La incompetencia, aunque feliz, sigue siendo incompetencia

«Existe un desajuste entre lo que la ciencia sabe y lo que hacen las organizaciones.
Y lo que me preocupa es que demasiadas organizaciones siguen tomando sus decisiones y definiendo sus políticas sobre talento y personas basándose en suposiciones anticuadas, que nunca han sido validadas y que están arraigadas más en el folclore que en la ciencia. Si realmente queremos salir de la actual situación económica, y si realmente queremos obtener un alto rendimiento en esas tareas características del siglo XXI, la solución no es hacer más cosas equivocadas, ni atraer a la gente con una zanahoria más dulce ni amenazarla con un palo más duro.
Necesitamos un enfoque totalmente nuevo.»

Daniel Pink

Aunque parece que la moda ya se está pasando, todavía existe un cierto debate en el mundo de los Recursos Humanos sobre la relación entre felicidad y efectividad y, en concreto, quiénes afirman que hacer a las personas más felices las hace más efectivas.

Al igual que la «gestión del tiempo», este debate es uno de los muchos ejemplos a los que se refería (hace ya 10 años!) Daniel Pink en la charla TED a la que pertenece la cita que encabeza este post: una suposición nunca validada y más arraigada en el folclore que en la ciencia.

Sí, es verdad que algunas pequeñas consultoras han intentado dotar de un cierto rigor científico a estas afirmaciones con supuestos estudios académicos, de dudoso rigor metodológico, cuyos resultados cuestiono por completo.

Pero, al  margen de estas desesperadas artimañas publicitarias, lo cierto es que no he visto todavía ni un solo estudio que demuestre que se puede hacer a una persona más efectiva simplemente haciéndola más feliz.

Si queremos mantener un debate serio y riguroso sobre este tema, lo primero que hay que tener claro es de qué estamos exactamente hablando cuando decimos que, a más felicidad, más productividad.

Lo segundo que hay que tener presente es que hay mucha diferencia entre lo que la gente cree que le hace feliz y lo que realmente le hace feliz.

Este hecho lo ha demostrado Paul Dolan, uno de los grandes expertos sobre el tema y discípulo de Kahneman, cuyas propias investigaciones confirman los resultados de Dolan.

Esto nos lleva a que la mayoría de las formas tradicionales de medir la felicidad son escasamente fiables y, en consecuencia, invalida todos los estudios que supuestamente demuestran que hacer a la gente feliz la hace más productiva.

Un tercer factor a tener en cuenta es el ámbito al que nos estamos refiriendo porque la felicidad es en gran parte contextual. Y en este debate estamos hablando únicamente del nivel superior de la Pirámide de Maslow.

Un cuarto factor imprescindible es entender que solo tiene sentido movernos en la zona de influencia, es decir, en la parte de la felicidad que está en la mano de la persona cambiar.

Esto es importante, porque hay factores externos que influyen positiva o negativamente en la felicidad y que, obviamente, quedan fuera de este debate.

Aclarado lo anterior, Paul Dolan nos dice que la felicidad es resultado de dos elementos, el placer y el propósito.

Hay cosas que nos hacen felices porque son placenteras, como disfrutar de una cena con amigos.

Otras cosas nos hacen felices porque cumplen un propósito, y por tanto hacerlas tiene sentido para nosotros (pintar tu casa probablemente sea poco placentero, pero disfrutar de tu casa pintada sí lo es, y por eso la pintas).

Aquí ya tenemos una pista para diferenciar la calidad de las iniciativas destinadas a aumentar la felicidad de las personas en las organizaciones.

Si las iniciativas están orientadas a «lo fácil», que es aumentar el porcentaje de actividades placenteras, ya sabemos que estamos ante una tomadura de pelo.

Sí, probablemente las personas de la organización van a ser un poco más felices durante un tiempo, pero su efectividad será exactamente la misma antes y después.

Efectividad es hacer bien las cosas correctas, y llevar a cabo más o menos actividades placenteras tiene un impacto nulo a la hora de hacer mejor lo que se hace o de elegir mejor qué hacer en cada momento.

Por el contrario, tanto Daniel Pink, como Dolan, como Csíkszentmihályi y el resto de expertos en el tema, sí establecen una correlación entre felicidad y determinados comportamientos concretos.

Algunos de estos comportamientos cuya adopción sí correlaciona con una mayor felicidad son elegir con confianza qué tiene más sentido hacer en cada momento o enfocarse al 100% en la tarea, «estando a lo que estás».

La efectividad personal es una competencia transversal clave para lograr resultados, es decir, un conjunto de comportamientos observables y habituales.

La mayoría de los comportamientos que integran esta competencia transversal están encaminados precisamente a que las personas elijan y se centren en cada momento en lo más relevante.

Enseñar a las personas estos comportamientos que mejoran su efectividad personal sí tiene una consecuencia directa en su productividad y en su felicidad.

Porque la efectividad consiste precisamente en lograr resultados relevantes de manera eficiente (tanto personales como profesionales).

En consecuencia, una persona efectiva es por definición una persona que logra más resultados relevantes que otra que no lo es.

Lograr resultados relevantes significa lograr resultados con propósito, que es uno de los elementos clave de la felicidad.

Por eso las personas más efectivas son personas más felices y, por la misma razón, invertir en que las personas desarrollen su competencia en efectividad personal es invertir en hacerlas felices de forma duradera y sostenible.

Por el contrario, invertir en actividades placenteras también las hace felices, pero se trata de una felicidad efímera y poco sostenible, con nulo impacto en el desarrollo competencial de su efectividad personal.

Serán más felices, sí, pero igual de incompetentes. Y la incompetencia, aunque feliz, sigue siendo incompetencia.

7 causas del éxito|fracaso con GTD®

GTD® es una metodología sencilla, potente y adaptable, para ganar enfoque y mantener la sensación de control en un mundo en constante cambio.

Su flexibilidad la hace útil para cualquier persona que tenga más trabajo que hacer que tiempo para hacerlo y un mínimo grado de autonomía personal.

La formación GTD® oficial es una alternativa de eficacia probada que facilita la organización y gestión personal de los profesionales, contribuye a eliminar el estrés y mejora la eficiencia de las personas y la competitividad de las organizaciones.

En estas formaciones se proponen mejores prácticas fácilmente aplicables, se plantean comportamientos concretos y se ofrecen estrategias contrastadas para eliminar distracciones, gestionar interrupciones y que las personas se enfoquen en las cosas más significativas.

A día de hoy, somos ya millones las personas que usamos GTD® y nos beneficiamos de las múltiples ventajas que ello supone.

A pesar de este hecho, todavía hay quienes insisten en que GTD® «es difícil» o «no es para todo el mundo».

Como puedes imaginar, yo estoy completamente en desacuerdo con este tipo de afirmaciones.

Lo estoy porque durante mis casi 15 años de experiencia como usuario de la metodología, y después de haber facilitado su aprendizaje a miles de personas, tengo muy claro qué marca la diferencia entre quiénes logran implantar GTD® con éxito en su vida y quienes fracasan en el intento.

Una causa, según la R.A.E. es el fundamento u origen de algo.

Y la noticia, buena o mala, según se quiera interpretar, es que las causas del éxito o fracaso con GTD® son independientes de la herramienta que se elija, del jefe o jefa que se tenga, de la organización o actividad en la que se trabaje y, en general, independientes de cualquier factor externo.

Veamos cuales son estas 7 causas:

1. Claridad | Confusión

A la hora de implantar una metodología, la claridad de conceptos lo es todo.

Es imposible aplicar bien algo que ignoramos, sobre todo si creemos que lo sabemos.

Prácticamente a diario leo o escucho afirmaciones sobre GTD® que nada tienen que ver con GTD® y que con frecuencia son auténticas barbaridades.

A pesar de ello, en la inmensa mayoría de los casos, estoy convencido de que son afirmaciones bienintencionadas y que las personas que las hacen creen que lo que dicen es realmente así.

Las claves para tener claridad de conceptos son:

  • Asegurarte de que tus fuentes de información son fiables.
  • Mantener siempre alerta tu sentido crítico.
  • Confirmar, en lugar de suponer, que lo que entiendes lo has entendido bien.

2. Realismo | Fantasía

Otra causa del éxito | fracaso con GTD® es la calidad de las expectativas.

La mayoría de las personas que se acercan a GTD® lo hace con expectativas erróneas.

Solemos pecar de un optimismo completamente infundado, y creemos ingenuamente que con un par de trucos y una buena herramienta podemos solucionar rápida y fácilmente nuestros problemas.

En este sentido, la #productividadbasura y la obsoleta «gestión del tiempo» han hecho, y siguen haciendo, muchísimo daño.

Ser realistas significa entender y asimilar que mejorar la efectividad personal conlleva desarrollar una competencia transversal clave para lograr resultados.

Y, como todo el mundo sabe, desarrollar cualquier competencia es un proceso que requiere de un esfuerzo y una inversión importante de recursos por nuestra parte.

3. Paciencia | Impaciencia

Nos gusta la inmediatez y nuestro entorno evoluciona constantemente hacia satisfacer ese deseo.

A pesar de ello, hay cosas que, nos guste o no, simplemente llevan tiempo.

Mejorar la efectividad personal es una de ellas, porque nadie es capaz de cambiar sus comportamientos de la noche a la mañana.

Del mismo modo que nadie aprende un nuevo idioma ni a tocar un instrumento en unos días, unas semanas, o unos meses, nadie implanta GTD® con éxito en su vida con solo leer un libro o asistir a un curso.

Mejorar la efectividad personal lleva tiempo. De nada sirve empezar con mucho ímpetu si al cabo de unos días, unas semanas, o incluso unos meses, se abandona todo y se vuelve a «lo de siempre».

4. Resiliencia | Fragilidad

La resiliencia es una cualidad tan valiosa como escasa. Es lo que permite que un muelle recupere su forma original después de comprimirse, o que una espiga de trigo se doble casi 90º en lugar de quebrarse, para luego recuperar su forma original.

Ser resiliente significa ser capaz de superar los obstáculos y las situaciones difíciles y continuar como si tal cosa.

En el camino para dominar GTD® hay triunfos y fracasos. Momentos en los que todo parece ir sobre ruedas y momentos en los que todo parece ir contra ti.

Ten por seguro una cosa. Si aplicas GTD®, te vas a «caer de la tabla».

Te vas a caer como nos hemos caído todos. «Caerse» es parte del proceso de transformación y aprendizaje que mencionaba antes. Y lo es hasta tal punto que, si nunca te caes, es que no estás usando GTD®.

Hay mucha gente que abandona GTD® porque se cae y es incapaz de «volver a subirse a la tabla».

Las excusas son múltiples, y todas ellas igual de infundadas. Que si «GTD® no es para mí», que si «GTD® es muy rígido», o que «es que no doy con la herramienta que necesito para que me funcione GTD®…».

Lo cierto es que hay muchas personas cuyo «umbral de frustración» es realmente bajo y abandonan ante la mínima dificultad.

Mejorar la efectividad personal conlleva irremisiblemente caídas, errores y frustraciones y eso requiere resiliencia. Tenlo claro antes de empezar, y luego no eches la culpa al mundo por tu fragilidad.

5. Perseverancia | Inconstancia

Casi todo el mundo sabe y es capaz de insistir. El problema es que resulta mucho más fácil insistir mal que insistir bien.

Por eso, insistir puede ser una fortaleza o una amenaza para tu efectividad.

Mejorar la efectividad consiste, básicamente, en hacer las cosas de manera distinta, ya que esta es la única forma de lograr resultados distintos.

El reto de aplicar GTD® es que «lo que nos sale» de manera natural es insistir en seguir haciendo las cosas como siempre las hemos hecho.

Aplicar GTD® durante unos días, unas semanas o unos meses es insuficiente. Hay que insistir lo necesario para generar el hábito.

Perseverar significa insistir en hacer las cosas de manera distinta durante el tiempo suficiente para que lo nuevo se convierta en lo habitual.

Sin perseverancia es imposible desarrollar ninguna competencia, da igual la que sea. Si quieres dominar GTD®, te va a tocar insistir, y mucho, hasta que aplicarlo sea «lo que te sale» de forma natural.

6. Compromiso | Intención

Son muchas las personas que dicen «compromiso» cuando en realidad quieren decir «intención».

La efectividad se demuestra en los resultados. Si no hay resultados, no hay efectividad.

Somos nuestras acciones. Nuestros deseos, intenciones, declaraciones, promesas, planes… Se quedan en nada si no van acompañados de «hechos».

De nada sirve que digas que tienes el compromiso de hacer tu revisión semanal si luego cualquier excusa es buena para saltártela. Eso significa que en lugar del «compromiso» de hacerla, únicamente tenías la «intención» de hacerla.

La medida de tu compromiso es lo que haces.

Tenlo presente: aprender GTD® implica recorrer un largo camino de transformación personal en el que el principal factor de éxito es nuestro compromiso incondicional con el proceso.

7. Humildad | Arrogancia

He dejado para el final la que probablemente sea la más importante de todas las causas para el éxito | fracaso con GTD®.

La humildad es fundamental para el éxito con GTD® porque tiene que ver con todas las causas anteriores.

Necesitamos ser conscientes de cuánto sabemos realmente y de cuánto ignoramos. Necesitamos ser conscientes de cuál es nuestra verdadera capacidad, de nuestras fortalezas y debilidades.

Y, sobre todo, tenemos que ser conscientes de que simplemente somos una persona más, idéntica en un 99% al resto de personas de este planeta.

A todo el mundo le gusta sentirse exclusivo, único e irrepetible. Pues lo siento. Todo lo que tú piensas, crees, haces o sientes, lo piensan, creen, hacen y sienten millones de personas, y lleva siendo así desde los orígenes de la Humanidad.

Comentarios como «GTD® no es para mí» denotan, entre otras cosas, una arrogancia sin límite. A ver. ¿Por qué no es para ti? ¿Acaso eres el único ser humano libre de sesgos cognitivos? ¿Nunca se te ha olvidado nada? ¿Nunca has sentido estrés? ¿Jamás has procrastinado? Venga, un poco de seriedad, por favor.

GTD® es una metodología basada en principios productivos universales, válidos para cualquier persona.

Nadie empeora su efectividad por aprovechar sus niveles de energía, revisar regularmente sus compromisos, o externalizar los recordatorios en un sistema externo de confianza.

Cada persona es libre de decidir si quiere o no quiere implantar GTD® en su vida, pero si decide hacerlo, tiene que saber que no es gratis, que hay un camino por recorrer y unos requisitos para hacerlo con garantías.

Las personas que tienen claros los conceptos, son realistas, ejercitan su paciencia, son resilientes, perseveran, están realmente comprometidas y son humildes, logran implantar GTD® con éxito en sus vidas.

Las que no se enteran (confusión), creen que el mundo es de color rosa (fantasía), no dedican el tiempo necesario a las cosas (impaciencia), abandonan ante el menor obstáculo (fragilidad), son incapaces de mantener un esfuerzo de forma sostenida en el tiempo (inconstancia) o confunden sus compromisos con sus intenciones, fracasan en el intento.

En esta aventura, GTD® es un simple observador, completamente al margen de si esa persona hace las cosas bien o mal. Ni tiene el mérito de su éxito ni tampoco la culpa de su fracaso.

Las 7 causas del éxito o fracaso con GTD® son única y exclusivamente responsabilidad tuya, y por tanto está en tu mano convertir estas causas en recursos para triunfar o lastres para fracasar.

Óptima Infinito cumple 11 años

Mañana, día 1 de junio, Óptima Infinito cumple 11 años y, en esta ocasión, he decidido adelantarme un día para celebrarlo.

Reflexionando un poco sobre todo este tiempo, y también pensando en el futuro, lo cierto es que me cuesta imaginarme a mí mismo sin este blog.

Escribir para pensar y pensar para escribir se ha convertido en un hábito y, si en algún momento dejara de hacerlo, estoy seguro de que lo echaría de menos. De hecho, esto es lo que me suele pasar todos los años en la última parte de las vacaciones veraniegas: que me entra «mono» de escribir 🙂

Aunque este año los números han roto la trayectoria de los últimos años (te explicaré por qué en un momento), estoy muy contento con el blog.

Han sido cerca de 40 posts, y entre ellos están algunos de los mejores artículos que he escrito desde que comencé allá por 2008. «Mejores» para mí, claro está.

Yo destacaría algunos posts «de alcance» sobre metodología GTD® – podría incluso calificarlos como «master classes» – y también algunas reflexiones sobre efectividad y los diversos factores que influyen en ella y la condicionan.

Curiosamente, este último año no he escrito nada sobre mi metodología de efectividad personal OPTIMA3®.

En contra de lo que esto pueda parecer o indicar, OPTIMA3® está más viva que nunca. De hecho, durante los últimos meses he realizado grandes avances, y también he incorporado muchos cambios.

Me atrevería a decir que OPTIMA3® ha llegado a un punto de madurez suficiente como para poder ir pensando en serio en escribir un libro sobre ella (aunque seguramente serán dos). Un buen indicio de ello, probablemente el más importante, es que me apetece mucho empezar a hacerlo.

En cuanto a las tradicionales estadísticas, este año son bastante más moderadas que en años anteriores.

Tengo que admitir que este blog se ha quedado técnicamente «viejuno» y eso se nota.

En concreto, Google me está penalizando fuertemente en los últimos meses por el hecho de no tener todavía activadas las conexiones seguras (https://).

Esta penalización se ha acusado sobre todo en las visitas orgánicas (las procedentes de búsquedas de Google), que son la principal fuente de tráfico. Lógicamente, el aumento de suscriptores también se ha visto afectado negativamente.

Así, en feedly he pasado de los 5.000 suscriptores del año pasado a 5.110 a día de hoy, un ligero incremento del 2%. Esta cifra, sumada a las suscripciones por email, y a las suscripciones con otros lectores de RSS distintos de feedly, totaliza unos 7.650 suscriptores, lo que en la práctica significa apenas un 1% más que el año pasado.

Por otra parte, el tráfico ha experimentado un importante descenso, por las razones técnicas que antes indicaba. El número de usuarios únicos pasa de los 256.000 del año pasado a 223.000 (-13%), mientras que el número de páginas vistas ha bajado de 813.000 a 688.000 (-18%).

Por otra parte, esto mismo ya ha pasado antes, en años anteriores, y luego la recuperación ha sido total y espectacular, así que reconozco que no me preocupa demasiado.

Además, ya estamos trabajando en diversas iniciativas para que este blog se renueve técnica y estéticamente por completo y quede «a la última».

Las cifras del año que viene nos dirán si estoy en lo cierto, y el descenso se debe a circunstancias técnicas o si, por el contrario, la temática del blog está despertando menos interés que antes, en cuyo caso habría que darle una vuelta al tema, por si tuviera sentido introducir cambios.

Llegados a este punto es cuando pido disculpas un año más por no haber cambiado todavía la plantilla del blog y prometo que el año que viene habrá cambiado. Este año voy a arriesgarme nuevamente a quedar mal 😀

La famosa plantilla, que llevaba preparada un par de años, ha quedado una vez más obsoleta antes de estrenarla. En realidad, te estoy hablando de la tercera versión de la plantilla. Sí, la tercera vez que se nos queda obsoleta antes de estrenarla; resulta patético, lo sé.

A estas alturas tengo muy claro que querer aprovechar el necesario cambio de plantilla de este blog para implantar una plantilla común para OPTIMA LAB fue una decisión totalmente errónea por mi parte (¡y muy costosa en términos económicos!).

Debí cambiar la plantilla cuando tuve disponible su primera versión terminada, allá por 2014… Pero bueno, ya no hay vuelta atrás y ahora lo único que importa es cambiarla de una vez por todas.

Cambiando de tema, en pocas semanas tendrá lugar la GTD Summit 2019, en Ámsterdam. Intuyo que, probablemente, será una de las últimas ocasiones para ver al maestro David Allen en acción, así que estoy deseando aprovecharla y contando los días para que llegue el momento. Si te animas, aún estás a tiempo de asistir. Si lo haces, avísame para que nos veamos.

Por mi parte, escribiré una crónica sobre este evento, que promete ser memorable. Con ella, cuando la publique a finales de junio, pondré fin a este «curso académico» y me despediré de ti hasta septiembre, para tomarme el tradicional descanso veraniego en el que seguir «afilando la sierra», que diría el maestro Covey (y quién sabe, igual también empiezo a escribir sobre OPTIMA3®…)

Poco más que añadir por ahora. Solo me queda darte las gracias una vez más por estar ahí y seguir siendo un elemento imprescindible de este gran proyecto de aprendizaje que es Óptima Infinito. Un abrazo fuerte!

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