Desarrollo Personal: El Futuro Está Detrás

tres peques de espaldas Desarrollo Personal: El Futuro Está DetrásÚltimamente, cuando comento con gente de mi grupo de edad (en breve cumpliré los 44), o algo mayor, cualquier noticia relacionada con redes sociales o con las transformaciones económicas, políticas y sociales que veremos en los próximos años relacionadas con tecnología e Internet, siempre me encuentro con respuestas parecidas. Todas ellas minusvaloran la importancia actual y el impacto presente y futuro de la web 2.0.

Da igual que no hables de opiniones sino de datos como el Informe Nielsen de marzo de 2010, según el cual eran ya más de 13 millones los españoles que habían consultado algún blog en febrero de ese mismo año. La respuesta con la que me suelo encontrar habitualmente es “pues yo no conozco a nadie de mi círculo que lea blogs o use twitter, así que no serán tan importantes…”, respuesta que me recuerda un poco al “Efecto Ignorancia” al que me refería en mi entrada sobre Recursos Humanos y Redes Sociales.

Mucha gente sigue anclada en el paradigma según el cual la mejor manera de intuir por dónde va a ir el futuro, y prepararnos para él, es aprender de los que van unos años por delante de nosotros. Personalmente tengo bastante claro que ese paradigma está caduco.

Es cierto que ha sido un paradigma válido durante la mayor parte de la historia de la humanidad, fundamentalmente por dos motivos: Por una parte, porque el conocimiento era esencialmente función de la edad, lo que hacía que el cambio proviniera sobre todo de las personas con cierta experiencia. Por otra parte, porque el cambio se producía a un ritmo lo suficientemente lento como para que el conocimiento atesorado por las generaciones precedentes siguiera siendo válido y vigente para las más jóvenes.

Pero esto ya no es así. Nuestros niños y jóvenes son mucho más despiertos que los de generaciones pasadas y son capaces de darnos pistas de por dónde puede ir el futuro, sobre todo tecnológicamente hablando, desde muy corta edad. Sin ir más lejos, mi hija pequeña (6 años) no ha oído nunca hablar de Chrome OS pero eso no impidió que un día intentara lanzar PowerPoint desde la barra de direcciones de Chrome. O mi otra hija, la mayor, que aprendió a usar los mandos de la TV y el DVD antes que a hablar o a programar la grabación de películas en el HDD sin saber que traía libro de instrucciones.

Parece un hecho innegable que, por primera vez, los jóvenes están más preparados que las generaciones precedentes y además son capaces de liderar el cambio en un número creciente de frentes, en especial en el tecnológico. Como ejemplos, Larry Page tenía 24 años y Sergey Brin 23 cuando crearon Google; Mark Zuckerberg tenía 23 cuando creó Facebook y Matt Mullenweg inventó WordPress con 19 años.

Esta capacidad de reinventar el futuro es especialmente crítica en época de crisis, donde la necesidad de cambio es aún mayor. El propio Eduard Punset decía recientemente en una conferencia en Logroño que en tiempos de crisis se recurre a los jóvenes porque están más dispuestos a arriesgar y a cambiar de opinión.

No pretendo en esta entrada minusvalorar el conocimiento de nuestros mayores. Suelo citar con frecuencia a Thomas Merton: “Si he visto más lejos, es poniéndome de pie sobre los hombros de gigantes” pero ya no es tan evidente que el futuro sea algo que vaya por delante.

Si realmente queremos estar preparados para lo que va a venir, seguramente lo mejor que podemos hacer es observar atentamente a nuestros hijos y a los jóvenes en general, porque ahora, y cada vez más, el futuro está detrás.

Desarrollo Personal: Todo lo que Ganas cuando Sabes Perder

perdedora Desarrollo Personal: Todo lo que Ganas cuando Sabes PerderNos hablaba @Yoriento en una muy interesante entrada en su blog hace unos días, sobre el condicionamiento que los resultados de decisiones pasadas ejercen sobre nuestras decisiones futuras.

Las personas sentimos una fuerte aversión por la pérdida, hasta el punto que preferimos dejar de ganar con tal de no arriesgarnos a perder. Esta aversión hace que perdamos la objetividad al evaluar las consecuencias de nuestras decisiones, e influye poderosamente en nuestra percepción de la realidad y, por consiguiente, en nuestro comportamiento.

Nos cuesta enormemente reconocer que nos hemos equivocado en algo y esa dificultad es tanto mayor cuanto más esfuerzo, tiempo o energía le hemos dedicado a ese algo.

Cuando estamos tomando una decisión deberíamos limitarnos a los riesgos y oportunidades que ésta pueda suponer en el futuro. Lo que hayamos hecho o dejado de hacer anteriormente con relación a ese mismo tema es, lo creas o no, totalmente irrelevante.

Curiosamente, y debido a esta aversión por la pérdida, no solemos actuar así, sino que incorporamos el pasado al escenario de nuestra decisión como si fuera parte integrante del presente, “contaminando” así nuestra decisión futura.

La buena noticia es que podemos librarnos de este condicionamiento si sabemos que nuestro comportamiento está influenciado por él y tenemos la voluntad de superarlo.

Se dice que el mejor vendedor es el que antes pierde una oportunidad de venta. Esto es así porque la tendencia natural es dedicar cantidades crecientes de tiempo y esfuerzo a fin de “rentabilizar” todo el tiempo y esfuerzo que has dedicado con anterioridad. Lo inteligente, sin embargo, es admitir lo antes posible que esa venta está perdida y dedicar todo el tiempo y esfuerzo disponibles a otras oportunidades de venta.

Por otra parte, los estudios demuestran que mientras no admites haber perdido sigues justificando la situación y continúas “apostando” en la misma dirección de tu error, lo cual no sólo hace que cada vez te resulte más difícil salir de esa espiral, sino que a la larga te conduce a la catástrofe.

Si por el contrario reconoces que has perdido, automáticamente dejarás de incluir tus errores pasados a la hora de decidir sobre tus acciones futuras.

Lo primero que ganas con ello es aumentar enormemente la probabilidad de que tu decisión sea la correcta.

También ganarás tiempo, todo el que habrías perdido hasta que la catástrofe no te hubiera dejado más alternativa que admitir tu fracaso. Seguramente también ganes dinero, todo el que dejarás de perder. Y muy probablemente ganarás calidad de vida, porque te estarás evitando un buen número de desilusiones, enfados, frustraciones, relaciones dañadas y oportunidades desaprovechadas. Saber perder pronto es sin duda productivo.

Al final se trata de vivir la vida con deportividad. No pasa nada por equivocarse. Todos lo hacemos. Lo realmente importante es cómo reaccionas cuando te equivocas, cuando pierdes. Puedes negar la evidencia y echarle la culpa a cualquier factor externo, para poder seguir profundizando en tu error, o puedes simplemente reconocer que has perdido, olvidar lo ocurrido y volver a empezar sin el lastre de los errores pasados.

Yo te recomiendo que aprendas a perder. Tienes mucho que ganar.

GTD: La Productividad no es la Herramienta

navaja suiza 300x268 GTD: La Productividad no es la Herramienta Observo habitualmente un gran interés, en mi opinión algo desproporcionado y en ocasiones incluso obsesivo, por los diversos gadgets y herramientas informáticas existentes para soportar la implantación de GTD.

Sé que esta metodología goza de especial predicamento entre los perfiles técnicos en general y los informáticos en particular, y por tanto entiendo que haya curiosidad por saber más acerca de cualquier nueva aplicación, herramienta o dispositivo informático que aparezca en el mercado.

Sin embargo me parece crítico que seas capaz de mantener la perspectiva y no sobrevalorar la importancia de las herramientas de cara a implementar GTD con mayor o menor éxito.

David Allen habla muy claro al respecto cuando trata el tema de las herramientas. Allen es completamente agnóstico en este sentido y no da más importancia a una herramienta concreta sobre las demás ni tampoco a las que él denomina de alta tecnología frente a las de baja tecnología.

Lo único importante en una herramienta es que cumpla bien su cometido, no que sea más o menos sofisticada.

Las personas que usamos GTD desde hace tiempo sabemos que disponer de una herramienta que se adecue a nuestras necesidades concretas es un requisito necesario para implantar GTD con éxito, pero también sabemos que no es suficiente.

No te engañes: por excelente que pueda ser una herramienta nunca podrá sustituirte.

La herramienta puede ayudarte a recopilar mejor y en menos tiempo, a procesar más fácilmente, a organizar de forma más eficaz de forma que puedas acceder a tus acciones de modo más sencillo. Puede incluso serte útil a la hora de evaluar cual es la próxima acción… Pero en ningún caso la va a hacer.

Y al final, como bien dice Berto, los cuatro pasos anteriores no sirven de nada si no haces.

Lo primero a la hora de implantar GTD, si es que realmente estás comprometido a hacerlo, no es buscar la herramienta más puntera ni el gadget de última generación. Lo primero es leerte el libro de David Allen al menos un par de veces hasta que realmente te hayas “empapado” de todos y cada uno de los conceptos que forman GTD. Sólo entonces estarás en condiciones de abordar la implantación con alguna probabilidad de éxito.

Lo siguiente es seguir los consejos de David Allen para implantar el método por primera vez. Ponerlos en práctica es mucho menos sencillo de lo que parece al leerlos. Como recomienda Jeroen Sangers, comienza con herramientas de baja tecnología y mantente con ellas al menos los primeros meses hasta dominar la metodología.

A partir de ahí podrás hacer lo que quieras en términos de herramientas. Pero no te recomiendo que lo intentes antes o tus probabilidades de éxito son escasas.

Por mala que sea tu herramienta, puedes implantar GTD con éxito si dominas la metodología. Por buena que sea la herramienta, nunca implantarás GTD con éxito si no dominas la metodología.

La productividad no es la herramienta, es lo que tú obtienes cuando aplicas correctamente la metodología GTD.

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