Cultura 2.0: Vicios Privados, Virtudes Públicas

enjambre de abejas Cultura 2.0: Vicios Privados, Virtudes Públicas

P1130601 bresca, cortesía de Joan Grífols

¿Ayuda la conversación a forjar el compromiso? Esta era la pregunta que planteaba Eugenio de Andrés hace algunas semanas en el blog Recursos Humanos y Personas, dando lugar, precisamente, a una muy interesante y extensa conversación.

Antes de intentar responder a la pregunta, creo que es necesario redefinir el término compromiso, porque parece que compromiso sólo hay uno y tal vez la realidad no sea tan reduccionista.

Tengo la impresión de que cuando las organizaciones hablan de compromiso se refieren únicamente, me refiero a en la práctica y al margen de lo que pueda asegurar su discurso oficial, al compromiso unilateral por parte del empleado hacia la empresa. Y claro, esto ya es comenzar con mal pie porque, como dice Pilar Jericó en el primer punto de su Decálogo para construir compromiso, el compromiso “no se entiende si no es recíproco y bidireccional”.

La asimetría en el compromiso es un tema sobre el que he podido contrastar opiniones de forma repetida con profesionales de Recursos Humanos y directivos y es un tipo de conversación que suele seguir siempre la misma pauta.

Lo primero que notas, cuando lo planteas, es una reacción defensiva, es decir, no sólo no se discute que los hechos son efectivamente así, sino que se evidencia una clara incomodidad ante una situación que se entiende poco defendible y un tanto vergonzante. Sin embargo, a esta primera reacción le sucede otra de vehemente justificación del statu quo, normalmente con una retahíla de tópicos sobre la variabilidad de la demanda, el ritmo de cambio de los mercados, la necesidad de flexibilidad por parte de la empresa, el marco laboral y demás cantinelas.

Venimos de donde venimos. Somos hijos de la desigualdad. No me gusta generalizar y sé que hay excepciones, porque conozco varias, pero en general, muchos de aquellos señores feudales son hoy directivos de empresa, al menos en mentalidad. Hablan de empleados pero siguen pensando en vasallos, lo mismo que hablan de compromiso pero siguen pensando en sumisión. Por cierto, hay empleados que se siguen viendo a sí mismos, y comportando, como vasallos, pero eso es otra historia.

El problema es que los tiempos cambian. El nivel de expectativas de un joven de la generación Y no es el mismo que el de un vasallo, ni su compromiso tampoco. Y eso que ambos están igual de comprometidos, aunque pueda parecer extraño. La diferencia está en que el vasallo estaba comprometido sólo con sobrevivir y el joven de la generación Y aspira a algo más.

Una amiga mía solía decir “todos lloramos por lo mismo, por nosotros”. Lo mismo aplica al tema del compromiso. Al final todos nos comprometemos con los que nos “toca” de cerca. Y las organizaciones cada vez están más alejadas de las personas.

Porque antes, no sólo las expectativas del empleado era mucho más humildes que ahora sino que las organizaciones eran, además, el eje vertebrador de sus vidas. Pero esto ha dejado de ser así, como explica Julen Iturbe en esta entrada.

Sin embargo, el compromiso permanece. Sigue ahí. Sólo ha cambiado de objeto. Las nuevas generaciones se comprometen con el proyecto, no con la organización, y lo hacen únicamente en la medida en que el proyecto “de la organización” coincide y se alinea con “su propio” proyecto.

La solución ante el problema de la falta de compromiso no es por tanto cómo recuperarlo en su versión tradicional, ya que las circunstancias que lo hicieron posible han dejado de existir. El reto es adaptar las organizaciones a los nuevos requisitos para el compromiso.

Se trata de encontrar la forma de que, parafraseando a Bernard de Mandeville, los “vicios privados” produzcan “virtudes públicas”. Este principio tan básico y sencillo es lo que ha hecho posible Linux o Wikipedia. Es la esencia de la Cultura 2.0, lo que está detrás de cada comunidad de práctica que funciona y lo que hace que las redes sean estructuras tan potentes.

El desafío al que nos enfrentamos es que las organizaciones dejen de pensar únicamente en sí mismas y entiendan que necesitan escuchar a sus personas, interesarse genuinamente por ellas y averiguar qué les mueve y con qué están dispuestas a comprometerse y en qué medida. Tienen que buscar los intereses comunes. Y además de escuchar, luego hay que actuar en consecuencia, claro.

Esta nueva situación supone también redefinir todos los conceptos caducos de teoría de Recursos Humanos de la Era Industrial y, en particular, aquellos sobre motivación, compensación o reconocimiento.

Hay que romper con el pensamiento monolítico porque no todas las personas están igual de comprometidas ni mantienen el mismo nivel de compromiso durante todo el tiempo. Ni falta que hace. Esto es lo más cómodo para la organización pero supone forzar una situación irreal que no refleja la complejidad de la realidad humana. Por eso hay que idear formas nuevas de que la organización compense y reconozca en función de la contribución a la misma en cada momento, sin rasgarse las vestiduras ante la diversidad, en cantidad y calidad, de las contribuciones.

Y el primer paso para que este nuevo compromiso y estos cambios sean posibles es que la conversación con voz humana vuelva a las organizaciones. Los discursos autistas al uso en la mayoría de las organizaciones no son conversaciones, son monólogos. Cambiar este mal hábito es el primer paso, que no el único, hacia el compromiso, porque la conversación es condición necesaria pero no suficiente.

Un primer paso nada sencillo, porque el camino por recorrer es largo y pedregoso, pero sin duda merece la pena, porque es un camino apasionante.

La Innovación Empieza en la Gestión de Personas

El pasado día 19 de octubre estuve en Vitoria-Gasteiz, donde tuve el placer de participar como ponente en el taller “La Innovación Empieza en la Gestión de Personas“, organizado por CEIA/Innovanet. Aprovecho desde aquí para dar las gracias a Aitor San Sebastián por brindarme esta oportunidad y también por su hospitalidad.

Mucho interés y excelente actitud por parte de los asistentes, que se tradujo en una sesión muy interesante e interactiva en la que, durante casi cinco horas, reflexionamos sobre cómo la competitividad empresarial pasa por aprovechar al máximo el potencial de las personas, convirtiéndose en organizaciones en las que innovar es cosa de todos.

Comenzamos analizando el modelo burocrático de gestión tradicional, que tan buenos resultados produjo en su día, para seguir con los cambios económicos y sociales que han tenido lugar en las últimas décadas. A partir de ahí, pudimos ver cómo este modelo está agotado y se manifiesta incapaz de dar respuestas a las grandes preguntas actuales, además de suponer un obstáculo para la tan necesaria transformación.

A pesar de la gran diversidad de experiencias y realidades de los participantes en el taller, y con los necesarios matices en cuanto a forma y tempo, hubo un alto grado de consenso sobre la necesidad de un cambio radical ante unas formas de hacer que no dan más de sí.

La última parte del taller, algo apurados de tiempo debido al gran número de intervenciones durante toda la jornada, lo dedicamos a practicar el modelo de trabajo que propone Gary Hamel en su libro “El Futuro del Management” sobre cómo identificar las bases, o punto de partida, para iniciar y apoyar el proceso de cambio hacia una organización realmente innovadora.

En resumen, una jornada apasionante que me devolvió la confianza en que otra forma mejor de hacer las cosas es posible si somos muchos los que creemos en ello.

Te dejo con la presentación que utilicé durante la sesión. Espero que te guste.

[Nota de última hora: Como quedó gente en lista de espera y el taller gustó, celebramos una nueva sesión del mismo el día 29 de noviembre]

Trabajar por Valores: El Camino Artesano

Afrontar retos con ilusión – desde el convencimiento de que tienen solución – y, fiel a mi visión y mis ideas, pensar, crear e innovar para resolverlos y así disfrutar y compartir esa satisfacción en momentos de plenitud con mi familia.

chaval y rascacielos Trabajar por Valores: El Camino ArtesanoLa frase que encabeza esta entrada describe y sintetiza lo que para mí significa el sexto nivel en el modelo GTD de 6 niveles de perspectiva.

Tuve la oportunidad de pensar en mi propósito y valores de una forma más consciente y detallada como parte del proceso de coaching con el que comenzó hace algo más de dos años mi programa de formación y certificación como coach de la ICF, ahora próximo a su finalización, y creo que tener claro, y por escrito, cuál es tu propósito no sólo inspira y motiva, sino que también ayuda a tomar mejores decisiones.

Si echo la vista atrás, compruebo, entre sorprendido y satisfecho, que todas mis decisiones sobre trayectoria profesional han buscado siempre, consciente o inconscientemente, hacer realidad mi propósito.

Me considero muy afortunado por haber podido trabajar en empresas como HP o Applied Biosystems. Ambas eran empresas con culturas enormemente innovadoras y meritocráticas en las que la innovación y la creatividad encontraban condiciones idóneas para expresarse.

Hasta ahora nunca había buscado activamente un cambio profesional. Lo habitual es que el  nuevo reto hiciera su aparición antes de que el anterior hubiera perdido su chispa y atractivo, lo que al final se ha traducido en diez posiciones distintas en diecisiete años, más de la mitad con fuerte componente internacional y todas ellas vinculadas a retos cada vez más interesantes y a oportunidades para seguir aprendiendo y creciendo como persona y como profesional.

El pasado 31 de julio finalizó mi relación laboral con Life Technologies, la empresa para la que he estado trabajando los últimos seis años y pico. En los dos últimos años la compañía ha llevado a cabo un proceso de fusión en el que he estado fuertemente implicado como Director de Recursos Humanos. Ha sido un proceso largo y complejo, ya que se trataba de dos compañías muy distintas, tanto en tipo de negocio como en tamaño y cultura. Sin embargo, estoy satisfecho con el resultado y cierro etapa con buen sabor de boca. A pesar de ello, he acabado agotado, por lo que agosto ha sido período de necesario y obligado descanso.

Estos dos últimos años me han servido además, entre otras muchas cosas, para darme cuenta de que mi trabajo estaba cada vez menos alineado con mis valores y mi propósito. Los blogs y las redes sociales han ido sustituyendo poco a poco a mi empresa como fuente principal de aprendizaje y las circunstancias -proceso de fusión y situación económica global- han ido limitando cada vez más el espacio para la innovación, haciendo que las oportunidades para plantear nuevos retos fueran prácticamente nulas.

En paralelo, otros proyectos profesionales que iban surgiendo eran para ocupar posiciones tradicionales de dirección de RRHH, con escasas posibilidades para realizar cambios e innovar y, por tanto, muy alejadas también de mi propósito y valores.

El estatus y el poder tienen indudablemente su atractivo, al igual que el dinero produce una agradable sensación de seguridad, pero para mí, lo realmente importante, y lo que me hace de verdad feliz, es un trabajo en el que poder cumplir mi propósito.

He llegado a un momento de mi carrera profesional en la que me debo algo más a mí mismo. Siempre he sentido la necesidad de trabajar como nodo libre, integrado en diversas redes, y cometiendo errores propios en lugar de impuestos. Por eso comienzo ahora una nueva etapa, completamente distinta de las anteriores, y afronto el reto con tanta o más ilusión como cuando inicié mi carrera profesional hace más de diecisiete años.

He decidido emprender en firme el Camino Artesano por el que empecé a andar lentamente el último año. Quiero compartir lo aprendido durante mi intensa y variada carrera profesional y a la vez seguir aprendiendo a partir de ahí, pero ahora desde fuera de la empresa, como Consultor Artesano. En la inmensa mayoría de las empresas españolas está todo por hacer, como dice Pau García-Milá, y me gustaría contribuir a ese cambio tan necesario.

Por otra parte, mis inquietudes son demasiadas como para limitar mi actividad a una sola de ellas, así que mi intención es repartir mi atención en tres frentes:

  1. Consultoría: Centrándome en innovación y productividad en lo que atañe a personas, procesos y tecnología
    1. Innovación en la gestión e innovación operativa, que es lo que me gusta y de lo que tengo experiencia, dejando por tanto al margen la innovación en productos/servicios o en modelos de negocio
    2. Productividad personal (GTD) y de equipos, tanto entre los integrantes del equipo como entre equipos, con un foco especial en la gestión de los compromisos y el aprovechamiento de la tecnología
  2. Formación: Fundamentalmente GTD y también temas relacionados con innovación en cuanto a gestión, liderazgo y aprendizaje
  3. Coaching Ejecutivo: Con una fuerte influencia de GTD en la parte de consecución de resultados. Quiero seguir ayudando a las personas a disfrutar de su carrera profesional y de su vida personal, simultáneamente

En los próximos meses iré perfilando más estas tres facetas hasta ofrecer un portfolio detallado de servicios. Quiero aprovechar también para cambiar la imagen y contenido del blog, así como para actualizar mi perfil en las diversas redes sociales en las que participo.

Hay también muchos interesantes proyectos de colaboración, la mayoría aún en estado incipiente, de los que iré dando cuenta en su momento.

Y poco más por ahora. A corto plazo no habrá grandes cambios pero con el tiempo sí que se irán haciendo visibles.

A fin de cuentas, no quiero alcanzar una meta sino simplemente cumplir mi propósito: Trabajar por Valores. Y, sobre todo, disfrutar del camino. Del Camino Artesano.

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