Cinco años de Consultoría Artesana

Y así, como quien no quiere la cosa, se han cumplido cinco años transitando por este camino artesano. Como resumen, y tomándole prestada la expresión a mi amigo y maestro Amalio Rey, 2016 ha sido un año espeso y raro también para mí.

En lo personal, el fallecimiento repentino de mi padre a principios de mayo ha supuesto un impacto, tanto inmediato como diferido, superior a lo imaginado. Aunque sabíamos desde hacía años que podía ocurrir en cualquier momento, hay cosas para las que nunca se está suficientemente preparado. En otro orden de cosas, cumplir 50 ha dado lugar a cambios de perspectiva y nuevas reflexiones en las que aún ando inmerso.

En lo profesional, el año comenzó mal. La cancelación de un volumen importante de talleres, en el último momento y ya sin margen para reaccionar, supuso un varapalo importante a la facturación del primer semestre. Ya había tenido experiencias parecidas con anterioridad, por lo que muy rara vez reservo fechas sin un pedido firmado. Esta era una de esas excepciones y el aprendizaje ha sido claro

Por otra parte, Jesús Serrano, amigo y compañero de OPTIMA LAB, me decía en primavera que tenía que «levantar el pie» y dejar su actividad en la red temporalmente en segundo plano, a fin de poder recuperar el equilibrio. Otro golpe importante, no solo por el aprecio personal que siento por Jesús, a quién me consta no le resultó nada fácil dar este paso, sino también porque es un activo muy importante de la red y con un enorme potencial.

Y para acabar con lo negativo, la consultoría en efectividad organizativa en general y la metodología OPTIMA12® en particular han sido dos de las grandes perjudicadas este año. Mi intención era haber dedicado más atención a este apartado, pero al final no ha podido ser. Veamos qué pasa en 2017…

Pero no todo iban a ser malas noticias. 2016 también ha tenido sus grandes y memorables momentos positivos. Por ejemplo, 2016 ha sido el año en el que, por primera vez, OPTIMA LAB ha impartido formación oficial de GTD en España. Poco después de que en marzo mi amigo y maestro Jerónimo Sánchez pasara una semana con David Allen y compañía, formándose como Master Trainer Certificado en GTD®,  se pudo hacer realidad nuestro sueño compartido: el primer curso de formación GTD oficial en España celebrado con éxito.

A partir de ahí, y bajo la atenta supervisión y constante ayuda de Jero, los demás nodos de OPTIMA LAB hemos estado trabajando de manera efectiva y sostenible en nuestros propios procesos de certificación, gracias a lo cual ya somos cinco los formadores certificados por la David Allen Company en España.

Al margen de las certificaciones, la aventura de traer GTD® oficial a España ha supuesto mucho trabajo y algunas decisiones difíciles. Como parte de este trabajo, hemos tenido que doblar videos; traducir y maquetar un buen montón de materiales; «montar» toda la estructura logística para gestionarlos, ya que parte de ellos procede directamente de USA pero el resto procede de otros cuatro proveedores locales; adaptar la oferta de servicios formativos, buscando la forma óptima de «paquetizarlos» para simplificar la elección a los clientes; definir la estructura de precios; y construir y mantener actualizada la web formaciongtd.com.

De todos modos, el principal reto al que nos hemos tenido que enfrentar ha sido convertir en «artesano» un producto eminentemente «industrial». Y no ha sido fácil. La formación oficial en GTD® es un producto global y, por lógica, la única forma de mantener su carácter global es limitando por completo cualquier tipo de modificación local de los materiales, exceptuando su traducción. La buena noticia es que los materiales son de excelente calidad pedagógica, así que todo perfecto por esta parte.

Afortunadamente, las actividades formativas oficiales de GTD® son mucho más que unos materiales y su diseño deja mucho espacio para que un buen formador pueda «enriquecer» aún más la experiencia de aprendizaje, aportando sus competencias, conocimiento y, sobre todo, su experiencia personal con el uso de la metodología, así que esa ha sido la vía en la que hemos centrado nuestros esfuerzos. La verdad es que estamos enormemente satisfechos con el resultado y, por lo que hemos podido comprobar hasta ahora, los clientes también.

En cuanto a las decisiones difíciles, he decidido retirar temporalmente los talleres de OPTIMA3® de nuestra oferta de servicios. Esta situación se mantendrá, como mínimo, durante 2017, y podría prolongarse uno o incluso dos años más.

OPTIMA3® surgió como «fork» de GTD®, pero ha seguido evolucionando y adquiriendo personalidad, hasta convertirse en una metodología distinta y con entidad propia. Hoy, OPTIMA3® es una metodología de segunda generación que comparte principios con GTD® e incorpora los avances más relevantes de los últimos años en efectividad personal.

Sin embargo, hasta ahora, OPTIMA3® había mantenido vínculos evidentes con GTD®, lo que de algún modo ha supuesto una limitación a su desarrollo completo. Esto ha dejado de tener sentido una vez que ya existe formación oficial de GTD® en España y por eso ahora quiero dedicar a la finalización de OPTIMA3® la atención que merece, y quiero hacerlo con tranquilidad, poco a poco, y sin prisas. Se irá viendo por aquí. En los últimos meses he ido compartiendo «trozos» de OPTIMA3® y mi intención es seguir haciéndolo.

Por lo que respecta a colaboraciones, durante 2016 he continuado un año más con Glocal Thinking, el blog de Meta4, y ya hemos acordado continuar trabajando juntos durante 2017. También he colaborado puntualmente con el blog de Ferrovial y con Sintetia, a la vez que participado en diversas entrevistas, podcasts y en el 4º Espacio Factor Humà, además de recibir el Premio del Foro RRHH de Foment a la ponencia mejor valorada de 2015.

En el aspecto económico, decía el año pasado que mi intención para 2016 era «abandonar por completo el modelo de distribución y utilizar únicamente un modelo basado en comisiones». Así ha sido. También decía que tenía intención de «dedicar menos tiempo a facturar, a fin de poder invertir más atención en proyectos a medio y largo plazo». También ha sido así. Reservé cuatro meses íntegros del año para dedicarlos a actividades no facturables. En consecuencia, la eficiencia «real» directa ha bajado del 47% al 28%, si bien es cierto que mirando nuestra eficiencia «interna», que es la que usamos como referencia, la reducción ha sido mucho menor: del 58% al 47% (sobre un máximo de 60%). A pesar de ello, y aun con el varapalo del primer semestre, ha sido un año muy bueno en facturación, con una cifra muy parecida a la del año pasado. Prácticamente toda la facturación de este año ha sido sin intermediarios, de ahí que la cifra se mantenga a pesar de haber bajado tanto la eficiencia.

Otro de los objetivos cumplidos en 2016 ha sido la certificación como Consultor en Roles de BELBIN®, donde tuve la oportunidad de compartir no solo curso sino también equipo con mi amiga Jane del Tronco, con quién volví a coincidir poco después para grabar una breve intervención sobre procrastinación para Miriada X.

De vuelta a lo personal, dos de mis grandes logros en 2016 han sido recuperar el hábito de la lectura diaria, algo que se me venía resistiendo durante los últimos años, y mantener una mayor regularidad con mis hábitos de sueño, sobre todo en cuanto a intentar dormir al menos 7 horas diarias. También he trabajado en eliminar tensiones, por lo que he reducido la frecuencia de publicación en el blog, que ha pasado de dos post semanales a uno. Me encanta escribir y quiero evitar que se convierta en una obligación.

Y, hablando del blog, ya no me atrevo a decir que la plantilla aquella de la que empecé a hablar hace años «está prácticamente terminada», porque seguro que no me crees. En mi descargo diré que, en realidad, la plantilla ya no tiene prácticamente nada que ver con la primera, puesto que ha evolucionado a través de varias versiones para convertirse en la plantilla común de OPTIMA LAB. Voy a cruzar los dedos para que el año que viene no tenga que volver a dar excusas 😛

De hecho, si algo me han enseñado los años es la inutilidad de hacer planes y establecer objetivos. Planificar entendido como pensar, prever, anticipar y prevenir sí ; planificar entendido como programar cuándo van a hacerse las cosas, no. Lo importante para mejorar la efectividad es definir bien los resultados, tener claro el propósito de los mismos y asegurar que las tendencias para cada uno son las que tienen que ser. Si el foco está en hacer bien cosas que aportan valor y tienen sentido, los resultados son por lo general los que tienen que ser.

Y poco más que compartir. Agradecer desde aquí, como siempre, a todas las personas con las que, de un modo u otro, he trabajado o colaborado durantes estos doce meses y, de forma muy especial, a mis buenos amigos de OPTIMA LAB: Paz, Jero, Jesús, David, Cruz y AJ. Cada nuevo año es una nueva oportunidad para seguir aprendiendo, construyendo y aportando en inmejorable compañía, como la tuya.

Aprovecha estos días. Desconecta mentalmente, abandona las viejas verdades y actualiza tu «cartografía mental». Muchas gracias por estar ahí un año más. Te deseo un Feliz Propósito y un mejor 2017. Un fuerte abrazo!

OPTIMA3: Tipos de enfoque para mejorar la efectividad

La mejora de la efectividad, tanto personal como organizativa, puede abordarse desde dos tipos de enfoque distintos y complementarios. Yo llamo a estos enfoques «micro-efectividad» y «macro-efectividad». Por otra parte, al hablar de «hábitos productivos», también podemos agruparlos en dos grandes grupos, en línea con los dos enfoques anteriores. Me refiero a los «macro-hábitos» y a los «micro-hábitos».

El primero de los enfoques, la «micro-efectividad», es el más sencillo y habitual, y tiene que ver con los aspectos más tácticos y operativos de la efectividad, es decir, tiene que ver con los «micro-hábitos» o, lo que es lo mismo, con los «cómos».

A este enfoque pertenecen lógicamente todos aquellos «micro-hábitos» cuya aplicabilidad y validez ha sido científicamente probada, pero también muchos «consejos de la abuela» que no sirven para nada y gran parte del falsamente llamado «sentido común». Dentro de este grupo se encuentran igualmente los «trucos productivos», que tanto gustan a los «expertos de salón», y toda la colección de recomendaciones simplistas y sin fundamento características de los «cursos de gestión del tiempo».

¡Ah! Y no podían faltar las «herramientas de productividad», tanto las pocas que son realmente útiles como esa gran mayoría de herramientas inútiles que hacen las delicias de los «friki-tontos». Para que se entienda, una «herramienta de productividad» es inútil cuando solo sirve para hacer las cosas de manera menos eficaz y menos eficiente de como ya las haces y un «friki-tonto» es el que disfruta tanto jugando con herramientas que no se da cuenta de lo anterior.

El segundo de los enfoques, la «macro-efectividad», es mucho más potente y mucho menos habitual que el anterior, y tiene que ver con los aspectos más estratégicos y conceptuales de la efectividad, es decir, tiene que ver con los «macro-hábitos» o, lo que es lo mismo, con los «qués».

A este enfoque pertenecen los «macro-hábitos» contrastados sistemáticamente por los últimos avances en neurociencia y sobre los que se han desarrollado las metodologías más solventes e innovadoras en efectividad personal y organizativa de este siglo. Este nivel suele ser, por lo general, «terreno inexplorado» para la «gestión del tiempo», los «expertos de salón» y los «friki-tontos».

Vamos a ver estos dos enfoques con un ejemplo que probablemente conozcas: la «regla de los dos minutos» de GTD®.

Un principio productivo es «entre varias alternativas de igual eficacia, la más eficiente es la más efectiva». O, dicho de otro modo, «de las distintas formas de alcanzar un mismo resultado, la mejor es la que menos recursos necesita». El «macro-hábito» general asociado a este principio productivo sería «de entre varias alternativas de igual eficacia, elige siempre la más eficiente». Otro principio productivo es «la multitarea solo sirve para hacer mal más cosas a la vez». El «macro-hábito» asociado sería «trabaja siempre en monotarea».

Si «aclarar» el contenido de tus bandejas de entrada es un trabajo eminentemente intelectual, para el que se activa el pensamiento lento, analítico, reflexivo y orientado a decisiones, y «ejecutar» consiste en elegir de forma intuitiva entre decisiones tomadas previamente y llevarlas a cabo, un trabajo que activa el pensamiento rápido, dinámico, ejecutivo, orientado a la acción y al resultado, podríamos pensar que la «regla de los dos minutos» es una mala idea, ya que nos está incitando a trabajar en modo multitarea, al estar alternando entre dos actividades sustancialmente distintas. ¿Qué pasa aquí?

Si vas a tardar más en ejecutar ahora una decisión que en organizarla en tu sistema, y revisarla posteriormente, lo correcto es aplazar su ejecución, ya que la pérdida de efectividad asociada a la multitarea es mucho mayor que cualquier ganancia de efectividad derivada de ejecutarla de inmediato. Sin embargo, si vas a tardar más en organizar en tu sistema lo que acabas de decidir, y en revisarlo posteriormente, de lo que tardarías en ejecutarlo ahora, lo correcto es ejecutarlo de inmediato. Esto es así porque el impacto a nivel multitarea de ejecutar algo que requiere tan solo unos segundos es mínimo y, si asumimos que el valor de lo que vas a hacer es idéntico lo hagas ahora o más adelante, el coste de organizar esa decisión en tu sistema, y de tener que revisarla hasta su ejecución, está claramente injustificado.

Por eso, y a pesar de las apariencias, la «regla de los dos minutos» es un «micro-hábito» correcto y coherente con los dos principios productivos anteriores. De hecho, este «micro-hábito» es en realidad una metáfora y podría haberse llamado igualmente la «regla de los 99 segundos» o el «principio del minuto y medio» sin perder validez desde el punto de vista de la «macro-efectividad».

Aunque lo que produce resultados es conocer, entender y aplicar los principios productivos que componen la «macro-efectividad», es decir, los «qués», entender y trabajar bien al nivel de la «micro-efectividad» es muy importante. Las propuestas relativas a los principios productivos, o sea, las propuestas concretas sobre «cómo» aplicarlos, afectan directamente a la comprensión y aplicación de dichos principios y, con ello, a los resultados. Por ejemplo, uno de los riesgos de la «regla de los dos minutos» es que muchas personas la interpretan como «regla de si vas a tardar poco», lo cual tiene a menudo consecuencias desastrosas desde el punto de vista de la efectividad. En mi experiencia, otras expresiones alternativas del mismo principio como, por ejemplo, «regla de los 10 segundos», habrían sido igualmente válidas desde el punto de vista de la «macro-efectividad» y menos fáciles de malinterpretar.

En línea con todo lo anterior, y consciente del papel clave que juegan tanto la «macro-efectividad» como la «micro-efectividad», el desarrollo de la metodología OPTIMA3® se ha bifurcado en sus últimos tiempos en dos líneas de trabajo paralelas y complementarias:

  • OPTIMA3® Framework ➜ «macro-efectividad»
  • OPTIMA3® System ➜ «micro-efectividad»

La primera, OPTIMA3 Framework, es un trabajo de largo alcance que intenta recopilar todos los principios productivos existentes, y sus correspondientes «macro-hábitos» («qués»), aplicables a la mejora de la efectividad personal y cuya validez ha sido contrastada. En OPTIMA3 Framework, los nombres de los «qués» son irrelevantes, ya que lo realmente importante es entender su esencia. La idea con la que estoy desarrollando este framework es que sea algo bastante estable a lo largo del tiempo, en línea con la propia naturaleza de los principios productivos. En consecuencia, los únicos cambios esperados en el Framework son los derivados de nuevos descubrimientos científicos que puedan surgir en el campo de las neurociencias aplicadas al rendimiento humano.

La segunda, OPTIMA3 System, es la propuesta concreta actual de «micro-hábitos» («cómos») que permiten sacar el máximo partido a los «macro-hábitos» («qués»). Digo «actual» porque irá cambiando con el tiempo. A diferencia de lo que ocurre con el Framework, el System nació con vocación de «beta intermitente», que diría mi amigo y maestro Amalio Rey, y por eso es, y va a seguir siendo, enormemente experimental. Por ejemplo, los conceptos de OPTIMA3® que he ido explicando en el blog tienen nombres «raros» intencionalmente – algún día explicaré por qué – y muy probablemente irán cambiando con el tiempo. Del mismo modo, las propuestas que voy compartiendo por aquí son las actuales en el momento de escribir sobre ellas, es decir, son instantáneas en un proceso evolutivo que va a continuar.

El desarrollo de OPTIMA3 es un proyecto continuo a largo plazo, sin fechas objetivo, en el que solo importa la calidad del resultado. Afortunadamente estoy acompañado en este camino por los mejores beta-testers que podría imaginar: mis amigos y colegas artesanos de OPTIMA LAB, todos ellos usuarios avanzados, consultores expertos y facilitadores profesionales especializados en efectividad personal, que constantemente me proponen ideas, descubren conceptos, ofrecen alternativas, cuestionan planteamientos y, sobre todo, proporcionan feedback desde la aplicación práctica y diaria de la metodología. Más de 500.000 horas de experiencia al servicio de la innovación en efectividad. ¿Se puede pedir más?

OPTIMA3: De las «listas» a las «vistas»

La verdad sobre la «lista de tareas» es uno de esos secretos a voces que nadie quiere reconocer pero todo el mundo sabe: las listas únicas de tareas son de escasa utilidad. Sobre esto se ha escrito bastante y se ha explicado con todo lujo de detalle por qué. Si quieres saber más, David Sánchez te lo cuenta claramente en «No uses una lista única de tareas». Si después de leerlo te sigue quedando alguna duda, Jerónimo Sánchez explica en este post «Por qué las listas de tareas no funcionan» y, si todavía no lo tienes claro, entender cuál es «El ingrediente secreto para organizar con efectividad» puede darte las respuestas que te falten.

Por cierto, nada de lo anterior es opinable. Tampoco va de «es que yo prefiero» o «es que a mí me funciona mejor». Todo eso son simples creencias sin fundamento y un puñado de excusas para seguir sin cambiar. Si de verdad quieres mejorar tu efectividad, vas a tener que dejar a un lado la productividad basura de la «gestión del tiempo», porque aquí estamos hablando de cosas que, aunque a lo mejor son poco divertidas y conllevan un esfuerzo, sí que funcionan y están basadas en evidencias científicas.

Una de las aportaciones magistrales de David Allen al campo de la mejora profesional de la productividad personal es plantear un sistema de organización basado en múltiples «listas» (eso sí, únicamente las necesarias). Y aquí empieza lo divertido porque, para Allen, es decir, en GTD®, una «lista» es algo distinto de lo que tú probablemente crees que es. Transcribo a continuación las palabras textuales de Allen: «When I refer to “lists”, I just mean some sort of reviewable set of reminders», es decir, «Cuando me refiero a “listas”, sólo quiero decir algún tipo de conjunto revisable de recordatorios».

Siguiendo esta lógica, tanto las «bandejas de entrada» como el «calendario» son listas en GTD®, ya que una «bandeja de entrada» es un «conjunto de recordatorios revisables de cosas pendientes de aclarar», y el «calendario» es un «conjunto de recordatorios revisables de cosas que tengo que hacer o tener en cuenta en un día concreto». ¿Más claro ahora?

Acceder únicamente a la información útil y relevante para lo que puedes hacer en cada momento es una forma rápida y sencilla de mejorar simultáneamente tu eficacia y tu eficiencia, es decir, tu efectividad. Este es uno de los motivos por los que GTD® funciona (cuando de verdad lo aplicas) y funciona tan bien.

Una de las características de GTD® es que los elementos pueden estar únicamente en una lista. Por ejemplo, algo pendiente de aclarar solo puede estar en una «bandeja de entrada», del mismo modo que algo que se ha decidido incubar solo puede estar en una «lista algún día/tal vez». Incluso en el caso de que una siguiente acción pueda completarse en distintos contextos, seguirá estando en una única lista: la «lista de siguientes acciones». Esta forma de agrupar en categorías con un significado homogéneo, es decir, esta forma de organizar, es sin duda muy potente a la hora de «revisar para decidir qué hacer», pero lo es menos a la hora de «revisar para mantener la fiabilidad del sistema» y todavía menos al «revisar para ganar perspectiva y ser proactivos».

Por otra parte, una de las premisas de las que parte la metodología de efectividad personal OPTIMA3® es que «la calidad de las decisiones que tomas depende de la calidad de la información que utilizas para tomarlas». Si lo piensas un momento, tomar buenas decisiones a partir de información errónea, obsoleta o incompleta es realmente difícil. Sin embargo, muchas personas toman constantemente decisiones teniendo en cuenta únicamente sus suposiciones, lo que explica muchas de las cosas que vemos a diario.

Teniendo en cuenta la premisa anterior, OPTIMA3® incorpora diversos elementos orientados específicamente a mejorar la calidad de nuestros procesos de toma de decisiones. Uno de ellos es poder acceder a unos mismos datos desde distintas perspectivas, ya que eso permite extraer de ellos mucha más información útil y relevante. La herramienta que permite esto se llama «vista», un concepto muy potente que procede de la teoría de bases de datos, y que podríamos traducir como «forma específica de ver una serie de datos».

Por poner un ejemplo. Imagina que tienes una tienda de zapatos y que usas una base de datos para gestionarla. En una tabla de la base de datos tienes los modelos de zapatos que vendes, junto con los datos de cada modelo. En otra tabla tienes los proveedores a los que compras zapatos, junto con los datos de cada proveedor. Y en otra tabla tienes los pedidos que haces, que combina modelos y proveedores junto con los datos de cada pedido. Ahora imagina que quieres ver cuántos pedidos de un modelo concreto te ha servido cada proveedor en el último año. Para obtener esa información puedes recorrerte todos los datos de la tabla de pedidos – extrayendo los que necesitas – o podrías ejecutar lo que en teoría de bases de datos se llama una «consulta». Así, utilizando el lenguaje de bases de datos apropiado, obtendrías de manera inmediata la información que necesitas, y únicamente esa información, sin tener que revisar todos los datos. Una ventaja adicional es que esta información es una especie de «foto» que se genera a partir de los datos, pero sin tocar los datos ni su estructura. A esta información es a lo que se llama «vista».

En GTD®, los recordatorios resultantes de aclarar o procesar los elementos de la bandeja de entrada se organizan en «listas». Utilizando el ejemplo anterior de los zapatos, podríamos decir que los recordatorios de GTD® se organizan en «tablas». Así, la «lista a la espera» sería la «tabla de recordatorios revisables de cosas que estás esperando de otras personas», al igual que la «lista de proyectos» sería la «tabla de recordatorios de resultados en los que estás trabajando actualmente y que vas a conseguir en menos de un año». De acuerdo con esto, cuando revisas tu sistema GTD®, tanto si es para decidir qué hacer como si es para mantener la fiabilidad del sistema, siempre vas a revisar «tablas». Sin embargo, si se trata de revisar para ganar perspectiva y ser proactivos, en la propuesta de herramienta de organización que hace GTD® solo hay «tablas» para las siguientes acciones y los proyectos, quedando por tanto sin «tabla» las áreas de enfoque y responsabilidad, las metas y objetivos, y la visión.

En OPTIMA3®, el planteamiento es completamente distinto. Los recordatorios resultantes de «pensar y decidir» sobre los elementos de la bandeja de entrada se organizan por áreas de atención. Esto significa que todo lo que pertenece a una misma área de atención se organiza en un mismo sitio, es decir, en una única «tabla», independientemente de que se trate de una UPA, un RAT, algo que tienen que hacer otras personas, algo perteneciente a Esta Semana No (ESN), o cualquier otra cosa, como por ejemplo, la visión a largo plazo del área, los Resultados Finales Tachables (RFT), las Rutinas y los MASS.

Esta nueva forma de organizar los recordatorios resultantes de «pensar y decidir» facilita mucho las revisiones para ganar perspectiva y ser proactivos, ya que ofrece de manera centralizada toda la información relevante para cada área de atención. Sin embargo, esta estructura organizativa es poco útil para decidir qué hacer en cada momento y por eso necesitamos las «vistas». Una ventaja adicional de las «vistas» es que van a contribuir también a que las revisiones para mantener la fiabilidad del sistema sean mucho más rápidas y sencillas.

Para poder utilizar «vistas», cada elemento organizado en un área de atención debe tener al menos una «etiqueta» que permita extraerlo y agruparlo posteriormente en una «lista». Algunos ejemplos de estas etiquetas serían #RAT, para Resultados Alcanzables Tachables, o #ESN para Esta Semana No. Y si se trata de una UPA, las etiquetas asociadas a las COE correspondientes. Por ejemplo, si es algo con una fecha objetiva que tienes que hacer tú ➜ #FOC (Fechas Objetivas Concretas) y si es algo que tiene que hacer otra persona ➜ #LHO (Lo Hacen Otros). De este modo, si por ejemplo quisiera obtener de manera dinámica la «lista» de cosas que tengo que hacer en fechas objetivas concretas, podría «filtrar» el contenido de todas mis «tablas» de áreas de atención haciendo una «consulta» que eligiera únicamente los elementos con la «etiqueta» #FOC (Fechas Objetivas Concretas).

OPTIMA3® propone una estructura inicial de contenidos para las áreas de atención, así como una serie de «vistas» por defecto sobre las que empezar a trabajar. También explica cómo afecta esta nueva forma de organizar de cara a los distintos tipos de revisión. Escribiré sobre todo esto con detalle en posts específicos dedicados al respecto. Lo importante por ahora es entender que, en OPTIMA3®, los datos que resultan de «pensar y decidir» se organizan en las «áreas de atención» (que vendrían a ser las nuevas «tablas») mientras que las «listas» que se usan en GTD® para decidir qué hacer son sustituidas por «vistas», las cuales se generan dinámicamente mediante «consultas» sobre «etiquetas».

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