de Pedro Muro.

Pero al margen de todo lo anterior, la gran cuestión, para mí, sigue siendo: ¿hacen falta o no hacen falta organigramas en las organizaciones post-industriales o, como yo prefiero llamarlas, en las organizaciones del conocimiento?

El modelo utilizado por las organizaciones de la Era Industrial para vertebrarse es la jerarquía, es decir, una estructura que ordena sus elementos en función de criterios de superioridad o subordinación entre personas.

Esta estructura parte de un modelo, el de administración burocrática, que asume como principio de eficacia la división del trabajo expresada como división de roles y responsabilidades y que, por tanto, busca como objetivo primordial optimizar la transmisión y ejecución de órdenes o instrucciones.

Si pensamos en la tradicional cadena de montaje, el modelo tiene sentido. Hay personas cuya responsabilidad es pensar, evaluar alternativas, encontrar soluciones, evaluar riesgos y plantear opciones. Otras personas son responsables de tomar decisiones y asumir riesgos. Otras son responsables de transmitir esas decisiones de manera rápida y efectiva y de supervisar que se llevan a cabo fielmente. Y otras, finalmente, son responsables de ejecutar esas instrucciones.

Y además, para hacerlo todo más fácil, la información viaja en una única dirección, sin retorno.

Pero, ¿qué pasa cuándo, además de “hacer”, todas las personas de la organización deben también “pensar” y “decidir”? ¿Qué ocurre cuándo es deseable que la información viaje en múltiples direcciones y en tiempo real?

En estas circunstancias, el organigrama no solo deja de ser útil sino que se convierte en uno de los principales obstáculos para el rendimiento organizativo.

Cualquiera que conozca cómo funciona una organización del conocimiento “por dentro”, sabe que a día de hoy el organigrama se ha convertido en un elemento decorativo y costoso; una reliquia organizativa al servicio del ego de unos pocos; un reducto del paradigma del control que perpetúa la mediocridad y obstaculiza la innovación.

Hoy, ocupar una posición determinada en un organigrama no indica ni cuánto sabes ni lo valioso que eres como profesional. Solo indica cuánto puedes llegar a incordiar al resto de la organización si te lo propones.

Los organigramas hoy son el espejo de Blancanieves de una clase directiva en vías de extinción. La zanahoria del “algún día todo esto será tuyo” para los novatos demasiado ambiciosos. Y poco más.

El futuro va por otra parte. En un mundo de sobreabundancia de información, de conocimiento en tránsito, las organizaciones se volverán progresivamente más complejas a la vez que, paradójicamente, más flexibles y dinámicas.

Después de años “aplanando” los organigramas, resulta que el futuro organizativo es multidimensional. Redes de conocimiento que se cruzan y superponen, en constante mutación a lo largo del tiempo.

Redes de conocimiento que se generan a partir de un interés común, como por ejemplo aprender (compartir y generar conocimiento) o un proyecto (conocimiento aplicado). Además, una misma persona podrá jugar no solo uno sino varios roles y estos roles podrán ser los mismos o cambiar según las redes. Roles diversos en redes diversas… La antítesis del organigrama. Y, por supuesto, todo ello en constante cambio.

Hablo de un futuro centrado en las personas y no en las estructuras, a diferencia de las organizaciones actuales, en las que las personas están supeditadas a las estructuras (y a los procesos y a la tecnología).

Un futuro, no tan lejano, en el que lo importante no es cuánto poder tienes sino cuánto sabes -tú personalmente y también a través de tus redes- y, sobre todo, qué sabes hacer con todo ese conocimiento y cómo lo estás demostrando.

En este futuro, cuando el control cede el paso al conocimiento, se manifiesta la inutilidad del organigrama y se hace evidente la necesidad de herramientas que ayuden a navegar con fluidez las redes de conocimiento.

Sea un directorio de perfiles, un buscador social o cualquier otra solución tecnológica, necesitamos herramientas que nos digan, en tiempo real, qué personas saben de un tema en concreto, en qué redes operan, en qué proyectos están trabajando y cómo contactar con ellas para tejer a su vez nuevas redes.

Una imagen que produce vértigo a los alérgicos al cambio, a los zombies organizativos, a los adictos a lo predecible. Pero así es la vida. Diversa, compleja, imprevisible y en constante evolución.

Afortunamente, hay mucha vida después del organigrama. Es más, yo diría que está todo por vivir…

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