MASS: Avanzando firme hacia la efectividad sostenible

MASS significa Micro Acción Sostenida Sostenible. Este acrónimo representa otro de los elementos clave de la metodología de efectividad personal OPTIMA3® y son muchas las personas que a día de hoy ya han podido comprobar la utilidad y la potencia de este concepto. ¿Qué es exactamente una «micro acción sostenida sostenible» y por qué resulta tan potente?

Todo el mundo ha sentido en algún momento la frustración derivada de fracasar en la consecución de un objetivo. Por otra parte, ya hemos visto en posts anteriores que una de las razones principales por las que a menudo fracasamos en la consecución de nuestros objetivos es porque solemos caer en el error de plantearnos objetivos frágiles. También hemos visto que los objetivos están claramente sobrevalorados en la actualidad – lo que no los convierte en inútiles – y que lo importante para lograr resultados en entornos VUCA son las tendencias.

El concepto MASS guarda estrecha relación con lo anterior ya que, por una parte, trabaja con «objetivos elásticos» y, por otra parte, centra la atención en las tendencias, en lugar de hacerlo sobre los objetivos. La idea central del MASS es asegurar que se modifica la tendencia existente en la actualidad, oriéntandola en la dirección que conduce al objetivo deseado.

La clave de una MASS es que la modificación perdure en el tiempo, es decir, asegurar que se trata de una modificación «sostenida», más allá de un simple intento puntual. Y para que la modificación sea «sostenida», es indispensable que la acción que da lugar a dicha modificación sea «sostenible», es decir, que sea una acción tan «micro» que la fricción que genera haga impensable dejar de hacerla.

El concepto MASS tiene sus raíces en los aprendizajes obtenidos a partir de múltiples teorías de carácter ampliamente contrastado. Una de ellas, por ejemplo, es la Tercera Ley de Newton, conocida también como «Principio de acción y reacción». Otras de las diversas fuentes que proporcionan una base teórica al concepto MASS son el Principio de Le Châtelier o el concepto de homeostasis en Teoría General de Sistemas.

En la mayoría de los casos, la consecución de nuestro objetivo conllevará cambiar algo. Las teorías anteriores nos previenen sobre un detalle clave que es imprescindible tener en cuenta si queremos tener éxito en nuestro empeño: cuanto mayor sea la magnitud del cambio que queramos lograr, mayor será la resistencia que encontraremos para ello.

MASS propone reducir la «intensidad» del cambio, dedicando ese esfuerzo a asegurar la «constancia» en el cambio, es decir, reducir al máximo la «fricción» del cambio, haciéndolo «sostenible», de tal forma que dicho cambio pueda ser «sostenido» durante mucho tiempo.

Lejos de quedarse ahí, el concepto MASS incorpora también otros importantes hábitos productivos que aumentan nuestra efectividad, como por ejemplo la descomposición de los proyectos en acciones (GTD), el uso de «acciones tachables» (OPTIMA3) o uno de los hábitos más potentes que hemos incorporado recientemente a OPTIMA3: «enfriar el pensamiento», una brillante aportación del maestro Antonio José Masiá.

Uno de los problemas más habituales a la hora de plantearmos un objetivo es precisamente que no enfriamos el pensamiento lo suficiente. Un objetivo decidido «en caliente» es fácil de reconocer porque suele suponer un cambio ambicioso y radical en relación con la situación de partida actual, lo que frecuentemente significa un objetivo poco realista. Cuando no enfriamos el pensamiento lo suficiente, estamos dejando que sea el «sistema caliente» el que domine la situación, sin dejar que el «sistema frío» intervenga para poner un poco de sensatez. Y tú ya sabes, por experiencia, lo «bien» que resulta eso de «decidir en caliente»…

El «sistema caliente» decide únicamente desde las emociones, los buenos deseos y las mejores intenciones, pero casi siempre de espaldas a la realidad. Cuando creas las condiciones para que el «sistema frío» pueda intervenir, estás asegurando que también se van a poder incorporar informaciones útiles y relevantes para que tus objetivos sean resultado de una decisión equilibrada entre deseos y realidad, es decir, que para que sean objetivos realistas, bien definidos, con sentido y, sobre todo, con alta probabilidad de éxito.

El avance firme hacia la efectividad sostenible necesita un cambio de paradigma. Hay que abandonar los objetivos frágiles, sustituyéndoles por objetivos elásticos, e identificar con claridad cual es la tendencia que, de forma mantenida, nos conducirá a ellos. A partir de ahí, solo nos queda identificar una o más «micro-acciones» que aseguren, por la poca fricción que supone su realización, que vamos a ser capaces de realizarlas de forma «sostenida», es decir, que vamos a ser capaces de convertirlas en «hábito», ya que el hábito es la forma de asegurar que son acciones «sostenibles» a medio y largo plazo.

Cómo empiezas es muy importante pero lo que te llevará a dónde quieres llegar es lo que seas capaz de hacer de forma consistente a lo largo del tiempo.

#cienciaGTD: Estado de flujo y sensación de control

Siguiendo con nuestra serie #cienciaGTD, en esta ocasión vamos a seguir profundizando en cómo interactuamos con el mundo real, a fin de entender cómo estas formas de interactuar con nuestro entorno influyen y condicionan nuestra efectividad.

En el campo de la cibernética, se utiliza un sencillo paradigma conocido como «control por feedback» o «regulación controlada por errores». Según este paradigma, cualquier agente orientado a la consecución de un objetivo – da igual que ese agente sea una hormiga o una persona – intenta alcanzar su objetivo eliminando cualquier diferencia entre la situación en la que está (lo que percibe) y la situación en la que quiere estar (el objetivo). Es importante aclarar que aquí «objetivo» significa simplemente una opción preferida sobre otras.

Cuando se percibe una diferencia entre la situación actual y la deseada, se realiza una acción encaminada a reducir esa diferencia, es decir, hacemos cosas para acercarnos a la situación deseada. Si el resultado de esa acción es insuficiente, se lleva a cabo una nueva acción encaminada a acercarnos al objetivo, repitiéndose el proceso las veces necesarias hasta que el agente ha alcanzado su objetivo o encuentra una situación que le satisface.

Aunque algunas de las acciones realizadas pueden resultar contraproducentes, en el sentido que nos alejan de la situación deseada en lugar de acercarnos a ella, el proceso en general tiende a acercarse al objetivo gracias al feedback negativo, es decir, a que cada nueva acción tiende a corregir los errores creados por la acción anterior, si es que se han producido.

Las perturbaciones externas son gestionadas de forma parecida: ante cualquier error o desviación, la reacción del sistema es intentar reducirla al máximo, hasta hacerla desaparecer. De esta forma, el sistema permanece en control de la situación, contrarrestando cualquier movimiento al margen de su línea de acción deseada.

Según Heylighen y Vidal, en el paradigma del «control por feedback», o de la «regulación controlada por errores», sobran la planificación y los razonamientos complejos, ya que son innecesarios. Esta «liberación» convierte al «control por feedback» en un mecanismo muy sólido, capaz de gestionar de forma efectiva las situaciones más complejas.

Por si fuera poco, este concepto cibernético de «control», entendido como «saber dónde estamos con relación a lo que estamos haciendo y lo que queremos conseguir», constituye la base del estado psicológico definido por Csikszentmilhalyi como «flow» o «estado de flujo».

Fluir es un estado placentero que las personas experimentan cuando están absortas en una actividad que requiere de atención plena y sobre la que sienten que tienen el control, es decir, sienten que son capaces de avanzar de forma efectiva hacia su objetivo, por lejano que pueda estar.

El estado de flujo se caracteriza por contar con un objetivo claro y por recibir de forma continua feedback sobre cuánto nos ha aproximado a dicho objetivo la última acción realizada. Para fluir, el reto debe estar a la altura de las capacidades de la persona. Si la tarea a realizar es percibida como demasiado difícil, generará ansiedad y estrés. Por el contrario, si la tarea es percibida como demasiado fácil, producirá aburrimiento y cansancio.

Cuando fluyen, las personas tienden a olvidar sus preocupaciones e incluso, momentáneamente, la noción del tiempo, centrándose completamente en la tarea que están realizando. Cualquier actividad que se nos da bien y conlleve un reto puede favorecer la aparición del estado de flujo, sea la práctica de un deporte, jugar a un videojuego o cualquier actividad profesional que cumpla con los requisitos ya indicados.

En un próximo post aprenderemos cuál es la forma más efectiva de procesar la información para reducir el estrés. Cuento contigo.

Objetivos frágiles: Qué son y cómo evitarlos

Dicen que el 25 por ciento de la gente que se hace propósitos para el año nuevo los abandona al cabo de una semana. Yo no sé hasta qué punto esas cifras son ciertas pero lo que sí tengo claro es que el porcentaje de gente que acaba cumpliendo sus propósitos de año nuevo es ridículo. ¿Por qué? ¿Tenemos un problema generalizado de falta de compromiso o es que nos gusta mentirnos compulsivamente? La realidad es mucho más sencilla: nos proponemos objetivos frágiles y las cosas frágiles se rompen «a la mínima».

Si nos fijamos en su naturaleza, los objetivos pueden ser de dos tipos: de valor o de rango.

Los objetivos de valor son objetivos binarios, es decir, solo admiten dos valores para decidir si se han conseguido: sí o no, sin dejar opción a subjetividades. Por ejemplo, si tu objetivo es cambiar de empresa, entonces se trata de un objetivo de valor ya que, o has cambiado, o no has cambiado. El objetivo de cambiar de empresa es binario porque solo admite esos dos valores únicos: «me he cambiado de empresa» y «no me he cambiado de empresa», de modo que la opción «casi me he cambiado de empresa» no sirve como una aproximación válida a «me he cambiado de empresa».

Los objetivos de rango admiten mútiples valores para decidir si se han conseguido o no, lo que deja amplio espacio para las subjetividades. Por ejemplo, si tu objetivo es hacer deporte, existe un amplio abanico de combinaciones que podrían corresponder a la consecución del objetivo, del mismo modo que existe un amplio abanico de opciones que podrían corresponder a la no consecución del objetivo.

El problema aparece cuando nos empeñamos en cambiar la realidad a nuestro antojo. En concreto, cuando intentamos convertir un objetivo de rango en un objetivo de valor lo que obtenemos es un objetivo frágil.

Los objetivos de valor no están sujetos a subjetividades. Son como son, al margen de nuestra interpretación o de nuestros deseos. Por eso son útiles, porque son reales. Sin embargo, los objetivos de rango están por entero sujetos a subjetividades, por lo que lo inteligente es aprovechar esta característica para definirlos de la manera que ayude a conseguirlos de la manera más efectiva posible.

El error habitual es hacer precisamente lo contrario: ignorar que se trata de objetivos «subjetivos» e intentar convertirlos en «objetivos». Al hacerlo, no solo estamos engañándonos, sino que estamos poniéndonos más difícil su consecución. Los objetivos que intentamos «objetivizar» son poco útiles porque esa supuesta «objetivización» es en realidad falsa.

Una de las principales funciones de los objetivos es servir como elemento de motivación y guía. Cuando nuestro cerebro no tiene claro dónde está la línea de llegada, por lo general se siente poco animado a comenzar la marcha. Contar con un objetivo bien definido ayuda a empezar y también ayuda a mantener la intensidad y el enfoque.

Ahora bien, si el objetivo es frágil, su utilidad será breve. Por eso, cuando hablamos de objetivos de rango, lo inteligente es trabajar con objetivos elásticos. Los objetivos elásticos incorporan ciertas «holguras» que les permiten ser mucho más duraderos – y por tanto mucho más útiles – que los objetivos frágiles.

Retomemos por ejemplo el objetivo de hacer deporte. La mayoría de las personas se plantearía un objetivo de valor, por ejemplo, ir «X» días al gimnasio o salir a correr «Y» días a la semana. Ahora bien, ¿qué pasa la primera semana que dejas de ir «X» días al gimnasio o de salir a correr «Y» días? ¡Exacto! Que el objetivo se ha roto. Ya no mola. Aunque la semana siguiente vuelvas a ir «X» días al gimnasio o salgas a correr «Y» días, ya no es igual. Por eso los buenos propósitos duran lo que duran.

Veamos ahora cómo sería la opción inteligente a la hora de fijar este tipo de objetivos. Como «hacer deporte» es un objetivo de rango, deja espacio a la subjetividad, ya que «hacer deporte» puede tener un significado distinto para cada persona. La forma de plantearnos un «objetivo elástico» sería la siguiente:

  1. Establecer un valor subjetivo de inicio que refleje la situación actual. Por ejemplo, en una escala de 1 a 10, ¿dónde estarías hoy en cuanto a «hacer deporte»? Imaginemos que dices «en un 2». Ya tienes el punto de partida.
  2. Establecer un periodo aproximado dentro del cual te gustaría haber alcanzado tu objetivo. Es preferible que sea también un periodo elástico, como por ejemplo, «en 3 o 4 meses».
  3. Establecer un valor subjetivo de referencia que te gustaría alcanzar al final del periodo que acabas de establecer. Por ejemplo, en esa misma escala, ¿dónde te gustaría estar en cuanto a «hacer deporte» dentro de esos 3 o 4 meses?. Imaginemos que dices «en un 5». Pues ya tienes el punto de llegada.

Gracias al ejercicio que acabamos de hacer, ahora tienes un objetivo elástico que es «pasar en 3 o 4 meses de un 2 a un 5 en cuanto a «hacer deporte»». La ventaja es que este objetivo no se va a romper porque una semana estés de viaje o con gripe y no puedas hacer deporte. Así que, como es elástico, si realmente existe compromiso por tu parte, lo conseguirás.

Yo hace muchos años que sustituí los objetivos frágiles por objetivos elásticos y, al menos en mi caso, los resultados que he podido ir consiguiendo han sido incomparablemente mejores a los que conseguía antes. Además, los objetivos elásticos son uno de los elementos característicos de la metodología OPTIMA3®. ¿Te animas tú a probar este nuevo tipo de objetivos?

Logo redca
sigue este blog en feedly

Mi perfil en Twitter

FacileThings

Categorías

Versión móvil

Código QR