La Artesanía es una Cuestión de Principios

Es probable que ya sepas que mi carrera profesional comenzó en HP. Cuando me incorporé a ella, la compañía estaba llegando al final de una época y, según los más veteranos del lugar, mucha de la cultura original ya se había perdido. Aun así, tuve la oportunidad de disfrutar en primera persona de una cultura organizativa muy distinta de las que he conocido después y con cuyos principios me sigo sintiendo plenamente identificado.

Llevo tiempo – más de año y medio – trabajando en los próximos pasos de mi taller artesano. Hasta hace poco he trabajado en él yo solo pero ahora quiero y necesito ampliarlo. No es la primera vez que lo intento y la ventaja es que ahora sé más que en anteriores ocasiones, porque he aprendido mucho de todo lo que he hecho mal. De todos modos, compartiré por aquí todos los detalles cuando el taller abra finalmente sus puertas.

El caso es que, dándole vueltas a los principios y valores que me gustaría que marcaran el espíritu de mi taller, me he reencontrado por casualidad con las 12 reglas que crearon Hewlett y Packard en 1939, cuando ambos comenzaron a trabajar en un garaje dando lugar a la conocida HP. Estas 12 reglas regían el trabajo de estos dos grandes innovadores cuando solo eran ellos dos quienes trabajaban en el garaje y se convirtieron posteriormente en la base de una cultura sobre la que se ha escrito mucho, el HP Way.

A pesar del tiempo transcurrido, estas reglas siguen plenamente vigentes, ya que se basan en unos principios fundamentales. Yo me siento plenamente identificado con estos principios y son parte esencial de lo que me define como consultor artesano.

La adaptación de las 12 reglas originales al entorno del taller artesano es sencilla ya que, más que reglas, para mí son sobre todo una serie de buenas prácticas y consejos cargados de sabiduría. Por eso, los 12 principios que me gustaría que impregnaran la actividad de mi taller artesano son los siguientes:

  1. Cree que puedes cambiar el mundo
  2. Trabaja rápido, deja las herramientas a mano, trabaja cuando quieras y donde quieras
  3. Sabe cuando trabajar solo y cuándo trabajar en red
  4. Comparte herramientas, ideas. Confía en tus colegas
  5. Nada de política. Nada de burocracia (ambas son ridículas en un taller)
  6. Es el cliente quien define qué es un trabajo bien hecho
  7. Las ideas radicales no son malas ideas
  8. Inventa formas distintas de trabajar. Cambia
  9. Haz una contribución cada día
  10. Si una contribución no aporta, no sale del taller
  11. Cree que en red podemos crear cualquier cosa
  12. Inventa

Estoy convencido de que los principios son importantes porque definen tu campo de actuación, las reglas del juego, los límites que no quieres sobrepasar. Contar con ellos es necesario porque uno de los rasgos diferenciales del trabajo del conocimiento es que hay que tomar muchas decisiones de forma habitual. Y lo que decidas va a depender en gran medida de tus principios.

Me defino como consultor artesano porque creo en una forma alternativa de hacer las cosas. Una forma en la que los “cómo” importan tanto o más que los “qué”. Por eso me gusta la consultoría artesana, porque la artesanía es una cuestión de principios.

Sostenibilidad y Equilibrio en Consultoría Artesana

En el resumen que hacía  de mis primeros dos años de consultoría artesana hace algunas semanas, me refería con frecuencia a porcentajes de capacidad, utilizándolo como indicador de lo bien o mal que iban las cosas en cuanto a  volumen de trabajo y, por consiguiente, en cuanto a facturación.

Me decía Julen Iturbe en los comentarios que le resultaba curiosa mi estimación en “porcentajes sobre capacidad” y que esperaba que subieran, ya que parecía que eso era bueno. Además de Julen, hubo otros lectores que me hicieron comentarios y preguntas en este mismo sentido al margen del blog y por eso me ha parecido interesante escribir este post.

Hace un par de años escribí un post sobre Control y Perspectiva en las Finanzas Artesanas, que guarda mucha relación con este tema. En él explicaba, entre otras cosas, una posible aproximación para calcular el precio/hora de nuestros servicios y, como parte de los cálculos, me refería al concepto de eficiencia.

El concepto de eficiencia es clave en consultoría porque hablamos de una actividad en la que hay una enorme diferencia entre el máximo teórico de horas facturables y el número real de horas que se puede llegar a facturar. Decía también en aquel mismo post sobre Finanzas Artesanas que: “el máximo [real] en consultoría industrial no suele exceder el 70%. Como apuntaba al principio, mi experiencia en consultoría artesana es limitada pero estimo que la eficiencia de un artesano dificilmente superará el 50% y calculo que lo normal es que ronde el 30%“. Hoy, dos años más tarde, dispongo de información para ver cómo de acertado o errado andaba.

En el cálculo que hacía en aquel post resultaban 1976 horas facturables al año, después de descontar festivos y fines de semana que, lógicamente, son difícilmente facturables 🙂 Pues bien, en 2013 facturé algo menos de 600 horas, lo que viene a suponer precisamente el 30% de eficiencia que intuía como porcentaje normal hace dos años.

Lo que sé ahora que hace dos años ignoraba es cuál es mi eficiencia máxima real y, en concreto, el volumen máximo de horas que podría llegar a facturar en un escenario idílico de facturación. Como puedes imaginar, son muchísimas menos de 1976.

En el aspecto de gestión financiera de mi actividad, este ha sido uno de los aprendizajes más valiosos de estos dos primeros años y, sobre todo, de este último. Reconozco que, cuando las leí, me llamaron mucho la atención las reflexiones que compartía Julen en su análisis de sus primeros seis años como consultor artesano. Este post en concreto no tiene desperdicio y a mí me llegó especialmente cuando decía: “Porque más horas, más dinero. Pero, ¿para qué?

La actividad de consultoría artesana conlleva el riesgo de acabar con tu equilibrio hasta el extremo de dejar de ser una actividad sostenible. Como decía en mi análisis anual, el trabajo llega de forma irregular y caprichosa. Y cuando no llega, se pasa mal. Por eso, cuando llega, lo normal es que te entre “complejo de hormiga” y te dé por facturar todo lo posible para cuando lleguen las vacas flacas. Es perfectamente comprensible y no hay nada de malo en ello, siempre que se mantenga la perspectiva suficiente para asegurar la sostenibilidad de tu actividad.

Por ejemplo, el último cuatrimestre de 2012 fue de locura. En esos cuatro meses escasos facturé el 48% de todo el año. Y solo septiembre supuso el 23% de todo el año. El resultado fue que terminé muy cansado física y mentalmente, además de con problemas serios de garganta que precisaron tratamiento médico. Pero aprendí la lección.

Hasta entonces me había limitado a aceptar el trabajo según surgían las oportunidades. Pero de forma reactiva, sin la menor proactividad ni criterio. Tal y como estaba la situación económica no me parecía presentable andarme con exigencias.

Craso error. Esto no va de exigencias absurdas sino de puro sentido común. Si me no pongo límites, estoy arriesgando la sostenibilidad de mi trabajo. La arriesgo porque si enfermo no facturo y la arriesgo también porque si estoy agotado el servicio que entrego a mis clientes no está a la altura, ni de sus expectativas ni de las mías. Además, si no reservo tiempo para seguir aprendiendo, investigando, desarrollando cosas nuevas… Si no innovo, sé que estoy profesionalmente muerto a medio plazo.

Por eso en 2013 decidí probar a hacer algo distinto. Pensé en qué planteamientos podía tener sentido hacerme que me aseguraran un ejercicio sostenible y equilibrado de mi actividad como consultor artesano. Y creo que di con ello.

En 2013 decidí que la semana facturable sería de cuatro días, es decir, que solo trabajaría en clientes cuatro días a la semana. En concreto, todos menos los miércoles. ¿Por qué? Porque el miércoles es una pausa a medio camino entre dos fines de semana que me permite asegurar que dedico al menos un mínimo de tiempo a mantener mi sistema en equilibrio. Además de dejar descansar la voz y las piernas, los miércoles son los días para hacer visitas comerciales, preparar materiales, propuestas y documentación, analizar información, emitir facturas, escribir en el blog, hacer gestiones personales…

Si descontamos un día a la semana y lo añadimos a todos los días que, sin ser festivos ni fines de semana no son facturables en la práctica (Semana Santa, puentes de mayo y de diciembre, verano, Navidades…), tenemos que el volumen máximo real de horas facturables en 2013 pasó a ser de 1100 y no de 1976. Luego está el hecho de que, en mi caso concreto, buena parte de mi actividad es formación y, de ella, un porcentaje está diseñado para medias jornadas, por lo que estimo que mi número real es de 825 horas facturables al año. Ese es el 100% de mi capacidad.

En otras palabras, la eficiencia máxima teórica que podría haber llegado a alcanzar en 2013 habría sido del 825/1976 = 42%, así que, para mí, un 30% está francamente bien. En línea con esto, me reafirmo en que el máximo realista de eficiencia a la que se puede aspirar en consultoría artesana difícilmente alcanzará el 50%.

Para terminar, retomo y concluyo mi análisis de 2013. Esas 600 horas de las que hablaba antes representan el 600/825 = 73% de mi capacidad anual. La diferencia con el 100% se debe, sobre todo, a lo flojo que fue el primer trimestre pero, con todo, es una cifra con la que estoy muy satisfecho.

Sé que estos cálculos pueden resultar aburridos para muchas personas pero los comparto porque sé que hay lectores que los valoran y creo que, en general, son útiles en la medida que proporcionan la perspectiva necesaria para tomar las decisiones correctas de cara a poder, no solo vivir de y disfrutar con tu trabajo, sino hacerlo de forma equilibrada y sostenible.

#fororedca1: Construyendo en red una nueva realidad

El pasado viernes día 5 de julio tuvo finalmente lugar en la Universidad de Deusto el Primer Foro de Consultoría Artesana, #fororedca1 para l@s amig@s. Abrió la jornada Guillermo Dorronsoro, decano de “La Comercial”, con unas breves y cariñosas palabras hacia la iniciativa artesana, y a partir de ahí comenzó la aventura.

Era el momento de la verdad. Después de varios meses de trabajo, con el natural nerviosismo que genera querer hacer bien las cosas, y con más pequeños cambios y ajustes de última hora de los que nos hubiera gustado, empezaba su puesta de largo la red de consultoría artesana.

Cuando hay compromiso y motivación, las cosas fluyen de forma casi mágica. Aún hoy no acabo de creerme que nuestras intervenciones fueran terminando en el horario previsto, incluso algo antes en ocasiones, con un tempo más germánico que latino, como apuntó en twitter algunos de los asistentes, y me sorprendió lo natural que iban encajando unas con otras sin haber mediado ningún ensayo previo.

Casi un centenar de personas, contando al gremio artesano, con ganas de aprender y compartir ideas sobre el cambio en las organizaciones. Para nosotros, la oportunidad de construir algo juntos y compartirlo públicamente. También la oportunidad de vernos en acción unos a otros, más allá de nuestros blogs, nuestros perfiles sociales y nuestras intervenciones en reuniones previas.

Me traigo muchas cosas que he aprendido de mis colegas.

De Mª Jesús, no perder de vista que el cambio es global. El mundo, la tecnología, las personas y sus valores… Todo ha cambiado mucho y sigue cambiando. Las organizaciones están inmersas en él y tienen que reflejar ese cambio.

De Amalio, dos reflexiones y varias preguntas. No hay verdadero cambio sin resistencia y todo empeora antes de mejorar. ¿Siempre? ¿Y si el cambio surge del interior de las personas? ¿Cómo cambia el cambio cuando es voluntario?

De Nacho, dos ideas-fuerza: el potencial creativo de la adversidad y la importancia de afrontar los procesos de cambio con una buena dosis de resiliencia en la mochila.

De Manel, el refuerzo de una convicción y también un par de dudas. La jerarquía es un obstáculo para el alto rendimiento. ¿Hasta que punto soluciona el problema sustituir control por supervisión? ¿Y si esa supervisión fuera colectiva?

De Asier, la agradable sorpresa de descubrir innumerables puntos de sintonía en nuestros respectivas enfoques sobre formas de actuación. Realmente increíble.

De Juanjo, la conciencia renovada sobre la importancia de los detalles y de los matices: todo comunica.

De Antonio José, la potente idea de que luchar contra el cambio es luchar contra las personas, porque las personas somos cambio.

De Julen, me sorprendió y gustó mucho su enfoque coaching, abriendo perspectiva con preguntas potentes y sin caer en la tentación de dar respuestas.

De Alberto, el concepto nuevo de wifi emocional y la importancia de movilizar la inteligencia colectiva para aprovechar el verdadero potencial de las personas.

Por otra parte, reflexionando al día siguiente sobre el transcurrir del foro, surgió un interesante tema de discusión alrededor de la capacidad operativa de diversas estructuras organizativas. En concreto, se cuestionaba la capacidad de la estructura red para la consecución eficaz y eficiente de resultados y se planteaba la necesidad de recurrir a otras estructuras, en concreto al equipo, en este tipo de situaciones.

¿Y si no fuera así? ¿Qué posibilidad existe de que la estructura en red sea mucho más eficaz, flexible y eficiente que el equipo? ¿Hasta que punto es probable que lo que ocurre es que no sabemos trabajar en red porque nunca antes se ha trabajado así? ¿En qué medida no estamos simplemente resistiéndonos a un cambio significativo? ¿Qué pasaría si la nueva productividad no estuviera centrada en las organizaciones ni en los equipos y fuera simplemente una productividad colectiva centrada en las personas?

Logo redca
sigue este blog en feedly
FacileThings

Categorías