Lo puedes leer en aprox. 3:10 minutos Las llamadas competencias profesionales o, simplemente, competencias, son comportamientos observables habituales asociados con niveles elevados de desempeño. En este sentido, una persona muy competente sería aquélla que expresa dichas competencias en un grado idóneo y de la que se espera, por tanto, un alto rendimiento.
Cuando se evalúa a un profesional en base a competencias, generalmente se mide en qué grado posee una serie de competencias que su organización ha considerado particularmente relevantes para la actividad que realiza. En estos casos se dice que una persona es muy competente o poco competente en la medida que expresa una determinada competencia en un grado alto o bajo. Por último, cuando se identifican las fortalezas y áreas de mejora de un profesional, suelen utilizarse también expresiones “muy” o “poco”, como por ejemplo, “muy flexible” o “poco flexible” o un indicador numérico, normalmente dentro de una escala. Creo que este enfoque dicotómico de las competencias es muy mejorable, no solo por excesivamente maniqueo, sino por estar alejado de la realidad y, sobre todo, porque, en los casos menos afortunados, conlleva una carga emocional negativa que poco ayuda a esa esperada mejora competencial. Estos planteamientos no reflejan la realidad del comportamiento humano, ya que, por lo general, las personas no expresan sus competencias con un comportamiento único sino con un rango de comportamientos, que varían en función de las circunstancias. En otras palabras, el nivel de expresión de una competencia no puede expresarse como un valor único sino como un rango de valores. Por eso, en la metodología de productividad para organizaciones OPTIMA12® – Productividad Colectiva Centrada en las Personas proponemos un enfoque distinto de las competencias, tanto en su definición como en su medición y su desarrollo. En nuestra opinión, cualquier competencia no técnica es una cualidad gradual, no dicotómica. Por reutilizar el ejemplo anterior, existiría todo un continuo de grados de flexibilidad, a modo de escala de grises entre el blanco y el negro. Estos extremos, blanco y negro, serían además teóricos, ya que, como decía antes, las competencias son rangos, no puntos (ya que ninguna persona es totalmente flexible o inflexible el 100% de las veces). Nuestro enfoque de las competencias es marcadamente aristotélico, es decir, entendemos que el grado ideal de una competencia es un “punto medio virtuoso” entre dos extremos: uno representa un defecto, el otro un exceso. Desde este planteamiento, el grado ideal de una competencia no consiste en un máximo, sino en un óptimo. Según este modelo, toda competencia podría representarse como un rango en el que existirían tres elementos de referencia: - Un punto central, o “grado óptimo competencial”, que correspondería con el grado ideal de expresión de la competencia. En nuestro ejemplo, hablaríamos del “grado óptimo de flexibilidad”
- Un extremo inferior, o “grado mínimo competencial”, que correspondería con la ausencia total de competencia. Se trata únicamente de un punto teórico que sirve como referencia. En nuestro ejemplo, hablaríamos de “flexibilidad nula”
- Un extremo superior, o “grado máximo competencial”, que correspondería con la expresión extrema de la competencia. Se trata también de un punto teórico que nos ayuda a acotar el rango. En nuestro ejemplo, hablaríamos de “flexibilidad total”
Según este modelo, una persona “flexible” no se ubicaría ni en la franja más próxima al blanco (flexibilidad total) ni en la más próxima al negro (flexibilidad nula) sino que se situaría en la franja intermedia del rango de grises, mejor cuanto más centrada alrededor del “grado óptimo de flexibilidad”. Por extensión de lo anterior, estamos convencidos de que todas las personas poseen todas las competencias, lo cual nos parece enormemente más motivador que los enfoques tradicionales de cara a seguir evolucionando dichas competencias en la dirección adecuada. Desde un punto de vista práctico, este enfoque gradual permite plantear el desarrollo y mejora competencial desde una perspectiva más próxima y asequible para las personas, ya que no se trata tanto de abandonar o adquirir una competencia “desde cero”, sino de “modular”, al alza o a la baja, una competencia ya existente para acercarla al “grado óptimo competencial”. Por eso, cuando hablamos de competencias, preferimos no hablar de competencias existentes o inexistentes, ni de debilidades y fortalezas, ya que, para nosotros, todo son fortalezas. La única diferencia es que algunas lo son ya (“fortalezas actuales“) y otras lo son en potencia, solo que es necesario “centrarlas” un poco más (“fortalezas potenciales“). Y es que, en esencia, las competencias están ahí. Es solo cuestión de rango. Lo puedes leer en aprox. 2:13 minutos  Busy Coffeeshop, cortesía de Kevin Harber ¿Qué podemos aprender de los knowmads? Este es el sugerente título que me sugirió Jesús Martínez para mi intervención del próximo miércoles 13 de marzo en Expoelearning, donde, junto a Laura Rosillo y Javier Miranda, hablaremos, entre otras cosas, de la curación de contenidos y la reconversión de la figura del formador. Mi postura sobre la mal llamada formación es clara. Como escribía en julio de 2009, la formación no forma o, al menos, no forma en el sentido que algunas personas pretenden hacernos creer. Por tanto, si queremos plantearnos con un mínimo de seriedad la reconversión del rol, el primer paso es superar el mito de la formación. Como consultor artesano, estoy convencido de que, cuando hablamos de trabajo del conocimiento, se puede [in]formar, compartir conocimiento, facilitar el proceso de aprendizaje y [co]formar, es decir, co-crear conocimiento, pero no “formar”. En otras palabras, creo en la [no] formación, entendida como creación de espacios donde todos pueden ser aprendices y maestros a la vez. Si te interesan estos temas, ya he escrito con anterioridad sobre ellos en el blog, hablando de qué caracteriza actualmente al aprendizaje y de cómo debería enfocarse éste desde la perspectiva de una Educación 2.0. Pero a Expoelearning no acudo como experto en aprendizaje ni en educación. Entre otras cosas, porque no lo soy. Acudo como knowmad. El conocimiento es la materia prima con la que trabajo a diario y la innovación es el proceso que me permite convertir esa materia prima en algo con valor diferencial para mis clientes. Por este motivo, aprender para mí es mucho más que un acción que realizo con mayor o menor frecuencia. Aprender es una actitud permanente, una forma de interactuar con la realidad. Convertir el aprendizaje y la innovación en una forma de vida te permite no solo ver llegar los cambios sino participar en ellos. Te convierte en un actor-espectador que contempla la aparición de nuevos paradigmas y cómo poco a poco se van abriendo hueco entre los viejos. No es que sepas más que el resto, es solo que lo sabes antes. Y eso te ayuda a prepararte y poder aprovechar mejor el cambio. Durante mi intervención compartiré lo que he aprendido como knowmad y cómo lo aplico en mi trabajo diario. Algunas ideas clave sobre las que hablaré, serán: - La información no es algo estático, es un flujo que se expresa en forma de conversaciones
- El conocimiento no es discreto, como los átomos, sino que se distribuye en campos, al igual que la energía. Es un conocimiento en tránsito
- La información solo es poder cuando la compartes, la actualizas y la conviertes en conocimiento aplicado
- No existe aprendizaje sin interés personal previo. Aprender es, ante todo, resultado de una actitud voluntaria y proactiva
- El rol del formador clásico carece de sentido en la era del conocimiento. Yo no soy formador, soy diseñador y facilitador de experiencias de aprendizaje
Si te interesa seguir el evento por Twitter, puedes hacerlo usando el hashtag #EXPOELEARNING y si te acercas por allí, nos veremos  Lo puedes leer en aprox. 3:01 minutos El pasado día 28 de noviembre tuve la suerte de estar nuevamente en Vitoria-Gasteiz, hablando en esta ocasión sobre Innovación en Productividad para Organizaciones. Aprovecho desde aquí para dar las gracias a Aitor San Sebastián por brindarme la oportunidad de realizar este taller sobre mi tema preferido. Comenzamos el taller con una práctica por equipos que indagaba en diversos aspectos organizativos en dos empresas imaginarias radicalmente distintas, una típicamente basada en cadena de producción y otra característica de la economía del conocimiento. En esencia, la práctica buscaba generar una toma de conciencia por parte de los asistentes al taller sobre el papel que juegan las personas, los procesos, las tecnologías y las estructuras en la productividad de las organizaciones y de los equipos. A partir de ahí comenzamos un recorrido conjunto sobre los múltiples cambios de enfoque y planteamiento que se deben llevar a cabo, principalmente desde la dirección de las organizaciones pero también desde sus integrantes, para abordar la mejora de la productividad de una forma eficaz y acorde a esta nueva realidad. El conocimiento avanza, y lo ha hecho especialmente en los últimos años, a un ritmo notablemente superior a la capacidad que tienen las organizaciones para asimilarlo. Esto hace que el desfase entre lo que se sabe y lo que se aplica en las organizaciones sea progresivamente mayor y genere una brecha de consecuencias cada vez más graves. Por este motivo dedicamos también una parte del taller a recorrer alguno de los avances en diversos campos que tienen una aplicación práctica en la mejora de la productividad y que por tanto deberían ser tenidos en cuenta e incorporados a cualquier planteamiento serio sobre este tema. Sin tratarse de una lista exhaustiva, algunos de estos avances son: - La Metodología GTD y, en concreto, el vínculo entre productividad y gestión de compromisos
- La Innovación Centrada en el Usuario
- El Diseño Participativo
- El Design-Thinking
- El Pensamiento Sistémico
- Los Modelos más avanzados de Competencias, entendiendo que las competencias no son solo un medio para un fin sino que pueden ser también un fin en sí mismas y a la vez una evidencia de que se están haciendo correctamente otras cosas, tal y como explicaba el pasado fin de semana a los alumnos del Máster de RRHH de la Universidad de Málaga
- La Participación Genuina
- La Innovación Abierta
- La Teoría de Juegos
- El Coaching de Equipos
Todos estos modelos, disciplinas, teorías o metodologías tienen algo que aportar a la mejora de la productividad en los equipos y las organizaciones de la era del conocimiento y pueden ayudar a reinventar la productividad para poder pasar con éxito de la situación actual (organizaciones productivas con personas que innovan) a la situación deseada y necesaria (organizaciones que innovan con personas productivas), como diría Alfons Cornellá. Eso es lo que pretendo conseguir con la Metodología de Productividad para Equipos y Organizaciones, OPTIMA12, que mediante un modelo vectorial de productividad colaborativa combina las tres dimensiones necesarias para que las personas sean productivas (poder, querer y saber) con los cuatro espacios en los que debe actuarse para mejorar la productividad de forma efectiva (personas, procesos, tecnologías y estructuras). Si la metodología GTD proporciona el marco conceptual y las herramientas para el incremento substancial de la productividad a través de la gestión efectiva de los compromisos, es cierto que únicamente sirve para compromisos decididos por la persona a título individual y, por tanto, no es aplicable como una metodología “para equipos” o “para organizaciones”. Muchas organizaciones son conscientes de ello y buscan una solución. OPTIMA12 cubre este hueco y complementa lo que aporta GTD a la productividad de la persona como individuo con lo que ésta necesita para ser también productiva como integrante de un equipo o de una organización, ya que solo trabajando en los aspectos individual y colectivo lograremos que esas organizaciones con “personas productivas” de las que hablaba hace un momento se hagan realidad. Aplicar OPTIMA12 exige un cambio de paradigma y entender que, en la era del conocimiento, cualquier planteamiento serio y riguroso de mejora de la productividad debe trascender la organización y gravitar alrededor de las personas que la forman, porque la era del conocimiento es, como escribía hace poco para Canal CEO, la era de la productividad centrada en las personas. | | |
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