#efectividad2017: Aprendiendo a descubrir el poder de enfocarse

El pasado viernes 9 de junio tuve el placer de participar en un evento organizado por la Escuela Jung de Alto Rendimiento en Madrid bajo el título «El Poder de enfocarte en tus áreas de mayor éxito».

Como en otras ocasiones anteriores, mi intervención forma parte de la iniciativa que, bajo el nombre «2017: año de la efectividad», estamos llevando a cabo desde OPTIMA LAB en los últimos meses, con el fin de dar a conocer al mayor número posible de personas los beneficios que pueden obtener del desarrollo de esta competencia.

Como sabes – si me sigues habitualmente – suelo prodigarme poco en este tipo de eventos ante grandes audiencias, ya que prefiero formatos más reducidos. Sin embargo, esta ocasión era especial y bien justificaba una excepción.

La Escuela Jung de Alto Rendimiento facilita a emprendedores, cuyos medios están por definición limitados, el acceso a ponentes de primera línea y a otros recursos formativos que les permiten el desarrollo de competencias clave para su actividad profesional. Su directora, Natividad Pérez (Naty para los amigos), había recibido precisamente el día antes el Premio Empresarial por la trayectoria e innovación de la Escuela Jung y tiene una presencia habitual en los principales medios de difusión, que se hacen eco y reconocen su labor.

Oportunidades como esta para acercar la efectividad personal a cientos de personas no surgen todos los días, así que cuando mi amiga Mónica Galán – fantástica oradora y perfecta maestra de ceremonias – me llamó para plantearme el reto, tuve necesariamente que aceptarlo.

Fue una hora y media intensa ante 300 personas ávidas de aprender y aprovechar al máximo cada uno de los minutos de la sesión, una sensación reconfortante que contrasta con la apatía que en ocasiones muestran algunas de las personas que asisten a los cursos in-company.

Me lo pasé muy bien, y creo que las personas que asistieron también. A pesar de lo comprimido del formato y lo amplio de la audiencia, fuimos capaces de realizar varias prácticas, compartir experiencias, conversar y reír, que también es un elemento clave para aprender.

Excelente sabor de boca y la satisfacción de haber acercado la efectividad personal a personas que, sin duda, sabrán sacar buen partido de ella, tanto en lo profesional como en lo personal. Muchas gracias, Naty y Mónica, por la oportunidad, y adelante con este gran proyecto.

Óptima Infinito cumple 9 años

Y así, como quien no quiere la cosa, este blog cumple años una vez más y se planta en la recta final hacia su primera década en la blogosfera. Un ejemplo claro del poder de las MASS.

Decía el año pasado que había logrado consolidar la «regularidad equilibrada» que llevaba tiempo buscando. Este año, ya consolidada, me he dedicado a disfrutar de ella y, sobre todo, a aprovecharla. El cambio en el día de publicación, del lunes al viernes, me ha permitido además mejorar mis rutinas de trabajo y poder dedicar más atención a la elaboración de los posts. Por otra parte, escribir un único post a la semana también me ha ayudado a poder tratar con mayor profundidad y detalle algunos temas que así lo requieren, como por ejemplo la explicación de conceptos de OPTIMA3®, o sus diferencias con GTD®.

Al principio, temía que estos cambios – el día de publicación y la mayor extensión de los posts – pudieran afectar negativamente al interés por el blog, pero las cifras indican lo contrario, al menos hasta ahora.

Son ya 725 entradas, 50 más que hace un año. En cuanto a suscripciones, en feedly he pasado de los 4.100 del año pasado a 4.500 a día de hoy (+10%). Esta cifra, sumada a las suscripciones por email y a las suscripciones con otros lectores de RSS distintos de feedly totaliza unos 7.400 suscriptores, lo que representa un modesto incremento del 5% en relación con el año pasado.

Lo que sí ha experimentado un aumento muy significativo ha sido el tráfico del blog. En concreto, el número de usuarios únicos pasa de los 172.000 del año pasado a 229.000 (+33%). También sube de forma notable el número de páginas vistas, que ha pasado de 520.000 a 678.000 (+30%). Estoy muy satisfecho con la progresión de estos indicadores, en la medida que parecen dar a entender que los contenidos que publico resultan interesantes.

En cuanto a contenidos, este año he compartido bastantes cosas sobre OPTIMA3®, metodología de segunda generación que comparte principios con GTD® e incorpora los avances más relevantes de los últimos años en efectividad personal. Mi intención es seguir compartiendo información sobre ella en el blog de forma regular para, en algún momento cada vez más próximo, publicar al menos un libro sobre esta metodología.

Aprovecho para comentar por aquí – ya que a menudo recibo consultas vuestras sobre ello – que actualmente no ofrezco formación en OPTIMA3®. La he retirado temporalmente de mi oferta de servicios, pero mi intención es volver a ofrecerla tan pronto haya logrado estos tres objetivos:

  1. Completar el lanzamiento de la formación GTD® oficial en España, con lo que supone de certificación de formadores, traducción, adaptación y logística de los materiales, etc.
  2. Finalizar la metodología OPTIMA3®, incorporando todo el material que he ido recopilando durante los últimos años, a fin de poder ofrecer un producto completo, actual, útil y aplicable.
  3. Desarrollar una oferta de servicios de formación en OPTIMA3® innovadora y que incorpore mis miles de horas de experiencia formando en efectividad personal.

Volviendo al blog, también he escrito sobre otros temas relacionados con efectividad, tanto personal como organizativa. Por ejemplo, he escrito sobre comunicación efectiva, técnicas para potenciar el aprendizaje, estrés laboral o big data. Mi intención es seguir en esta línea los próximos meses, combinando post sobre GTD® y OPTIMA3®, con otras competencias complementarias.

Y ya para terminar (casi me da vergüenza hablar de ello), espero que el tan traído y llevado cambio de «look» para el blog, del que llevo años escribiendo, llegue – por fin – este año, aunque a estas alturas ya no me atrevo a asegurar nada 😉

Por mi parte solo queda darte las gracias por seguir leyéndome un año más y decirte que cuento contigo para seguir adelante en la construcción de este proyecto. Un fuerte abrazo!

Innova como hábito y olvídate del copyright

Durante años, nos han hecho creer que las ideas y el conocimiento tienen valor. Ignoro hasta qué punto esto pudo ser cierto en algún momento pasado, pero a día de hoy es sin duda una gran mentira ya que, como decía hace algún tiempo Hiroshi Tasaka, «en la sociedad del conocimiento, el conocimiento no tiene valor».

Mucho tiempo antes que Tasaka, Drucker decía algo bastante parecido, cuando afirmaba que la estrategia, que al final no deja de ser un conjunto de ideas, es una commodity, y que lo que realmente marca la diferencia es la ejecución de dicha estrategia. Parafraseando al gran Drucker, podríamos decir que «las ideas son una commodity, su ejecución es un arte».

Personalmente, esto es algo que tengo meridianamente claro desde hace tanto tiempo que ya ni lo recuerdo. De hecho, fue una de las razones por las que, cuando empecé a escribir en él hace casi nueve años, decidí que la licencia de este blog sería Creative Commons (puedes ver el tipo concreto de licencia al pie de página) y el mismo motivo por el que tanto mi libro como el resto de mis obras están publicadas bajo esta misma licencia.

El valor del conocimiento es «valor potencial». La clave es cómo convertir ese «valor potencial» en «valor real». En concreto, cuando hablamos de servicios de valor añadido basados en conocimiento, lo importante no es ni el conocimiento ni siquiera «qué» haces con ese conocimiento. El valor reside en «cómo haces lo que haces» con ese conocimiento, es decir, en las competencias que se combinan con el conocimiento durante el proceso de conversión entre «valor potencial» y «valor real».

Por ejemplo, cuando publiqué mi libro, tenía muy claro que ocurriría lo que posteriormente he podido confirmar que así ha sido, y es que muchas personas lo están utilizando como manual para impartir cursos de productividad personal. ¿Me importa? ¿Me preocupa? En absoluto. Más bien al contrario: me halaga. Para mí, mi libro forma parte de un pasado que ha quedado atrás, ya que es un reflejo de dónde estaba yo en el mundo de la formación en productividad personal hace casi tres años, cuando lo escribí. Y, desde entonces, las cosas han evolucionado mucho.

Evidentemente, los principios productivos, los «qués» de los que trata el libro, son universales y mantienen su vigencia intacta, como el primer día. Sin embargo, creo que mis competencias como facilitador y formador de hoy son superiores a las de entonces, porque he seguido recibiendo feedback, desaprendiendo, aprendiendo y practicando. Por otra parte, también he continuado leyendo y aprendiendo sobre neurociencia aplicada a la efectividad y eso hace que hoy sepa bastante más sobre estos temas de lo que sabía entonces, lo cual me ha permitido mejorar y hacer que mi manera de explicar las mismas ideas de antes haya cambiado sustancialmente.

Para mí, innovar es un hábito. Siempre estoy probando cosas nuevas, la mayoría de las cuales acaban siendo descartadas. La buena noticia es que hay un pequeño porcentaje de esas cosas nuevas que pruebo que sí supera el filtro y termina incorporándose, desplazando por lo general a algo previo. Llevado al tema de la formación en efectividad personal, eso hace que el storytelling que hoy rodea a mis explicaciones, los ejemplos, ejercicios y dinámicas, es decir, los «cómos», no hayan parado de evolucionar. Algo parecido ha ocurrido con OPTIMA3®, que en aquel momento estaba dando sus primeros pasos y que a día hoy se encuentra en un estado mucho más completo y avanzado. El resumen de todo esto es que hacer hoy un curso de productividad personal replicando mi libro es hacer un curso «viejuno». Y esto seguro que tiene su público, sin duda, pero desde luego no es el público al que yo me dirijo.

Al hilo de este debate sobre el valor de las ideas y el conocimiento, en las últimas semanas, y con tan solo un día de diferencia, se han publicado dos posts muy interesantes con visiones bastante distintas sobre «compartir en Internet».

Por una parte, este soberbio post de mi amigo y maestro Andrés Pérez, la primera persona que empezó a hablar de Marca Personal en español y siguió haciéndolo durante mucho tiempo en solitario, cuando prácticamente nadie sabía qué era eso. Suscribo punto por punto lo que dice Andrés en el post y me quedo con esta magnífica frase resumen: lo importante no es el contenido sino el «cuentenido».

Yo añadiría que lo verdaderamente importante no es el conocimiento, sino la sabiduría, entendida como aquello que no se puede describir en un texto y que permite sacar partido al conocimiento. Con la enorme ventaja adicional de que, a diferencia del conocimiento, la sabiduría no envejece (la frase es de Bauman). Para mí, las competencias, es decir, qué sabes hacer con lo que sabes, forman parte de esta sabiduría.

Por otra parte, está este post de David Barreda, a quien sigo de cerca desde hace ya algún tiempo y tengo muchas ganas de conocer personalmente. Aunque no comparto la visión crítica de lo que él llama «la falacia de compartir», creo que la reflexión que realiza es útil y necesaria. Personalmente, creo que a la mayoría de las personas les gusta dejar su impronta y que el «copieteo» no es tanto por vaguería como por pura incapacidad creativa. En cualquier caso, estoy convencido de que la copia únicamente perjudica a quien la realiza, ya que «crear» y «copiar» te posicionan de manera bien distinta.

Para terminar, como le oí decir en una ocasión a Genís Roca, «la información solo es poder si se comparte y se actualiza». Podríamos cambiar «es poder» por «tiene valor» y la frase mantendría intacta su validez. Ese valor, o ese poder, entendido como potencial, hay que tangibilizarlo en un «entregable». En caso contrario, no vale nada.

En resumen, el valor del conocimiento es lo que tú sabes hacer con él y cómo lo haces. En consecuencia, al menos tal y como yo lo veo, más que preocuparse por preservar el conocimiento, o las ideas, la clave es ir siempre un paso por delante de los que solo saben copiar.

Y la forma de ir siempre un paso (o varios) por delante es incorporar a tu ADN el hábito de innovar, es decir, hacer que innovar sea para ti algo cotidiano y natural, de tal modo que tu proceso de producción de valor a partir de conocimiento nunca deje de evolucionar. Si lo consigues, esto te va a asegurar que lo que te copien sean siempre versiones obsoletas. Una estrategia sencilla como idea, pero que nuevamente hay que saber (y poder) ejecutar. En otras palabras, innova como hábito y olvídate del copyright.

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