Lo puedes leer en aprox. 2:57 minutos  Poliedros, cortesía de Asier Gallastegui (@gallas73) Los pasados 22 y 23 de febrero, viernes y sábado, nos reunimos, en IZADA, un grupo de profesionales que practicamos la Consultoría Artesana. Si la primera reunión, allá por mayo del 2009, y la segunda, en enero del 2010, estuvieron encaminadas a destilar una declaración de principios sobre formas alternativas de trabajar por la mejora y la evolución de las organizaciones, los dos encuentros siguientes gravitaron alrededor del conocimiento compartido en los campos de la [no] formación y las finanzas. Cuatro encuentros con un objeto común: la propia comunidad artesana. Reconocerse y definirse inicialmente para luego compartir y crecer. Comunidad de práctica con vocación de comunidad de aprendizaje. Pero en esta quinta ocasión había algo distinto en el ambiente: la voluntad de hacer algo de forma conjunta. La gran pregunta era “¿para qué?” En un momento dado del taller surgió la duda: ¿existen los clientes artesanos? Personalmente estoy convencido de que sí. De hecho, creo que muchos de los clientes con los que trabajo lo son, aunque tal vez ellos aún no lo llamen así. Hay una gran necesidad de cambio en las organizaciones. A diferencia de lo que ocurría hace tan solo unos años, la toma de conciencia sobre esta realidad es cada vez mayor y son ya muchas las personas que han asumido que los planteamientos y enfoques tradicionales son insuficientes para dar respuesta a las necesidades actuales. La reconversión rápida y en el último momento de los proveedores y partners “de siempre” inspira, lógicamente, poca confianza. Las organizaciones desean y necesitan ayuda pero no saben a quién acudir. Los recursos son escasos y los riesgos, en caso de error, considerables. No es momento para tomar decisiones a la ligera. Desde #redca creemos que tenemos algo distinto que ofrecer. Algo tangible, con valor real, mucho más allá de conceptos “cool” o frases grandilocuentes. Estamos convencidos de que la transparencia, compartir conocimiento, conversar, trabajar con las personas y disfrutar con tu trabajo marcan una diferencia real en los resultados. Pero somos conscientes de que seguimos siendo “invisibles” para la mayor parte de las grandes organizaciones. No nos movemos en los circuitos que ellas frecuentan ni hablamos el lenguaje al que ellas están acostumbradas. Nuestra defensa de “modelos no invasivos de acercamiento a los clientes” nos autoexcluyen, en cierta medida, de su campo de atención. ¿Cómo podemos ayudar a estas grandes organizaciones a que amplíen su actual abanico de opciones? ¿Qué podemos hacer para que descubran otras formas distintas de hacer consultoría? ¿Qué propuesta de valor podemos tejer desde el poliedro – genial metáfora de Manel – que es #redca? Porque más allá de la diversidad y complementariedad de este poliedro de conocimientos y competencias, hay algo un rasgo esencial que nos caracteriza y que es diferencial en nuestra propuesta de valor. Un rasgo que es independiente de las motivaciones individuales. Da igual que sea el fomento del management humanista, o la difusión de las “maneras de hacer” artesanas, o la popularización del modelo de Consultoría Artesana como alternativa profesional viable, o la evolución de las organizaciones hacia estructuras centradas en las personas. Lo que nos une a los profesionales que ejercemos la Consultoría Artesana es que no solo trabajamos por valores con los que impregnamos nuestro trabajo sino que, además, trabajamos con un propósito. Este taller artesano ha sido el punto de partida de una nueva etapa. Más allá de la transparencia que siempre hemos mantenido, buscamos abrir, dar a conocer, mostrar lo que hacemos. Aún no sabemos cuál será el formato concreto, pero iremos compartiendo las novedades. Vaya desde aquí mi reconocimiento para los que estuvimos - Amalio, Antonio José, Asier, Juan, Juanjo, Julen, Manel y María Jesús - y un fuerte abrazo para los que no pudieron estar en esta ocasión. Si quieres saber más sobre este 5º taller de Consultoría Artesana, puedes pasarte por los blogs de los que asistimos y leer las distintas crónicas que por allí van apareciendo. Además, puedes echarle un vistazo al álbum que ha creado Amalio en flickr, el video creado por Asier o al Storify que preparé con los tuits más relevantes. La aventura continúa… Lo puedes leer en aprox. 2:25 minutos  Cortesía de Mónica Galán (@Monica_G_B) Este viernes y sábado pasados he estado facilitando las primeras dos sesiones sobre Productividad Personal con GTD que llevaré a cabo en esta 1ª edición del Máster de Emprendedores y ha sido una experiencia francamente satisfactoria. Cuando Sergio Fernández me llamó hace unos meses para proponerme formar parte del proyecto, titubeé. No porque no me apeteciera un montón ser parte del mismo, sino porque mis experiencias previas con GTD en otros programas máster, hace ya algunos años, no estuvieron a la altura de mis expectativas. Lo que Sergio me proponía era un reto. Un reto contra mí mismo. Los talleres que facilito habitualmente en empresas son un formato muy trabajado, muy probado, en beta permanente, sí, pero un beta muy avanzado. La mejora de la productividad personal con GTD es un tema denso, con muchos conceptos (solo en la primera sesión vimos 24 distintos), con términos engañosos, por habituales (agenda, lista, proyecto, trabajo… Son palabras que, en GTD, significan otra cosa). Hacerlo atractivo, que no “apabulle”, que se vea el valor de la metodología y que se quiera intentar adoptarla, no es nada sencillo. Pero con tiempo suficiente y un número reducido de participantes, el resultado está garantizado. El reto en esta ocasión era doblar con creces el número habitual de personas y comprimir aún más un contenido resumido al máximo. Cualquier facilitador sabe que las dinámicas que se crean en un grupo de 30 no son las mismas que en un grupo de 10 y que ante grupos tan grandes estás, en buena medida, en manos del destino. Pero el reto merecía la pena. Si salía bien, me iba a quitar un par de “espinitas” que llevaba clavadas desde hace tiempo. Así que lo acepté. Y no solo por el reto sino, principalmente, porque de los colectivos con los que habitualmente trabajo, el que depende más para su éxito de mejorar la productividad personal es el de los emprendedores. Y el resultado, al menos para mí, ha sido espectacular. No por mi intervención, que no me toca a mí juzgar, sino por la experiencia en sí, por el espíritu de esta treintena de emprendedor@s entusiastas, positiv@s, optimistas, cargad@s de energía y de ganas de hacer cosas, de aprender y de colaborar. Es muy contagioso… ¿Las claves? Posiblemente la actitud general, el estado de ánimo, las ganas de aprender todo lo posible y de aprovechar al máximo las sesiones, el buen humor… No lo sé. Todo un poco. Rodeado de pesimismo y mensajes negativos por doquier, parte de mi trabajo es, a menudo, cambiar esa perspectiva y animar a las personas a mirar al futuro y a fijarse en todo lo que pueden hacer en lugar de en lo que no. Por eso estas dos sesiones han sido un regalo para mí. He vuelto a casa cansado físicamente pero rejuvenecido en lo anímico y lleno de energía. Ver que, a pesar de todo, hay tanta gente que mantiene ese espíritu, le devuelve a uno la confianza en que vamos a conseguir adaptarnos con éxito a esta nueva realidad. Así que muchas gracias a tod@s por estos dos días, con mención especial para Mónica y Mar por su permanente ayuda y a Sergio por su confianza en mí, y nos vemos de nuevo en un par de semanas para poner el broche productivo que este proyecto merece! Lo puedes leer en aprox. 3:06 minutos  trojan horse, cortesía de Hugo M. Pereira Los INprendedores y el intraemprendizaje en general están de moda. Es más, parecen estar bien vistos por el sistema y cuentan con el apoyo de numerosas voces de prestigio e importantes instituciones. Lo siento, pero algo no me encaja. Cualquier movimiento apoyado masivamente por el establishment me parece sospechoso… A lo mejor me estoy perdiendo en matices semánticos pero hay ciertos oximorones que me cuesta digerir. Recursos humanos e inteligencia militar son dos de estos oximorones clásicos. INprendedor podría ser el tercero. Porque, ¿qué es en realidad esto del intraemprendizaje? ¿qué es un INprendedor? No está claro pero, por lo que he podido leer, intraemprender es lo que yo esperaría como comportamiento natural de cualquier trabajador del conocimiento con un mínimo de inquietud vital, curiosidad y compromiso profesional. Que la enorme capacidad desmotivadora de las organizaciones, expresada a través de la incompetencia manifiesta de muchos mandos intermedios, acabe neutralizando esta actitud natural, es otra historia. Si lo referimos al contexto de las organizaciones actuales, intraemprendizaje podría ser la expresión máxima de la resiliencia. A diferencia de la multitud zoombie que puebla hoy día las organizaciones, los INprendedores aún tienen sangre caliente corriendo por sus venas. Intraemprendo luego existo. Eso está bien. No nos vayamos a poner negativos de más. Pero yo personalmente prefiero a los troyanos. La primera vez que oí el concepto en el contexto organizativo fue a mi colega y amiga @Odilas, una auténtica troyana. Los troyanos no son héroes caídos que sobreviven gracias a su resiliencia. Simplemente no la necesitan. Los troyanos tienen tal nivel de convicción en lo que deben hacer, para qué y cómo deben hacerlo, que simplemente actúan y ponen en práctica aquello en lo que creen, pase lo que pase. Dice la PNL que hay personas de Afrontar y personas de Eludir. El troyano es definitivamente una persona de Afrontar. Prefiere pedir perdón, llegado el caso, que pedir permiso. No busca convencer, influir, animar, reunir adeptos… Simplemente hace lo que hay que hacer. Los troyanos son los auténticos motores del cambio en las moribundas organizaciones de hoy día. Son de hecho su única esperanza. Personas anónimas, a las que me refería en un post reciente, que tienen el valor suficiente para contribuir al cambio de forma activa. Sí, es cierto. El panorama económico actual no está para grandes alegrías y no todo el mundo puede ser un troyano. ¿O sí? No hacer nada es una actitud extremadamente cómoda. Tu jefe, tu empresa, tus compañeros, tu situación personal… Todo son buenas excusas para no hacer nada. Los pactos de incompetencia dan lugar a situaciones muy cómodas pero que no os ayudan en nada ni a tu organización ni a ti. ¿Qué es lo peor que te podría suceder si empezaras desde ya a hacer algo útil por tu organización, aunque fuera al margen de las políticas, procedimientos, normas y directrices habituales? Aunque no lo creas, tu jefe no es tan malo. Un error común es atribuir a la maldad hechos o decisiones que en realidad son fruto de la incompetencia, cuando no de la estupidez. Si tus resultados superan las expectativas más optimistas, nadie abrirá la boca ni moverá un dedo. Por eso creo que intraemprender no es suficiente. Ya no. No tiene sentido derrochar fuerzas y tiempo luchando contra los dinosaurios organizativos. Es un proceso lento y agotador. Ha llegado la hora de la guerra de guerrillas. Si crees que algo es bueno para tu organización, para tus clientes, para tus compañeros… Simplemente hazlo. Aunar voluntades, convencer, conseguir aprobación… Todo eso está muy bien en condiciones normales. Pero ahora es demasiado tarde. Ya no queda tiempo. Muchas organizaciones avanzan en línea recta hacia el desastre y la desaparición, aunque no se hayan dado cuenta. Hay mucho potencial y mucho talento en las organizaciones. Asustado. Decepcionado. Inmóvil. Hay que lograr movilizarlo, que pase a ser parte de la solución y no del problema. Y eso lo consigues dando ejemplo. Por eso los troyanos son la última esperanza, los únicos capaces de hacer lo que hay que hacer. Porque cuando el sistema entero falla, la única salida es la revolución. Yo conozco personalmente a algunos troyanos, a los que admiro: Andrés, Julián, J. Ramón, David, Javier, Alfonso… Pero sé que sois muchos más. Va por todos vosotros! | | |
Últimos comentarios