Liderar es Gestionar el Espacio en Blanco

bolas blancas y botes de pintura Liderar es Gestionar el Espacio en BlancoLa expresión “espacio en blanco” o “white space” se utiliza en el mundo del management con diversos significados, aunque todos ellos con un fondo común de “indefinición” o “incertidumbre”.

Por una parte, la expresión “espacio en blanco” puede referirse a las áreas que quedan entre las “cajas” de un organigrama o entre las distintas funciones en una empresa. A menudo nadie es formalmente responsable de ese “espacio en blanco”, por lo que no es extraño que sea habitualmente una de las áreas de la organización con mayor potencial de mejora.

Por otra parte, el “espacio en blanco” se puede entender como un área de la organización a la que no llega la cultura de la empresa. Este tipo de “espacio en blanco” existe, en mayor o menor medida, en todas las organizaciones, aunque es más significativo en aquéllas donde las reglas no están claramente definidas, la autoridad es débil, los presupuestos están mal hechos, o no se cumplen, y la estrategia es confusa; es decir, en la mayoría.

El problema con estos dos tipos de “espacio en blanco” es que, si no se gestionan, pueden acabar degenerando hasta convertirse en un “agujero negro”; una “zona de nadie” que da lugar a innumerables problemas organizativos. Por eso, identificar y gestionar este “espacio en blanco” es una de las formas más eficaces de mejorar el rendimiento de los procesos en una organización.

Por último, el “espacio en blanco” que existe en toda organización se puede ver también como una oportunidad para pensar distinto, para probar y para aprender; una especie de refugio creativo dentro de la rigidez organizativa.

En este caso, la no gestión del “espacio en blanco” se traduce en un coste de oportunidad, en la medida que supone el desaprovechamiento de buena parte de la capacidad innovadora de de la organización.

Desde el punto de vista de una persona con un equipo a su cargo, la capacidad para gestionar el “espacio en blanco”, en cualquiera de sus interpretaciones anteriores, es uno de los indicadores más fiables de sus verdaderas habilidades de liderazgo.

Gestionar el “espacio en blanco” no sólo significa tener que identificar y evaluar riesgos y oportunidades inusuales, sino que también implica tomar decisiones arriesgadas y asumir consecuencias imprevisibles. Por definición, en el “espacio en blanco” no hay precedentes a los que acudir, no sirven las normas ni las políticas de empresa y tampoco son aplicables las teorías, modelos o matrices de las escuelas de negocio o de las grandes consultoras.

El “espacio en blanco” deja al individuo la máxima libertad para expresar su auténtico potencial como líder. Saber gestionar dicho espacio requiere aplicar muchas de las competencias que se esperan en un líder y exige mantener en todo momento una actitud creativa y una visión global y sistémica.

Por eso, a la hora de detectar o evaluar la auténtica capacidad de liderazgo de una persona, una de las formas más rápidas, sencillas y fiables de hacerlo es observar cómo gestiona el “espacio en blanco” a su alrededor. Me refiero a enfrentarle cara a cara con el “espacio en blanco” y observar cómo reacciona.

Una persona con escasa aptitud para liderar rápidamente echará en falta algo o alguien que le ayude en su toma de decisiones y, al no encontrarlo, acabará paralizándose por el miedo a equivocarse.

Por el contrario, un auténtico líder aceptará las cosas tal y como le vienen dadas y encontrará una forma de gestionar la situación con los elementos disponibles.

El líder entiende que asumir riesgos y equivocarse es parte de su trabajo y prefiere pedir perdón a pedir permiso. Por eso es capaz de adentrarse por las sendas nunca antes transitadas del “espacio en blanco”.

El Cómo como Zona Creativa

interrogante en bombilla El Cómo como Zona CreativaEn una entrada de Álex Vallés (@adriapolis) que leía durante estas vacaciones, titulada “Yo pienso, luego tú actúas“, se planteaba el problema de cómo canalizar el pensamiento creativo de los miembros de un equipo ya que, si no somos capaces de canalizar dicha creatividad, no tiene demasiado sentido intentar desarrollar un comportamiento innovador que genere ideas y acciones.

El temor a dar rienda a la creatividad del equipo sin saber cómo canalizarla es un buen ejemplo del coste del miedo en las organizaciones. Es hasta cierto punto lógico que el directivo que no se siente capaz de canalizar la creatividad de su equipo intente limitarla, ya que ve en ella una amenaza a su propia autoridad.

Estimular la creatividad del equipo requiere unos niveles de liderazgo que por desgracia superan el estándar de la mayoría de las organizaciones. El directivo que además es líder tiene confianza en sí mismo y en su equipo y por tanto no teme la diversidad de opiniones y puntos de vista que sin duda se producirá al fomentar la creatividad, ya que entiende que proponer ideas alternativas, o incluso opuestas, es un sano ejercicio de debate interno, siempre enriquecedor si se canaliza adecuadamente.

Sin embargo decidir los objetivos (“qué”) y la forma de alcanzarlos (“cómo”) viene siendo tradicionalmente responsabilidad del directivo. En el extremo, cuando la decisión del “cómo” va más allá de marcar unas simples líneas generales a seguir, nos encontramos con el micro-management, esa obsesión por el control tan frecuente en muchas organizaciones.

Estas formas tradicionales de dirigir, que no liderar, equipos han quedado definitivamente obsoletas por ineficientes. Las organizaciones del futuro exigen otro tipo de liderazgo, mucho más participativo, que permita realmente aprovechar al máximo las capacidades de las personas.

Es sin duda lógico y comprensible que el directivo tradicional sienta no temor sino pánico ante la idea de ceder voluntariamente el control en exclusiva que tanto tiempo ha ejercido.

Por eso, una buena forma de dar el primer paso hacia estas nuevas formas de relación líder-equipo es el uso intensivo del “cómo” para generar zonas creativas.

Ceder al equipo el control sobre el “cómo” es recorrer la mitad del camino hacia el estado final deseado. Supone para el directivo un riesgo controlado, ya que sigue siendo él quién decide el “qué”, pero a la vez introduce un cambio radical en la forma de interaccionar con su equipo.

La gran ventaja que ofrece el uso del “cómo” es que, al estar limitado por el “qué” previamente definido, ofrece al directivo un entorno de aprendizaje seguro en el que adquirir y desarrollar las nuevas habilidades que necesita.

Permitir al equipo ser creativo sobre “cómo” llevar a cabo los “qué” es una forma excelente de comprobar lo mucho que la participación y conversación pueden contribuir no sólo a incrementar el rendimiento del mismo sino a la mejora de las relaciones entre sus integrantes.

Si quieres dejar el “yo pienso, tú actúas” para pasar al “todos pensamos y actuamos”, pero te asusta un poco la magnitud del cambio, te sugiero que pruebes empezando con el “todos pensamos el cómo y actúamos”. Te sorprenderás.

Desarrollo Profesional: Cuando Trabajas, ¿Cueces o Enriqueces?

enriqueciendo un guiso Desarrollo Profesional: Cuando Trabajas, ¿Cueces o Enriqueces?Hay una notable diferencia entre “hacer las cosas” y “hacer bien las cosas”. Cuando se habla de “talento” en las organizaciones, o de “un buen profesional” en una conversación, normalmente se están refiriendo a personas que no sólo hacen lo que tienen que hacer sino que además lo hacen especialmente bien.

Las relaciones entre personas están habitualmente influenciadas por las expectativas. Las expectativas suelen venir marcadas por las experiencias previas en situaciones similares.

Cuando nos parece que alguien hace algo “especialmente bien” significa que ha superado al menos una de nuestras expectativas. Puede tratarse de alguien que ofrece la calidad esperada pero en un tiempo inferior al que preveíamos. O puede ser que lo que supere las expectativas sea la calidad del producto o servicio recibido. También nos sorprenderá gratamente si el producto o servicio, además de cumplir nuestras expectativas de calidad y tiempo de entrega, ofrece características adicionales que nos parecen valiosas.

La demanda de este tipo de profesionales personas siempre supera a la oferta. Es el tipo de persona a la que me refería recientemente al afirmar que si eres bueno no necesitas correr.

Las organizaciones empresariales implementan programas destinados específicamente a identificar a estas personas y darles oportunidades de desarrollarse en la empresa, con un interés evidente en que permanezcan en ellas sin que decaiga su interés y compromiso. Son programas generalmente costosos en tiempo y recursos pero las empresas saben que se trata de un esfuerzo justificado, ya que cada una de estas personas clave, que generalmente no suponen más que entre el 10% y el 30% de la plantilla, generan más de la mitad del valor que se produce en la empresa.

Lo que diferencia a estas personas no es por lo general su nivel de conocimientos, ni tampoco su experiencia. Lo realmente diferencial es su actitud a la hora de afrontar cualquier tarea, por sencilla o complicada que sea. En lugar de limitarse a “cumplir”, lo que hacen es dejar su huella personal.

Hay quien piensa que las descripciones de puestos de trabajo en las empresas suponen una limitación al individuo. Personalmente creo que una descripción de un puesto de trabajo es simplemente un “contenedor”, lo que significa que se podrá llenar a medias, al ras o que rebose y la última decisión corresponde siempre a la persona que ocupa esa posición, es decir, al “contenido”.

Las personas de las que hablo no se preocupan por si hacen más o menos que sus compañeros ni de la competencia. Saben que ellas mismas son sus únicos competidores y la satisfacción personal de superarse a sí mismas a diario es su mayor recompensa.

Cualquiera puede en un momento dado adoptar esta actitud. Es tan sencillo como preguntarte cuáles son las expectativas de tus clientes, internos o externos, sobre lo que vas a hacer y encontrar la forma de superarlas. Es la diferencia entre un guiso que se deja comer y un plato exquisito. Ambos llevan posiblemente los mismos ingredientes y sólo ha cambiado la forma e interés con que se han preparado.

Por eso, antes de quejarte de tu mala suerte, la falta de reconocimiento o la escasez de oportunidades, respóndete con sinceridad a esta pregunta: cuando trabajas, ¿cueces o enriqueces?

Logo redca

FeedBurner Subscriber Counter

El Observatorio de la Blogosfera de RRHH sigue este blog

Seleccionado por JobiJoba España

Categorías

Nube de Etiquetas

Tamaño de letra