Desarrollo Organizacional: ¿Cultura Empresarial o Doctrina Empresarial?

robots desfilando Desarrollo Organizacional: ¿Cultura Empresarial o Doctrina Empresarial? Cuando comencé mi carrera profesional no estaba familiarizado con el término “cultura empresarial” y sin embargo pude observar rápidamente a mi alrededor una serie de comportamientos que parecían ser compartidos por la mayor parte de las personas que trabajaban en aquella empresa.

No había oído hablar de la importancia del “empowerment“, o “empoderamiento“, pero mi jefe confiaba en mis capacidades y me delegaba responsabilidades que crecían a la par que mi experiencia en el puesto, lo cual me hacía sentir valorado.

Tampoco conocía el concepto de “conciliación“, aunque supongo que de eso se trataba cuando mi jefe insistía en que me fuera a casa si me quedaba a trabajar hasta tarde.

Hasta mucho más tarde no descubrí qué significaba MBWA o política de Puertas Abiertas, pero me llamaba poderosamente la atención que el Director General hiciera cola junto a mí en el autoservicio de la cafetería y se sentara a comer con nosotros como uno más, o que sólo hubiera dos despachos en la oficina (RRHH y Dtor. Gral).

Por diversas circunstancias tardé muchos meses en poder asistir al curso de neófitos en los que se nos explicó el propósito, la misión, los valores y las políticas de la empresa, es decir, todos los elementos que conforman la doctrina de un modelo típico de cultura empresarial, y he de reconocer que nada de lo que allí comentaron me sorprendió, porque era lo que llevaba viendo y viviendo desde hacía varios meses.

Esto fue posible porque la doctrina venía refrendada por la cultura. Lo que la empresa decía se podía palpar en el día a día. Sin embargo este alineamiento entre doctrina y cultura no siempre existe y es algo que no puede darse por hecho.

Porque a veces se confunde doctrina empresarial con cultura empresarial, a pesar de existir entre ambas una diferencia sustancial.

La doctrina es, según la R.A.E., la enseñanza que se da para la instrucción de alguien y también el conjunto de ideas u opiniones sustentadas por una persona o grupo. Por otra parte, la cultura tiene que ver, también según la R.A.E., con modos de vida, costumbres… En resumen, doctrina es lo que la empresa dice y cultura es lo que la gente de la empresa hace.

La cultura empresarial no se crea ni se cambia a golpe de PowerPoint, sino dando ejemplo consistentemente desde arriba, y a lo largo de todos los niveles intermedios, de los comportamientos que se quieren potenciar.

No vale de nada repetir a los cuatro vientos que preocupa mucho la conciliación si los directivos de la empresa se van a las once de la noche a su casa y se pasan el fin de semana enviando e-mails. Tampoco sirve de nada hablar de respeto a los empleados si las reuniones se convocan y desconvocan de un día para otro. Ni se puede hablar de una cultura de alto desempeño si los vagos campan impunemente a sus anchas y la gente con resultados excepcionales no es reconocida debidamente.

Por más que algunos directivos y colegas de RRHH actúen como si creyeran en la afirmación de Goebbels de que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, esto no funciona en el mundo de la empresa. Si lo que la empresa dice no es coherente con lo que sus directivos hacen, la credibilidad desaparece. Y como comentaba en su día, la comunicación sin credibilidad se convierte en propaganda.

Para crear o cambiar la cultura empresarial sólo hay un camino: predicar con el ejemplo.

Desarrollo Personal: Hacia la Productividad por el Mínimo Esfuerzo

rueda de piedra Desarrollo Personal: Hacia la Productividad por el Mínimo Esfuerzo Decía la semana pasada que el esfuerzo está de moda últimamente y que, aunque creo entender las razones que lo motivan, esta reivindicación me parece un error.

Ya sabes que sin esfuerzo no hay resultados. Eso está claro y por ello el esfuerzo tiene un valor. Pero también hemos visto que si nada cambia, tampoco hay resultados, por mucho esfuerzo que haya habido de por medio.

El esfuerzo por el esfuerzo no tiene por tanto valor alguno. No es algo a ensalzar porque el esfuerzo no es una virtud, es un mal necesario. Sólo te esfuerzas lo que te esfuerzas hasta que descubres una forma alternativa de obtener el mismo resultado con un menor esfuerzo.

Afortunadamente algún antepasado decidió en un momento dado dejar de esforzarse por unos minutos en empujar algún tronco y pararse a pensar en cómo moverlo con menos esfuerzo. Muchos de los que ahora reivindican tan fervientemente el esfuerzo le hubieran tildado probablemente de vago, pero sin este primer vago de la prehistoria nunca se hubiera inventado la rueda.

La historia del Progreso viene marcada  por la búsqueda del mínimo esfuerzo; por todos esos vagos que afortunadamente decidieron dejar de esforzarse por un momento y pensar en su lugar cómo conseguir lo mismo con menos esfuerzo.

Por eso creo que reivindicar el esfuerzo como valor a recuperar no tiene sentido. Si debemos reivindicar algo, reivindiquemos el hábito de pensar, tan poco desarrollado y que tanta falta hace.

Fíjate en tu Productividad Personal. Es cierto que si te esfuerzas más, aumenta pero, si te esfuerzas mejor, aumenta mucho más.

Las metodologías para maximizar la productividad personal, como por ejemplo GTD, ni siquiera plantean aumentar el esfuerzo como forma de mejorarla. Más bien al contrario, ponen todo su énfasis en la forma en que aplicas tu esfuerzo, en pensar antes de hacer, en minimizar errores, en buscar sinergias, en aprovechar el poder de Y

En resumen, en encontrar el modo de hacer más con el mínimo esfuerzo.

Cuando se habla de fracaso escolar y se dice que a nuestros jóvenes y adolescentes no se les ha inculcado el valor del esfuerzo creo que el árbol no está dejando ver el bosque.

Lo que a nuestros jóvenes y adolescentes no se les ha enseñado es a pensar y por ese motivo buena parte de su esfuerzo, sea mucho o poco, no se traduce en los resultados esperados. Ni se les ha enseñado a ser consecuentes, y por eso no llevan a cabo las acciones necesarias para alcanzar los objetivos que dicen querer conseguir. Tampoco se les ha enseñado a ser perseverantes y por eso les cuesta tanto alcanzar metas que no sean inmediatas. Y por supuesto no se les ha enseñado a ser resilientes y por eso su umbral de frustración suele estar por los suelos…

Pero no erremos el diagnóstico. Eso no es sólo falta de esfuerzo. Por mucho que se esfuercen, si no piensan antes de hacer, ni son consecuentes, ni perseverantes ni resilientes, no creo que mejoren mucho sus resultados.

Y aunque no se esforzaran más de lo que lo hacen ahora, si nuestros jóvenes y adolescentes pensaran y fueran consecuentes, perseverantes y resilientes, ¿qué pasaría con sus resultados?

Desarrollo Personal: Esfuerzo, Trabajo y Productividad

chaval empujando una pared Desarrollo Personal: Esfuerzo, Trabajo y ProductividadEsta es la primera de las dos entradas que quería escribir desde hace tiempo sobre el tema del esfuerzo, tan de moda últimamente.

Mi reacción inicial ante el ensalzamiento del esfuerzo es de rechazo, seguramente porque no comparto los valores de la ética protestante. No creo que el esfuerzo sea panacea de nada, ni siquiera que sea algo positivo en sí mismo. Es más, según de qué tipo de esfuerzo hablemos, ese esfuerzo podrá tener para mí incluso connotaciones negativas.

Esforzarse mucho, además, no tiene por qué ser necesariamente productivo. De hecho, esforzarse mucho puede llegar a ser altamente improductivo.

Parece una paradoja porque se tiende a confundir trabajo y esfuerzo, lo cual es un grave error en mi opinión. Es posible hacer un gran trabajo con un esfuerzo mínimo y un trabajo ridículo con un esfuerzo enorme.

Y esto ya no es sólo mi opinión. Es también pura Física.

En su fórmula más simplificada, el trabajo (W, del inglés Work) se define como el producto de una fuerza (F) por el desplazamiento que dicha fuerza produce (s, del inglés space): W = F · s

En la vida cotidiana el trabajo es lo que llamamos “resultados“, es decir, los cambios que logramos realizar con nuestro esfuerzo. Evidentemente no habrá resultados sin esfuerzo, pero tampoco los habrá sin cambio, por mucho que nos  hayamos esforzado. Esto lo entiende muy bien el vendedor que se ha esforzado mucho pero no ha conseguido finalmente el pedido.

Poner por tanto todo el énfasis sobre el esfuerzo es un error. Lo normal es que podamos obtener un mismo resultado de varios modos distintos y que no todos esos modos impliquen el mismo esfuerzo. Lo importante no es sólo que el esfuerzo sea muy intenso sino también que produzca el mayor cambio posible.

La Productividad es la relación entre los resultados y los recursos empleados para obtenerlos. Según esto, la máxima productividad la alcanzamos cuando encontramos la combinación de esfuerzo y cambio que nos permite obtener un mismo resultado bien dedicando el mínimo esfuerzo para producir un determinado cambio, bien maximizando el cambio producido por un determinado esfuerzo.

Intentar vincular el incremento de productividad únicamente con el incremento de esfuerzo es por tanto una falacia. La Productividad Personal no consiste en hacer más, en trabajar más ni en alcanzar más resultados, sino en optimizar la relación entre lo que logramos y el esfuerzo que nos supone.

Está bien reivindicar la importancia del esfuerzo, pero sin sobrevalorarlo. El esfuerzo es importante para obtener los resultados pero no más que la capacidad para encontrar el máximo cambio que podemos lograr con un mismo esfuerzo.

Enseñemos el valor de esforzarse pero también el valor de pensar, porque el esfuerzo por el esfuerzo es un insulto a la inteligencia.

En resumen: esfuerzo sí, pero con sentido, algo sobre lo que profundizaré en mi próxima entrada sobre el tema.

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