Desarrollo Profesional: Luces y Sombras del Feedback 360º

peones de colores Desarrollo Profesional: Luces y Sombras del Feedback 360ºHace algunas semanas leía en ¿Coaching?, el blog de Alfonso Longo, una entrada en la que se cuestionaba la validez del Feedback 360º y que dio lugar a una interesante conversación vía comentarios.

Sé que hay diversidad de opiniones al respecto, pero como mi experiencia personal con el Feedback 360º es muy positiva y creo que es una de las mejores herramientas de desarrollo directivo que existen, me parece interesante dedicar una entrada en Optima Infinito a compartir lo que, desde mi punto de vista, son sus luces y sus sombras.

Lo primero es distinguir entre los dos tipos principales de Feedback 360º, a los que me gusta llamar respectivamente Feedback 360º “circular” y Feedback 360º “esférico”.

El Feedback 360º “circular” es el más habitual. Lo llamo así porque todo el feedback proviene del mismo “plano”: la empresa.

Si imaginamos un directivo cualquiera al que llamaremos “D”, el Feedback 360º “circular” normalmente incluye el de todos los miembros del equipo que gestiona “D”, el del jefe directo de “D”, el de algunos otros directivos que se encuentran al mismo nivel en la jerarquía que “D” y que interaccionan frecuentemente con él y, opcionalmente, el de algunos otros directivos que se encuentran al nivel del jefe de “D”.

También resulta muy útil incluir una autoevaluación del propio “D”.

El Feedback 360º “esférico” es un Feedback 360º “circular” al que además se le añade feedback de clientes y proveedores que interactúan habitualmente con nuestro directivo “D”. Es menos frecuente que la otra modalidad, ya que acceder a feedback externo a la empresa resulta más complicado.

En cualquiera de sus formas, el Feedback 360º es una potentísima herramienta de desarrollo, ya que combina feedback sobre puntos fuertes y áreas de mejora procedente de muy diversas fuentes.

Sin embargo esta potencia no está exenta de riesgo. El Feedback 360º no se puede usar en todas las empresas, ni con todos los directivos ni en todas las circunstancias. Es más, un uso incorrecto de esta herramienta puede suponer una verdadera catástrofe en la organización.

Algunos principios básicos que pueden ayudar a un uso adecuado del Feeback 360º son:

  • Madurez. Asegúrate de que tu organización en general, y tus directivos en particular, tienen la madurez suficiente para asimilar un proceso de Feedback 360º. Si la cultura de la empresa no fomenta la confianza y la cooperación, piénsatelo dos veces antes de lanzarte a la aventura
  • Sentido común. Mi recomendación es que lo utilices exclusivamente como herramienta de desarrollo. Algunas organizaciones lo emplean también para evaluar el rendimiento, lo cual, en mi opinión, es una barbaridad (y según algunos estudios, contraproducente)
  • Regularidad. Si no estás seguro de poder repetir el ejercicio al menos una vez al año durante tres o más años seguidos, te puedes ahorrar el trabajo. La información que se obtiene de un Feedback 360º aislado no es especialmente relevante; lo que importa es ver cómo evolucionan los resultados con el tiempo y poder evaluar las mejoras resultantes de los planes de acción
  • Oportunidad. No lances este tipo de proyectos en momentos críticos (fusiones, EREs…), ya que los resultados se contaminan y la información que arrojan deja de ser fiable
  • Anonimato. Con excepción del jefe directo, debe haber al menos cuatro personas en cada uno de los grupos que proporciona feedback. Mejor aún si el proceso se gestiona externamente por alguien independiente
  • Voluntariedad. Es una herramienta de desarrollo, no una obligación ni un castigo. Los resultados de estos ejercicios siempre “duelen”, por buenos que sean, y no todo el mundo tiene el mismo nivel de autoconocimiento ni la misma capacidad para “encajar” feedback negativo
  • Compromiso. Como es voluntario, el directivo que quiera participar debe comprometerse a elaborar un plan de acción después de cada ejercicio y trabajar para mejorar los resultados obtenidos
  • Objetividad. El feedback debe ser sobre la existencia o no de comportamientos observables, no basado en opiniones o juicios de valor
  • Perspectiva. Si tienes un número suficiente de participantes, elabora un “benchmark” interno. Enriquecerás los resultados, ya que una puntuación muy buena puede no serlo tanto comparativamente con el resto de la empresa y viceversa
  • Transparencia. Explica a la organización en qué consiste el proceso y por qué se realiza. Comunica abiertamente qué se está haciendo en cada fase durante todo el tiempo que dure el mismo
  • Colaboración. Cada directivo (“D”) debe comunicar los resultados a su equipo y compartir con él los planes de acción en los que va a trabajar, fomentando el debate e involucrando al equipo en la elaboración del plan de acción. Esta es la única forma de ser creíble ante el equipo y de que éste siga colaborando con su feedback a lo largo del tiempo

Como ya he comentado en este blog, el feedback en general es un regalo y creo que el Feedback 360º en particular es uno de los mejores regalos que puedes hacer a un directivo realmente interesado en desarrollarse.

Desarrollo Organizacional: El Que No la Hace, la Paga

ejecutivo esposado Desarrollo Organizacional: El Que No la Hace, la Paga

Las políticas y procedimientos son a la empresa lo que la ley a la sociedad y, del mismo modo que la ley intenta defender los intereses de la sociedad, las políticas intentan salvaguardar los intereses de la empresa, algo totalmente lícito por otra parte.

La forma en que las políticas defienden estos intereses empresariales es definiendo un marco de actuación para los empleados en el que se ponen de manifiesto tanto los comportamientos deseables, y por tanto permitidos, como los no deseables, y por consiguiente prohibidos.

Una política de empresa es, en última instancia, una herramienta para acotar el universo de comportamientos posibles o, en otras palabras, limitar la toma de decisiones individuales.

Nada que objetar hasta este punto. Creo de hecho que las políticas de empresa son en general necesarias, pero me parece muy importante tener presente a la hora de elaborarlas que su punto de partida supone habitualmente un recorte a la libertad de los empleados para tomar decisiones.

Existen al menos dos formas de enfocar el desarrollo y puesta en marcha de una política de empresa: el enfoque 1.0 y el enfoque 2.0.

El enfoque 1.0 es característico de la empresa tradicional. En él, el empleado es considerado como una persona que, si no se hace algo para evitarlo, actuará únicamente en beneficio propio y contra los intereses de la empresa. Se considera implícitamente que los empleados son inmaduros y egoístas. Hablamos, en resumen, de un enfoque regido por la desconfianza hacia el empleado.

Las políticas generadas desde este enfoque son rígidas y genéricas. Suelen ser resultado de la falta del liderazgo necesario para gestionar las diferencias, por lo que terminan optando por la solución simplista de defender como única prioridad los intereses de la empresa a cualquier precio, cayendo así en un proceso de “criminalización colectiva” por el que una mayoría de empleados resulta injustificadamente perjudicada.

Estos enfoques no sólo conllevan un profundo efecto desmotivador, al “hacer pagar a justos por pecadores”, sino que además generan el efecto contrario al deseado, ya que “quien siembra mezquindades, recoge mezquindades“.

Un ejemplo de este tipo de enfoque 1.0, supongamos en una política sobre uso de redes sociales, sería prohibir por completo el acceso a las mismas en horario laboral. A fin de evitar el hipotético caso de que un empleado pudiera “pasarse el día” conectado a ellas, se perjudica a la mayoría de empleados que, en condiciones normales, haría un uso razonable y sensato de estas redes.

El enfoque 2.0 es el que en mi opinión debería comenzar a imponerse. En él, el empleado pasa a ser considerado una persona madura, responsable y juiciosa que sabe encontrar la forma de compatibilizar sus intereses personales con los de la empresa. Es un enfoque regido por la confianza mutua, el diálogo y la transparencia.

Las políticas generadas desde este nuevo enfoque son flexibles y específicas, demostrando sensibilidad hacia las distintas necesidades, con una clara vocación integradora de intereses y con capacidad y liderazgo para explicar y justificar las diferencias. En lugar de criminalizar colectivamente a los empleados confían en la autocensura y el buen juicio de los mismos, a la vez que fomentan que se monitoricen las desviaciones y se actúe enérgicamente sobre ellas.

Por seguir con el ejemplo anterior, en un enfoque 2.0 se instaría al empleado a hacer un uso moderado y razonable de las redes sociales durante la jornada laboral, a la vez que se monitorizaría el volumen de uso para detectar excesos y poder actuar inmediatamente sobre ellos.

El talento quiere ser menos recurso y más persona, porque son personas y desean ser tratadas como tales. No es ninguna novedad, siempre lo han querido. Lo que ha cambiado es el escenario. De un entorno con talento en exceso hemos pasado, aunque la crisis pueda producir una pasajera ilusión de lo contrario, a un entorno de escasez creciente del talento.

Con estas nuevas reglas del juego las empresas cuya actividad depende esencialmente del talento van a tener que cambiar, quieran o no. La escasez del talento se ha convertido en su “burning platform“: o cambian o desaparecerán.

Desarrollo Organizacional: ¿Cultura Empresarial o Doctrina Empresarial?

robots desfilando Desarrollo Organizacional: ¿Cultura Empresarial o Doctrina Empresarial? Cuando comencé mi carrera profesional no estaba familiarizado con el término “cultura empresarial” y sin embargo pude observar rápidamente a mi alrededor una serie de comportamientos que parecían ser compartidos por la mayor parte de las personas que trabajaban en aquella empresa.

No había oído hablar de la importancia del “empowerment“, o “empoderamiento“, pero mi jefe confiaba en mis capacidades y me delegaba responsabilidades que crecían a la par que mi experiencia en el puesto, lo cual me hacía sentir valorado.

Tampoco conocía el concepto de “conciliación“, aunque supongo que de eso se trataba cuando mi jefe insistía en que me fuera a casa si me quedaba a trabajar hasta tarde.

Hasta mucho más tarde no descubrí qué significaba MBWA o política de Puertas Abiertas, pero me llamaba poderosamente la atención que el Director General hiciera cola junto a mí en el autoservicio de la cafetería y se sentara a comer con nosotros como uno más, o que sólo hubiera dos despachos en la oficina (RRHH y Dtor. Gral).

Por diversas circunstancias tardé muchos meses en poder asistir al curso de neófitos en los que se nos explicó el propósito, la misión, los valores y las políticas de la empresa, es decir, todos los elementos que conforman la doctrina de un modelo típico de cultura empresarial, y he de reconocer que nada de lo que allí comentaron me sorprendió, porque era lo que llevaba viendo y viviendo desde hacía varios meses.

Esto fue posible porque la doctrina venía refrendada por la cultura. Lo que la empresa decía se podía palpar en el día a día. Sin embargo este alineamiento entre doctrina y cultura no siempre existe y es algo que no puede darse por hecho.

Porque a veces se confunde doctrina empresarial con cultura empresarial, a pesar de existir entre ambas una diferencia sustancial.

La doctrina es, según la R.A.E., la enseñanza que se da para la instrucción de alguien y también el conjunto de ideas u opiniones sustentadas por una persona o grupo. Por otra parte, la cultura tiene que ver, también según la R.A.E., con modos de vida, costumbres… En resumen, doctrina es lo que la empresa dice y cultura es lo que la gente de la empresa hace.

La cultura empresarial no se crea ni se cambia a golpe de PowerPoint, sino dando ejemplo consistentemente desde arriba, y a lo largo de todos los niveles intermedios, de los comportamientos que se quieren potenciar.

No vale de nada repetir a los cuatro vientos que preocupa mucho la conciliación si los directivos de la empresa se van a las once de la noche a su casa y se pasan el fin de semana enviando e-mails. Tampoco sirve de nada hablar de respeto a los empleados si las reuniones se convocan y desconvocan de un día para otro. Ni se puede hablar de una cultura de alto desempeño si los vagos campan impunemente a sus anchas y la gente con resultados excepcionales no es reconocida debidamente.

Por más que algunos directivos y colegas de RRHH actúen como si creyeran en la afirmación de Goebbels de que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, esto no funciona en el mundo de la empresa. Si lo que la empresa dice no es coherente con lo que sus directivos hacen, la credibilidad desaparece. Y como comentaba en su día, la comunicación sin credibilidad se convierte en propaganda.

Para crear o cambiar la cultura empresarial sólo hay un camino: predicar con el ejemplo.

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