Es el Usuario [,] Estúpido

nerd con teclado Es el Usuario [,] EstúpidoDesde su aparición, hace ya tres décadas, las aplicaciones informáticas, y en concreto las ofimáticas, no han parado de evolucionar, incorporando nuevas funcionalidades y haciendo un esfuerzo significativo por mejorar su rapidez y usabilidad.

A pesar de este innegable esfuerzo por parte de los desarrolladores, el aprovechamiento de estas herramientas de productividad sigue siendo, en términos reales, muy escaso.

Se puede alegar que las nuevas versiones suceden a sus predecesoras a tal ritmo que resulta imposible mantenerse al día. También se puede intentar explicar la situación diciendo que las compañías no invierten suficiente en formar a sus empleados sobre el correcto uso y aprovechamiento de estos programas.

Sean o no ciertas estas afirmaciones, lo que es indudable es que el aprovechamiento de estas herramientas de productividad depende tanto de la calidad y usabilidad de la propia herramienta como de la capacidad y voluntad del usuario. Y si es cierto que los fabricantes de aplicaciones ofimáticas han hecho un esfuerzo evidente por mejorarlas, no creo que la actitud del usuario medio ante las mismas haya evolucionado en la misma medida durante estos años.

Tengo la impresión de que siguen siendo muy pocos los usuarios que se plantean preguntas como “¿qué podría hacer esta herramienta por mí?” o “¿será posible hacer X con esta herramienta?”. Lo más habitual es que las aplicaciones ofimáticas se perciban como algo impuesto con lo que hay que convivir, en lugar de ser percibidas como el potencial aliado que son.

Objetivamente hablando, el uso de las herramientas ofimáticas no es más complicado ni requiere mayor esfuerzo que muchas de las asignaturas que esos mismos usuarios han tenido que superar a lo largo de su carrera académica. Para evitar malos entendidos, no digo que dominar las aplicaciones ofimáticas sea sencillo. Es algo que sin duda requiere una inversión muy importante de tiempo y esfuerzo.

Pero sobre todo requiere compromiso, constancia y, especialmente, voluntad de aprender a usarlas. Por ejemplo, conozco algún caso de usuario incapaz de dar formato a una tabla en Word y no creo que sea por falta de capacidad, ya que en su día superó con buena calificación las asignaturas de Cálculo y Álgebra de una ingeniería superior.

Algo ocurre en muchas de las organizaciones actuales en las que el talento, con más frecuencia de la que cabría esperar, está lento.

Por otra parte, algo falla en un sistema educativo en el que muchas personas se afanan por dejar el cerebro en casa tan pronto consiguen una titulación. Este es uno de los grandes efectos perversos de un sistema basado en la conformidad: la pérdida de iniciativa y creatividad.

El mecanismo natural del aprendizaje va de dentro a fuera de la persona impulsado por la curiosidad. Al sustituirlo por un mecanismo no sólo artificial sino erróneo, que va de fuera a dentro imponiendo temas sin interés para el individuo, se acaba eliminando en buena medida dicha curiosidad.

Precisamente de la curiosidad nacen la pregunta y el sentido crítico, base del sentido común. Si el sistema obvia las preguntas y sólo emplea respuestas, consigue la conformidad buscada pero también favorece la aparición de individuos con niveles limitados de criterio e iniciativa.

No nos engañemos. Las personas con altos niveles de criterio e iniciativa son proporcionalmente escasas porque se deben a un fallo del sistema. No son el resultado deseado sino una desviación del mismo. Esto que antes, en el paradigma del control, podría considerarse una buena noticia, ahora es un drama para las empresas y para la economía en general.

La recuperación económica pasa por el incremento de la productividad, pero no entendida como reducción de costes, sino como innovar y producir más y mejor con los recursos disponibles. Una de las muchas cosas que deben cambiar para que esto sea posible, además de la adopción generalizada de hábitos productivos, es que las personas aprendan a utilizar y sacar partido a las herramientas de productividad que tienen a su disposición para hacer su trabajo.

Porque no creo que actualmente el problema resida en las herramientas. Parafraseando la célebre frase de James Carville en la campaña de Bill Clinton contra George H. W. Bush, “It’s the economy, stupid“, creo que a día de hoy, en general, el principal motivo por el que la tecnología no se aprovecha como debiera “es el usuario, estúpido” y, en particular, “es el usuario estúpido“.

El Consejo de los Viernes: O eres Simpático o eres Productivo

cut to the chase El Consejo de los Viernes: O eres Simpático o eres ProductivoEn todas las empresas hay gente que se aburre y se dedica a recorrer la oficina hablando con unos y con otros. Seguro que conoces o has conocido al típico compañero que se planta en tu mesa y se pone a hablarte del partido del domingo o el último capítulo de la serie de moda.

Te invito a que te tomes la molestia durante una semana de apuntar el tiempo que pierdes a lo largo del día por culpa de este tipo de interrupciones. Al final de la semana, suma el tiempo que has perdido en total, multiplícalo por 44 (4 semanas al mes por 11 meses al año) y tendrás el tiempo que pierdes anualmente a causa de estas personas.

Lo más probable es que estés hablando de varias semanas perdidas que podrías haber dedicado sin duda a algo más productivo.

Pero, ¿cómo solucionar este tipo de situaciones? Es sencillo, sobre todo ahora que ya tienes claro que no puedes agradar a todos.

La próxima vez que uno de estos colegas ociosos se deje caer por tu sitio de trabajo, no le dejes ni empezar. Dile abiertamente que estás ocupado y que no puedes entretenerte. Hazlo sin tensión, con naturalidad. Explícale que tienes un montón de cosas por hacer o que tienes que entregar algo de forma urgente. Ofrécele además la posibilidad de tomar un café juntos más tarde, cuando hagas un descanso, para que entienda que no es nada personal.

El problema con este tipo de personas es que no sólo son improductivas, sino que también te hacen improductivo a ti. Del mismo modo que no valoran su tiempo, no valoran el tuyo.

Si pones en práctica estos consejos seguramente dejes de ser el compañero más simpático de la oficina pero a cambio lograrás que respeten tu tiempo y te respeten a ti, lo cual tendrá un impacto directo y positivo en tu productividad.

Ya lo sabes, en ocasiones tendrás que decidir qué es más importante para ti: si ser simpático o ser productivo.

El Consejo de los Viernes: Aclara las Cosas

cut to the chase El Consejo de los Viernes: Aclara las CosasCuando notes que un compañero está molesto o enfadado contigo, tienes que tomar la iniciativa y aclarar las cosas.

Aunque es tentador no hacer nada y ahorrarte una conversación incómoda, este tipo de situaciones no sólo no suelen resolverse por sí mismas, sino que habitualmente van a más.

De hecho, incluso si la dinámica entre tú y tu compañero vuelve aparentemente a la normalidad, las frustraciones no expresadas que aún existen acabarán afectando a vuestra relación antes o después, y ello podría tener un impacto negativo sobre vuestro trabajo en un momento dado.

Antes de disponerte a aclarar las cosas, pregúntate qué puede ser lo que no va bien. Si lo descubres, y crees que ha sido algo que has hecho mal, pide disculpas lo antes posible. Te sorprenderá lo rápido que se pueden solucionar las cosas.

Si, por el contrario, no sabes qué es lo que puede estar yendo mal, pregunta a tu compañero. Hazlo de forma abierta y sincera y disponte a escuchar, de verdad, la respuesta.

Si te sientes tratado injustamente, expresa tus sentimientos, sin acusar ni echar la culpa a nadie. Por el simple hecho de hablar, e independientemente de si os ponéis o no de acuerdo, habréis restablecido la confianza mutua.

Haz todo lo posible porque la conversación sea cara a cara. Si es imposible, hazlo por teléfono, pero no dejes pasar el tiempo. La próxima vez que te encuentres con tu compañero cara a cara confirma lo que habíais hablado por teléfono y asegúrate de que no queda ningún resquemor.

El temor de haber dañado la relación con tu compañero te va a estar rondando por la cabeza hasta que lo afrontes. Por eso, si notas que algo va mal, aclara las cosas.

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