Desarrollo Personal: El Feedback es un Regalo

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Gift Box,cortesía de ARGRACE

Hace algunas semanas leí un interesante post sobre feedback en Vida de un Consultor, el blog de @rahego, en el que se explicaba cómo este mecanismo puede convertirse en una potente herramienta de crecimiento personal y profesional.

Hablaba también el post de la importancia de que el feedback sea solicitado, algo que personalmente no comparto por razones que verás más adelante.

El valor del feedback reside en su capacidad para hacerte ver cosas que ignoras sobre ti mismo pero que sin embargo resultan evidentes para los demás.

Muchas de estas “cosas” son recursos que posees pero cuya existencia desconoces y por tanto no aprovechas al máximo. Puede también ocurrir que sí seas consciente de esa habilidad pero creas que la posees en un grado muy inferior al real. En estos casos se habla de “feedback positivo” porque se refiere a fortalezas que, bien aprovechadas, te pueden ayudar a mejorar.

Otras muchas de esas “cosas” son carencias o hábitos perjudiciales que también ignoras y que juegan en tu contra. Como ocurría antes, puede también suceder que seas consciente de esas carencias o malos hábitos pero no del impacto negativo real que producen. En estas situaciones hablamos de “feedback negativo” o “feedback constructivo” porque alude a áreas donde debes mejorar hasta alcanzar unos mínimos de forma que ese mal hábito o carencia deje de perjudicarte.

El problema con el feedback es que mucha gente habla de él pero muy poca sabe en realidad qué es feedback y cómo darlo.

Lo primero que debes saber es distinguir entre feedback y opinión.

El feedback debe referirse en todo momento a hechos observables y nunca a juicios u opiniones personales. Cuando dices “has estado muy bien” o “lo has hecho fatal” no estás dando feedback sino expresando tu punto de vista. Si por el contrario dices “todo el mundo te miraba en silencio” o “la gente hablaba y varios han salido de la sala” sí das feedback porque te estás limitando a transmitir una información objetiva que tu interlocutor puede desconocer.

Tu opinión es muy respetable pero poco útil como herramienta de mejora. Tu punto de vista puede o no coincidir con el de la otra persona y rara vez producirá un cambio en su comportamiento. Además, si tu opinión es negativa generará un rechazo en la otra persona, que automáticamente dejará de prestar atención a lo que le estás diciendo. Cuando hablas de hechos observables no hay implicación emocional y por tanto la conversación es neutra y no se producen rechazos.

Hay ocasiones en las que tú mismo estás involucrado en la situación de la que estás dando feedback y en las que no es posible hablar de comportamientos observables. En esos casos emplea siempre la primera persona. En lugar de “me has insultado” di “me he sentido insultado”. La primera frase es una acusación a tu interlocutor, que puede o no estar de acuerdo. La segunda habla de tus sentimientos y sobre ello hay poco que tu interlocutor tenga que decir.

Cuando @rahego dice que el feedback debe ser siempre solicitado creo que en realidad se refiere a la opinión. Las opiniones también son valiosas pero no son feedback. Como una opinión puede molestarte, debes ser tú quien decida si la quiere o no oír y por tanto quien debe pedirla.

Pero el feedback es otra cosa. El feedback nunca puede molestar porque no juzga, sólo informa. Por eso, siempre que aprecies a alguien y veas algo que le puede ser útil, díselo en forma de feedback.

Si lo haces correctamente, seguro que te lo agradece. ¿Cómo no hacerlo, si el feedback es un regalo?

Desarrollo Organizacional: Artesanía en Red

CA Desarrollo Organizacional: Artesanía en Red

A estas alturas es probable que ya sepas que los pasados días 17, 18 y 19 de mayo se celebró en Segovia la 1ª Cumbre Mundial de Consultoría Pretendidamente Artesana (PCMCPM).

Dicen los expertos que, en un grupo, las mejores conclusiones se obtienen cuando, en lugar de buscar la convergencia desde un principio, se intenta generar la máxima divergencia y, desde allí, se avanza hasta alcanzar una convergencia.

Algo parecido ocurrió en la Cumbre, donde @Amlletradepal, @Yoriento, @ignacionacho, @Odilas, @lalhi, @cumclavis, @suenosdelarazon, @juleniturbe y un servidor de forma presencial, @dreig y @vigoncas por Skype, y @arey a través de inteligentes preguntas en su blog, tuvimos la ocasión de debatir sobre la Consultoría Artesana en Red partiendo de conocimientos, experiencias y expectativas divergentes pero con deseo de converger en la consolidación de estas nuevas formas de hacer y de organizarse.

No es mi intención escribir aquí otra crónica sobre la Cumbre. Si te interesa conocer más sobre lo que allí pasó te recomiendo que no te pierdas las excelentes entradas ya publicadas al respecto en los blogs de Julen, María Jesús, Alfonso, Manel, Nacho, Miquel y Anna.

El objetivo de este post es hablar de estos dos nuevos conceptos que sustentan un modelo de generación de valor alternativo a la empresa tradicional: la Artesanía en Red.

Cuando hablamos de Artesanía nos estamos refiriendo a una forma de hacer distinta. Hablamos de un nuevo paradigma en el que no se trabaja para el cliente, sino con el cliente; donde las personas son las protagonistas, no instrumentos; donde la inteligencia se sobrepone a los procesos y las relaciones interpersonales se sobreponen a los mecanismos de control.

La Artesanía, paradójicamente, no implica mayor coste, sino menor. Los costes estructurales del Artesano son mínimos, al igual que sus costes de aprendizaje. El Artesano es productivo, porque hace un uso masivo y eficiente de la tecnología e invierte tiempo en innovar e investigar para poder resolver los problemas de una vez y para siempre. El Artesano es también adaptable y flexible y trabaja con las herramientas disponibles en cada momento.

La Artesanía no busca maximizar el beneficio sino la satisfacción del cliente y del propio Artesano. Es un juego de suma positiva donde Cliente y Artesano no sólo resuelven un problema sino que además, al hacerlo, crecen personal y profesionalmente a la vez que disfrutan trabajando.

Por eso el Artesano no trabaja para la organización, sino en la organización, lo cual supone establecer relaciones de confianza a largo plazo con el cliente que van más allá de la duración del proyecto.

Por otra parte, al decir “en Red” hablamos de una estructura organizativa extremadamente flexible y potenteAlgo seguramente impensable de no existir las actuales tecnologías.

La Red es un universo virtual de posibilidades.

El Artesano no es un experto multidisciplinar ni lo pretende. Conoce sus puntos fuertes y también sus debilidades. Es consciente de que esas debilidades pueden devaluar su proposición de valor de cara al Cliente y por eso necesita trabajar en Red.

La Red la forman muchos otros Artesanos, todos ellos poseedores de determinadas competencias y experiencias en las cuales basan su generación de valor. Competencias y experiencias que se refuerzan y complementan mutuamente. Los propios Clientes son parte de la Red y aportan también sus conocimientos y aptitudes a la misma.

Cualquier Artesano puede “activar” los nodos necesarios de su Red para configurar el equipo que reúna las competencias y experiencia requeridas para abarcar cualquier proyecto. La Red permite disponer de cuanto es necesario para un proyecto sin incurrir en ningún tipo de coste fijo previo. Ahí reside su potencia.

Pero además estas Redes no son estáticas. El siguiente proyecto puede originar que nodos que participaron en la primera Red no estén y sin embargo se añadan nuevos nodos que no estaban al principio. Incluso durante un proyecto la Red puede ir cambiando dinámicamente su composición según las necesidades. La Red está viva y es adaptable. Ahí reside su flexibilidad.

En Segovia hablamos de Artesanía Consultora pero tanto la Artesanía como la Red no son privativas de la Consultoría. Creo que en los próximos años iremos viendo un imparable desarrollo de redes artesanas en ámbitos muy distintos, pero especialmente en aquellos en los que operan trabajadores del conocimiento.

Aunque hay pioneros que llevan tiempo experimentando con él, creo que aún estamos en los umbrales de un nuevo modelo de organización alternativo que ha venido para quedarse: la Artesanía en Red.

Desarrollo Personal: La Juventud como Elección

Hace ya algunas semanas tuve la oportunidad de disfrutar en Humanismo y Conectividad de una entrevista realizada a José Luis Sampedro.

Creo que su lucidez a los 93 años es, además de un ejemplo para muchos, una evidencia de algo que siempre he creído en relación a la edad y a los conceptos de juventud y vejez.

Es indudable que la edad es un dato objetivo que lleva asociadas una serie de características. Cumplimos años y ello va dejando una huella en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

Sin embargo los conceptos de juventud y vejez no son tan objetivos. De hecho son convenciones sociales con unos límites bastante amplios y difusos. Cuando mi madre me habla sobre alguien “joven” siempre le tengo que preguntar “¿joven de cuántos años?”, porque para ella la juventud alcanza hasta bien entrados los 50…

Por otra parte es cierto que hay determinadas características que asociamos a cada uno de estos dos conceptos. Cuando hablamos de juventud asumimos la existencia de una serie de cualidades tales como idealismo, altruismo, flexibilidad, adaptabilidad, agilidad, entusiasmo, dinamismo…

Un detalle importante es que muchas de esas cualidades se expresan en forma de actitud, en un modo de reaccionar ante la realidad cotidiana. Una actitud que de algún modo es el resultado de un proceso de elección.

Se acepta de forma mayoritaria, a pesar de las excepciones que demuestran que no tiene por qué ser necesariamente así , que muchas de esas cualidades positivas se pierden inevitablemente, o al menos se ven considerablemente reducidas, en la medida en que vamos envejeciendo, entendiendo envejecer como el proceso de transición entre la juventud y la vejez.

La realidad es que estas actitudes no son exclusivas de los grupos de edad que en teoría deberían mostrarlas. Todos conocemos gente de edad avanzada, como José Luis Sampedro, que conservan buena parte de esas características positivas asociadas a la juventud. Personas en las que “la juventud va por dentro” y que demuestran que el hecho de cumplir años no implica necesariamente la pérdida de estas actitudes positivas.

Del mismo modo hay muchas personas que por su edad deberían categorizarse como “jóvenes” y que sin embargo muestran dichas características en un grado muy reducido o incluso nulo. Son esos “viejos prematuros” que todos conocemos. Personas que han decidido, porque de elección hablamos, que ya son “demasiado mayores” para seguir manteniendo esas actitudes “juveniles” y han optado por estancarse en un momento concreto de su trayectoria vital. Este grupo, por desgracia mucho más numeroso que el anterior, es probablemente la causa de que se asocie la edad con la pérdida de actitudes positivas.

La vejez como elección supone poner fin a tu desarrollo personal. A partir de ahí dejas de crecer, de aprender, de adaptarte y comienzas un proceso que te llevará a estar cada vez más lejos del mundo real y más encerrado en tus recuerdos, en tu concepción del mundo como un lugar en el que todo era mejor.

He de reconocer que me intriga enormemente cuál puede ser la razón por la que una persona “joven” decide en un momento dado convertirse en “viejo”. ¿Es miedo a lo desconocido? ¿Aversión al cambio? ¿Simplemente pereza?

No lo sé, pero lo cierto es que la edad es un hecho físico y biológico inevitable mientras que la actitud ante la vida no lo es.

En los albores de la Medicina Personalizada, y ante la expectativa de poder extender considerablemente la esperanza de vida en las próximas décadas, decidir si quieres seguir avanzando con la vista puesta en el futuro o prefieres pararte y quedarte mirando al pasado es, más que nunca, una elección.

Tu elección.

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