Además de Innovar, Aprender a Trabajar

epic fail Además de Innovar, Aprender a TrabajarÚltimamente, parece que la solución a todos nuestros males se resume en la palabra mágica “innovar” y eso es muy peligroso. No me interpretes mal. Soy un convencido de la innovación. Más que necesario, yo diría que innovar es imprescindible. Pero innovar no es suficiente. En realidad, se trata de hacer todo lo que ya habría que estar haciendo y, además, innovar.

Parece que la “calidad total” o la “mejora continua” son reliquias del pasado. Modas que tuvieron su momento y después quedaron atrás. Eso estaría bien si hubiéramos agotado su recorrido, pero la triste verdad es que casi ni lo iniciamos.

Este post tiene bastante de “pataleta”. Reconozco estar más que harto de lo mal que, a menudo, se trabaja en España. Puede sonar a tópico, pero no lo es. En todas partes hay gente competente y gente incompetente; gente trabajadora y gente vaga. Nuestro problema, más que las personas, es la cultura. En España estamos mayoritariamente asentados en la cultura del “ya vale”. No es que trabajemos menos ni peor que el resto, es que nuestro umbral de tolerancia a la chapuza es mucho mayor.

Hay mucha gente con mentalidad de mal estudiante. No buscan “sacar nota”, sino simplemente aprobar. El problema cuando tu meta es aprobar, es que estudias lo justo y al final acabas suspendiendo mucho más de lo que te esperabas. Trabajando pasa igual. Muchos van a “salir del paso”, a “cubrir el expediente”. Y esto es mortal para cualquier economía.

Innovar está muy bien, pero sin olvidar que ya hay modelos de negocio contrastados y asentados, negocios que funcionan porque satisfacen demandas reales fruto de necesidades reales. Negocios y empresas que se encaminan en línea recta hacia su desaparición no por falta de innovación, sino porque fallan en lo básico: la ejecución.

Muchas de nuestras organizaciones se han convertido en el caldo de cultivo idóneo para la incompetencia impune. En ellas, hacer las cosas mal sale gratis al que las hace, porque las consecuencias las pagan “otros”. Esos “otros” son compañeros, proveedores o, peor aún, clientes. Y cuando tus clientes se ven obligados a pagar por tu incompetencia, es cuestión de tiempo que te quedes sin clientes y tengas que cerrar.

Voy a ilustrar todo lo anterior con un ejemplo real. Este verano decidí, después de mucho tiempo, acometer una serie de reformas que tenía pendientes en casa.

Tenía que cambiar la caldera. Como la instalación original de obra estaba mal hecha, para poder cambiar la caldera atmosférica por otra estanca tenía que cambiar antes los muebles de la cocina, a fin de dejar paso a las conducciones. Hasta ahí, todo normal. La aventura comienza cuando voy a pedir presupuesto. Para empezar, un pago por adelantado para que vengan a casa a medir, requisito indispensable para que me hicieran un presupuesto del cambio de caldera. Luego, a esperar cinco semanas para que instalen la cocina, un modelo estándar de un catálogo estándar de un fabricante estándar. Vamos, casi “just in time”. Les envío un plano a escala hecho por mí pero parece que no les sirve, así que tiene que venir otra persona a casa a medir la cocina. Bien, esto promete. Parece que somos gente concienzuda…

Pasan las semanas y llega el momento de la verdad. Vienen a instalar la caldera. ¡Vaya! Parece que el “experto en medir calderas” ha cometido un “pequeño” error: falta medio metro de tubo para que la salida de gases llegue al exterior de la vivienda… Me autoengaño diciéndome que será mala suerte.

Llegan los muebles de la cocina y, ¡qué casualidad! También están mal medidos. No cabe uno de los armarios, ya que es demasiado ancho. Instalan el resto pero hay que esperar otras cinco semanas a que fabriquen el que habían medido mal. Además, los tiradores de los armarios no son los que aparecen en el pedido. Hay que llevarse todas las puertas para que les cambien los tiradores.

Cuando acaban de montar la cocina llega otro “experto en mediciones”. Imagino que el montador de cocinas – que hizo un trabajo impecable, por cierto – no sabía medir encimeras… Así que llega el “experto en medir encimeras”, mide y se va. A los pocos días llega la encimera y ¡vaya! También está mal medida. Resulta que el hueco del fregadero ha ido a caer encima de la lavadora… Pues nada, a llevarse la encimera, medir de nuevo y a esperar otros cuantos días a que venga “la buena” y la monten.

Llega el armario que falta y vienen a montarlo. ¡Qué faena! Resulta que lleva dos rieles y uno ha llegado mal medido y es corto, así que el armario se queda a medio montar un par de semanas más hasta que viene la pieza correcta.

Resumen de lo anterior: dos viajes para instalar la caldera en lugar de uno, cinco viajes para montar la cocina en lugar de uno y dos viajes para montar la encimera en lugar de uno. Como yo contraté un precio cerrado, todos estos costes de incompetencia van directamente en contra del margen comercial. La instalación de mi cocina les ha debido resultar ruinosa.

Alguien podrá decir que es mala suerte, simple casualidad. ¿Tres personas distintas que vienen a medir y las tres miden mal? No creo en este tipo de casualidades.

Por desgracia, esto es lo habitual. Unas semanas antes había encargado unos portabicis para llevar las bicis de montaña al pueblo. Los encargué tres semanas antes, a fin de asegurar que no habría problemas. Cuando pedí presupuesto por teléfono me dijeron que no hacían presupuestos telefónicos pero que no me preocupara, que siempre tenían piezas en stock. Cuando al día siguiente fui al concesionario a que me hicieran el presupuesto, me dijeron que una de las piezas estaba agotada y tardaría tres semanas en llegar. Aún así, podría tener los portabicis a tiempo. Si se cumplían los plazos, solo habría perdido unas horas.

Llega el día y dejo el coche en el taller a las 9:00. Me dicen que es una instalación complicada y que tardarán cuatro o cinco horas. A la hora de comer me llaman y me dicen que acaban de descubrir que les falta una pieza. La persona que las pidió olvidó incluirla. Me dicen que si la pido en ese momento, la recibirán al día siguiente y que al otro tendría instalados los portabicis. ¿Dos días más? Les digo que no, que ya veré si lo instalo al año que viene y que los desmonten.

Resumen de lo anterior, cuatro horas para medio montar los porta-bicis y otras tantas para desmontarlos. Yo no pagué nada, evidentemente, así que una jornada entera de un mecánico se fue a pérdidas.

Tengo muchos más ejemplos similares pero no quiero aburrirte. ¿Qué tienen todos ellos en común? Que ni el que pidió mal las piezas para el portabicis, ni el que midió mal la encimera, ni el que midió mal la cocina, ni el que midió mal las conducciones de caldera se han visto afectados por su incompetencia. Todos van a cobrar a final de mes, lo mismo que si su trabajo hubiera sido excelente. Los que “pagan” su incompetencia, además del cliente – que soy yo- son los montadores de la caldera, la cocina, la encimera o el portabicis. Algo falla en estas organizaciones.

Si mañana estas empresas cierran, no será por falta de innovación sino por una lamentable ejecución. Si trabajas mal, no hay negocio que funcione, por muy innovador que sea. Por eso, además de innovar, lo primero es aprender a trabajar.

Óptima Infinito Cumple 6 Años

sexto aniversario optimainfinito Óptima Infinito Cumple 6 AñosParece que fue ayer y ya ha pasado otro año. Lo que ocurre es que en esta ocasión, después de varios años sin conseguirlo, celebro por fin el cumpleaños del blog “cuando toca”, ya que fue un 1 de junio, concretamente el de 2008, cuando el primer post de este blog vio la luz.

Haciendo balance, ha sido un año de recuperación y reencuentro. El año pasado no estaba satisfecho con el ritmo de publicación del blog. Este sí, ya que he logrado recuperar la disciplina y estructura en la publicación de contenidos de la que hablaba hace un año. Eso se ha traducido en que hayan sido 73 los posts publicados frente a los 45 del mismo periodo un año antes. Además, creo que este año he escrito algunos de los mejores posts de la historia del blog, aunque lógicamente es a vosotr@s a quiénes corresponde decir la última palabra sobre ello.

El “lavado de cara” del que llevo hablando hace tanto tiempo es prácticamente una realidad. Salvo imprevistos de última hora, antes de que acabe el año Óptima Infinito estrenará un “nuevo look”. Algún proyecto surgido en los últimos meses ha hecho necesario demorar un poco este cambio, que en caso contrario pensaba haber hecho coincidir con la publicación de este post. Pero las cosas llevan su tiempo, sobre todo si se quiere que queden bien, y la nueva plantilla del blog es un proyecto artesano que merece la espera. Se trata de un proyecto importante, no solo para el futuro del blog sino también para el de alguna otra iniciativa relacionada sobre la que escribiré en su momento. Un proyecto, en definitiva, en el que he depositado muchas ilusiones y para el que estoy contando no solo con magníficos profesionales sino también con numerosas aportaciones de enorme valor.

Por lo que respecta a la habitual sección de estadísticas, son ya 528 las entradas publicadas, con un total de 17.643 comentarios y pingbacks. El número de suscriptores al blog es, en cierto modo, una incógnita, ya que Feedburner es muy poco fiable últimamente y unos días dice que son cinco mil y pico y otros que apenas llegan a dos mil. Mi sospecha es que, en realidad, el número de suscriptores ha aumentado entre un 7% y un 10% en el último año pero, como digo, no dispongo de datos concretos.

De lo que sí tengo información es sobre las páginas vistas, que han bajado de 256.000 a 225.000, es decir, un 12%, igual que el año anterior. Las visitas también han disminuido de forma parecida, de 167.000 a 137.000, casi un 18%. Creo que este descenso en tráfico se debe en gran parte a mi escasa actividad en las redes sociales durante el último año, que sin duda está afectando a las conversaciones generadas sobre los contenidos del blog. Es un área en la que me gustaría mejorar el año que viene pero no sé en qué medida será posible porque, como dice Covey, “first things first“.

Por otra parte, tengo la impresión de que las páginas del blog no cargan todo lo rápido que deberían, algo que, según los expertos, también podría explicar estos descensos. Por eso otro proyecto en mi “incubadora” es migrar a un servidor dedicado, algo que, de ser posible, me gustaría abordar también en el próximo año.

En lo positivo, el porcentaje de visitas nuevas se mantiene prácticamente en el mismo nivel que hace un año (75,5% frente a 76%), lo que significa que los contenidos del blog siguen funcionando bien a nivel de buscadores.

En cuanto a contenidos, he avanzado bastante desglosando el último libro de David Allen, “Haz que funcione“ y son ya 54 los posts publicados al respecto. Por otra parte, tal y como dije hace un año, he comenzado a publicar con cierta regularidad entradas acerca de la metodología OPTIMA12® de Productividad Colectiva Centrada en las Personas, cuyo desarrollo y aplicación continúa imparable. Mi intención es seguir publicando sobre ello y en algún momento, probablemente ya en 2015, comenzar a hacerlo también sobre OPTIMA3®, una nueva metodología de Eficacia Personal Eficiente que estoy desarrollando a partir de la experiencia que llevo acumulada tras casi 9 años como usuario y más de 1.500 horas como formador en GTD y siempre, por supuesto, inspirada en los mismos principios productivos universales que esta popular metodología.

No quiero terminar sin darte las gracias un año más por seguir ahí. El valor de un blog son sus lectores y por eso para mí Óptima Infinito tiene tanto valor. Así que te invito a que sigas acompañándome en este viaje de exploración y aprendizaje porque, aunque hayan pasado ya seis años, aún queda mucho por descubrir y por compartir…

Dos Años de Consultoría Artesana

niño de dos años jugando Dos Años de Consultoría ArtesanaEn septiembre se cumplieron dos años desde que empecé esta aventura que supone recorrer el camino artesano. Mi intención era haber llevado a cabo este resumen anual en aquel momento pero una serie de circunstancias hizo que finalmente decidiera dejarlo y hacerlo coincidir con la reflexión de fin de año.

Decía del año pasado que podía resumirse como un año de aprendizaje. Este año, sin embargo, no es tan fácil de resumir porque ha sido un año en el que ha habido de todo. Si tuviera que definirlo en pocas palabras, me quedaría con dos: intensidad y enfoque. Intensidad en experiencias y aprendizajes. Enfoque porque, salvo contadas excepciones, he dejado a un lado prácticamente todo lo que no tiene que ver directamente con productividad y eficacia personal y organizativa.

El primer trimestre comenzó tranquilo. Demasiado tranquilo. En enero trabajé a menos del 30% de capacidad y en febrero aún peor, por debajo del 15%, ya que la cancelación de un buen número de clases en el último momento me dejó sin facturar prácticamente todo el mes. Marzo al 25% ponía el cierre a un trimestre especialmente flojo y me dejaba seriamente preocupado por el futuro porque, en aquellas fechas, apenas tenía proyectos a la vista.

Entre lo positivo, mucho y buen networking, por ejemplo, conocer a los colegas chilenos de +people de la mano de David Criadomi primera intervención en el máster de emprendedores, la reunión con l@s colegas de #redca, la charla que di sobre GTD en el Centro de Estudios Garrigues y un interesante proyecto piloto de mejora de la productividad organizativa con metodología OPTIMA12®. También comencé la búsqueda de aprendiz, proyecto que ha ido mutando de forma desde entonces y sobre el que escribiré con más detalle cuando llegue el momento.

El segundo trimestre empezó algo mejor pero no lo suficiente. Abril no llegó al 40% y eso hizo que mi preocupación siguiera aumentando a pasos agigantados. Afortunadamente, la Semana Santa marcó un antes y un después. En tan solo tres días, del 1 al 3 de abril – lo recuerdo perfectamente – se confirmaron media docena larga de proyectos, la mayoría de los cuales llevaba gestándose muchos meses, y el aspecto de mi agenda cambió radicalmente, poblándose casi por completo para el resto del trimestre. Mayo finalizó casi al 90% y junio anduvo también por ahí. Los dos últimos meses salvaron “por los pelos” la primera mitad del año, aunque este sprint final me dejara agotado.

Entre lo más positivo de este trimestre, otro proyecto piloto con OPTIMA12®, el primer foro de consultoría artesana en Bilbao, las ponencias que impartí sobre productividad en Madrid y Huelva, el buen networking, que continuó, y la aparición en el horizonte de muchos y diversos proyectos realmente interesantes, hasta tal punto que a finales de junio había agotado prácticamente mi disponibilidad de fechas para el último trimestre del año.

El tercer trimestre fue normal. Muy poca actividad las primeras semanas de julio y ninguna en agosto. Es habitualmente la época de recargar las pilas, leer, hacer otras cosas, investigar y desarrollar nuevos materiales. Una de las cosas que quería haber hecho era renovar mi portátil, que en abril había cumplido cuatro años y empezaba a hacer cosas raras de cuando en cuando, lo cual es bastante peligroso tratándose de una de tus herramientas básicas de trabajo. Además, estaba fuera de garantía y no se podía ampliar… Era una inversión importante porque no solo había que cambiar el portátil, sino el replicador de puertos, el monitor, el disco de backup externo… Después de cuatro años, tocaba hacer una renovación tecnológica en condiciones.

Lo malo es que no pude hacerlo. Había una cantidad muy importante de actividades facturadas cuyo pago llevaba muchos meses de retraso y no sabía si finalmente iba a cobrar o no, así que no me pareció prudente incurrir en gastos que, al menos en aquel momento, no me parecían imprescindibles. Fueron varios los proyectos que tuve que cancelar por razones económicas pero este en concreto fue el que más directa y seriamente me iba a impactar en los meses sucesivos.

Este problema me hizo también tomar conciencia de la necesidad de “profesionalizar” los aspectos legales de la relación comercial con partners y clientes. Hasta ahora no había visto la necesidad porque, siendo fiel a la realidad, la gran mayoría de ellos cumple impecablemente con sus compromisos. El caso es que este trimestre dediqué una cantidad importante de tiempo, y de dinero, a elaborar un modelo de contrato de colaboración que me ayudara, en la medida de lo posible, a evitar este tipo de situaciones en el futuro o, al menos, a estar mejor preparado para defender mis intereses en caso necesario. La negociación del contrato ha sido una experiencia realmente interesante, sobre todo con alguno de mis partners. Llama la atención el contraste de paradigmas y la dificultad para entender determinados modelos de colaboración. Los aprendizajes fruto de esta experiencia han sido tantos y tan sustanciosos que daría para escribir todo un post al respecto.

La segunda quincena de septiembre supuso la vuelta a la actividad de forma bastante intensa (90%) y a un ritmo que parecía se iba a mantener hasta prácticamente llegadas las fiestas navideñas. Lo mejor de este tercer trimestre fue, como no, el largo descanso, entendido como cambio de actividad, que no de inactividad.

El cuarto trimestre ha sido agotador y podría haberlo sido algo más o un poco menos, según se mire. Lo cierto es que octubre terminó al 100% de capacidad, es decir, sin un respiro. Noviembre iba por el mismo camino y diciembre algo menos pero una cancelación de última hora de un montón de cursos por parte de un cliente hizo que noviembre se quedara finalmente al 60% en lugar de al 100% y diciembre al 40% en lugar de al 70%. Esta pérdida repentina del 40% y del 30% restantes supuso un descalabro económico muy importante, no solo para mí sino también para mi partner, que había invertido un buen número de horas en aquel proyecto.

Indignante la reacción del cliente, negándose a abonar la penalización por cancelación injustificada bajo la amenaza de no volver a trabajar con ellos nunca más. Un nuevo aprendizaje para mí, ya que de no haber un partner de por medio mi decisión sobre cómo gestionar la situación habría sido bien distinta y, desde luego, mucho más contundente. Me parece el colmo del cinismo presumir de tu programa de RSC y luego incumplir tus compromisos y acuerdos legales con tus proveedores y chantajearlos aprovechando la situación económica. Me quedo con las ganas de contar toda la historia, porque me parece impresentable y creo que estas situaciones hay que denunciarlas, pero por ahora lo voy a dejar aquí por respeto a mi partner.

Para añadir “un puntito más” de estrés, este último trimestre ha venido plagado de problemas técnicos. ¿Recuerdas ese ordenador que quería haber remplazado en verano? Pues bien, fue llegar finales de septiembre y comenzar a fallar a base de pantallazos azules cada dos por tres, cada vez con más frecuencia y en los momentos más inoportunos. La Ley de Murphy suele cumplirse y este es un buen ejemplo de ello. Es en estas circunstancias cuando uno realmente valora usar GTD, porque te salva la vida. Literalmente. Saturación de carga de trabajo, viajes casi todas las semanas, problemas técnicos que echan por tierra tus planes y destrozan tu productividad, negociación multibanda de contratos, cancelaciones, impagos… Todos los ingredientes para una sobredosis de estrés. Es precisamente ahí, en esos momentos clave, en los que tomar buenas decisiones sobre qué hay que dejar sin hacer se convierte en crítico. Porque la realidad es que llegas a donde llegas, no a donde querrías llegar. Y gracias a GTD, aunque este último trimestre he desaparecido de las redes sociales, al menos he seguido publicando regularmente en mi blog; he enviado propuestas, facturas y evaluaciones de curso con retraso pero todos los cursos han estado preparados al 100% en su fecha…

Entre lo mejor de este trimestre, otro par de pilotos de OPTIMA12® y un proyecto muy atractivo y de alcance, basado en esta misma metodología, que ha surgido para 2014. Otro hito importante ha sido la realización de un practitioner en PNL, que llevaba tiempo queriendo hacer y que completaré con un taller intensivo de coaching para equipos en el primer trimestre de 2014.

También el hecho de que 2014 se presenta con muy buenas perspectivas, en contraste con lo que fue el inicio de 2013. De hecho, son tan buenas que se están convirtiendo en un problema, ya que estoy empezando a perder oportunidades de trabajar con clientes interesantes por no disponer de fechas libres. Esta situación me llevó, a principios de este último trimestre, a buscar ayuda en mi red. No fue fácil porque buscaba a una persona que no solo fuera experta en GTD sino que además reuniera una serie de requisitos tales que permitieran al cliente disfrutar de una experiencia de usuario equivalente. La persona finalmente elegida fue Antonio José Masiá.

Conocí a Antonio José a través de mi blog. No exagero al afirmar que la mitad de los comentarios en mis posts sobre GTD corresponden a conversaciones que he mantenido con él a lo largo de los últimos años. A raíz de aquello, tuvimos ocasión de desvirtualizarnos en las primeras jornadas GTD en Barcelona. La relación continuó avanzando hacia una gran amistad. Hoy no solo somos dos amigos que comparten enfoque sobre en qué debe consistir la formación en productividad personal sino también compartimos un formato de cómo hacerlo. Además, Antonio José y yo compartimos formación y maestros, tanto en coaching como en PNL, disciplinas que aplicamos intensamente en nuestra actividad profesional. Gracias a todo ello, y al margen de los estilos personales de cada uno, creo que hemos logrado que la experiencia de usuario de las personas que asisten a nuestros tallereres puedan ser equivalentes.

2014 se presenta como otro año intenso y lleno de oportunidades. Me gustaría terminar el proyecto de modernización del blog. Sé que exteriormente aún no se nota pero seguimos avanzando entre bambalinas. Hay decisiones, como migrar a un servidor dedicado, que están retrasando el tema. También quiero seguir avanzando en tejer redes, entre ellas una de aprendices. Por otra parte, siento que por fin estoy preparado para aportar algo relevante al mundo de la productividad y la eficacia personal. Creo que GTD es hoy por hoy irremplazable como el mejor y más potente método de eficacia personal pero eso no implica que no sea mejorable. El reto por tanto es cómo mejorar GTD permaneciendo fiel a su esencia. Presiento que 2014 va a ser también un gran año para OPTIMA12®, metodología cada vez más madura y en cuyo potencial transformador tengo absoluta confianza. Definitivamente, esta todo por hacer…

Feliz 2014 también para ti, querid@ lector/a, y que sea un año del que puedas disfrutar con plena salud y un montón de buenas oportunidades.

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