Emprendimiento en red: el caso Karmacracy

RedKarmacracy2 Emprendimiento en red: el caso Karmacracy

Jordi, Xabi, Álex y Teresa, la red Karmacracy

Conocí a Jordi y a Álex en un EBE hace ya varios años, cuando aún estaban dando sus primeros pasos. Desde entonces sigo de cerca su proyecto y les apoyo en la medida de lo posible porque me parece genial lo que están haciendo.

Su proyecto, Karmacracy, es un acortador social que cada día utilizan más personas por su funcionalidad para compartir contenido en los medios sociales, por sus estadísticas, porque te sugiere contenido relevante, porque es divertido… A mí me gusta, sobre todo, porque está basado en las personas ya que, a diferencia de otras herramientas similares, para Karmacracy las personas son el centro.

Esta filosofía impregna también la forma en que trabajan las personas que participan en el proyecto. Ellos se autodefinen como un equipo de intraemprendedores donde todos están al mismo nivel y emprenden y aprenden cada día. Para mí son, además, un ejemplo de redarquía organizada alrededor de un proyecto.

Como les conozco hace tiempo, y hemos compartido tandoori y pintxos, me ha resultado muy fácil que compartieran conmigo sus secretos… icon wink Emprendimiento en red: el caso Karmacracy

Jordi Martí y Álex Dolara unieron sus caminos con un sueño: mejorar el mundo, a ser posible a través de sus pasiones: Internet, tecnología, innovación y emprendimiento. El sueño empezó a crecer y fue necesario un tercer nodo, Xabi, y un cuarto, Teresa, que aunque acaba de llegar, hace tiempo que ya es una más. ¿Cuál es el secreto? Todos comparten esa misma pasión que un día movía a Jordi y a Álex y trabajan conjuntamente para hacerla realidad: que las personas sean el centro del contenido en Internet.

Metodología

De momento en Karmacracy son cuatro. Pero aspiran a ser muchos más. Por eso se plantean cómo crecer de manera sostenible. A esto ha ayudado mucho el Master Internacional Ejecutivo en Intraemprendizaje e Innovación Colaborativa en el que participa Jordi. En Karmacracy han decidido que para que el crecimiento sea sostenible no pueden funcionar con un sistema jerarquizado en el que cada uno, para llevar a cabo sus tareas, dependa de la supervisión de un superior.

Karmacracy funciona como una redarquía y cada uno es responsable de las tareas de su área (Álex como líder del proyecto y diseñador, Jordi y Xabi como responsables de la parte técnica, y Teresa liderando las áreas de comunicación y marketing). Todos opinan en los diferentes ámbitos y la decisión final siempre busca el consenso, pero existe un líder en cada área para que las tareas relacionadas con ella salgan adelante. Además, existe un líder del proyecto, en este caso Álex, que es quien recuerda cada día cuál es el sueño que motiva al equipo, para no perder de vista los objetivos.

Los pilares para que esta metodología funcione son:

  • Personas compartiendo un proyecto: cada nodo de la red confía en el resto y todos creen en el proyecto. Se buscan vínculos personales más allá de lo laboral
  • Comunicación: la transparencia es total dentro de la red
  • Responsabilidad: las responsabilidades están bien definidas, pero son flexibles
  • Aprendizaje: todos aprenden de todos cada día. Los errores sirven para aprender y para alcanzar el éxito
  • Diversión: disfrutar del camino es la mejor manera de llegar

Reflejo en Karmacracy

Como decía antes, esto, además de una manera de trabajar, es una filosofía; todo un cambio social. Por eso, esta red de jóvenes emprendedores lo traslada también a su producto, la red social Karmacracy:

  • Personas: Karmacracy está basado en las personas. Son ellas quienes deciden cuál es el contenido de relevancia en Internet y además reciben un reconocimiento por ello: un buen Karma (reputación en la red social) y ahora también una rentabilidad económica. Sí, los chicos de Karmacracy piensan que los usuarios merecen algo a cambio de compartir contenido. Eso sí, los usuarios solo deberían compartir contenido de calidad. Si no, perderían su Karma y la confianza de su comunidad
  • Comunicación: El fin último de Karmacracy es relacionarse y comunicarse con otras personas a través de contenidos de interés
  • Responsabilidad: Cada usuario es responsable de su propio Karma. Si comparte contenido con criterio su Karma se verá recompensado y al contrario
  • Aprendizaje: Karmacracy ofrece un continuo aprendizaje. Las estadísticas sirven para mejorar cada día el contenido compartido y, dentro de la propia herramienta, hay tutoriales para sacarle el máximo partido
  • Diversión: Los chicos de Karmacracy piensan que la vida es un juego y que siempre deberíamos seguir siendo niños. Por eso, hacen la experiencia aún más divertida a través de procesos de gamificación (los usuarios ganan premios por conseguir determinados logros)

Ahora ya sabéis cómo funciona la red de Karmacracy y que vosotros, las personas, sois el centro de su proyecto y lo que más cuidan. Así que si no lo estabais haciendo aún, empezad  a compartir con Karmacracy, cuidad vuestro Karma y seréis recompensados icon wink Emprendimiento en red: el caso Karmacracy

7 Consejos para una Vuelta de Vacaciones Libre de Estrés

movil en la arena 7 Consejos para una Vuelta de Vacaciones Libre de EstrésVolver de vacaciones suele dar pereza a muchas personas y hay a quiénes incluso asusta un poco, generalmente más por lo que creen que van a encontrar a su regreso que por lo que luego encuentran en realidad.

Sean temores reales o infundados, es cierto que la vuelta al trabajo después de un período vacacional supone un cambio brusco en nuestra vida y que, si no la gestionamos de forma adecuada, puede hacer que casi olvidemos las vacaciones a las pocas horas de haberlas terminado.

¿Qué se puede hacer entonces para evitar esta poco deseable situación y disfrutar de una vuelta de vacaciones libre de estrés? Estos 7 consejos pueden ayudarte:

  1. Relativiza: Has estado de vacaciones, ¿cuántos días? ¿una semana? ¿dos? ¿un mes? ¿Y que ha pasado en ese tiempo? Poca cosa. Todo sigue más o menos como lo dejaste. Probablemente algún tema se ha solucionado solo y algún otro ha empeorado durante tu ausencia pero, en líneas generales, no ha habido grandes cambios. Sí, hay mucho trabajo acumulado pero con eso ya contabas. Lo importante ahora es no perder la calma. Para ello, empieza por responderte con sinceridad a esta pregunta: ¿Qué pasaría si en lugar de haber vuelto hoy de vacaciones no volvieras hasta mañana? Exacto. No pasaría nada
  2. Recupera el control: Ahora que sabes que podrías no estar aún de vuelta en el trabajo y que el mundo seguiría avanzando a pesar de ello, es el momento de recuperar el control. Es muy importante no confundir recuperar el control con intentar sacar en un día todo el trabajo acumulado en tu ausencia. Recuperar el control es simplemente procesar tu email junto a todas esas otras cosas que se han amontonado sobre tu mesa pero, esto es importante, procesarlas no es hacerlas. Procesar es tomar decisiones y dibujar con ellas tu mapa de opciones, el inventario completo de todas las cosas que tienes que hacer. La ventaja de procesar como paso previo a hacer es que, cuando termines, además de tener claro todo lo que has decidido que tienes que hacer, habrás borrado o tirado muchas cosas, delegado otras, archivado muchas y completado otras tantas
  3. Gana perspectiva: Echar un vistazo al mapa de opciones que acabas de dibujar puede ser un tanto deprimente, ya que lo normal es que contenga trabajo para varios días, probablemente incluso para varias semanas. Sin duda alguna, ni todas esas cosas son igual de importantes ni las consecuencias de hacerlas o no son las mismas. Ganar perspectiva significa tener claro, para cada una de esas cosas, qué pasa si decides no hacerla o hacerla más adelante. Te guste o no, el día tiene las horas que tiene y da para lo que da, así que lo importante es elegir bien qué vas a hacer en esas horas y, en consecuencia, qué vas a dejar sin hacer o vas a hacer más adelante
  4. Trabaja por lotes: Una vez tienes claro qué vas a hacer y por dónde vas a empezar, intenta agrupar tareas similares. Una de las ventajas de haberlo procesado todo antes de empezar a hacer es que agrupar cosas es sencillo, ya que puedes verlas todas a la vez. Si por ejemplo tienes que hacer varias llamadas de teléfono, hazlas todas juntas, una tras otra. Del mismo modo, si tienes que responder varios mensajes de correo, respóndelos uno tras otro. Aunque pueda no parecerlo, perdemos un montón de tiempo “saltando” de una tarea a otra. Consolidar tareas parecidas, o que requieren una misma herramienta, te ayuda a ser una persona más productiva
  5. Tómate un respiro: Ya hemos quedado en que podrías no haber vuelto aún de vacaciones y el mundo seguiría girando, así que no intentes hacerlo todo hoy como si no hubiera mañana. Intercala descansos breves con frecuencia. Ponerte de pie, mirar un rato a lo lejos o estirarte un poco ayudan a no agotar las energías tan rápido. Estas aparentes “pérdidas de tiempo” contribuyen a tu productividad mucho más de lo que piensas
  6. Acaba pronto: Recuerda que hoy es tu primer día y que podrías no haber vuelto hasta mañana… Aunque la tentación sea fuerte, no intentes terminar en un día todo lo que se ha acumulado durante las vacaciones. Si has ganado la perspectiva necesaria, te resultará sencillo identificar las acciones clave que debes hacer hoy. Quédate ahí. Mañana seguirás. Termina pronto y vete a casa. El “curso” es largo y no debes agotar toda la energía acumulada durante las vacaciones el primer día
  7. Aprovecha la inercia: Si sigues los consejos anteriores, verás que mantener el control sobre las cosas que van apareciendo en tu radar y obtener perspectiva regularmente sobre las implicaciones de decidir hacer, hacer antes o no hacer unas cosas u otras, no solo te permite sacar adelante mucho trabajo importante sino que evita que aparezca el desasosiego y sensación de estrés típica de la vuelta al trabajo. Aprovecha para seguir trabajando de esta forma y conviértela en hábito. Recupera el control y gana perspectiva cada cierto tiempo y verás como sigues trabajando sin estrés por muy atrás que hayan quedado las vacaciones.

Demasiada Experiencia Mata la Innovación

sello fail Demasiada Experiencia Mata la InnovaciónLa experiencia está sobrevalorada. Seguir otorgando a la experiencia una posición inmerecidamente destacada a la hora de evaluar el talento es uno de los muchos lastres que seguimos acarreando a pesar de encontrarnos ante una nueva realidad; una creencia absurda, residuo evidente de los paradigmas caducos que aún no hemos sido capaces de superar.

El movimiento se demuestra andando y el valor de la experiencia, sea el que sea, se debería medir comparando el valor producido en presencia de experiencia con el producido en ausencia de la misma. No sé si existe algún estudio serio a este respecto y, si lo hay, no lo conozco. Pero hay una serie de hechos, de fácil comprobación, que me parecen suficientemente contundentes como para, al menos, cuestionarse seriamente si el valor real que aporta la experiencia es tan relevante.

Por ejemplo, si tomamos como muestra algunas de las empresas más importantes de las últimas décadas, desde HP a Facebook, pasando por Microsoft, ¿qué experiencia tenían sus fundadores creando empresas cuando las crearon? Hasta donde yo sé, ninguna. En el extremo contrario, los directivos que han llevado a empresas como Kodak, Nokia o RIM a situaciones dramáticas, cuando no directamente a su desaparición, contaban con una amplia experiencia, probablemente incluso con cierto éxito, dirigiendo empresas. Paradójico, ¿no?

La sobrevaloración de la experiencia tiene, sin embargo, su razón de ser.

Por ejemplo, cuando hablamos de habilidades manuales, la experiencia sí es relevante. Lo que con frecuencia distingue a un buen profesional de otro excelente son las horas que ha dedicado a practicar esa habilidad, es decir, su experiencia. En este caso, el valor de la experiencia es optimizar el automatismo, lo cual se traduce en menos errores, mejor predictibilidad y, en general, más calidad.

Otro ejemplo en el que la experiencia tiene un valor es en contextos en los que las situaciones se repiten sistemáticamente y requieren una buena dosis de conocimiento tácito para abordarlas con éxito. En este caso, dicho conocimiento tácito suele producirse como resultado de numerosas pruebas ensayo-error, un esfuerzo que solo tiene sentido a la larga y cuando se sabe que va a poder aplicarse en el tiempo.

Llevando esto al mundo de la empresa, la experiencia es un valor, por los motivos antes indicados, en entornos tipo cadena de producción. En este escenario, contratar a un profesional con experiencia supone una ventaja frente a contratar uno sin ella. Por ejemplo, un profesional con experiencia requerirá una menor inversión, tanto en tiempo como en dinero, para formarse en los procedimientos de trabajo o en el uso de la maquinaria. También cabe esperar que cometa menos errores y que su ritmo de trabajo sea más próximo al óptimo que el de alguien sin experiencia. Es más, ante una hipotética situación imprevista, es lógico esperar que reaccione de forma más adecuada, ya que probablemente no sea la primera vez que se encuentra ante ella.

Sin embargo, en el trabajo del conocimiento, el valor de la experiencia no es tan evidente. Cuando la generación de valor reside más en pensar que en hacer, la experiencia pasa a un segundo plano. Cierta experiencia es positiva, ya que puede evitar errores “de principiante”. Pero más allá de un mínimo, la experiencia empieza a jugar en contra.

El problema de la experiencia en el trabajo del conocimiento es que sustituye la reflexión por la creencia. Dejamos de pensar en el momento en que creemos que ya lo sabemos todo. Dejamos de probar cosas nuevas cuando ya sabemos, o creemos saber, qué puede funcionar y qué no. Y cuando dejamos de pensar, dejamos de contribuir a la aportación de valor.

En ese sentido, la experiencia puede ser incluso contraproducente. Por ejemplo, un profesional que lleve muchos años desempeñando un trabajo de forma inadecuada tendrá mucha experiencia en hacer las cosas mal pero eso no solo no es motivo de orgullo sino que probablemente plantee un problema adicional de cara a cambiar la forma de trabajo en un momento dado, ya que la forma incorrecta estará “cristalizada” y resultará muy difícil cambiarla.

El problema de muchas de las organizaciones es que están dirigidas por gente con demasiada experiencia y no necesariamente “buena”. Al igual que la industria relojera suiza inventó el reloj digital y lo desechó, porque en su experiencia un reloj sin manecillas ni engranajes no era un reloj “serio”, los dirigentes de muchas organizaciones no se atreven a dar los pasos necesarios para innovar en la gestión de las mismas porque en su experiencia, “eso no funciona”.

Cuando tienes mucha experiencia crees que lo sabes todo, ya no necesitas aprender más y te auto-inhabilitas para innovar. Por eso algunas organizaciones punteras en su tiempo en gestión de personas, como HP, promovían activamente la rotación interna, de modo que ningún profesional con potencial permaneciera más de dos o tres años en el mismo puesto.

Y no era por incordiar, ni por crear una preocupación permanente a los responsables de equipo, sino porque sabían que demasiada experiencia no solo mata la innovación sino que, además, te vuelve incompetente.

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