Cómo puedes evitar tú el estrés laboral

El Observatorio de Recursos Humanos publicaba recientemente un artículo titulado «Más de la mitad de los trabajadores europeos denuncia que padece estrés laboral». En dicho artículo se combinaban informaciones diversas, que incluían desde la opinión de los propios trabajadores acerca del estrés relacionado con el empleo a una serie de consejos sobre cómo crear ambientes de trabajo saludables.

Pocos días después, me entrevistaban para COPE Guadalajara con motivo de una conferencia que iba a dar, relacionada con nuestra iniciativa «2017: año de la efectividad», sobre «Efectividad Personal: Competencia Clave para el Siglo XXI», y varias de las preguntas estaban también relacionadas con el tema.

Por desgracia, el estrés laboral es un problema poco novedoso, ya que viene de muy lejos. Por otra parte, la ineficacia tanto de su diagnóstico como – sobre todo – de su tratamiento es evidente. No hay más que ver los resultados. Cada vez hay más estrés en las organizaciones, tanto en amplitud (más personas afectadas) como en intensidad (consecuencias más graves).

Las grandes consultoras de Recursos Humanos/Formación han descubierto recientemente el nicho de «lo saludable» y se han lanzado «al ataque» con una amplia gama de nuevos servicios para contribuir a la creación y el mantenimiento de organizaciones saludables. La idea en sí misma me parece excelente, pero la mayoría de las implantaciones, alguna de las cuales conozco de cerca, me parecen patéticas. Cuatro conceptos vacíos de contenido, pero que  suenan bien comercialmente; algunas caras conocidas, con cierta relevancia en sus respectivos campos; y muchos recursos, la mayoría, para marketing y ventas. Una pena haber desperdiciado la ocasión y que estos recursos no se hayan invertido en crear soluciones de valor.

A ver, que quede claro. Está bien que la gente se alimente de forma más sana, haga más ejercicio, conozca mejor qué beneficia y qué perjudica a su salud, desarrolle su inteligencia emocional, etc. De hecho no es que esté bien, es que está fenomenal y todo el mundo debería hacerlo. Pero, por desgracia, y aunque sin duda contribuye a ello, todas estas prácticas son insuficientes para reducir de una forma significativa – y no digamos ya para eliminar – el estrés laboral.

Conozco bien el estrés laboral. Lo he padecido en carne propia durante mucho más tiempo del que me hubiera gustado, lo he visto a mi alrededor durante muchos años como profesional de Recursos Humanos y lo sigo viendo a diario en mi trabajo. Además, es algo sobre lo que leo e investigo constantemente. También conozco bien la solución que hoy por hoy mejor funciona y que, además, es 100% compatible con el resto de iniciativas «saludables», solo que muchísimo más efectiva que todas ellas juntas. Hablo de la «efectividad personal».

Si se conoce la solución que de verdad funciona, ¿por qué entonces se sigue con los «parches» en lugar de aplicarla? La respuesta incluye diversas razones. Por una parte, simple ignorancia. Por sorprendente que parezca, el concepto de «efectividad personal» es desconocido todavía para muchísima gente, incluso para mucha de la que trabaja en Recursos Humanos/Formación, tanto en las consultoras como en las organizaciones. Por otra parte, simple comodidad. Un «cursito/píldora» sobre hábitos saludables es cómodo de impartir (cualquiera puede hacerlo), cómodo de escuchar y cómodo de empezar a aplicar (para cómodamente abandonarlo y volver a las andadas unos días después, evidentemente).

Por el contrario, la efectividad personal es incómoda. Extremadamente útil y potente, pero incómoda. Desde el minuto uno. Es incómoda de explicar, ya que genera mucha «fricción» al forzar a la gente a salir de su «zona de confort». Es incómoda de escuchar, porque te pone cara a cara con tu responsabilidad a la hora de resolver el problema, sin dejarte «echar balones fuera» y obligándote a reconocer que la gran mayoría de la solución está en tus manos. Y es incómoda de aplicar, porque supone desaprender, cambiar, romper con inercias y rutinas de años, sentirte torpe con los primeros pasos y combinar avances con retrocesos durante una buena temporada.

Sin embargo, la efectividad personal es una solución de eficacia probada al alcance de cualquier persona, siempre que esté realmente comprometida con solucionar su problema de estrés laboral. Hay mucho que escapa a tu zona de influencia: jefes, clientes, proveedores, entorno, circunstancias… Pero hay mucho que cae directamente bajo tu zona de influencia: tus hábitos, cómo gestionas tu atención, cómo eliges qué hacer y qué no hacer en cada momento…

Está claro que vivimos en un mundo en el que todo es urgente, las cosas cambian demasiado rápido y falta tiempo para tanta información. ¿Consecuencias? El día a día nos desborda y es agotador, no llegar a todo es frustrante y vivimos con la sensación de trabajar mucho y avanzar poco. ¿De verdad nos sorprende que haya estrés laboral?

A diferencia de los «parches», la efectividad personal propone mejores prácticas fácilmente aplicables, plantea comportamientos concretos y ofrece estrategias contrastadas para eliminar distracciones, gestionar interrupciones y poder enfocarte en las cosas más significativas. Saber qué entra en tu radar, averiguar qué significa para ti, decidir qué hacer o no con ello, poner los recordatorios adecuados para tener claro en todo momento qué necesitas conseguir y qué necesitas hacer para conseguirlo, revisarlos con regularidad para mantener la tranquilidad, la sensación de control y no perder confianza ni la perspectiva… Como ves, un conjunto de hábitos sencillos que eliminan el estrés de manera efectiva.

Hay mucho que puedes hacer para evitar el estrés laboral. Soluciones a tu alcance y al alcance de cualquier persona dispuesta a comprometerse con un proceso de cambio y mejora personal. Con propuestas tan sencillas como aprender nuevas formas de trabajar con enfoque o a decidir mejor qué hacer en cada momento. Soluciones que, además, están basadas en evidencias científicas y avaladas por millones de personas que las han aplicado con éxito en todo el mundo. ¿Quieres testimonios? Aquí tienes uno y aquí otro.

La solución al estrés laboral no es rápida, ni es cómoda, pero existe y funciona. Tú puedes evitar el estrés laboral. La forma de conseguirlo es aprender y desarrollar una nueva competencia, específica para la realidad en la que nos ha tocado vivir.  La solución más efectiva al estrés laboral se llama «efectividad personal» y la única gran pregunta que queda por responder es si quieres y vas a comprometerte a practicarla o no.

Formación personalizada: ¿necesidad real o moda inefectiva?

Por formación personalizada me refiero al resultado de adaptar una actividad formativa determinada a la casuística concreta de un cliente, colectivo o situación en particular, más allá de lo necesario para el desarrollo efectivo de dicha actividad formativa o, incluso, en contra de ello.

Aunque la tendencia ha decrecido de forma significativa recientemente, las solicitudes de «adaptación» o «personalización» han venido siendo algo bastante habitual en los últimos años en el mundo de la formación, como en su día lo fueron las «pre-actividades» y las «post-actividades» formativas, es decir, el trabajo previo y posterior a la actividad formativa propiamente dicha.

El gran problema de las modas es que son simplemente modas y, por tanto, su correspondencia o no con las necesidades reales existentes – de existir – es pura coincidencia. Es algo que pude experimentar en primera persona durante mi etapa como Director de Formación y Desarrollo en HP Servicios.

Por ejemplo, el trabajo previo a la formación puede ser muy útil en determinados casos y un grave error en otros. Si tomamos el caso concreto de metodologías de productividad y efectividad personal, como GTD® y OPTIMA3®, el trabajo previo – entendido como facilitar información por adelantado sobre la metodología – es un grave error, ya que en lugar de partir de una única ignorancia compartida, la persona que facilita la formación tiene que lidiar con múltiples interpretaciones erróneas, derivadas de las suposiciones que cada persona ha generado por su cuenta a partir de ese trabajo previo.

Lo mismo ocurre con las «post-actividades» tipo «café para todos», que normalmente quedan definidas antes de que tenga siquiera lugar la formación y, por tanto, antes de saber cuáles son las necesidades reales de cada persona una vez ha participado en la misma. Afortunadamente, también empieza a ser habitual que muchas organizaciones ofrezcan servicios de «acompañamiento» posteriores a la formación, de manera que las personas cuenten con el apoyo que necesitan a la hora de interiorizar y aplicar lo aprendido ya que, como todo el mundo sabe, tu vida no va a cambiar en un taller formativo.

Pero volvamos al tema de la formación personalizada. ¿Es una demanda que obedece a una necesidad real o es simplemente una moda absurda? La respuesta es «depende».

Depende de si estamos hablando de una formación centrada en «cómos» o de si estamos hablando de una formación centrada en «qués».

Si se trata de una formación centrada en «cómos», la personalización puede ser importante e, incluso, imprescindible. Si, por ejemplo, quiero que una persona aprenda «cómo» cambiar una pieza específica de un mecanismo complejo, el proceso de aprendizaje será mucho más efectivo si se lleva a cabo sobre ese mecanismo en concreto que si se lleva a cabo sobre un mecanismo genérico parecido y mucho más aún que si me dedico a contarle a la persona «qué» tiene que hacer para cambiar la pieza en lugar de explicarle «cómo» cambiarla.

Sin embargo, si se trata de una formación centrada en «qués», la personalización suele ser un error, en la medida que constituye un obstáculo potencial al proceso de aprendizaje. ¿A qué se debe esto? Muy sencillo. Moverse en el mundo de los «qués» significa moverse en un mundo abstracto, conceptual, que para la gran mayoría de las personas supone un esfuerzo superior – o sea, es menos cómodo – que moverse en el mundo de los «cómos», es decir, de las secuencias concretas de acciones que simplemente hay que seguir para lograr los «qués».

El problema de los «cómos» es que pueden ejecutarse sin necesidad de saber «qué» efecto producen, ni «por qué» ni «para qué» se ejecutan. Por ese motivo, al ser ajenos al resto del contexto, en el momento en que es necesario hacer algún cambio en el «cómo», todo lo aprendido puede volverse inútil.

En el trabajo del conocimiento en particular, como muy bien explica Pablo Arango en este post, centrar el esfuerzo en aprender los «cómos» es una pérdida de tiempo, ya que lo importante es entender y dominar los «qués», sin perder nunca de vista los «por qués» y los «para qués». Cuando se entiende y se sabe «qué» se está haciendo, «por qué» se está haciendo y «para qué» se está haciendo, el «cómo» hacerlo resulta extremadamente sencillo. Lo que ocurre es que a casi todos nos atraen mucho más los «cómos», porque nos exigen mucho menos esfuerzo intelectual.

En el caso de la formación en productividad y efectividad personal, lo importante es que las personas entiendan con claridad «qué» tiene que hacer distinto, «por qué» es necesario ese cambio y «para qué» lo hacen, es decir, que van a obtener de ello. Los «cómo» son la simple consecuencia lógica de lo anterior. Centrar una formación en productividad y efectividad personal en explicar muy bien los «cómos» sin haber asegurado antes la comprensión de los «qués», «por qués» y «para qués» suele ser síntoma inequívoco de mediocridad, tanto en lo que atañe al producto como en lo que atañe a la competencia profesional de quien lo imparte.

El problema de personalizar este tipo de formaciones es que las personas, al ver los ejemplos tan próximos a su día a día, entienden que lo relevante son los «cómos» e intentan memorizarlos, para luego repetirlos, haciendo caso omiso a los «qués», «por qués» y «para qués». La utilidad de emplear ejemplos y casos ajenos a lo cotidiano «fuerza» de algún modo a estas personas a salir de la comodidad de los «cómos» y tener que adentrarse en las incomodidades de los «qués», produciendo un efecto análogo al del «ruido conceptual».

En resumen, seguir las modas suele ser una mala praxis cuando se trata de formación para profesionales del conocimiento. Formar en «cómos» ha sido lo habitual en el «trabajo manual», pero el trabajo del conocimiento es excesivamente volátil, incierto, cambiante y ambiguo, por lo que nada basado en «cómos» es mínimamente duradero, de ahí la gran importancia del aprendizaje basado en «qués», «por qués» y «para qués» y de dejar a un lado la inefectiva moda de la personalización.

La productividad basura perjudica seriamente tu efectividad

Los nuggets de pollo son uno de los productos estrella de la comida rápida, probablemente porque son baratos, saciantes, con sabor agradable y fáciles de preparar y consumir, al tratarse de un producto precocinado. Sin embargo, como explica este estudio publicado en The American Journal of Medicine, los nuggets de pollo no son lo que parecen.

Este estudio demostró que, bajo una apariencia atractiva y a pesar de que los mensajes de marketing dan a entender que se trata de un producto saludable – al estar supuestamente compuestos por carne de pollo – la realidad es completamente distinta. En concreto, las muestras analizadas demostraron que la carne de pollo representaba menos del 50% de la composición total y que el resto era una mezla explosiva de grasa, piel, venas, vísceras, azúcar y sal, según la siguiente composición:

  • >55% grasa
  • ~25% hidratos de carbono
  • <20% proteína

Esto significa que las personas que comen grandes cantidades de nuggets de pollo, aunque lo hagan convencidas de que se trata de un producto saludable, en realidad están comiendo un producto de baja calidad que además perjudica seriamente la salud.

En el mundo de la efectividad y la productividad personal pasa algo muy parecido. Hay una oferta creciente de productos baratos, con sabor agradable y fáciles y rápidos de consumir que a primera vista pueden saciar pero que en realidad «nutren» muy poco y que, a medio y largo plazo, resultan incluso perjudiciales para la efectividad.

Que un fabricante diga que los nuggets que vende son sanísimos debería ser insuficiente para darlo por cierto. Del mismo modo, que una persona autodenominada experta en productividad personal diga que lo que cuenta es muy útil y funciona, tampoco debería darse por cierto.

Es muy importante ser conscientes de que, en un entorno VUCA como el actual, la efectividad y la productividad personal se han convertido en competencias clave, absolutamente indispensables, no solo para garantizar la competitividad de las organizaciones, sino también por su contribución a la salud, la calidad de vida y la felicidad de las personas.

Por eso, igual que los consumidores tenemos la obligación de informarnos sobre lo que comemos – si es que nos importa lo más mínimo nuestra salud – las personas responsables del desarrollo competencial de las organizaciones tienen la obligación de informarse sobre los productos formativos que compran, si es que les importa lo más mínimo la competitividad de la organización y la salud de los profesionales. ¡Es demasiado lo que hay en juego!

A día de hoy es muy fácil estar bien informado. Solo hacen falta tres cosas: querer estar bien informado, dedicar tiempo a estar bien informado y tener un mínimo de pensamiento crítico. Internet nos lo pone muy fácil. Es tan sencillo como buscar y dedicar tiempo a contrastar lo que dicen unos y lo que dicen otros, y también lo que dicen de unos y de otros.

La ciencia cognitiva ha llevado a cabo descubrimientos impresionantes en las últimas décadas. Gracias a ello, hoy sabemos mucho más sobre los factores que condicionan el rendimiento humano y estamos un poco menos en pañales de lo que decía Peter Drucker a principios de este siglo.

Seguir hablando a estas alturas de organizarse y priorizar o de gestión del tiempo demuestra un nivel preocupante de ignorancia y una obsolescencia de conocimientos severa, que están pidiendo a gritos una actualización urgente. Afortunadamente, hay gente que, día a día, sigue estudiando, investigando, experimentando, aprendiendo e innovando y, lo mejor de todo, comparte además gratis su conocimiento en la blogosfera. Solo hay que buscarles.

Ante un mundo líquido en el que el volumen de cosas por hacer continúa creciendo con ritmo exponencial, solo caben dos salidas. La primera es elegir cada vez mejor qué hacer y qué dejar sin hacer, ya que así se maximiza la aportación de valor. La segunda es lograr un aprovechamiento exquisito de la atención, uno de los recursos más preciados para las personas que trabajan como profesionales del conocimiento. Hablamos de cambios profundos, de modificar comportamientos, de desarrollar nuevas competencias basadas en hábitos, lo cual requiere compromiso, constancia y tiempo. Es hora de dejarnos de niñerías y de empezar a hablar de productividad para adultos.

El resto, es decir, las falsas soluciones, como intentar planificar predecir qué va a pasar en el futuro, gestionar ingestionables, como el tiempo, o luchar contra enemigos inexistentes, como los «ladrones de tiempo», se basan en planteamientos simplistas e infantiles, lo que convierte a estas supuestas soluciones no solo en falsas sino también en absurdas a la vez que inútiles y frustrantes. Y lo mismo ocurre con las propuestas basadas en herramientas mágicas o, peor aún, esos «multi-mix» en los que – desde el desconocimiento más absoluto – se mezclan sin sentido alguno múltiples herramientas que, a menudo, son incluso contradictorias entre sí: GTD, Pomodoro, Matriz de Eisenhower, Autofocus….

La mejora significativa y duradera de la efectividad y la productividad personal es siempre el resultado de un compromiso de cambio y mejora personal sostenido en el tiempo. Así de fácil y de así de sencillo. Y quien diga lo contrario, miente. Los trucos fáciles y los consejos tontorrones se parecen mucho a los nuggets de pollo. Puede que tengan un aspecto apetecible, e incluso un sabor agradable, pero son productos de muy dudosa calidad que es poco aconsejable consumir, ya que la productividad basura perjudica seriamente tu efectividad.

Logo redca
sigue este blog en feedly
FacileThings

Categorías