OPTIMA3: Tipos de enfoque para mejorar la efectividad

La mejora de la efectividad, tanto personal como organizativa, puede abordarse desde dos tipos de enfoque distintos y complementarios. Yo llamo a estos enfoques «micro-efectividad» y «macro-efectividad». Por otra parte, al hablar de «hábitos productivos», también podemos agruparlos en dos grandes grupos, en línea con los dos enfoques anteriores. Me refiero a los «macro-hábitos» y a los «micro-hábitos».

El primero de los enfoques, la «micro-efectividad», es el más sencillo y habitual, y tiene que ver con los aspectos más tácticos y operativos de la efectividad, es decir, tiene que ver con los «micro-hábitos» o, lo que es lo mismo, con los «cómos».

A este enfoque pertenecen lógicamente todos aquellos «micro-hábitos» cuya aplicabilidad y validez ha sido científicamente probada, pero también muchos «consejos de la abuela» que no sirven para nada y gran parte del falsamente llamado «sentido común». Dentro de este grupo se encuentran igualmente los «trucos productivos», que tanto gustan a los «expertos de salón», y toda la colección de recomendaciones simplistas y sin fundamento características de los «cursos de gestión del tiempo».

¡Ah! Y no podían faltar las «herramientas de productividad», tanto las pocas que son realmente útiles como esa gran mayoría de herramientas inútiles que hacen las delicias de los «friki-tontos». Para que se entienda, una «herramienta de productividad» es inútil cuando solo sirve para hacer las cosas de manera menos eficaz y menos eficiente de como ya las haces y un «friki-tonto» es el que disfruta tanto jugando con herramientas que no se da cuenta de lo anterior.

El segundo de los enfoques, la «macro-efectividad», es mucho más potente y mucho menos habitual que el anterior, y tiene que ver con los aspectos más estratégicos y conceptuales de la efectividad, es decir, tiene que ver con los «macro-hábitos» o, lo que es lo mismo, con los «qués».

A este enfoque pertenecen los «macro-hábitos» contrastados sistemáticamente por los últimos avances en neurociencia y sobre los que se han desarrollado las metodologías más solventes e innovadoras en efectividad personal y organizativa de este siglo. Este nivel suele ser, por lo general, «terreno inexplorado» para la «gestión del tiempo», los «expertos de salón» y los «friki-tontos».

Vamos a ver estos dos enfoques con un ejemplo que probablemente conozcas: la «regla de los dos minutos» de GTD®.

Un principio productivo es «entre varias alternativas de igual eficacia, la más eficiente es la más efectiva». O, dicho de otro modo, «de las distintas formas de alcanzar un mismo resultado, la mejor es la que menos recursos necesita». El «macro-hábito» general asociado a este principio productivo sería «de entre varias alternativas de igual eficacia, elige siempre la más eficiente». Otro principio productivo es «la multitarea solo sirve para hacer mal más cosas a la vez». El «macro-hábito» asociado sería «trabaja siempre en monotarea».

Si «aclarar» el contenido de tus bandejas de entrada es un trabajo eminentemente intelectual, para el que se activa el pensamiento lento, analítico, reflexivo y orientado a decisiones, y «ejecutar» consiste en elegir de forma intuitiva entre decisiones tomadas previamente y llevarlas a cabo, un trabajo que activa el pensamiento rápido, dinámico, ejecutivo, orientado a la acción y al resultado, podríamos pensar que la «regla de los dos minutos» es una mala idea, ya que nos está incitando a trabajar en modo multitarea, al estar alternando entre dos actividades sustancialmente distintas. ¿Qué pasa aquí?

Si vas a tardar más en ejecutar ahora una decisión que en organizarla en tu sistema, y revisarla posteriormente, lo correcto es aplazar su ejecución, ya que la pérdida de efectividad asociada a la multitarea es mucho mayor que cualquier ganancia de efectividad derivada de ejecutarla de inmediato. Sin embargo, si vas a tardar más en organizar en tu sistema lo que acabas de decidir, y en revisarlo posteriormente, de lo que tardarías en ejecutarlo ahora, lo correcto es ejecutarlo de inmediato. Esto es así porque el impacto a nivel multitarea de ejecutar algo que requiere tan solo unos segundos es mínimo y, si asumimos que el valor de lo que vas a hacer es idéntico lo hagas ahora o más adelante, el coste de organizar esa decisión en tu sistema, y de tener que revisarla hasta su ejecución, está claramente injustificado.

Por eso, y a pesar de las apariencias, la «regla de los dos minutos» es un «micro-hábito» correcto y coherente con los dos principios productivos anteriores. De hecho, este «micro-hábito» es en realidad una metáfora y podría haberse llamado igualmente la «regla de los 99 segundos» o el «principio del minuto y medio» sin perder validez desde el punto de vista de la «macro-efectividad».

Aunque lo que produce resultados es conocer, entender y aplicar los principios productivos que componen la «macro-efectividad», es decir, los «qués», entender y trabajar bien al nivel de la «micro-efectividad» es muy importante. Las propuestas relativas a los principios productivos, o sea, las propuestas concretas sobre «cómo» aplicarlos, afectan directamente a la comprensión y aplicación de dichos principios y, con ello, a los resultados. Por ejemplo, uno de los riesgos de la «regla de los dos minutos» es que muchas personas la interpretan como «regla de si vas a tardar poco», lo cual tiene a menudo consecuencias desastrosas desde el punto de vista de la efectividad. En mi experiencia, otras expresiones alternativas del mismo principio como, por ejemplo, «regla de los 10 segundos», habrían sido igualmente válidas desde el punto de vista de la «macro-efectividad» y menos fáciles de malinterpretar.

En línea con todo lo anterior, y consciente del papel clave que juegan tanto la «macro-efectividad» como la «micro-efectividad», el desarrollo de la metodología OPTIMA3® se ha bifurcado en sus últimos tiempos en dos líneas de trabajo paralelas y complementarias:

  • OPTIMA3® Framework ➜ «macro-efectividad»
  • OPTIMA3® System ➜ «micro-efectividad»

La primera, OPTIMA3 Framework, es un trabajo de largo alcance que intenta recopilar todos los principios productivos existentes, y sus correspondientes «macro-hábitos» («qués»), aplicables a la mejora de la efectividad personal y cuya validez ha sido contrastada. En OPTIMA3 Framework, los nombres de los «qués» son irrelevantes, ya que lo realmente importante es entender su esencia. La idea con la que estoy desarrollando este framework es que sea algo bastante estable a lo largo del tiempo, en línea con la propia naturaleza de los principios productivos. En consecuencia, los únicos cambios esperados en el Framework son los derivados de nuevos descubrimientos científicos que puedan surgir en el campo de las neurociencias aplicadas al rendimiento humano.

La segunda, OPTIMA3 System, es la propuesta concreta actual de «micro-hábitos» («cómos») que permiten sacar el máximo partido a los «macro-hábitos» («qués»). Digo «actual» porque irá cambiando con el tiempo. A diferencia de lo que ocurre con el Framework, el System nació con vocación de «beta intermitente», que diría mi amigo y maestro Amalio Rey, y por eso es, y va a seguir siendo, enormemente experimental. Por ejemplo, los conceptos de OPTIMA3® que he ido explicando en el blog tienen nombres «raros» intencionalmente – algún día explicaré por qué – y muy probablemente irán cambiando con el tiempo. Del mismo modo, las propuestas que voy compartiendo por aquí son las actuales en el momento de escribir sobre ellas, es decir, son instantáneas en un proceso evolutivo que va a continuar.

El desarrollo de OPTIMA3 es un proyecto continuo a largo plazo, sin fechas objetivo, en el que solo importa la calidad del resultado. Afortunadamente estoy acompañado en este camino por los mejores beta-testers que podría imaginar: mis amigos y colegas artesanos de OPTIMA LAB, todos ellos usuarios avanzados, consultores expertos y facilitadores profesionales especializados en efectividad personal, que constantemente me proponen ideas, descubren conceptos, ofrecen alternativas, cuestionan planteamientos y, sobre todo, proporcionan feedback desde la aplicación práctica y diaria de la metodología. Más de 500.000 horas de experiencia al servicio de la innovación en efectividad. ¿Se puede pedir más?

OPTIMA3: De las «listas» a las «vistas»

La verdad sobre la «lista de tareas» es uno de esos secretos a voces que nadie quiere reconocer pero todo el mundo sabe: las listas únicas de tareas son de escasa utilidad. Sobre esto se ha escrito bastante y se ha explicado con todo lujo de detalle por qué. Si quieres saber más, David Sánchez te lo cuenta claramente en «No uses una lista única de tareas». Si después de leerlo te sigue quedando alguna duda, Jerónimo Sánchez explica en este post «Por qué las listas de tareas no funcionan» y, si todavía no lo tienes claro, entender cuál es «El ingrediente secreto para organizar con efectividad» puede darte las respuestas que te falten.

Por cierto, nada de lo anterior es opinable. Tampoco va de «es que yo prefiero» o «es que a mí me funciona mejor». Todo eso son simples creencias sin fundamento y un puñado de excusas para seguir sin cambiar. Si de verdad quieres mejorar tu efectividad, vas a tener que dejar a un lado la productividad basura de la «gestión del tiempo», porque aquí estamos hablando de cosas que, aunque a lo mejor son poco divertidas y conllevan un esfuerzo, sí que funcionan y están basadas en evidencias científicas.

Una de las aportaciones magistrales de David Allen al campo de la mejora profesional de la productividad personal es plantear un sistema de organización basado en múltiples «listas» (eso sí, únicamente las necesarias). Y aquí empieza lo divertido porque, para Allen, es decir, en GTD®, una «lista» es algo distinto de lo que tú probablemente crees que es. Transcribo a continuación las palabras textuales de Allen: «When I refer to “lists”, I just mean some sort of reviewable set of reminders», es decir, «Cuando me refiero a “listas”, sólo quiero decir algún tipo de conjunto revisable de recordatorios».

Siguiendo esta lógica, tanto las «bandejas de entrada» como el «calendario» son listas en GTD®, ya que una «bandeja de entrada» es un «conjunto de recordatorios revisables de cosas pendientes de aclarar», y el «calendario» es un «conjunto de recordatorios revisables de cosas que tengo que hacer o tener en cuenta en un día concreto». ¿Más claro ahora?

Acceder únicamente a la información útil y relevante para lo que puedes hacer en cada momento es una forma rápida y sencilla de mejorar simultáneamente tu eficacia y tu eficiencia, es decir, tu efectividad. Este es uno de los motivos por los que GTD® funciona (cuando de verdad lo aplicas) y funciona tan bien.

Una de las características de GTD® es que los elementos pueden estar únicamente en una lista. Por ejemplo, algo pendiente de aclarar solo puede estar en una «bandeja de entrada», del mismo modo que algo que se ha decidido incubar solo puede estar en una «lista algún día/tal vez». Incluso en el caso de que una siguiente acción pueda completarse en distintos contextos, seguirá estando en una única lista: la «lista de siguientes acciones». Esta forma de agrupar en categorías con un significado homogéneo, es decir, esta forma de organizar, es sin duda muy potente a la hora de «revisar para decidir qué hacer», pero lo es menos a la hora de «revisar para mantener la fiabilidad del sistema» y todavía menos al «revisar para ganar perspectiva y ser proactivos».

Por otra parte, una de las premisas de las que parte la metodología de efectividad personal OPTIMA3® es que «la calidad de las decisiones que tomas depende de la calidad de la información que utilizas para tomarlas». Si lo piensas un momento, tomar buenas decisiones a partir de información errónea, obsoleta o incompleta es realmente difícil. Sin embargo, muchas personas toman constantemente decisiones teniendo en cuenta únicamente sus suposiciones, lo que explica muchas de las cosas que vemos a diario.

Teniendo en cuenta la premisa anterior, OPTIMA3® incorpora diversos elementos orientados específicamente a mejorar la calidad de nuestros procesos de toma de decisiones. Uno de ellos es poder acceder a unos mismos datos desde distintas perspectivas, ya que eso permite extraer de ellos mucha más información útil y relevante. La herramienta que permite esto se llama «vista», un concepto muy potente que procede de la teoría de bases de datos, y que podríamos traducir como «forma específica de ver una serie de datos».

Por poner un ejemplo. Imagina que tienes una tienda de zapatos y que usas una base de datos para gestionarla. En una tabla de la base de datos tienes los modelos de zapatos que vendes, junto con los datos de cada modelo. En otra tabla tienes los proveedores a los que compras zapatos, junto con los datos de cada proveedor. Y en otra tabla tienes los pedidos que haces, que combina modelos y proveedores junto con los datos de cada pedido. Ahora imagina que quieres ver cuántos pedidos de un modelo concreto te ha servido cada proveedor en el último año. Para obtener esa información puedes recorrerte todos los datos de la tabla de pedidos – extrayendo los que necesitas – o podrías ejecutar lo que en teoría de bases de datos se llama una «consulta». Así, utilizando el lenguaje de bases de datos apropiado, obtendrías de manera inmediata la información que necesitas, y únicamente esa información, sin tener que revisar todos los datos. Una ventaja adicional es que esta información es una especie de «foto» que se genera a partir de los datos, pero sin tocar los datos ni su estructura. A esta información es a lo que se llama «vista».

En GTD®, los recordatorios resultantes de aclarar o procesar los elementos de la bandeja de entrada se organizan en «listas». Utilizando el ejemplo anterior de los zapatos, podríamos decir que los recordatorios de GTD® se organizan en «tablas». Así, la «lista a la espera» sería la «tabla de recordatorios revisables de cosas que estás esperando de otras personas», al igual que la «lista de proyectos» sería la «tabla de recordatorios de resultados en los que estás trabajando actualmente y que vas a conseguir en menos de un año». De acuerdo con esto, cuando revisas tu sistema GTD®, tanto si es para decidir qué hacer como si es para mantener la fiabilidad del sistema, siempre vas a revisar «tablas». Sin embargo, si se trata de revisar para ganar perspectiva y ser proactivos, en la propuesta de herramienta de organización que hace GTD® solo hay «tablas» para las siguientes acciones y los proyectos, quedando por tanto sin «tabla» las áreas de enfoque y responsabilidad, las metas y objetivos, y la visión.

En OPTIMA3®, el planteamiento es completamente distinto. Los recordatorios resultantes de «pensar y decidir» sobre los elementos de la bandeja de entrada se organizan por áreas de atención. Esto significa que todo lo que pertenece a una misma área de atención se organiza en un mismo sitio, es decir, en una única «tabla», independientemente de que se trate de una UPA, un RAT, algo que tienen que hacer otras personas, algo perteneciente a Esta Semana No (ESN), o cualquier otra cosa, como por ejemplo, la visión a largo plazo del área, los Resultados Finales Tachables (RFT), las Rutinas y los MASS.

Esta nueva forma de organizar los recordatorios resultantes de «pensar y decidir» facilita mucho las revisiones para ganar perspectiva y ser proactivos, ya que ofrece de manera centralizada toda la información relevante para cada área de atención. Sin embargo, esta estructura organizativa es poco útil para decidir qué hacer en cada momento y por eso necesitamos las «vistas». Una ventaja adicional de las «vistas» es que van a contribuir también a que las revisiones para mantener la fiabilidad del sistema sean mucho más rápidas y sencillas.

Para poder utilizar «vistas», cada elemento organizado en un área de atención debe tener al menos una «etiqueta» que permita extraerlo y agruparlo posteriormente en una «lista». Algunos ejemplos de estas etiquetas serían #RAT, para Resultados Alcanzables Tachables, o #ESN para Esta Semana No. Y si se trata de una UPA, las etiquetas asociadas a las COE correspondientes. Por ejemplo, si es algo con una fecha objetiva que tienes que hacer tú ➜ #FOC (Fechas Objetivas Concretas) y si es algo que tiene que hacer otra persona ➜ #LHO (Lo Hacen Otros). De este modo, si por ejemplo quisiera obtener de manera dinámica la «lista» de cosas que tengo que hacer en fechas objetivas concretas, podría «filtrar» el contenido de todas mis «tablas» de áreas de atención haciendo una «consulta» que eligiera únicamente los elementos con la «etiqueta» #FOC (Fechas Objetivas Concretas).

OPTIMA3® propone una estructura inicial de contenidos para las áreas de atención, así como una serie de «vistas» por defecto sobre las que empezar a trabajar. También explica cómo afecta esta nueva forma de organizar de cara a los distintos tipos de revisión. Escribiré sobre todo esto con detalle en posts específicos dedicados al respecto. Lo importante por ahora es entender que, en OPTIMA3®, los datos que resultan de «pensar y decidir» se organizan en las «áreas de atención» (que vendrían a ser las nuevas «tablas») mientras que las «listas» que se usan en GTD® para decidir qué hacer son sustituidas por «vistas», las cuales se generan dinámicamente mediante «consultas» sobre «etiquetas».

¿Cuánto aprovechas tus «ventanas óptimas de efectividad»? (Test)

La «ventana óptima de efectividad» es uno de los conceptos centrales de la metodología OPTIMA3® de efectividad personal. Desarrollar el hábito de tener siempre presente la existencia de estas ventanas, y saber identificarlas y aprovecharlas al máximo, produce un incremento espectacular de la eficacia, es decir, de la aportación de valor que genera lo que haces.

En este post, me gustaría compartir contigo un sencillo test, que te puede ayudar a conocer mejor tu situación actual y a identificar posibles vías de mejora. Las respuestas «correctas» a las preguntas del test aparecen al final de este mismo post, pero te sugiero que lo completes sin mirarlas para un mayor aprovechamiento del mismo. Vamos allá.

  1. Estás trabajando en un tema y de repente te llega un email (de tu jefe, si trabajas por cuenta ajena | de tu mejor cliente, si trabajas por cuenta propia). ¿Cómo reaccionas?
    1. Ni te enteras, ya que cuando estás trabajando en algo no estás pendiente del email. Cuando termines lo que estás haciendo ahora mismo, ya mirarás qué ha entrado nuevo en la bandeja de entrada, y te encargarás de ello.
    2. Dejas un momento lo que estás haciendo y te ocupas del email. Como crees que es algo que te va a llevar poco tiempo, aprovechas y te lo quitas ya de encima. Ya terminarás después lo que estabas haciendo antes.
    3. Paras un instante para ver de qué va el mail y, como ves que puede esperar un poco, vuelves a lo que estabas haciendo para terminarlo. En cuanto acabes con ello, te pondrás con el email.
  2. Estás procesando tu bandeja de entrada del email y en uno de ellos te piden preparar una documentación que tienes que entregar en una fecha concreta, dentro de mes y medio. ¿Qué haces?
    1. Lees detenidamente el mail para ver de qué se trata en concreto y cuánto tiempo te puede llevar. Como estimas que no te va a llevar más de un par de días completos de trabajo, te pones un recordatorio en el calendario un par de semanas antes de la fecha límite de entrega para poder hacerlo con tiempo suficiente.
    2. Como ves que es para dentro de mes y medio, y estás hasta arriba de trabajo, lo vuelves a dejar en la bandeja de entrada y lo marcas como «no leído». Ya te pondrás con ello más adelante, en cuanto tengas un respiro.
    3. Lees detenidamente el mail para ver qué es y qué tienes que hacer exactamente con él. Una vez que lo tienes claro, identificas un primer paso sobre el que poder trabajar ya, y lo incorporas a tu lista, para empezar a avanzar con ello tan pronto te sea posible.
  3. En otro de los emails que tienes en la bandeja te piden que reenvíes una información que te enviaron hace un par de meses y que no encuentran. ¿Qué haces?
    1. Buscas la información para enviarla ya, y así una cosa menos que te queda pendiente. Además, no crees que vayas a tardar más de diez minutos en encontrarla, y haciéndolo ahora te aseguras de que no se te olvide.
    2. Te anotas un recordatorio, por si te queda tiempo para buscar la información cuando termines las cosas realmente importantes que necesitas avanzar de inmediato.
    3. Lo borras. Si realmente lo necesitan, ya te lo pedirán de nuevo. A fin de cuentas, te lo enviaron ellos a tí, así que lo suyo es que conservaran una copia en el archivo.
  4. Estás en tu momento del día de máxima energía mental. ¿Qué haces?
    1. Te pones con alguno de los asuntos pendientes que tienes y que ya identificaste en su momento que requieren un alto nivel de concentración y frescura mental.
    2. Abres el email para intentar «limpiar» el máximo de mensajes y planificarte bien el resto del día, a fin de aprovecharlo al máximo.
    3. Revisas tu lista de tareas e intentas quitarte de encima todas las posibles, cuantas más, mejor. Es absurdo gastar toda la energía en solo un par de cosas.
  5. Se te ocurre una idea fantástica en tu área de trabajo. ¿Qué haces?
    1. Te pones de inmediato manos a la obra con ella, no sea que se te olvide. Ahora que está fresca seguro que avanzas más y mejor que si la dejas para otro momento.
    2. La anotas brevemente para que no se te olvide y decidir luego, con más calma, si realmente es tan fantástica como parece o no.
    3. Dejas de hacer lo que estás haciendo y analizas la idea con calma para decidir si realmente es una idea fantástica o tal vez no. Si es buena, te pones con ella. Si no, la descartas y sigues con lo que estabas haciendo antes.
  6. Te llega un trabajo muy importante que va a suponer aproximadamente casi un 10% del trabajo total que vas a tener que realizar en los próximos tres meses. ¿Cómo reaccionas?
    1. Te pones de inmediato a trabajar en ello, casi a tiempo completo. Solo lo dejas para gestionar urgencias que no pueden esperar. Te juegas mucho, es un montón de trabajo y no quieres que te «pille el toro».
    2. Te bloqueas en la agenda las tres semanas anteriores a que venza el plazo para asegurarte de contar con tiempo suficiente para hacerlo. Pero ahora tienes otros asuntos que reclaman tu atención.
    3. Empiezas a trabajar hoy mismo en el tema y le dedicas todos los días un buen rato (50′ ±10′ aproximadamente), sin excepción, hasta que terminas por completo el trabajo.
  7. Cuál de las siguientes formas de trabajar sobre temas complejos que te van a llevar mucho tiempo te ayuda a hacerlo de manera más efectiva:
    1. Intentar mantener cuantos menos temas abiertos mejor. Así puedes enfocarte bien en las cosas en las que tienes que trabajar.
    2. Abres lo antes posible todos los temas con los que tienes que hacer algo necesariamente e intentas ir avanzando algo con todos ellos a diario, sin dejar parado ninguno.
    3. Te pones con los temas de uno en uno hasta terminarlos, y si es posible de una sola vez, mejor; si no es posible, intentas ponerte con ellos el menor número de veces.
  8. La forma más efectiva para ti de decidir qué hacer en cada momento es:
    1. Consultar tu lista de tareas más importantes o las notas que te vas dejando en lugares estratégicos para que no se te pasen por alto los temas clave.
    2. Revisar lo que te queda pendiente por hacer de todos los temas en los que estás trabajando, elegir uno de esos temas y ponerte a avanzar con él.
    3. Revisar únicamente las cosas que puedes hacer en el lugar en el que estás, y con el tiempo y recursos de que dispones en ese momento.
  9. Por lo general:
    1. Aunque te lleva mucho tiempo, tu trabajo presenta una calidad impecable, sin erratas ni errores, y está perfectamente finalizado hasta el último detalle.
    2. Eres ante todo una persona rápida. Lo importante es sacar el trabajo adelante y eso a veces tiene un coste. No se puede querer todo.
    3. Cuidas al máximo la calidad de tu trabajo y, aunque te gustaría hacerlo aún mejor, entiendes que a partir de un punto no tiene sentido seguir dedicando tiempo a las cosas.
  10. Cuál de estas tres afirmaciones es más próxima a tu realidad del día a día:
    1. Con frecuencia eres capaz de ponerte varias horas seguidas a trabajar en un único tema sin interrupciones.
    2. Casi todos los días consigues trabajar – varias veces al día – en bloques de tiempo continuo de entre 15′ y 45′.
    3. En tu entorno de trabajo es casi imposible poder trabajar más de 10′ minutos sin que el email, el móvil o una persona te interrumpa.

SOLUCIÓN: Suma los puntos asociados a cada una de las respuestas, según las indicaciones que aparecen al final del post. Según la cifra que hayas obtenido, puedes estar en una de estas tres situaciones:

  1. Menos de 10 puntos: Tu hábitos de trabajo son muy inefectivos y te impiden aprovechar las «ventanas óptimas de efectividad». En el aspecto positivo, tienes un potencial enorme de mejora.
  2. Entre 10 y 15 puntos: En ocasiones aprovechas alguna «ventana óptima de efectividad», pero tus hábitos de trabajo te impiden aprovechar otras muchas. Tu potencial de mejora es aún significativo.
  3. Más de 15 puntos: Se nota que has trabajado en serio la mejora de tu efectividad y que las «ventanas óptimas de efectividad» son algo conocido para ti. Sigue trabajando en esa dirección y la mejoría continuará.
  1. A=2; B=0; C=1     2. A=1; B=0; C=2     3. A=0; B=1; C=2     4. A=2; B=0; C=1     5. A=0; B=2; C=1     6. A=1; B=0; C=2     7. A=1; B=2; C=0     8. A=0; B=1; C=2     9. A=1; B=0; C=2     10. A=1; B=2; C=0
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