GTD: Olvida las Prioridades

hombre con mascarilla vegetal GTD: Olvida las PrioridadesDavid Allen desaconseja el uso de prioridades como parte de su metodología GTD. El motivo es sencillo: las prioridades no se pueden administrar sino que simplemente se tienen.

Imagina que estás trabajando en un informe que tienes que entregar al día siguiente. Es un informe muy importante y has decidido asignarle la máxima prioridad, digamos prioridad 1.

De repente suena el teléfono. Es tu jefe que necesita una serie de datos para antes de que acabe el día. Así, como por arte de magia, los datos para tu jefe se han convertido, sin que tú puedas hacer nada por evitarlo, en la nueva máxima prioridad y ese informe tan importante ha pasado a ser prioridad 2.

Estás ocupado con los datos para tu jefe cuando suena nuevamente el teléfono. Te llaman del colegio de tu hijo; se encuentra mal y debes ir a recogerlo para llevártelo a casa. Nuevamente tus prioridades cambian y los datos para tu jefe reducen su prioridad a 2, ya que recoger a tu hijo es la nueva prioridad 1. A estas alturas ese informe tan importante para mañana es ya prioridad 3.

Los ejemplos son innumerables y dejan claro que las prioridades no las decides tú. Por eso los sistemas basados en asignar prioridades según criterios de importancia y urgencia no funcionan y son insuficientes para organizar tu vida de un modo productivo y sin estrés.

La cantidad de frentes abiertos a los que tienes que plantar cara a diario excede tu capacidad así que por fuerza tendrás que dejar parte de ellos sin hacer. Ante esta realidad, una vez asumes que no vas a poder hacerlo todo, lo que te va a  proporcionar mayor tranquilidad es estar seguro de que tus decisiones sobre lo que haces y lo que dejas sin hacer son las correctas.

Por eso en GTD no se gestionan importancias, ni urgencias, ni prioridades, sino compromisos. Las preguntas que debes plantearte cada vez que vas a hacer algo no tienen que ver con qué es lo más importante, lo más urgente o lo más prioritario, sino con cuál es la forma más efectiva de gestionar tus compromisos.

Las preguntas que debes hacerte desde GTD antes de decidir qué hacer son:

  1. De entre todos los frentes abiertos que tengo ante mí, ¿cuáles me he comprometido a abordar?
  2. De entre los frentes abiertos que me he comprometido a abordar, ¿cuáles tienen una fecha/hora límite reales?
  3. De entre los frentes abiertos que me he comprometido a abordar y que tienen fecha/hora límite real, ¿cuáles puedo hacer en función del contexto en (o contacto con) el que estoy y el tiempo y la energía de que dispongo?
  4. De entre los frentes abiertos que me he comprometido a abordar, con fecha/hora límite real y que puedo hacer en este contexto (contacto) y con el tiempo y energía que dispongo, ¿cuáles están más alineados con mis valores y objetivos a corto, medio y largo plazo?

Una vez completados todos los frentes abiertos con hora/fecha límite que te has comprometido a abordar, deberías repetirte las preguntas 3 y 4 para los demás frentes abiertos, es decir, para aquellos que quieres completar cuanto antes aunque no tengan plazo límite.

De forma análoga, una vez completados todos los frentes abiertos que te has comprometido a abordar, tanto con plazo límite como sin él, deberías retomar tu lista de acciones “Algún día/Tal vez” y ver qué nuevas acciones son las siguientes que te vas a comprometer a hacer.

En resumen, las decisiones que tomas deben ser, en un contexto amplio, coherentes con tus valores y objetivos y, en un contexto más específico, alineadas con lo que puedes hacer en función de las circunstancias en que te encuentras y del tiempo y energía de que dispones.

En el ejemplo que comentaba al principio, mientras vas de camino al colegio de tu hijo no puedes trabajar en los datos para tu jefe ni en el informe para mañana pero sin embargo sí puedes echar mano de tu lista de próximas acciones y aprovechar que tienes manos-libres en el coche para hacer un par de llamadas (contexto @teléfono) que no son urgentes ni importantes pero que también te has comprometido a hacer.

Lógicamente todo este proceso de toma de decisiones debe ocurrir en fracciones de segundo y de forma automática. Se trata de incorporarlo en tu forma de actuar hasta el punto que tus elecciones sean casi instintivas. La única forma de conseguirlo es aplicar consistente y regularmente la metodología GTD.

Abandonar los esquemas mentales basados en importancia, urgencia y prioridad y reemplazarlos por este hábito es uno de los retos que más te va a costar superar cuando comiences a usar GTD pero, posiblemente por eso mismo, uno de los logros que mayor satisfacción te producirá cuando lo hayas alcanzado.

GTD: Cómo Usar el Modelo de 6 Niveles para Revisar tu Trabajo

seis botes de especias GTD: Cómo Usar el Modelo de 6 Niveles para Revisar tu TrabajoAhora que ya sabes por qué revisar de abajo arriba, vamos a ver cómo poner en práctica el modelo de 6 niveles para revisar tu trabajo. Comenzando por el nivel “pista de aterrizaje”, lo primero es asegurarte de que tus listas de acciones están completas. Hablamos de todos los tipos de listas que se utilizan en GTD:

Esta es la parte que probablemente te suponga una mayor inversión de tiempo pero es esencial que tus listas contengan todos tus frentes abiertos. Cuando lo hayas conseguido, lo primero que notarás es que tienes mucho más claro cuales son tus prioridades inmediatas.

Subiendo al nivel “3.000 metros”, lo que debes hacer a continuación es completar tu lista de proyectos, comprobando que contienen todos aquellos resultados que requieren más de una acción. Este paso también puede requerir una cantidad de tiempo importante para hacerlo correctamente.

Una de las consecuencias habituales de repasar y completar la lista de proyectos es que tomas mayor conciencia sobre las cosas específicas que debes hacer para que estos proyectos avancen y también sobre los recursos que necesitas para ello. Como efecto colateral positivo, serás capaz de decidir más rápidamente lo que debes hacer cuando dispongas de tiempo libre.

Si sigues ascendiendo hasta el nivel “6.000 metros”, te encontrarás con tus responsabilidades actuales. Es el momento de pensar sobre los papeles que has asumido en tu trabajo, en tu familia, en tu comunidad y, por supuesto, frente a ti mismo.

Resulta muy útil pensar en cuales son tus valores, objetivos y responsabilidades en cada uno de esos roles. ¿Cómo es la situación en la que estás en comparación con la situación que tú deseas? Si no coinciden, ¿qué podrías hacer para que la situación actual evolucionara hacia la deseada? ¿Qué necesitas para hacerlo?

En este nivel es importante bajar al nivel de detalle suficiente para poder identificar acciones concretas. Si defines lo que debes hacer con frases tipo “cambiar de trabajo” te servirá de muy poco. “Cambiar de trabajo” es un proyecto con múltiples acciones y si realmente quieres llevarlo a cabo con éxito debes empezar por tener visibilidad sobre todas las acciones necesarias y cómo se relacionan entre ellas.

Del mismo modo que estos tres primeros niveles tienen que ver básicamente con el presente, los niveles de “9.000 metros” a “15.000″ metros tienen que ver con el futuro. Dicho de otro modo, los tres niveles superiores tienen que ver con tu visión de lo que quieres hacer en la vida y con lo que debes hacer a medio y largo plazo para convertirla en realidad.

Preguntas como ¿cuáles son mis objetivos a largo plazo y qué proyectos debo poner en marcha para alcanzarlos? o ¿qué está sucediendo a mi alrededor que podría influir en mis planes y qué puedo hacer para evitarlo o minimizarlo? te pueden aportar un buen número de ideas sobre las que trabajar.

El objetivo de los tres niveles superiores es darte la perspectiva necesaria para que lo que haces día a día tenga sentido. Si no trabajas lo suficiente estos niveles, las listas de próximas acciones y proyectos pronto dejarán de parecerte útiles y se convertirán en una obligación y una pérdida de tiempo.

Creo que la mayoría de los críticos con GTD sólo ha probado la metodología “a medias”, es decir, en sus tres niveles más básicos y operativos. Y me parece lo más normal que, si no has pasado de los “6.000 metros” en tus revisiones, hables de GTD como algo complicado y pesado de mantener. Te falta el porqué y sin él no tienes un motivo para abordar los cambios, sobre todo en cuanto a hábitos, que exige aplicar “de verdad” GTD.

Si no estás seguro de adónde vas es muy difícil que sepas cuándo algo es suficiente y eso mina enormemente la motivación para gestionar y mantener al día tus listas y proyectos.

La solución, como sucede a menudo, está en equilibrar el control que ganas trabajando bien en los primeros tres niveles con la perspectiva que puedes ganar al trabajar a fondo los tres segundos. Sin este equilibrio, puedes tener perfectamente organizada tu vida, pero mientras sigas sin tener claro lo que quieres hacer o lo que estás llamado a hacer, seguirás sintiéndote incómodo.

GTD: Por Qué Revisar de Abajo Arriba

monigote escalera piedrecitas GTD: Por Qué Revisar de Abajo ArribaA la hora de aplicar el Modelo de 6 Niveles para Revisar tu Trabajo, podrías en principio hacerlo de arriba abajo, es decir, empezar por decidir qué vida quieres vivir y, a partir de ahí, ir avanzando por los sucesivos niveles hasta llegar a qué puedes hacer ahora mismo para empezar a convertir todos esos planes en una realidad.

De hecho, podrías empezar por cualquier nivel y en cualquier momento. El truco consiste en aprender a prestar atención a lo que necesitas en cada instante; a mantener el equilibro entre tú y tus proyectos.

Como todo se va a ver influido por las prioridades del nivel superior, parece lógico pensar que cualquier formulación de prioridades debería comenzar desde arriba. Por ejemplo, imagina que comienzas por establecer prioridades en tu trabajo y más tarde descubres que en realidad ese no es el trabajo que debes hacer. Todo el tiempo y energías empleados hasta ese momento habrían sido de alguna forma “desperdiciados”.

¿Por qué entonces recomienda David Allen gestionar las cosas de abajo arriba? El motivo es similar a lo que ocurre con la pirámide de Maslow, donde las necesidades de niveles superiores no ocupan nuestra atención hasta que las necesidades de un determinado nivel no están satisfechas.

Con tu vida sucede algo parecido: si no tienes sensación de control sobre los niveles más operativos (tus proyectos y próximas acciones), es difícil que puedas desarrollar confianza en tu capacidad para gestionar tu vida de forma adecuada y lo más probable es que, al intentar administrarla de arriba abajo, acabe produciéndote una sensación frustrante.

Sin embargo, al completar y ganar control sobre los aspectos más tangibles y próximos de tu vida, logras liberar tu mente y maximizar tu atención creativa. En este estado estás en óptimas condiciones para centrarte en los niveles superiores, donde normalmente las ideas y conceptos son más complejos.

Por eso, aunque el nivel de 15.000 metros es el que marca tus prioridades más importantes, cuando logras comprender y poner en práctica todos los niveles de trabajo en los que estás involucrado (sobre todo los dos más bajos: proyectos y próximas acciones), consigues unos recursos que te van a permitir abordar todos los niveles restantes en mejores condiciones.

Es cierto que la gran mayoría de los enfoques teóricos dan mucha importancia conceptual al enfoque de arriba abajo pero David Allen no entra a discutirlos. Lo que él se limita a decir es que, sea conceptualmente idóneo o no, desde una perspectiva práctica, el enfoque de abajo arriba es el que, al final, permite lograr una vida equilibrada y productiva.

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