¿Qué Significa Hoy Reclutar Talento?

mariposa ¿Qué Significa Hoy Reclutar Talento?
Ready to fly (II), cortesía de Marcel Germain

Ya vimos que talento es una de esas palabras aditivo que ha perdido buena parte de su significado a fuerza de mal uso. Por eso, cuando las empresas afirman que ellas “reclutan talento”, no siempre es evidente a qué se están refiriendo en realidad.

A lo largo de mi experiencia profesional me he encontrado con gran variedad de interpretaciones sobre el término talento.

Esto ocurre porque es raro el jefe que reconoce abiertamente no querer reclutar talento. No es políticamente correcto hacerlo. Por eso, el significado de la palabra talento hay que averiguarlo caso a caso.

En ocasiones, talento significa personas capaces de hacer un buen trabajo ateniéndose a las directrices marcadas, sin crear problemas y, preferentemente, con pocas inquietudes de desarrollo profesional. En otras palabras, personas capaces de hacer lo mismo durante una década y manteniendo además un nivel aceptable de calidad. Todo un reto.

En otros casos, talento significa encontrar el difícil equilibrio entre un buen rendimiento y cierto potencial. Potencial limitado y futuro, claro, para que no se convierta en una amenaza a corto o medio plazo para el jefe inmediato.

Otras veces talento significada simplemente mucha experiencia, aunque el recorrido para seguir creciendo sea escaso. Y afortunadamente, en ocasiones, talento también significa potencial.

Ahora que el futuro parece más incierto y menos predecible que nunca; ahora que sólo sabemos que las cosas seguirán cambiando a un ritmo creciente y que las realidades a las que nos enfrentaremos serán muy distintas de las que hoy conocemos; ahora, ¿qué significa reclutar talento?

Parece que la respuesta a la pregunta anterior es evidente. Talento hoy significa adaptabilidad. Adaptabilidad entendida como capacidad de mantenerse en un estado de constante aprendizaje y evolución.

La experiencia es un valor a la baja. El ritmo de obsolescencia crece exponencialmente. El pasado cada vez sirve menos para predecir el futuro.

Identificar talento con experiencia es errar el tiro porque, como dice la publicidad de ciertos productos bancarios, “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”.

Al reclutar talento hoy lo [único] que realmente importa es el potencial. Potencial de aprendizaje, de crecimiento, de adaptación, de reinventarse. Curiosidad permanente, espíritu crítico, creatividad, iniciativa, versatilidad… Capacidad para romper los rígidos moldes establecidos por las definiciones de puestos de trabajo y para enriquecerlos superando las expectativas.

Reclutar talento hoy implica practicar la agricultura digital. Encontrar y cultivar relaciones con personas con marca personal. Personas que demuestren su capacidad para evolucionar y contribuir de forma continuada al trabajo del conocimiento.

Reclutar talento hoy supone aprovechar la diversidad de un mundo global y entender que el verdadero talento se encuentra en mayor abundancia en la complementariedad que en la coincidencia. Personas que vean riqueza en la divergencia de puntos de vista en lugar de defender apasionadamente el pensamiento único.

Reclutar talento hoy significa contratar con visión de futuro. Incorporar personas a las organizaciones para que contribuyan a definir cómo van a ser las cosas el día de mañana. Personas que en lugar de temer y resistirse al cambio sean parte de él.

Reclutar talento hoy consiste en aprender nuevas formas de relacionarse con personas proactivas que no esperen a que vengan otros a resolverles los problemas. Personas que, como dice Steve Jobs, digan lo que hay que hacer en lugar de esperar a que les digan lo que hay que hacer.

MindReader: El Cerebro de mi Herramienta GTD

mindreader MindReader: El Cerebro de mi Herramienta GTDDespués de compartir contigo los otros dos elementos de mi herramienta GTD, MindManager, el “corazón”, y ResultsManager, el “cuerpo”, llegamos por fin a MindReader, el verdadero cerebro que hace funcionar todo el sistema.

MindReader es el resultado de combinar una serie de macros desarrolladas en SAX Basic, el lenguaje de programación que incorpora MindManager, con un diccionario en formato mapa mental, que es el que puedes ver en la imagen adjunta.

La idea original fue desarrollada por @ActivityOwner, un auténtico crack y autor del blog homónimo ActivityOwner, cuya lectura y relectura es absolutamente imprescindible si finalmente te decides a usar MindManager con ResultsManager como tu solución GTD.

Aunque actualmente utilizo una versión personalizada y bastante distinta de la “oficial”, al principio (2007) sí que colaboré muy activamente en el desarrollo de la misma y algunas de sus funcionalidades actuales fueron idea mía. Por ese motivo todo mi sistema está en inglés.

MindReader es fundamentalmente lo que los programadores llaman un parser, es decir, un analizador sintáctico. Cada vez que añado una nueva entrada a uno de mis mapas de acciones y proyectos, la macro principal de MindReader la trocea y procesa, utilizando para ello el diccionario que aparece en el mapa de la figura adjunta.

En cada “rama” del mapa hay varias ramas adicionales a su vez (en la foto no se ven porque están colapsadas). Estas ramas adicionales contienen palabras y expresiones, cada una de las cuales va acompañada de las correspondientes instrucciones sobre qué hacer con ella.

Así, por ejemplo, si escribo (en inglés) “Llamar a Pepe a partir del lunes antes del viernes!”, la macro va a encontrar la palabra “llamar” en el mapa y además en dos ramas distintas. “Llamar” aparece dentro de “verbs“, lo que va a hacer que la macro sepa que tiene que buscar un nombre [contacto] para la persona a la que hay que llamar y que además defina que esa acción debe hacerse en el contexto “@teléfono”. “Llamar” aparece también en la rama “verbstockicons“, por lo que la macro añadirá a la acción un icono con un teléfono.

Lo siguiente que encontrará el parser será “Pepe”. La macro identifica que es un nombre propio, así que lo buscará en el mapa diccionario. Si tengo algún “Pepe” definido en “resources“, imaginemos “Pepe Lara”, la macro pondrá a “Pepe Lara” como contacto para la acción. Si no hay ningún “Pepe” definido en “resources“, la macro pondrá simplemente “Pepe” como contacto para la acción.

El próximo término que identificará la macro será “a partir del lunes”. La macro encuentra la expresión “a partir del lunes” definida en “startdates” y allí hay una fórmula que indica cómo calcular el día del mes y año que corresponde al primer lunes a partir de hoy, que será la fecha de inicio de la acción.

Lo siguiente que encontrará la macro será “antes del viernes”. Esa expresión se encuentra en la rama “duedates” junto con la fórmula para calcular el día del mes y año que corresponde al primer viernes a partir de hoy, que será la fecha objetivo de la acción.

Por último, la macro encuentra el signo “!”, que significa “convertir fecha objetivo en fecha límite”, instrucción que también es ejecutada inmediatamente por la macro, que además añadirá a la acción un icono con una exclamación para recordarnos visualmente que es una fecha límite.

Esto es simplemente una idea de la potencia de MindReader. Adicionalmente se pueden modificar (retrasar, adelantar, ampliar…) acciones en bloque, moverlas entre mapas, cambiar o añadir contextos o contactos…

Asimismo, MindReader incorpora las macros necesarias para marcar acciones como completadas, borrándolas del mapa actual y copiándolas en un “log” o registro histórico. Si la acción completada es recurrente, las macros se encargan también de calcular las fechas futuras y crear la nueva acción.

En la próxima entrada sobre GTD te contaré cómo es mi uso habitual de este sistema, y cómo los tres elementos que hemos visto actúan de forma integrada. No te lo pierdas.

Es el Usuario [,] Estúpido

nerd con teclado Es el Usuario [,] EstúpidoDesde su aparición, hace ya tres décadas, las aplicaciones informáticas, y en concreto las ofimáticas, no han parado de evolucionar, incorporando nuevas funcionalidades y haciendo un esfuerzo significativo por mejorar su rapidez y usabilidad.

A pesar de este innegable esfuerzo por parte de los desarrolladores, el aprovechamiento de estas herramientas de productividad sigue siendo, en términos reales, muy escaso.

Se puede alegar que las nuevas versiones suceden a sus predecesoras a tal ritmo que resulta imposible mantenerse al día. También se puede intentar explicar la situación diciendo que las compañías no invierten suficiente en formar a sus empleados sobre el correcto uso y aprovechamiento de estos programas.

Sean o no ciertas estas afirmaciones, lo que es indudable es que el aprovechamiento de estas herramientas de productividad depende tanto de la calidad y usabilidad de la propia herramienta como de la capacidad y voluntad del usuario. Y si es cierto que los fabricantes de aplicaciones ofimáticas han hecho un esfuerzo evidente por mejorarlas, no creo que la actitud del usuario medio ante las mismas haya evolucionado en la misma medida durante estos años.

Tengo la impresión de que siguen siendo muy pocos los usuarios que se plantean preguntas como “¿qué podría hacer esta herramienta por mí?” o “¿será posible hacer X con esta herramienta?”. Lo más habitual es que las aplicaciones ofimáticas se perciban como algo impuesto con lo que hay que convivir, en lugar de ser percibidas como el potencial aliado que son.

Objetivamente hablando, el uso de las herramientas ofimáticas no es más complicado ni requiere mayor esfuerzo que muchas de las asignaturas que esos mismos usuarios han tenido que superar a lo largo de su carrera académica. Para evitar malos entendidos, no digo que dominar las aplicaciones ofimáticas sea sencillo. Es algo que sin duda requiere una inversión muy importante de tiempo y esfuerzo.

Pero sobre todo requiere compromiso, constancia y, especialmente, voluntad de aprender a usarlas. Por ejemplo, conozco algún caso de usuario incapaz de dar formato a una tabla en Word y no creo que sea por falta de capacidad, ya que en su día superó con buena calificación las asignaturas de Cálculo y Álgebra de una ingeniería superior.

Algo ocurre en muchas de las organizaciones actuales en las que el talento, con más frecuencia de la que cabría esperar, está lento.

Por otra parte, algo falla en un sistema educativo en el que muchas personas se afanan por dejar el cerebro en casa tan pronto consiguen una titulación. Este es uno de los grandes efectos perversos de un sistema basado en la conformidad: la pérdida de iniciativa y creatividad.

El mecanismo natural del aprendizaje va de dentro a fuera de la persona impulsado por la curiosidad. Al sustituirlo por un mecanismo no sólo artificial sino erróneo, que va de fuera a dentro imponiendo temas sin interés para el individuo, se acaba eliminando en buena medida dicha curiosidad.

Precisamente de la curiosidad nacen la pregunta y el sentido crítico, base del sentido común. Si el sistema obvia las preguntas y sólo emplea respuestas, consigue la conformidad buscada pero también favorece la aparición de individuos con niveles limitados de criterio e iniciativa.

No nos engañemos. Las personas con altos niveles de criterio e iniciativa son proporcionalmente escasas porque se deben a un fallo del sistema. No son el resultado deseado sino una desviación del mismo. Esto que antes, en el paradigma del control, podría considerarse una buena noticia, ahora es un drama para las empresas y para la economía en general.

La recuperación económica pasa por el incremento de la productividad, pero no entendida como reducción de costes, sino como innovar y producir más y mejor con los recursos disponibles. Una de las muchas cosas que deben cambiar para que esto sea posible, además de la adopción generalizada de hábitos productivos, es que las personas aprendan a utilizar y sacar partido a las herramientas de productividad que tienen a su disposición para hacer su trabajo.

Porque no creo que actualmente el problema resida en las herramientas. Parafraseando la célebre frase de James Carville en la campaña de Bill Clinton contra George H. W. Bush, “It’s the economy, stupid“, creo que a día de hoy, en general, el principal motivo por el que la tecnología no se aprovecha como debiera “es el usuario, estúpido” y, en particular, “es el usuario estúpido“.

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